Todo aficionado al cine de terror sabe lo que puede esperar de una producción de la época dorada de la Hammer. Mansiones góticas, niños inquietantes y lugareños huraños en parajes olvidados de la mano de Dios. Todo ello envuelto en brillantes colorines. El discreto resurgir de la productora británica en los últimos años se culmina con La Mujer de Negro, una faena de aliño que parece un autohomenaje a las películas clásicas protagonizadas por Peter Cushing en donde no falta ni uno de los elementos archiconocidos. El único atractivo del largometraje, si así puede considerarse, es ver a Daniel Radcliffe esforzándose por sacudirse a puñetazos el papel en el que lleva encasillado desde que se quitó el chupete, haciendo de una suerte de Jonathan Harker atrapado en el castillo del Conde Drácula. Nada que se salga de la menestra de ingredientes mil veces ya vistos. Ni una sorpresa, ni un apunte novedoso y sí algunos agujeros en el guion. Especialmente irritante es el abuso de subidones repentinos de volumen en un banal intento de asustar al espectador de la manera más pueril. Miss.Me gusta el foie, pero no me interesa conocer a la oca
lunes, 27 de febrero de 2012
La Mujer de Negro: British Horror Story
Todo aficionado al cine de terror sabe lo que puede esperar de una producción de la época dorada de la Hammer. Mansiones góticas, niños inquietantes y lugareños huraños en parajes olvidados de la mano de Dios. Todo ello envuelto en brillantes colorines. El discreto resurgir de la productora británica en los últimos años se culmina con La Mujer de Negro, una faena de aliño que parece un autohomenaje a las películas clásicas protagonizadas por Peter Cushing en donde no falta ni uno de los elementos archiconocidos. El único atractivo del largometraje, si así puede considerarse, es ver a Daniel Radcliffe esforzándose por sacudirse a puñetazos el papel en el que lleva encasillado desde que se quitó el chupete, haciendo de una suerte de Jonathan Harker atrapado en el castillo del Conde Drácula. Nada que se salga de la menestra de ingredientes mil veces ya vistos. Ni una sorpresa, ni un apunte novedoso y sí algunos agujeros en el guion. Especialmente irritante es el abuso de subidones repentinos de volumen en un banal intento de asustar al espectador de la manera más pueril. Miss.
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