Aún con una nueva película en ciernes, los aficionados españoles a los personajes salidos de la máquina de escribir del autor texano
Robert E. Howard tenemos que conformarnos solamente con la reedición en tomos de tapa dura que de
Conan la Leyenda está llevando a cabo
Planeta De Agostini, ahora que la grapa de
Conan el Cimmerio ha alcanzado su último número. Al menos podemos congratularnos de que por fin se publiquen estos cómics como deberían de haberlo hecho desde un primer momento. Además,
Las Crónicas de Conan siguen su lento avanzar internándose ya en los peores años del personaje y
Conan Rey lleva el mismo camino. Sin embargo en
Estados Unidos, en manos de la editorial
Dark Horse, las creaciones howardianas parecen estar viviendo una segunda edad dorada.

Lo mejor de todo es la nueva versión que
Tomás Giorello y
Timothy Truman, el equipo que se encargaba de la colección hasta ahora, han hecho de la clásica historia
The Scarlet Citadel. Un relato de la etapa de
Conan como rey contada por el propio protagonista cuando ya es un anciano lobuno cubierto de cicatrices. Si
Giorello había alcanzado su cota más alta dentro del personaje con su trabajo en
Iron Shadows in the Moon, ahora se ha superado a sí mismo y ha logrado su obra maestra con una puesta en escena excelente capaz de rivalizar con la visión de
Frank Brunner en los 70 para
Marvel. Por su parte, el guionista
Tim Truman sigue dando muestras de su competencia al tomar la obra original de
Howard y llevarla a su terreno sin desvirtuarla.

No se puede decir lo mismo del nuevo arco argumental que pretende enlazar con
La Reina de la Costa Negra, un pasaje crucial en la carrera de
Conan. La primera parte de
The Road of Kings ha jugado a la nostalgia reclamando al legendario
Roy Thomas para escribir los guiones. Y el resultado, no por temido, es menos decepcionante.
Thomas ya demostró no estar en forma en su regreso a
Conan en
Marvel en los 90 y ahora vuelve a caer en sus peores vicios: una verborrea irritante, unos torpes intentos de modernizarse y unos villanos demasiado estrafalarios, deudores de los personajes superheroicos, que en este contexto están totalmente fuera de lugar. El guionista vuelve a dejar patente que se le da mejor adaptar que inventar. Tampoco le ayuda la labor de
Mike Hawthorne como dibujante, una mala elección con un estilo totalmente desafortunado para
Conan. Para la segunda parte de
The Road of Kings se ha anunciado a
Dan Panosian a los pinceles y lo que se ha visto hasta ahora de él resulta mucho más satisfactorio.

Aparte de esto,
Dark Horse también ha publicado una miniserie de dos números,
Island of no Return a cargo de
Ron Marz y
Bart Sears, que ha resultado un total despropósito y que remite a lo peor visto en
Marvel en los 90 cuando intentaba relanzar al personaje. Igualmente fallida ha sido la historia vista solamente
online en la
web del periódico
USA Today realizada por el mismo tándem. Pareciera como si la editorial norteamericana estuviera dando palos de ciego buscando la fórmula magistral cuando no hacía falta que fuera trasteando con lo que ya había hecho hasta ahora. Y si nos centramos en
The Mask of Acheron, la adaptación oficial de la película a la hacíamos mención al comienzo de este artículo, el referente más inmediato es otra vez
Marvel, pero en este caso en los 80, cuando el
Conan que todos conocíamos y queríamos dejó de serlo. Poco podía hacer el guionista
Stuart Moore partiendo de un
script cinematográfico tan soso, pero el extenso equipo de dibujantes (cuatro nada menos) desempeñan un trabajo envarado, deficiente, y que en ocasiones peca de amateurismo. Esperemos que los responsables del film no hayan puesto todos sus huevos en el cesto de la espectacularidad obviando construir un relato digno.

En lo tocante a reediciones de material clásico,
Dark Horse ya ha puesto en la calle dos tomos de
Conan Rey, veinte nada menos de
Las Crónicas de Conan, y nueve que recopilan las historias del personaje para
The Savage Sword. Todos ellos hace ya tiempo que dejaron atrás su mejor época y están ya publicando el material que acabó haciendo que
Marvel dejase de editarlo. Lo mejor de todo es una nueva publicación en forma de magazine en color,
Robert E. Howard’s Savage Sword, en la que se presentan nuevos cómics de personajes menos conocidos de
Howard como son
El Borak,
Steve Costigan y
Dark Agnes, aparte del irremediable cebo en forma de historieta menor y perfectamente olvidable de
Conan. También se rescatan maravillas como
Gusanos de la Tierra de
Barry Windsor-Smith y
Tim Conrad, y recientemente
El Valle del Gusano de
Gil Kane, la misma historia que fuese adaptada por
Richard Corben para
Bloodstar.

También se está publicando material de otro personaje de
Howard, el rey
Kull.
Dark Horse ha editado dos arcos argumentales. El primero, excelente, aunque muy criticado en ciertos aspectos, es
The Shadow Kingdom y corre a cargo de
Arvid Nelson y
Will Conrad. El segundo,
The Hate Witch, ha sido un fiasco. Ni el reputado guionista
David Lapham ha estado a la altura, ni el dibujante
Gabriel Guzman tiene el nivel aceptable que le haya ir más allá del mero aficionado. Hay ya anunciado un tercer arco argumental que, por fin, adapta un relato original de
Howard,
The Cat & the Skull, pero que va a correr a cargo del mismo equipo artístico. Lo mejor son las reediciones de
Las Crónicas de Kull (cuatro tomos por ahora de un total de cinco con todo el material de
Marvel en color) y
The Savage Sword of Kull, que recupera en dos tomos (el segundo a punto de aparecer) las historietas vistas en blanco y negro como complemento a
La Espada Salvaje de Conan.
Solomon Kane también ha sufrido una suerte desigual. En la primera miniserie,
The Castle of the Devil,
Scott Allie y
Mario Guevara adaptaban un fragmento inacabado de
Howard. Fue un esperanzador comienzo. La siguiente,
Death’s Black Riders, a pesar de tomar otro relato original sin concluir por el creador del personaje, y de insertar otro conocido,
Rattle of Bones, al final quedó como una mera anécdota alargada. Lo mismo debieron pensar los responsables de la editorial y para el tercer arco argumental,
Red Shadows, se han centrado en una de las mejores historias largas de
Robert E. Howard y han cambiado de equipo con el veterano
Bruce Jones escribiendo y con dibujos de
Rahsan Ekedal. Cabe destacar principalmente el llamativo estilo de este último, quien realiza un trabajo brillante al que sólo se le puede achacar el que a veces el puritano resulte demasiado corpulento y su vestimenta recuerde demasiado al uniforme de un superhéroe. Una vez más hay que congratularse por las reediciones del material clásico de
Marvel, que recopilan todo lo publicado del personaje en dos volúmenes. El primero, en color, es
The Chronicles of Solomon Kane. El segundo, en blanco y negro, se titula
The Saga of Solomon Kane.
Pero no sólo
Dark Horse ha recuperado a los personajes de
Robert E. Howard para el cómic. La editorial
Boom Studios ha publicado la miniserie
Hawks of Outremer, protagonizada por el cruzado
Cormac Fitzgeoffrey. Aunque parece ser que no ha corrido muy buena suerte, este tomito es una pequeña maravilla, con el guionista
Michael Alan Nelson dando una lección de cómo se hace una adaptación diferente y contenida, y con el dibujante
Damián Couceiro ilustrando de forma espectacular y con un gran sentido de la narratividad. Pero eso no es todo. Volviendo a casa, ahora mismo me encuentro enfrascado en la lectura de
Conan: la Imagen de un Mito, un ensayo de
Manuel Barrero (ya saben, el capo de
Tebeosfera) y recientemente publicado por la editorial
Dolmen, que por ahora está resultando espléndido. Ya les diré algo.