martes, 28 de febrero de 2012

Paranoia Agent (Shonen Bat)

Los japoneses se las pintan solos para esto. Con sus muñequitos de ojos inmensos parten de una fórmula establecida y te venden una historia llena de cliffhangers que atrapa a la primera. Personajes obsesionados, viejas misteriosas, jovencitas ingenuas, policías malencarados, elegantes metrosexuales y un tenso discurrir de vertiginosa lentitud en el que todo se va acumulando para desbordarse en la conclusión. El realizador de anime Satoshi Kon tenía un montón de ideas reservadas que no había podido explotar en producciones anteriores y que le interesaba explorar. Todas ellas fueron a parar a Paranoia Agent, una serie de televisión en trece capítulos que se centra en una sociedad hipócrita en la que la mentira como excusa está generalizada. Agobiados por el peso de la responsabilidad, el sentimiento de culpa y los remordimientos, todos los personajes de Paranoia Agent ocultan demonios interiores que les torturan y de cuya carga necesitan librarse. Todo ello se manifiesta en la amenazadora presencia de un chico armado con un bate (Shonen Bat).

Paranoia Agent se trata, pues, de un anime que no evita temas escabrosos como la prostitución, la pedofilia, el sexo reprimido, los desórdenes mentales y el suicidio, muchas veces aliviado con tonos de humor, que al final demuestra confianza en la capacidad del ser humano para superar los miedos que lo paralizan. Como siempre en estos casos las ramificaciones son casi inabarcables y permiten presentar a toda una galería de secundarios tremebundos, aunque algo estandarizados, en los que el realismo mágico se mezcla con la cultura popular, los elementos infantiles con otros totalmente adultos, los apuntes trascendentales se sitúan al lado de los más kitsch y las referencias tradicionales se combinan con la tecnología a la última. La forma narrativa de Paranoia Agent adopta muchas veces estructuras experimentales y entra en el terreno de lo onírico, pero la historia acaba siendo una pasada de rosca demasiado alargada. Eso sí, no hay manera de escaparse de los títulos de crédito infantiloides con todos los personajes desfilando.