domingo, 15 de enero de 2012

Daredevil Born Again: Cuestión de nostalgia

En esto de las reediciones de tebeos cada vez tengo más claro que lo que cuenta es la nostalgia. En especial en los de superhéroes. Yo es que veo unas páginas del Spiderman de Steve Ditko o cualquier cosa de Jack Kirby y me hago una manchita de aceite, por mucho que a la historia a estas alturas ya no haya por donde cogerla. Para otros son los Vengadores de John Buscema o el Spiderman de John Romita padre los que hacen que se salgan de la camisa. Yo en eso ya soy menos parcial. Y nada de la Patrulla X de John Byrne ni del Thor de Walter Simonson, que ni siquiera sé si lo estoy diciendo bien. Para entonces yo ya estaba a otras cosas. Todavía estoy dándole vueltas a la nueva edición de El Cuervo buscándole las excelencias que me canta mi librero sobre él a ver si me lo agencio. Como les decía el otro día a cuenta de las Joyas Literarias Juveniles de Bruguera, son aquellas cosas que nos pillaron vírgenes, las que nos formaron como lo que somos cuando todavía teníamos los depósitos vacíos, las que han dejado la huella más indeleble sobre nosotros. Un tatuaje que todavía nos marca y que nos impide ver las cosas con la no imprescindible, pero sí recomendable distancia.
Cuando Daredevil Born Again impresionó a los, presumiblemente jóvenes, lectores de los años 80 yo sólo leía lo que publicaba Josep Toutain y pensaba que no había nadie como Richard Corben. Los tebeos de superhéroes era algo que miraba colgados de las paredes del kiosko con una sonrisita de condescendencia. Yo compraba mis cómics en la librería. En una sola. Confieso que con el tiempo hice el viaje de vuelta, aunque no del todo. Sigo sin cogerle el puntito a los X-Men de Wolverine y Fénix. Yo crecí con la Patrulla X del Ángel y el Hombre de Hielo. Y claro, ahora me enfrento a esto con las alforjas vacías y se supone que tengo que pensar que es una obra maestra, o sea. Pues preferiría no haberlo sabido, porque indefectiblemente uno termina con el síndrome de “no era para tanto”. Y está claro que cuando se publicó tendría que ser todo un impacto en el mundo de Doris Day pijamero que había hasta el momento, pero para mí no ha envejecido tan bien como, pongamos, Comanche.

¿Y de qué va esto? Pues de que Daredevil deja de llamarse Dan Defensor para hacerse adulto, bajar a los infiernos por obra y gracia de Kingpin y posteriormente emprender la senda de la redención tan querida por el público norteamericano. Todo ello con guión del polémico Frank Miller y dibujo del unánimemente aplaudido David Mazzucchelli. No es cuestión de echar de menos la narración descomprimida, pero la destrucción de Matthew Murdock me parece atropellada y poco contundente. Su restitución resulta aún más apresurada y, en definitiva, no se le saca a la historia todo el partido que podría. En correspondencia, el dibujo es a veces demasiado esquemático, visualmente bien planteado, pero excesivamente anclado en el sistema de producción propio del comic-book. No, no es Asterios Polyp, y a Mazzucchelli se le nota que es una espinita que tenía clavada. Así que si no lo conocen, pues eso, no está de más que le echen un vistazo, pero tampoco se esperen una revelación. Si lo compraron en su momento y no les gustó, tampoco es que la nueva edición de Panini vaya a cambiar esa primera impresión. Pero si son de los que lo atesoran en la vitrina de su nostalgia, francamente, no sé qué demonios hacen leyendo esto. Este tebeo es para ustedes, mes amis.

3 Comentarios:

David dijo...

es para tanto (pero claro, igual habla por mí la nostalgia).
Yo compaginé las revistas de Toutain, los tebeos de tipos en pijama y el cómic franco-belga.
Lo de Corben y cómo lo "vendió" Toutain daría para una entrada muy larga. El tío era muy bueno, vale (¡y lo increíble es que sigue siéndolo ahora mismo con 72 años!)... pero mucho del material que publicaba Toutain sí que no era para tanto (de hecho, salvo algunas excepciones, era más bien para poco). Así que cuando llegaron los Miller, Byrne y Simonson, no me costó mucho olvidarme del material de Toutain... porque aunque desde esas revistas no hacían más que poner a caldo el material pijamero, la cosa la veo más bien al revés.
Un saludito.

PAblo dijo...

Ja ja ja.O sea que tú eras de esos que ibas ya a librerías y mirabas con superioridad a los pequeñajos que comprabamos superhéroes sin saber lo que os estabais perdiendo.

A mí me encantan estos tebeos. Son con los que crecí y forman parte de mi memoria sentimental (en sentido amplio). Más mayorcete, fue cuando descubrí los Toutain, fantásticos por sus dibujantes la mayoría más que por sus guionistas que después de los Miller, Claremont, Byrne o Simonson me parecían un poco sosos (supongo que esto es generacional o algo).

De todos modos, releyendo unos y otros a ojos de ahora, estoy con David. La Marvel de los ochenta marcó un momento de calidad que no se ha superado en el género hasta el momento por la cantidad de obras referenciales que aparecieron y creo que han envejecido mejor -a pesar de que, como no puede ser de otro modo se notan los años- de lo que lo harán las anteriores y posteriores, incluyendo la mayor parte de los cómics publicados por Toutain.

Y, no sé, no veo la conexión de Comanche o Asterios Polyp con Born Again (bueno, estas últimas comparten autor). Es que no tienen nada que ver entre sí unas con otras...

Con todo, estoy de acuerdo con una cosa "Comanche" es un clásico, resistirá perfectamente la lectura ahora como dentro de otros treinta años pero por sus propios valores artísticos.

Impacientes Saludos.

Fran G Lara dijo...

Pues sí, leídos ahora la mayoría de los guiones de Creepy, 1984 y Cómix Internacional se sostienen bastante mal y muchos de los dibujantes no deslumbran como lo hicieron en su momento. ¿Cómo era aquello? ¿Dame un poco de perspectiva y removeré el mundo?