Hace 18 años el australiano Richard Davies y el californiano Eric Matthews confluyeron en Cardinal, una banda que publicó un disco de sunshine pop que fue toda una extravagancia en pleno 1994. La unión de las composiciones de Davies y los arreglos de cuerda y viento escritos por Matthews dieron lugar a una obra de culto atesorada por los coleccionistas con buen gusto al lado del Forever Changes de Love. Después de eso cada uno siguió por su lado, el primero editando trabajos con un sonido cada vez más americano y el segundo grabando esporádicamente. Los dos primeros álbumes en solitario de Eric Matthews son pura golosina para los oídos en los que se hace acompañar de luminarias como Jason Falkner de Jellyfish. Cuando nadie lo esperaba Cardinal vuelven en 2012 con su segundo disco bajo el brazo, Hymns. Como si nada hubiera pasado, con su exquisita elegancia intacta, el álbum se abre con Northern Soul, un delicioso pellizco de folk-rock con delicados arreglos de pop barroco que recuerda muchísimo a Lovin’ Spoonful. Por desgracia eso es todo. Lo que le sigue es un puñado de bonitas armonías e instrumentación cristalina que arropan a canciones poco memorables. Como decían Señor Mostaza en Regresos Inesperados: “Hay gente que volvió y gente que nunca debió volver (…) Eran tan diferentes la otra vez”. Hymns es un disco a duras penas sorprendente y que se va a desvanecer tal y como ha aparecido, sin hacer ruido, sin dejar huella.
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