domingo, 8 de enero de 2012

Steve Harley & Cockney Rebel, Jobriath y el exceso

Consecuencias de los empachos festivos. Durante estos días navideños hemos estado en El País de los Sueños disfrutando, o no, de un exceso de sacarosa con grandes momentos entre lo sublime y lo ridículo de la música de los 70. Vamos a cerrar la orgía por todo lo alto con Cockney Rebel, otra formación recordada ahora como menor y que apenas queda ahora en la memoria más que por Make Me Smile. Sin embargo, en su momento Cockney Rebel fueron muy grandes y Steve Harley, el líder de la banda, superaba en popularidad al mismísimo Bryan Ferry, si bien habría que recordar que los Roxy Music de su primera época eran una formación extraña a medio camino entre el glam , el artisterío y el prog-rock, y no tenían nada que ver con la suavonería oleosa por la que destacaron posteriormente.

Hoy, que es el cumpleaños de David Bowie, merece la penar recordar la película Velvet Goldmine en la que el director Todd Haynes se marcaba su particular homenaje al glam rock. Si la han visto, habrán descubierto la cantidad de canciones de Roxy Music que hay en la banda sonora (sin duda por la negativa del propio Bowie a ceder los derechos de las suyas), pero también notarán que abundan los números de Cockney Rebel. Es más, por mucho que Haynes se fijase en el Duque Blanco para montar su fantasiosa biografía paralela, toma gran cantidad de elementos de la exuberancia de Steve Harley para construir su retrato del Rey del Glam definitivo. Era 1973 y temas como Tumbling Down y, sobre todo, Sebastian son el exceso por excelencia.


Piezas como estas fueron la puerta de entrada para que un movimiento que había nacido como una respuesta fresca, inmediata y divertida a las esotéricas elucubraciones del rock progresivo, se tornasen pastiches pretenciosos, tan disparatados que precisamente por eso tenían gracia. Volvamos una vez más a Velvet Goldmine y fijémonos en sus puestas en escena y en la estratosférica pomposidad de su protagonista, el ahora pasto de adolescentes fantasiosas y maduritas sulforosas Jonathan Rhys Meyers, y veremos que el otro gran referente de esa película es Jobriath, un artista proviniente de la Norteamérica menos propicia a los hombres con maquillaje, que se apropió de los hallazgos de Ziggy Stardust y los llevó al extremo. Devorado por su propio éxito, o por la falta de él, Jobriath desapareció del mundo del mismo modo que refleja el protagonista de Velvet Goldmine. Cuando se le volvió a ver se había transformado en una persona (o personaje) totalmente diferente que tampoco llegó a ningún sitio.


Cole Berlin, el nuevo alter ego de Jobriath, que en realidad se llamaba Bruce Wayne (sí como Batman) Campbell, era un Freddie Mercury más amanerado que fantaseaba con ser, ya saben, Cole Porter e Irving Berlin todo en uno. A Jobriath ahora sólo se le rescata por los escarbadores mitómanos que recuerdan que es uno de los héroes de Morrissey. Y es una pena, porque dejó dos discos tan pasados de vueltas que son grandiosos, y su música alimentó musicales a ambas orillas del Atlántico que se han convertido en films de culto. Por un lado en 1974 Brian de Palma salpica de glitter y purpurina El Fantasma de la Ópera y lo rebautiza como El Fantasma del Paraíso. Por otro, un año después llega un Doctor Frankenstein con medias de rejilla bajo el nombre de The Rocky Horror Picture Show. Así que no me hablen de Slade ni de Sweet, estos son los verdaderos frutos del glam rock llevado al paroxismo. El exceso como lo más.

1 Comentarios:

José Fernández dijo...

Coincidimos en el aprecio por esta rama del glam. Tampoco es que me pase toda la vida reescuchando a esta gente, de hecho nisiquiera controlo bien sus discografías, pero a mi también me atrae mucho ese barroquismo en el que degenero el glam. Luego Queen se lo comieron todo por ese lado (porque eran los mejores de todos estes, así de claro), pero ver de vez en cuando un youtube de Jobriath me parece fundamental para conservar la salud mental xD