viernes 20 de enero de 2012

Cosas perfectamente inútiles que sabe uno

Yo sé un montón de cosas completamente inútiles. Es más, casi estaría por decirles que prácticamente todo lo que sé no sirve para una mierda. Pero hoy, à propos de rien, voy a hablarles del origen de la palabra sherry, ya saben, nuestro vinillo de Jerez al que tan aficionados son los hijos de la Gran Bretaña. Desde hace la tira los súbditos de Su Graciosa Majestad han sido grandes hispanófilos, aunque quizá debería decir andaluzófilos, y si no que se lo pregunten al inefable Ian Gibson a quien Dios confunda. Ya a principios del siglo XIX los britons se paseaban por Sierra Morena atraídos por el sol brillante, las mozas fogosas y las leyendas sobre bandoleros garbosos de la serranía. Entre medición de colina local y dibujito de planta exótica gustaban de echarse al coleto generosos tragos de ese espirituoso que más tarde se llevarían de vuelta a casa para agasajar a sus compañeros de partida de bridge y aliviar las tensiones de los enfrentamientos de cricket. ¿Qué es este néctar delicioso, Archibald querido?, preguntaría el Algernon de turno. It’s sherés, contestaría Archibald con su lengua de trapo. Recuerden que la grafía antigua, aunque no la pronunciación, de Jerez se escribe con X, al igual que México y Texas, pero eso nuestro Archibald no lo sabe y a él una palabreja tan consonánticamente complicada le sale así, sherés. Y claro, esa teminación, en -es, tiene que ser un plural, y a Algernon no le cuadra. Así que cuando el second cousin Algernon, que es muy aficionado a la lingüística etimológica para epatar a sus amistades, está de vuelta en Strafford-Upon-Avon, se inventa muy ufano un singular. Cogito ergo sum, cojeo y luego sumo, se dice. Si el plural de willy (pilila) es willies (pililas), el singular de sherés tiene que ser sherry, ¡por San Jorge! Y ahí lo tienen, neologismo al canto y nosotros como capullos pidiendo un sherry cada vez que nos las queremos dar de cosmopolitas sin darnos cuenta de que lo han fabricado los progenitores de Bertín Osborne. ¿Ven cómo no sé namás que chorradas? Por eso mientras yo les cuento esta polladita, unos canis palmotean a mi lado en el vagón del metro. A ellos también se la pela todo esto. Son gente que de verdad sabe lo que realmente merece la pena. Otro dia, si eso, ya les cuento cómo Sabino Arana se sacó de la manga por todo el morro el nombre de Kepa. Verán qué risa. Hala, fus-fus.

9 Comentarios:

David dijo...

Excelente, muy bueno lo tuyo, interesantísimo, sigue así y no cambies, etc.

Philological blogger dijo...

Suscribo el comentario de David. Qué sería de nosotros sin la etimología recreativa. Es curioso también que los testigos sean testículos. Por evolución, quiero decir.

Fran G Lara dijo...

A David se le ha olvidado decir algo de lo bonita que es la cabecera.

David dijo...

Ya lo dije hace unas cuantas entradas.

Fran G Lara dijo...

Ya, pero hay que repetirlo cíclicamente, ya sabes. Y con excusas por no haberse pasado por aquí antes y prometiendo volver luego para dejar comentario. O simplemente saludar.

David dijo...

Pues un saludo entonces, y que pases buen fin de semana. Y bueno, excusas por no haber pasado. Tú eres uno de los blogs por los que paso diría que casi a diario, así que... eso igual en otros.
¿Entonces también pongo los ja,ja o el ysq cuando haga un comentario irónico, o lo dejo sin más como en esta pregunta?

Fran G Lara dijo...

Qué empeño tenéis todos en hacerme preguntas retóricas. Y vamos a dejar ya esto, que empieza a parecer el blog del Desclasado.

David dijo...

Ja,ja,ja..
Valeep.

PAblo dijo...

Ah.

Impacientes Saludos.