
¿Se acuerdan cuando se pusieron de moda las películas de atracos a bancos? Claro que lo recuerdan. Es ese género durante el cual los personajes se pasan tres cuartas partes del metraje preparando un gran robo y la diversión llega al final con el golpe en cuestión. Pues de eso va este cómic, pero cruzado con unas pinceladas de ciencia-ficción ambientadas en un futuro próximo. El gobierno de los Estados Unidos está a punto de lanzar un dispositivo que impedirá a las personas cometer cualquier tipo de delito, así que tenemos a un trío protagonista dispuesto a dar el palo final entre el caos desatado que invade a la ciudadanía, que les permitirá retirarse antes de que sea demasiado tarde. Tenemos tipos duros que parecen necesitar demostrarlo en cada frase, tías buenas que dicen todos los tacos posibles, malotes que fuman mucho-pero-mucho-mucho, sexo por la cara y violencia desatada. No faltan tampoco los prescriptivos bajos fondos, los garitos poco recomendables, los rincones guarros en donde nadie civilizado querría entrar y una sempiterna sensación de cómo molo. Más tópicos que en una boda, ya ven. La historia se enrevesa cada vez más, todos los personajes son unos hijos de la gran puta, antipáticos a más no poder, y guardan secretos que forman la triple pirueta final. Pero, ay, esta llega demasiado tarde y no se sale de lo previsible. No desesperen, el tedioso desarrollo del guion de Rick Remender queda potentemente dinamizado por el espectacular dibujo de Greg Tocchini, a la altura de lo mejor de Howard Chaykin. Es lo que salva a The Last Days of American Crime, una historia negrísima tremendamente colorida.
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