jueves 31 de marzo de 2011

Radio x 2: El País de los Sueños & Un Mundo de Tebeos

La radio es un medio extraño. Te estoy hablando desde mi cabina, mirando por la ventana y en realidad no sé si estás ahí. Quizá estoy hablando solo, pensando en voz alta, aprovechando la sensación de vacío para reflexionar de manera casi impúdica y contarme cosas que ya sé. Hablo sólo y en voz alta, como dicen que hacen los locos. Pero de alguna manera eso me hace sentir cómodo. No hay nadie que me observe. A veces cometo errores de los que sólo me doy cuenta yo. No sé quién eres ni sé dónde estás. Ni siquiera sé si estás.

link: El País de los Sueños, podcast del programa de radio 29-03-2011.

Rockpile, Copiloto, Señor Chinarro, Band of Horses, Standstill, La Familia, Ron Sexsmith, Lori Meyers, The Decemberists, Stay, Beady Eye, Aaro Thomas, Blitzen Trapper, Cherry Ghost, I Am Kloot, Damien Lott, La Habitación Roja, Jackdaw4, The Strokes, Bright Eyes, El Inquieto Roque y Señor Mostaza.

Y además...

link: Un Mundo de Tebeos, podcast del programa de radio 23-03-2011.

Apocalipsis, Clásicos en Panini, Murena Integral, Las Líneas Cinéticas en el comic, Monográfico Los Muertos Vivientes: el cómic de Robert Kirkman y la serie de televisión, Chico y Rita, Frank, Strange Suspense y las Obras Completas de Robert Crumb.

¡Notición!

El portavoz del PSOE ha respaldado públicamente en rueda de prensa las declaraciones del Gobierno de España que defienden que La Tierra es plana.

El 43% de los votantes ha manifestado estar de acuerdo o muy de acuerdo.
El 17% afirman que es posible.
El 26% no se lo creen.
El 14% no sabe o no contesta.
El juez Baltasar Garzón ha solicitado personarse en el caso.

Yo digo que en el número 83 de The Walking Dead, Robert Kirkman ha vuelto a cortarme la respiración. Literalmente.

miércoles 30 de marzo de 2011

Ron Sexsmith: Long Player Late Bloomer

Ron Sexsmith ha llevado una carrera consistentemente sólida, pero pareciera como si, a estas alturas, con la edad hubiera decidido levantar el pie del acelerador y suavizar sus propuestas para acercarse un poco a las listas de ventas. En consecuencia, Long Player Late Bloomer le ha salido un pelín empalagoso y excesivamente domesticado. Sexsmith es un eficaz artesano y buen discípulo de Paul McCartney, así que nada de lo que pueda hacer va a ser insatisfactorio. Sí, quizá, un poco rácano, pero nunca lejos del notable. Aquel que lo descubra por primera vez con Long Player Late Bloomer se va a encontrar con una fantástica colección de canciones que enganchan a la primera escucha. Lo malo es que Sexsmith hace mucho tiempo que está publicando su música para la misma base de fieles y no puede aspirar a un público más amplio. Así que háganse un favor y, si no lo conocen, préstenle atención a este modesto disquito. Es una puerta de entrada a la obra de este cuarentón con eterna cara de bebé tan buena como cualquier otra.

Calificación: 4

martes 29 de marzo de 2011

El País de los Sueños (Podcast 25-03-2011)

Donde dije “digo”, digo “Diego”. Aquí está porque aquí lo tengo. Y porque resulta que hay quien lo escucha. Es el programa del viernes, un repaso a lo más florido que ha sonado durante la semana. Nada nuevo, pero sí un grandes éxitos de El País de los Sueños. Sin cuñas, ni promos, ni indicativos, ni publicidad. Si os saltáis las partes habladas, hasta es disfrutable.

El País de los Sueños Podcast 25-03-2011

Por supuesto, también están actualizadas las Listas de Reproducción en Spotify:

El País de los Sueños
Novedades Top 50
Clásicos Top 50

Y el Jukebox Top 10 que se puede encontrar al final de la barra derecha del blog. Música para toda la familia.

lunes 28 de marzo de 2011

Toy, el disco perdido de David Bowie

En la larga tradición de proyectos abandonados por David Bowie, he aquí uno que en su día llegó casi a su punto de compleción. En 2001 Bowie decidió regrabar algunas de las canciones más oscuras de su catálogo con objeto de realizar su nuevo disco tras Hours en Virgin, su discográfica de entonces. Parte de uno de sus muchos caprichos, había pensado rescatar canciones de la primera parte de su carrera, previas al éxito, y darles una nueva pátina de barniz que las modernizara. La idea se asemejaba lo bastante sabrosa y el disco entero llegó a grabarse, pero discrepancias con la discográfica llevaron a que el músico cambiase de compañía y el álbum se archivara. Su siguiente trabajo, Heathen, incluyó un par de estos temas y otros aparecieron como caras B, pero el larga duración en sí jamás vió la luz.

Ahora que hay sequía de material de Bowie debido a su retiro por problemas de salud, Toy, que así se llamaba el disco, se ha filtrado a la web sin que se sepa muy bien cómo ni por qué. Diversas versiones de Toy habían estado circulando por los circuitos alternativos, pero lo que ahora se puede conseguir es el álbum de 14 canciones tal y como se concibió en su momento y con un sonido perfecto. El disco se abre con Uncle Floyd, una canción nueva, escrita ex-profeso, y que luego sería regrabada para Heathen con el título de Slip Away. Es una versión más desnuda, menos producida. En Heathen resultaría un tema más complicado tanto lírica como musicalmente. En Toy, de alguna manera, recuerda a aquella broma de 1967 llamada The Laughing Gnome, reforzada por el título que recuerda al Uncle Arthur de su disco de debut. La otra canción conocida es Afraid, que también apareció en Heathen casi exactamente igual, pero sin la producción del gran Tony Visconti, colaborador de Bowie en los tiempos de gloria de Ziggy Stardust.

Con la siguiente canción comienza la chicha del disco. Baby Loves That Way es la regrabación de la cara B de un single publicado como Davy Jones & The Lower Third en 1965 nada menos. Material oscuro de verdad. De todos modos, por si no fuera suficiente rareza, una versión de la toma para Toy había aparecido como cara B del single de 2002 Slow Burn en Japón, donde son muy aficionados a este tipo de caramelos. I Dig Everything fue un single de 1966, su segundo bajo el apelativo de David Bowie, y con un sonido marcadamente sesentero que aquí se pierde en favor de una toma mucho más rockera. Como si Bowie buscase entre lo más raro de su catálogo, el siguiente tema, Conversation Piece, fue cara B del single The Prettiest Star en 1970 y con Marc Bolan. Esta última canción sería luego vuelta a grabar en una vena mucho más glam para su disco de 1973, Aladdin Sane. En lo que respecta a esta lectura de Conversation Piece, es muy similar a su original, aunque con mayor arropamiento instrumental, pues en 1970 Bowie se hallaba totalmente inmerso en su etapa de cantautor. La versión grabada para Toy había aparecido previamente en el bonus disc de la edición especial de Heathen. Rareza sobre ultrarareza.

Let Me Sleep Beside You fue una fantástica canción grabada por Bowie en 1968 con vistas a una nueva serie de singles que serían archivados. La canción llegó luego a ser publicada en diversas recopilaciones de su etapa en la discográfica Deram, y la revisión para Toy la presenta mucho más enrockecida y con una interpretación vocal brillantísima. Si seguimos con canciones raras, la que da título al álbum, Toy, tiene toda una historia en sí, porque retitulada como You Turn to Drive se ofreció como descarga gratuíta para aquellos compradores que encargasen su copia del disco de David Bowie de 2003, Reality, su último hasta la fecha, a través de HMV, y luego apareció como track exclusivo en iTunes. Así es como había llegado a los coleccionistas hasta ahora. El siguiente tema es Hole in the Ground, un número inédito de 1970 que en cierto modo recuerda al estribillo de Walk on the Wild Side de Lou Reed. De hecho, tanto en esa canción como en la demo original de Bowie en 1970 intervenía el bajista Herbie Flowers.

Uno de los números más interesantes de Toy es Shadow Man. La canción había sido una maqueta en 1971 como parte de lo que más tarde se convertiría en una de las cumbres de David Bowie y de la música rock, el disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust & the Spiders from Mars, pero no pasó de ese status y quedó olvidada. Esta nueva versión es mucho más delicada, se deja guiar por el piano y la sensible interpretación vocal de Bowie, olvidando su convulsa amargura de 1971. Esta nueva toma había aparecido también como cara B de un par de singles, en concreto de Slow Burn y de Everyone Says Hi, ambos del disco Heathen. Otra canción de las consideradas como single para 1968, al igual que Let Me Sleep Beside You, es In the Heat of the Morning. Como la anterior, es igualmente extraordinaria, igualmente la nueva toma es muy similar a la original (no le hacía falta más) e igualmente apareció en recopilaciones de la época y en sesiones para la BBC.

You've Got a Habit of Leaving fue otro single de 1965 para Davy Jones & The Lower Third. Para quien no lo sepa, David Jones es el verdadero nombre del amigo Bowie. La versión grabada para Toy, mucho más dura y guitarrera gracias a la labor de Earl Slick, guitarrista con Bowie en varias etapas de su carrera, volvió a asomar como cara B de diversos singles en 2002 y una toma en directo se puede escuchar en el especial Storytellers que Mr. Jones dejó para la posteridad en la cadena de televisión MTV. El álbum se cierra con una épica versión de Silly Boy Blue, un tema de su disco de debut de 1967, titulado David Bowie, en esta ocasión mucho más arreglado y arropado. Pero eso no es todo. Para Toy se grabaron un par de caras B, la primera nada menos que una versión de su primer single, Liza Jane, de 1964, acreditado a The Manish Boys, aquí en una irreconocible lectura en clave de blues-jazz que parece interpretada por el mismísimo Tom Waits. La segunda es The London Boys, en un principio cara B de un single de 1966 que relata sus experiencias en el Swinging London de la época, bastante respetuosa con la original, y de la que han visto la luz dos tomas, una de ellas con profusos arreglos orquestales.

Y aún hay más. Se rumorea que en las mismas sesiones se grabó también una versión de Karma Man, originalmente de 1968, y una serie de temas que han ido apareciendo más tarde. Así Bowie llegó a realizar sendas tomas de Waterloo Sunset de The Kinks, Pictures of Lily de The Who y una canción llamada Fun (no la de Iggy Pop), que se desperdigaron por diversos discos y bonus tracks. Además hay otros números como Wood Jackson, que luego asomó como tema extra en Heathen; Planet of Dreams, que fue a parar a un disco benéfico en favor del Tibet, y Safe, que se planeó para la banda sonora de Rugrats y luego fue, cómo no, cara B de un single. En todo caso, Toy es, para los fans, un trabajo que merece la pena buscar en plena ausencia de música del siempre grande David Bowie.

Calificación: 3

domingo 27 de marzo de 2011

El País de los Sueños (Podcast 24-03-2001)

Japón se estremece. El mundo árabe se convulsiona. Más cerca, Portugal hace aguas. Y en casa suben los precios, aumentan las hipotecas, se incrementan los impuestos, y crece el paro. Lo único que baja son las pensiones. Lo importante es lo importante. Sin embargo, lo verdaderamente esencial, lo auténticamente imprescindible, son las pequeñas cosas cotidianas. No tanto lo material como aquello que nos fundamenta como seres humanos. Desde aquí te proponemos que durante un par de horas te dejes llevar por la emoción de la música, porque este es un programa bueno, bonito y barato.

EL PAÍS DE LOS SUEÑOS Podcast del programa de radio 24-03-2011

Como veis, he decidido no colgar el podcast todos los días. Nadie está tan interesado en escucharme. Así que voy a hacerlo solamente una vez a la semana, probablemente los domingos. Hoy tenemos como invitados a Bob Marley, The Wave Pictures, Señor Mostaza, Electric Light Orchestra, Paraíso, La Mode, Cherry Ghost, I Am Kloot, Blitzen Trapper, Grizzly Bear, El Inquieto Roque, The New Pornographers, Shugo Tokumaru, Damien Lott, Suede, Ellos, Elbow, Lucinda Williams, Aaron Thomas, Lori Meyers y The Mummers.

sábado 26 de marzo de 2011

La Bien Querida: Fiesta

Volvemos con El Gran Timo del Rock and Roll, o qué bueno es tener padrinos. El segundo disco de La Bien Querida vuelve a ser una colección de melodías pueriles y letras tontorronas cantadas con voz escasita y poco agraciada. Eso sí, excelentemente arropadas. Si no fuera por la producción, a saber lo que quedaría debajo de todo esto. Detrás de Fiesta está una pintora que, animada por Señor Chinarro y J de Los Planetas, se lanzó a componer canciones impulsada también por el aplauso de la prensa modernilla. Su primer trabajo, Romancero, se promocionó como la gran salvación de la música. Desafinada como la cantante de Los Punsetes y con ínfulas de artista, al menos no llega a las cotas de repulsión de Joe Crepúsculo. Y es que a estos dos en el nombre ya se les notan las pretensiones. Pero parece que el que lo diga primero va a quedar como un cateto. ¿Recuerdan ustedes el cuento del Traje Nuevo del Rey? Pues eso.

Calificación: 1

viernes 25 de marzo de 2011

Madrid

No es que sea un gran fan del transporte público, pero en vista de que me he negado toda la vida a aprender a conducir y sólo soy capaz de diferenciar los coches entre sí por su color, la mejor opción para acercarme hasta Madrid parece ser el AVE. A priori no es una mala idea, aunque si decides llegar hasta la estación en tu propio utilitario, sólo tienes dos opciones: dejarlo en el parking y exponerte a la consecuente crucifixión, o plegarlo como si fueras la Pantera Rosa y llevártelo en el bolsillo. No hay manera de aparcar ni cerca ni lejos con una mediana confianza.

Las instalaciones y las máquinas tienen esa brillantez de lo nuevo por estrenar que ya confiere comodidad. Hasta los auriculares que te entrega la azafata son pijísimos de la muerte. La gente es pulcra y susurrante, tan lejanos del populacho que atesta los trenes de cercanías, y los asientos son cómodos y amplios. Me gustaría contemplar el paisaje, pero estoy ocupado escribiendo el guión del lunes y, maravillas de la técnica, llego a Madrid antes de poder terminarlo. Es extraño, porque el tren se ha deslizado con toda suavidad sin darme sensación de velocidad. Desembarco en Atocha y me cuesta más tiempo salir de la estación que el que he empleado en el propio viaje. No quiero perderme el bocadillo de calamares del Brillante ni los puestos de librerías de saldo de la Cuesta de Moyano.

Tomo el metro con un billete diminuto hasta la Puerta del Sol y cruzo caminando la Plaza Mayor, donde todos los paseantes son turistas y los que avanzan con rumbo fijo son locales. En el Mercado de San Miguel se citan la tradición y la ultramodernidad, la gente guapísima y las bellezas ajadas sustentadas por andamios. Siempre busco esos lugares populares en los que poder zambullirme en lo que los ingleses llaman "color local". Este es un lugar al viejo estilo en el que igual se puede comprar todo tipo de productos como degustarlos en el momento. Tartares de pescado finísimos, jugosas carnes recién hechas que se funden sobre la lengua, sorprendentes croquetas de boletus. La estratégica distribución de los puestos sigue el recorrido de una comida de cinco platos. Para cuando he cruzado todo el local y he llegado a los chocolates, mi falta de interés se encuentra con mi paladar saciado.

Y sí, yo también ejerzo de turista y visito jardines, palacios y plazas. Le hago fotos a todas las parejas que me lo piden, dándome cuenta de que la gente se saca esos recuerdos sin mirar el lugar donde posan, sólo para demostrar que estuvieron allí. Hasta le arreo una moneda al violinista que está tocando Wonderful World. Me dejo la mandíbula en el Museo Thyssen ante la exposición de Jean-Léon Gérôme, y no tengo más remedio que llevarme el grueso catálogo editado ad-hoc, lo que hace que me sienta feliz durante el resto del día. Como en la copla, recorro la Calle de Alcalá con la falda remangá, hasta la Gran Vía alfombrá de claveles, sintiéndome la Emperatriz de Lavapiés.

En la calle Montera me empujo dos gin tonic, que sí, es bebida de cuarentones, pero es la mar de digestiva, en un curioso local, en parte café, en parte boutique, en parte sala de exhibiciones. Cómodamente arrebujado en un sillón orejero veo evolucionar a tres putas en la puerta, desmadejando un ballet sobre un tablero de ajedrez virtual contra la policía local. Me acerco hasta la calle Huertas, donde está el Maceira, un restaurante que me han recomendado. Es un local pequeño, atestado, agradablemente decorado en madera donde una vez más la intelligentsia y el residente de toda la vida se abandonan al frotamiento indisimulado entre calderos de un arroz meloso de marisco sobre el que llorar de deleite. Una morena se asoma a la puerta y me dirige una larga mirada antes de desaparecer. Con ella se lleva un bocado de mi corazón. Yo vuelvo a mi plato.

El rastro me hubiera enloquecido años atrás. Ingentes cantidades de todo tipo de cachivaches y publicaciones. Ejemplares ultrararos cuyo aireamiento me hace sonreír. Pero ahora disfruto más de contemplar a los dueños de los puestos, que rivalizan en bizarría con sus propios clientes, y que se ajustan con sorprendente fidelidad a la descripción que hiciera Patxi Andión en su canción Una, Dos y Tres. Es un viaje feliz, en el que encuentro todo lo que deseaba y mucho más de lo que me esperaba. Pero es todo demasiado rápido para mí, demasiado gigantesco. Las avenidas son demasiado anchas; los callejones, demasiado laberínticos. Hasta los semáforos cambian demasiado rápido. Y, sobre todo, me quedo con la sensación de perpetuo follón, de una ciudad acelerada para la que yo me siento demasiado provinciano. Aún así, ya me corroe la impaciencia por volver a ese Madrid inagotable, infinito, en la que tantas cosas me quedan por recuperar, y tantas otras por descubrir.

martes 22 de marzo de 2011

El País de los Sueños (Podcast 22-03-2011)

Qué bonito, ha llegado la primavera, la estación de las flores y del amor. Los pajaritos cantan, las nubes se levantan... y amenazan con que viene lluvia y frío. Lo que siempre ha sido una metáfora de la renovación de la vida, hoy parece un feo presagio del invierno que se alarga. Como si el clima se hubiera confabulado para recordarnos que todavía aguardan tormentas de todo tipo en el horizonte. Desde aquí te propongo que durante dos horas celebremos que estamos vivos.

EL PAÍS DE LOS SUEÑOS (Podcast del programa de radio 22-03-2011)

Rockpile: Heart - El Inquieto Roque: Daño Colateral - Shugo Tokumaru: Rum Hee - Twin Shadow: When We're Dancing - Bright Eyes: Shell Games - Anna Calvi: Suzanne & I - Siouxsie & The Banshees: Melt - Ellos: Mientes - Mamá: Botellas - Bryan Estepa: Carl Wilson - R.E.M.: Discoverer - The Strokes: Under Cover of Darkness - The Mummers: Fade Away - Jackdaw4: The Great Unknown - Sidonie: Barco a Venus - Teddy Thompson: Take Me Back Again - Rumer: Aretha - Lori Meyers: Condicional Hipotética - Señor Nadie: Como una Canción - La Habitación Roja: Febrero - The Smiths: The Boy with the Thorn in His Side - Queen: Good Old-Fashioned Lover Boy - Foxy Shazam: Oh Lord

La Estrella de la Radio (Podcast 21/03/2011)

Dijo el filósofo escocés David Hume que la única manera de acceder al mundo que nos rodea es a través de los sentidos. Lo que no dijo Hume es que un sentido como el del oído consigue estimularnos más allá hasta afectar a toda nuestra percepción. En un medio como la radio, lo que oimos es capaz de hacer que nuestra imaginación se dispare. Una buena canción que nos llegue de verdad puede proporcionarnos escalofríos. El País de los Sueños intenta precisamente eso, descubrir canciones que llenen de emociones. Y aquí tienen ustedes el Podcast del primer programa en todo su glorioso esplendor de gazapos.

EL PAÍS DE LOS SUEÑOS (21 de marzo de 2011)


Rockpile: Heart - Señor Mostaza: Ojalá Pudieras Ser - Band Of Horses: Factory - Findlay Brown: Love Will Find You - Bruce Springsteen: Badlands - Beady Eye: The Roller - La Casa Azul: Todas Tus Amigas - Teddy Thompson: Looking for a Girl - José Ignacio Lapido: El Más Allá - Rumer: Slow - 1973: Simple Song for a Complicated Girl - Chris Barron: Brokenhearted Serenade - Señor Nadie: Me Duele la Cabeza - The Rolling Stones: Sweet Black Angel - The Jayhawks: Blue - The Decemberists: Rox in the Box - Lori Meyers: Mi Realidad - La Habitación Roja: Voy a Hacerte Recordar - Teenage Fanclub: Baby Lee - The National: Bloodbuzz Ohio - Lucky Soul: Woah Billy - Ben Lee: Catch My Disease - El Inquieto Roque: Daño Colateral.

El País de los Sueños en SPOTIFY. Esta es la Lista de Reproducción del programa, que se irá actualizando día a día con las nuevas incorporaciones. Están invitados a suscribirse para poder disfrutar de las canciones y librarse del molesto locutor.

Y si aún no tienen bastante misantropía, también pueden escuchar las intervenciones de su bloguero favorito en el Podcast del programa UN MUNDO DE TBOs, que se radia todos los miércoles de 16:00 a 17:00 horas en la misma emisora, y que difunde Nuestros Comics, otra página fundamental en la que colabora el que abajo suscribe.

domingo 20 de marzo de 2011

Encuentros y Desencuentros 4

Siempre iba corriendo a todas partes. Se levantaba con prisa y se duchaba deprisa. Hablaba deprisa y gesticulaba con prisa. Cada pequeña cosa que hacía, la hacía con prisa. Comía deprisa, caminaba deprisa, respiraba deprisa. Hasta dormía con prisa. Siempre apresurado detrás de una vida que tenía la impresión de que se le escapaba entre los dedos. Una mañana, mientras corría al trabajo, vio a un fantasma saludarle desde dentro de un autobús que pasaba. Aceleró para no perderlo e intentó subirse en marcha sin pararse siquiera a pensarlo. De un salto se lanzó hacia el vehículo en movimiento que se le acercaba a toda velocidad y chocó contra las puertas cerradas. Su cuerpo estalló en brillantes círculos concéntricos, en húmedas ondas que rítmicamente salpicaron estrellitas rosadas al viento, en un arcoiris de despojos que escarcharon el asfalto recién pavimentado de jirones de carne temblorosa. Corrió tanto, con tanta prisa, que al final consiguió dejar atrás la vida.

sábado 19 de marzo de 2011

Encuentros y Desencuentros 3

Le gustaba llevar a su hijo a la guardería a primera hora. Disfrutaba día a día de aquel paseo matutino en el que el niño le iba desvelando a media lengua sus cuitas por el camino. Estaba también, claro, aquella morena de pelo cortísimo que cada mañana aparecía taconeando por la acera a toda velocidad mientras tiraba de una niña que parecía una réplica suya en miniatura. Con el tiempo había aprendido a hacerse el encontradizo con ella, a intercambiar miradas y sonrisas. Empezaron a saludarse con un movimiento de cabeza, con pequeños destellos en la mirada.

Aquella mañana la morena no había aparecido y él sintió como si le hubieran arrancado algo. Arrastrando los pies, con la mirada baja, se encaminó en dirección a la parada del metro dispuesto para otro borroso día más de rutina. Se la encontró a la entrada, esperándole con un gesto coqueto aferrada a su bolso.
- Te voy a invitar a un café – le dijo ella sin más – porque si no tú no lo vas a hacer nunca.
Él la observó perplejo, desconcertado por la belleza de un perfil de labios que parecía prometerle más que hablarle.
- ¿Y tu marido? – quiso saber sin rodeos.
- ¿Y tu mujer? – inquirió ella por toda respuesta.
No dijeron nada más. Enfilaron hacia el bar más cercano dispuestos a descubrirlo todo el uno del otro en doce pasos. Antes de llegar a la esquina ya estaban comiéndose a besos.

viernes 18 de marzo de 2011

The Fighter, un recital de Christian Bale

Christian Bale un día de estos se va a matar. Cada metamorfosis física para cada papel que encarna, cada transformación hasta en su forma de caminar, lo convierte en un psicópata totalmente entregado a un rol en el que deja de ser él mismo. Ha nacido para hacer papeles extremos, para meterse en ellos, para gesticular y sobreactuar, pero sin arrimarse al histrionismo de un Jim Carrey. También está lo suficientemente pirado como para rozar la genialidad. Afortunadamente para él, Christian Bale también ha sabido controlar mejor su carrera y su vida que Mickey Rourke, otro que tal. Y eso es básicamente The Fighter, una exhibición de Mr. Bale si la ven, debo decirlo otra vez, en versión original. Una película de boxeo en la que lo de menos son los combates, excepto al final, claro. Pero esto no es Rocky, por muy predecible que se vea el desenlace. No es un relato que trate sobre la épica sino sobre la redención.

¿Qué más hay en The Fighter? Ah, sí, una caracterización espléndida del chonismo norteamericano, una historia sobre cómo uno puede frustrar sus propios sueños, el retrato de un hombre ahogado por la lealtad a los suyos que lo está llevando al precipicio y una moraleja sobre la superación personal. Y encima “basada en hechos reales”, ya saben, que eso siempre queda la mar de bien. Mark Wahlberg, en un papel a la medida de sus músculos tan molones y su rostro de madera, es un boxeador que sale del desagüe, entre el apoyo y el obstáculo que le supone Christian Bale como el yonki de su hermano, antes también púgil y ahora su entrenador. El mensaje que tanto les va a los americanos sobre el sostén que supone la familia es inevitable, pero en The Fighter hay además una lección de interpretación y un puñado de secuencias literalmente escalofriantes. O sea, como El Discurso del Rey, pero sin la sorna, con realismo sucio y con gente muuuuuy chunga.

Calificación: 4

jueves 17 de marzo de 2011

Wilson de Daniel Clowes

El gran pope del comic independiente americano actual, Daniel Clowes, regresa con otra de sus historias de incomunicación en un mundo alienado. Publicitada como su primera novela gráfica (murmullos de admiración aquí) Clowes utiliza en Wilson de nuevo el recurso de la falsa biografía para mostrar el lado más mezquino de las personas y revelarnos una vez más (oh, sorpresa) que somos egoistas, ruines y contradictorios. Humanos en definitiva.

Con Wilson, Clowes ha escrito su propia La Conjura de los Necios. Su protagonista es un hombre de mediana edad frustrado, resentido, amargado e irritante que pontifica página tras página sobre las pajas que ve en los ojos ajenos. Wilson es bien consciente de la viga en el suyo, pero prefiere ignorarla para seguir engañándose a sí mismo. Como un Ignatius Reilly moderno, el personaje es capaz de evidenciar lo que más le disgusta de la sociedad y devolvérselo a la cara con un escupitajo, pero se niega a admitir que él también es un ladrillo más del mismo muro.

Clowes relata la vida de Wilson mostrando retazos aparentemente inconexos y empleando para cada página un estilo de dibujo diferente. Con ello posiblemente pretenda sentar una ambientación adecuada, pero son decisiones que acaban pareciendo arbitrarias. La pirueta final, el incómodo gag humorístico de cada escena, muestra al personaje en la cima de su misantropía, pero se hace esperado desde el primer momento y no consigue cuadrar el bien el elemento sorpresa. Wilson funciona mejor cuando cada viñeta juega a favor de que la narración avance para ir mostrando no sólo el tipo de persona que es el protagonista, sino cómo ha llegado hasta ahí, cómo evoluciona su historia y cómo se relaciona con su familia.

Porque en definitiva, Wilson no es más que el medio que el artista utiliza para reflexionar acerca de diversos elementos de nuestra coditianeidad de una manera descarnada. Unas veces se ríe de nosotros y de sí mismo. Otras, nos expone a nuestras propias miserias haciendo que la realidad sea corrosivamente insoportable, sin dar respiro a la compasión, con fría objetividad. Y finalmente Daniel Clowes sigue empeñado en contarnos que la vida es sucia y fea, y luego empeora. Pero qué bien lo sabe contar.

Calificación: 4

miércoles 16 de marzo de 2011

The Mummers: Mink Hollow Road

The Mummers se recuperan de la tragedia con un trabajo de ensueño que derrocha optimismo. Si recuerdan, su anterior trabajo, Tale to Tell, fue saludado en este blog como una delicia onírica que transportaba a Björk al País de las Maravillas. Su regreso con Mink Hollow Road los muestra aún más exuberantes, más lujosamente arropados con cortinas de teclados, orquestaciones barrocas y cálidas olas de sonidos que responden a un propósito muy claro. Mink Hollow Road hace referencia a una obra crucial de un genio de la música como es Todd Rundgren y su Hermit of Mink Hollow. Un trabajo curativo fundamental en su carrera que sirvió al artista de Pennsylvania como terapia ante un suceso terrible que lo marcó personalmente. Ahora la vocalista Raissa Khan-Panni responde al suicidio de Mark Horwood, su colaborador y compositor del repertorio de The Mummers, siguiendo el camino de Rundgren y dejándolo patente al versionear de manera deslumbrante Fade Away, uno de los mejores temas de Hermit of Mink Hollow. El resto de Mink Hollow Road no desmerece en absoluto. Un álbum de grandeza, no sólo sonora, sino también de espíritu.

Calificación: 4

Cold War Kids: Mine Is Yours

Mine Is Yours es el tercer álbum de Cold War Kids, una banda independiente de California con ambición y ganas de tomar al asalto a un público masivo. El disco está saturado de canciones con todos los manierismos del indie americano a las que el productor de Kings of Leon ha dado una pátina que apunta a la grandiosidad y a que sean coreadas en los estadios. Cuando se ponen épicos hasta podrían rivalizar con los U2 de los primeros ochenta, pero al final lo que queda es poca chicha, menos originalidad y sólo la posibilidad de que con suertecilla Louder than Ever se cuele en la banda sonora de alguna serie de éxito para adolescentes. Al menos se deja oír mejor que lo último de los ultracool The Strokes.

Calificación: 2

martes 15 de marzo de 2011

The Strokes: Angles

Estos muchachos deben de llevarse muy mal entre sí. De (merecidos) cariñitos de la crítica con su disco de debut, pasaron a ser objetivo de todo tipo de (también merecidas) bofetadas con cada nueva publicación. De marcar tendencias de la modernidad a patéticos figurines de pim-pam-pum. Y sin embargo nunca hemos perdido la esperanza de que The Strokes repitieran la proeza de aquel primerizo Is This It. Hace un par de años el bello Julian Casablancas decidió que había llegado la hora de hacérselo por su cuenta y parió aquel engendro de lo-fi ochentero llamado Phrazes for the Young. Por su parte, Albert Hammond Jr., hijo del gibraltareño Albert Hammond Sr., se hartó de las veleidades de su vocalista y se resarció con su propio proyecto en solitario donde daba rienda suelta en dos discos a todo aquello que no le dejaban meter en The Strokes. Ninguno de los dos se comió nada y han tenido que volver con las orejas gachas al redil de la casa madre a ver si así recuperaban viejas glorias. Así les ha salido Angles, un álbum esquizofrénico que trata de alcanzar una entente cordiale entre las guitarras de Hammond y las maquinitas de Casablancas. Tirando cada uno por su lado, claro, las canciones sólo pueden moverse entre lo meramente correcto y la parida plomiza, con un único tema verdaderamente destacable, el single Under Cover of Darkness, que no es más que un refrito de sus ganchos más identificables, y con demasiados saldos con poca gracia y mucha indigestión de nostalgia adolescente de electrónica. A priori, a estas alturas esperaba poco de The Strokes y sólo le he prestado atención a Angles para poder escribir esta crítica. En el próximo no pico.

Calificación: 1

Tóxico de Charles Burns

Las obsesiones de Charles Burns salen a relucir de nuevo en Tóxico, un onírico homenaje formal a Tintín en un tomo bonitamente diseñado para que refleje las ediciones de los libros del personaje creado por Hergé. Tóxico es una historia de angustia adolescente, alienación, mundos paralelos, realidades alternativas y el realismo mágico que tanto fascina a Burns. El dibujante norteamericano regresa después de una larga ausencia del medio en su mejor momento de forma. Así lo corroboran unas ilustraciones deslumbrantes de hermoso colorido en tonos pastel, una milimétrica planificación de la página y un guión plagado de imágenes surrealistas y juegos de espejos que se van resolviendo poco a poco como una madeja que se desenmaraña. Lástima que Tóxico sea sólo el primer volumen de un total de tres que formarán un cuadro más grande que no cobrará su pleno sentido hasta que se vea en su totalidad. Pero aún así, este punto de partida resulta sumamente intrigante y fascinante a partes iguales, en la mejor línea de lo ya mostrado en Agujero Negro.

Calificación: 3

lunes 14 de marzo de 2011

El Jukebox Misántropo y La Estrella de la Radio

Renovamos la música en El País de los Sueños. Lucinda Williams, Drive-By Truckers, The Mummers, The Sails, Elbow, R.E.M. y The Strokes son alta en la Lista de Reproducción de Novedades que El Pequeño Misántropo pone a su servicio en Spotify.

Love, Michel Polnareff, Sam & Dave, Shirley Bassey, Elvis Presley, Nirvana (los de los sesenta), Fairport Convention, The Easybeats, Los Brincos, Gene Clark & Doug Dillard, Demond Dekker y Toots & The Maytals entran en la Lista de Reproducción de Clásicos.

Recuerden que si ya están suscritos a estas listas, no es necesario que lo vuelvan a hacer, se actualizan instantáneamente. Y si no disponen de Spotify y no les apetece descargarse el programa, pueden recurrir al Top 10 con enlaces a YouTube que encontrarán al final de la barra de la derecha de este mismo blog.

Pero eso no es todo. A partir del próximo lunes 21 de marzo, de lunes a viernes, de 11:00 a 12:00 podrán escuchar en el 98.7 del dial valenciano El País de los Sueños, un nuevo programa de música conducido por su bloguero misántropo favorito. No se alarmen, podrán seguirlo también por internet a través de los enlaces oportunos. Y si mis limitados conocimientos técnicos lo permiten, colgaré el podcast diario en este mismo blog para su uso y disfrute en cualquier momento.

Por si no tuvieran suficiente, en la misma emisora y enlazado a la web Nuestros Comics, todos los miércoles, de 16:00 a 17.00, un programa sobre la historieta, Un Mundo de TBOs, de nuevo con la participación de quien esto suscribe. Misantropía en vena para toda la familia hasta decir basta.

R.E.M. Collapse into Now

R.E.M. ya han hecho antes este disco. Demasiados años en la carretera pasan factura y Michael Stipe, Peter Buck y Mike Mills ya no son esa banda de chavales entusiasmados con la música que en los ochenta eran un placer oculto para unos cuantos iniciados, sino tres supervivientes esforzándose por permanecer en una cima resbaladiza en exceso. Desde la marcha del baterista Bill Berry andan de capa caída, así que para Collapse Into Now han escarbado en su pasado más clásico. El resultado es un disco que suena espontáneo, como en directo en el estudio, agradablemente familiar y con tres singles que inciden en ese tono de recuperación nostálgica para que no les pase como a Zapatero y hasta los fieles acaben por abandonarlos.

ÜBerlin tiene un sonido que recuerda un tanto a Automatic for the People y hace referencia a los Hansa Studios donde Collapse Into Now se ha grabado, la casa en la que David Bowie e Iggy Pop fraguaron un reguero de discos míticos. Oh My Heart presenta el lado acústico que tan bien exploraron en Green y Mine Smells Like Honey (vaya título) es clásico R.E.M. sin novedad. Pero el tono de Collapse Into Now lo sienta Discoverer, la canción que lo abre, un espasmódico número rockero que hubiera encajado en Document, en el que parecen querer demostrar que todavía son maduritos energéticos. El problema es que ya lo fueron mucho más, mucho mejor, mucho antes.

Las colaboraciones en Collapse Into Now hacen gala de sus influencias (Lenny Kaye hace un solo de guitarra en un par de canciones, y Patti Smith interviene en otras dos), sus amigos (Eddie Vedder aporta voces en un tema), y su modernez (Peaches abre la boquita en otro). A pesar de que Collapse Into Now es un disco corto en minutaje (parece que han vuelto los álbumes de 40 minutos), le sobran algunas canciones. Sobre todo al final, cuando les sale la vena artistaza y patinan peligrosamente.

Es, en suma, como si hubieran intentado hacer otro Reckoning, otro Fables of the Reconstruction, pero sin ningún tema que perdure en la memoria como un clásico futuro. Para esto yo prefiero las aventuras más arriesgadas de Up, por ejemplo, que no ofrecen material de reciclaje. Collapse Into Now no es un mal disco, pero tampoco es lo suficientemente bueno. Hagan lo que hagan, R.E.M. parecen condenados a no recuperar ni las alturas artísticas de su primera década, ni las comerciales de su segunda. Se han convertido en dinosaurios.

Calificación: 3

domingo 13 de marzo de 2011

El Discurso del Rey

La otra peli del año, ya saben. El pobre Jorge VI tiene un problemón. Siempre ha sido el hijo pequeño, el que estaba en la sombra, del que se burlaba su hermano y al que presionaba su padre por su tartamudez. Y ahora que Eduardo VIII ha abdicado y Gran Bretaña se encuentra a las puertas de una guerra, tiene que dirigirse al país por ese engendro del demonio llamado radio. Incapaz de ganarse el respeto de su pueblo, de siquiera darle apoyo moral para que resistan las penurias que se vienen encima, la nación está en peligro y la monarquía (horreur!) podría caer. Ojito, el conflicto, por mucho que las dificultades del rey sean una metáfora de a lo que va a tener que enfrentarse su pueblo, lo tiene Jorge VI, y la épica de El Discurso del Rey recae sobre ese enfrentamiento individual.

Sin embargo El Discurso del Rey es una película llena de encantos que residen en la flema británica embadurnada de excentricidad que envuelve a la película, y en todo el reparto, encabezado por el oscarizado todoterreno Colin Firth, que dan un recital interpretativo. En versión original, claro. Por mucho que a uno le huela a cuerno quemado el fondo de la película, la forma es deslumbrante. Está impecablemente filmada. La fotografía, los paisajes, la música, las interpretaciones, el finísimo sentido del humor del guión (sí, con tilde), todo juega a favor de que el espectador se deje llevar por la trama.

El tema es interesante más allá de los personajes. Es una historia de esfuerzo, de superación personal que demuestra que hasta en una familia con sangre de pez puede haber emociones, dudas e inseguridades. Y más cuando sobre una nación se cierne una amenaza tal que lo que necesita en ese momento es que el rey pronuncie un discurso crucial que proporcione confianza y estabilidad. Es la sublimación del poder de la palabra, algo que personalmente siempre me ha fascinado y en lo que siempre he creído.

La cosa es, si esta fuera la peripecia de un camarero tartamudo incapaz de recitar el menú, ¿nos interesaría igual? Porque lo que realmente importa en la película no es la prueba a la que se va a ver sometido todo un pueblo, sino la pequeña victoria de un hombre sobre sus limitaciones físicas. Qué cercanos nos hace El Discurso del Rey a la familia real británica. Jorge VI sale del paso como un rey del pueblo, con lo chungos que parecen ahora sus descendientes. Cómo mola. Pero el nuestro mola más, tan campechano con su kilo y medio de lengua extra. Eso sí, la peli es bonita, claro, y hasta emocionante. Así nos las cuelan todas.

Calificación: 4

sábado 12 de marzo de 2011

Elbow: Build a Rocket Boys!

Guy Garvey es un tipo reservado. Su imagen de antiestrella del rock, su reticencia a dejarse llevar por las modas y su permanente huida del éxito comercial lo han convertido en uno de los favoritos mimados por la crítica británica especializada. En 2008 saltó la sorpresa y The Seldom Seen Kid se reveló como un trabajo monumental que no sólo cosechó unas ventas sin precedentes en la carrera de Elbow, sino que fue también galardonado con el prestigioso premio Mercury. Con una respuesta característica de Garvey, la banda se ha replegado para ofrecer con Build a Rocket Boys! un producto lo más alejado posible a su anterior obra. Las letras escarban en los recuerdos de infancia del vocalista para dar lugar a un disco intimista, semiconceptual y repleto de canciones apagadas, repetitivas, que en escasos momentos alzan el vuelo. Tal vez esa nostalgia de la niñez perdida es lo que empaña el inicio con The Birds y Lippy Kids, dos números de prog-rock aletargado y plomizo que sólo ganan colorido con sucesivas escuchas. El resto del álbum es aún menos inmediato. Y la cosa es que temas como With Love y Jesus Is a Rochdale Girl parten de buenas ideas, pero luego se alargan sin permitirles que se desarrollen. Build a Rocket Boys! queda como un trabajo minimalista, que confía casi exclusivamente en los teclados, y al que ni siquiera el coro de la ligeramente arcadefireiana Open Arms salva de ser un tostón.

Calificación: 2

viernes 11 de marzo de 2011

Encuentros y Desencuentros 2

El semáforo cambió a rojo justo cuando iba a cruzar. Resopló con impaciencia aunque no tenía prisa. Una sombra borrosa que se paró a su lado descubrió a una mujer rubia. Le flaquearon las rodillas. Conocía muy bien esa melena ondulada. No era posible que fuera ella, no después de tanto tiempo, no en ese momento. Había soñado tantas veces con ello, había imaginado en tantas ocasiones ese reencuentro que, el hecho de que sucediese justo entonces, de forma tan inesperada, lo cogió fuera de sitio. No podía pasar, no estaba preparado. Ni siquiera sabía qué aspecto tenía. Maldita sea, se había puesto un jersey viejo, hacía dos días que no se afeitaba, llevaba un mes sin pasar por el gimnasio. La volvió a mirar de reojo. Ella estaba como siempre, se había conservado tan joven como la recordaba. Guardaba incluso la misma silueta que años atrás había recorrido con la yema de sus dedos. De golpe recuperó su olor, su sabor. Volvió a sentir el tacto de su piel en sus manos y mil instantes congelados en el recuerdo se agolparon en su cerebro. El semáforo aún no había cambiado. La miró abiertamente. La mujer le devolvió la mirada sin rastro de reconocimiento, pero era ella, no había duda. Dudó una décima de segundo, pero no podía permitirse que el semáforo le guiñase un ojo verde y que ella volviera a salir de su vida. La voz le salió floja, ahogada en una garganta que parecía no haber usado en siglos.
- Hola - le dijo mientras sus ojos escrutaban con prisa desesperada cada milímetro de su rostro -. No sé si me recordarás. Soy Santi. Santiago Carrasco.
Ella lo miró intentando localizar en disco duro del fondo de su mente a algún Santiago Carrasco .
- Tú eres Susana. Salimos juntos en la universidad - insistió él.
La chica sonrió con dulzura. Antes de que pudiera decir “Yo no me llamo Susana” él ya se había desfondado en su error. Cómo podía haberse equivocado así. Esa no era la sonrisa de Susana, era imposible que lo fuera. Y aunque ella habría querido saber más, aunque le habría gustado que él le dijese algo, aunque desease que le contara qué historia había detrás del nombre de Susana, aunque hasta habría aceptado ser de verdad Susana, aunque intentó incluso hablarle, cualquier cosa era ya inútil. Él estaba hundido en sus pensamientos con la mirada clavada en la acera. Ni siquiera se dio cuenta de que el semáforo había cambiado. Ella cruzó a otro lado.

jueves 10 de marzo de 2011

Encuentros y Desencuentros 1

Se estaba empezando a poner nervioso. Aquel tipo no le quitaba ojo de encima. Lo observaba desde la distancia con suspicacia, como si viera en él una amenaza evidente. Pero él no conocía de nada a ese fulano que lo miraba ceñudo. Intentó ignorarlo, pero cada vez que disimuladamente atisbaba en su dirección, allí estaba aquel sujeto sin apartar los ojos de él. No le gustaba su aspecto, le parecía la clase de hombre que va por el mundo imponiendo su presencia a los demás. Un tanto chulesco, demasiado avasallador. Parecía un individuo desagradable, pagado de sí mismo, con un rictus de desdén en los labios y mirada desafiante. Notaba que el otro lo miraba con interés, como si lo conociera de algo y estuviese intentando recordar de qué. Con la mirada descarada de quien se sabe seguro de sí mismo, tal vez demasiado. Pero él estaba convencido de que no lo había visto antes, si así fuera ya lo habría recordado. Aquel era un rostro impertinente que no era fácil de olvidar. Con el corazón desbocado martilleándole el pecho, se dirigió hacia él mirándole a los ojos, intentando despertarle algún tipo de reacción, enfrentándose a sus miedos y a su falta de confianza en sí mismo. A pocos pasos de él se quedó paralizado con el desconcierto dibujado en el rostro. El otro le correspondió. Sí que conocía a aquel tipo. Era su propia imagen reflejada en un espejo.

miércoles 9 de marzo de 2011

Pa Negre (Pan Negro)

La película del momento, la que nadie había visto y que luego arrasó en los Goya, la que los fachillas abuchean y defienden los progres. ¿Merece realmente la pena o se pusieron divinos los de la Academia? ¿Fue una bofetada al díscolo Álex de la Iglesia o supone una mirada diferente a la forma de hacer cine en nuestro país? Para empezar trata un tema que todavía es tan incómodo como la inmediata posguerra española. No tendría que ser así, pero puesto que es el arma arrojadiza favorita entre los políticos, precisamente por eso a muchos les cuesta juzgarla por sus meros méritos artísticos. Claro que uno no puede evitar el mosqueo cuando lo primero que ve en una película es la cantidad de entidades oficiales que han puesto pasta para que esta se haga.

Todo queda superado por una gran historia ambientada en una España negra cruelísima vista a través de los ojos de un niño. Pa Negre retrata la represión y las depuraciones, los ajustes de cuentas y las represalias entre gentes ásperas en un ambiente rural. Hay una pretendida aura poética en Pa Negre, sin embargo, que no acaba de encajar bien. Falta un decorum en los diálogos y las actitudes de los personajes que los hace resultar casi continuamente forzados, impostados, fuera de sitio. Tanto como lo son algunos planos y movimientos de cámara tan tópicos que lo único que consiguen es realzar la artificiosidad e impedir que el espectador entre de lleno en la película. Rematan la cinta unas interpretaciones excelentes que, al lado de otras bastante más pedestres, hacen de Pa Negre una buena idea de partida, no tan bien plasmada.

Calificación: 3

martes 8 de marzo de 2011

Día de la Mujer Trabajadora

6:30. Salto de la cama. Me gusta levantarme antes de que lo hagan los demás. Necesito ese ratito para mí, para estar sola, para prepararme para un día que no sé a qué hora acabará, y desayunar tranquilamente. No soy nadie sin mi café con leche y mi ducha. Pongo la cafetera y me enfrento con el espejo. Esa cuarentona con la cara hinchada y tumefacta que me mira no soy yo. Esas ojeras no son mías, esas no son mis arrugas. ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi cara? ¿Dónde está la chiquilla que yo era en el instituto? ¿Se la ha llevado por delante esta vida que llevo? Por cierto, me estoy acordando de que anoche no le dejé la ropa preparada a la niña. ¿Lloverá? Me asomo al balcón. Cada mañana la misma pelea: "Que si no quiero ponerme falda, que si esta camiseta no me gusta..." Le dejo dos mudas encima del sofá, y las botas de agua por si acaso. Se me ha enfriado el café.

7:00. Salgo de la ducha y me siento con el pelo aún mojado en el retrete. Rafa entra y pone la radio mientras comienza a enjabonarse la cara y saca la maquinilla de afeitar. Vaya, me ha bajado. ¿Qué día es hoy? Con razón anoche tenía tanta hambre. Me pongo un tampón y meto un puñado en el bolso. Un día de estos tengo que organizármelo, ¿Cómo habré acumulado tanto tiquet del súper? Me enfundo unas braguitas de regla y despierto a los niños. "¿Qué me pongo?", pregunta Carla. No respondo, no tengo ni tiempo ni ganas de discutir tan pronto. Salgo disparada a la cocina a prepararles el almuerzo. ¿Qué les puse ayer? Jamón de York. Hoy tendrá que volver a ser jamón de York. A ver si esta tarde puedo ir a comprar. Meto dos vasos de leche en el microondas.

7:15. Aún no me he vestido. Camino de mi cuarto les grito: "¿Habéis preparado la mochila? ¿Los deberes? ¿El estuche? La leche ya está caliente y el almuerzo está encima del banco de la cocina, que no se os olvide". Rafa sale corriendo por la puerta. "¿No desayunas?" "No, ya tomaré algo en el trabajo, que pierdo el metro".

7:30. Ya no llego. Tengo que ponerle gasolina al coche, no me he pintado y no me he secado el pelo. Dejo a los niños en la esquina del colegio. El pequeño se queja, como siempre. Le digo a su hermana que cuide de él. En la gasolinera pongo Súper 95. Cincuenta euros y ya tengo para el resto de la semana. Saco el eyeliner e intento hacer el milagrito en el espejo del retrovisor. No sé qué hacer con este pelo y no voy a llegar a las 8:00 ni de coña. Vaya tráfico. Tendré que avisar al jefe de que no llego. Saco el móvil y llamo a Tere. Tere es mi compañera y nos llevamos de maravilla. También es una chica jovencita y monísima con el culito más pequeñín de lo que yo lo tuve jamás. "Buenos días, Tere, perdona. Dile a Luis que estoy en un atasco, que llego más tarde". Ya veremos la cara que me pone cuando llegue. El mes pasado ya me dio un toque. Una furgoneta blanca cargada de trabajadores pasa por mi lado haciendo sonar el claxon todo lo que puede. Menuda pitada. El tipo que conduce, hecho un energúmeno, berrea algo desde la ventanilla que no consigo oír. No hace falta. Lo leo en sus labios: "¡Mujer tenías que ser!" Mis tripas se quejan. No he desayunado y no me he acordado de prepararme almuerzo para mí.

8:15. Llamo a Rafa. "Voy a llegar 20 minutos tarde y tendré que quedarme a recuperarlos. Es preciso que recojas a los niños y los lleves a inglés". "No puedo, tengo trabajo". Tiene trabajo. Vale. Y yo no. Como siempre, tengo la solución. Vuelvo a marcar el teléfono. "Mamá, te necesito..."

lunes 7 de marzo de 2011

Se nos rompió el amor de tanto usarlo

Cuando estás enamorado, todo lo que hace la persona amada, todo lo que dice, te seduce y te parece maravilloso. Vives en un mundo de encanto en el que nada de lo que la rodea puede estropear el momentum. Pero, ay, cuando el amor se desvanece y se rompen los cristales tintados de rosa, haga lo que haga, cualquier cosa, te irrita y se te hace fastidiosa. El lunarcito sobre el labio que antes te hubieras comido, como decía el inmortal humorista Gila, se convierte en una repugnante verruga cubierta de pelos.

Hubo un tiempo en el que el Gobierno vivía en un perpetuo idilio con la población española. Todas sus propuestas conseguían hacerle caer de pie, todo parecía trabajar en su favor y la suerte del ganador le sonreía. Pero ya se sabe que todo lo que sube baja. Ahora con el precio de las hipotecas incrementándose, los impuestos y los precios por las nubes, los sueldos a la baja y el paro creciendo mes a mes, la gente está cada vez más cabreada y recibe cada resolución ministerial con un mohín de desdén y no pocas expresiones de descontento.

Las medidas que se han adoptado para un cada vez más necesario ahorro de las cuentas públicas probablemente no sean desacertadas, pero el votante empieza a saludarlas con desconfianza. Con la mirada suspicaz con la que se observa a quien no es ya aquella figura amada por la que antes suspirábamos. Ahora nos parecen ocurrencias de un Gobierno que parece legislar a golpe de improvisación, ganchos a la desesperada de un boxeador sonado al que le tiemblan las piernas mientras deambula sin rumbo por el ring. Ni nos paramos a plantearnos si las medidas implementadas son realmente eficaces.

Cuando los que soportan las consecuencias de una crisis galopante son los mismos de siempre, mientras que quienes la originaron siguen jugando con la ingeniería financiera y aumentando cuentas de resultados como si esto no fuera con ellos, no es de extrañar que la gente proteste por algo menor como que le reduzcan la velocidad de los coches diez kilómetros por hora. Lo sorprendente es que todavía haya un 32 % de electores que en las encuestas manifiesten su disposición a seguir apoyando a este Gobierno. Y es que esta reducción de velocidad es una metáfora de un país que marcha cada vez más ralentizado.

La Viga y la Paja

Soy un cúmulo de defectos. Y no me refiero a nimiedades del tipo "tengo los dientes torcidos", "tengo orejas de soplillo" o "me pone pavimentarme la genitalia con azúcar glas para que las moscan vengan a libar". Nope. Mis defectos son chungos de verdad. Los Siete Pecados Capitales. Son míos. Los Pecados Mortales. He faltado a casi todos. Los Códigos Civil y Penal. Me faltan pocas leyes por incumplir. Pareciera que los Doce Mandamientos se hubieran escrito pensando en mí. Como dice la canción, “me persigue la pulisía y no le hago caso a naide”. Porque tengo que vivir conmigo mismo, que si me tuviese por vecino o por compañero de trabajo, me caería fatal. Jamás sería amigo mío. Tengo, lo que se dice, una viga en el ojo como un arquitrabe dórico. Soy el primero en admitirlo y tal vez por eso mismo tiendo a la benevolencia con las debilidades ajenas. No me gusta meter el dedito en la herida a ver cuánto dolor es capaz de aguantar el otro. Pocas veces me verán echarles en cara a los demás sus peculiaridades más incómodas. Creo que el arma afilada con la que más daño se puede hacer es la lengua, así que procuro mantenerla guardadita en su sitio. Sin embargo, aquellos que sobrevuelan sobre lo divino y lo humano, los que miran por encima del hombro sintiéndose seres angelicales libres de toda culpa, los que siempre están dispuestos a señalar con el dedo, a tirar la primera piedra, los que dicen, en suma, "Eh, menuda paja tienes en el ojo", esos sí que me revuelven las tripas. No se dan cuenta de que en ese preciso momento acaban de sacar a relucir su viga.

domingo 6 de marzo de 2011

Drive-By Truckers: Go-Go Boots

El anterior disco de Patterson Hood y sus huestes, The Big To-Do, fue uno de los destacados de 2010 en El País de los Sueños. Su nueva entrega, Go-Go Boots, tiene su origen en las sesiones que dieron lugar a aquel álbum, sólo que pareciera que para conformarla se hubieran reservado ahora los temas más reposados habiendo despachado ya los más coloridos. Hood ha superado con creces la partida de su socio Jason Isbell para situarse cada vez más alejado del ruidismo y más acomodado en la tradición. Drive-By Truckers se benefician de una pluralidad de voces y compositores que abarcan un abanico que va desde lo comercialmente pegadizo hasta un diccionario de la Americana de bar de carretera en estado puro embellecida con una bonita steel guitar. La voz oxidada de Hood, como un Tom Petty interpretando a B.B. King, recorre Go-Go Boots, pero también están la potente (en todos los sentidos de la palabra) bajista Shonna Tucker encargándose de sus propios temas y el guitarrista Mike Cooley exhumando el fantasma de Johnny Cash cada vez que abre la boca. Tres elementos centrales que dan lugar al tipo de canciones que la América blue collar ha disfrutado toda la vida. Country-soul para rednecks escrito por artistas sinceros, sensibles y que saben rimar "assholes" con "castles". Quizá la abundancia de tiempos medios apunta a que hubiera sido una buena idea publicar todas las sesiones en un CD doble. La suma hubiera sido demoledora.

Calificación: 3

sábado 5 de marzo de 2011

Lucinda Williams: Blessed

La versión femenina de Steve Earle regresa tras el golpe que supuso el fallecimiento de su madre y la ruptura con su pareja, circunstancias ambas que dieron lugar al sentido West de 2007. La llegada de un nuevo amor embadurnó Little Honey en 2008. Ahora, con voz poderosa y una banda crujiente, el retorno de Lucinda Williams no podría ser más satisfactorio. Blessed es un disco energético que se abre con Buttercup, un tema que retoma la contundencia de algunos números del grandioso World Without Tears. Pero también se sustenta sobre los tonos country de canciones más reposadas como la maravillosa I Don't Know How You're Livin', que están más cerca de la amargura pesarosa que de los momentos más edulcorados que se le habían colado últimamente. Y así una sucesión tras otra de melodías redondas fantásticamente arropadas. Blessed es un álbum en el que la Williams pone toda la carne en el asador. Sus letras hablan de personas que parecen auténticas, y su música está cargada de corazón, repartida a partes iguales entre los sentimientos brumosos de melodías aceradamente dulces y ácidos ritmos más duros capaces de levantar ronchas. Dos elementos que se conjugan a la perfección en la canción que da título a Blessed, sulfuro escarchado de azúcar. La versión deluxe viene con un CD extra, The Kitchen Tapes, que ofrece las maquetas acústicas caseras de Blessed, otro trabajo magistral de Lucinda Williams al que sólo se le puede objetar cierto conservadurismo que no le permite abrir nuevos caminos.

Calificación: 3

viernes 4 de marzo de 2011

Total OverFuck

Miguel Ángel Martín, uno de nuestros autores más internacionales, ve reunido por Reino de Cordelia en un tomo de edición exquisita, Total OverFuck, una recopilación de sus páginas más extremas. Historias enfermas de estética industrial en las que con total amoralidad muestra el lado más inquietante del fetichismo y las perversiones sexuales. El látex, el bondage y el sadomasoquismo salvaje se dan cita en viñetas de una frialdad absoluta que parecen ubicadas en un mundo futurista y a la vez, ay, demasiado cercano. El deslumbrante trazo de Martín, a medio camino entre Joost Swarte y los dibujos animados de Tex Avery, se pone al servicio de parafilias obsesivamente recurrentes en su obra. Relatos en las que una cámara objetiva muestra sin hacer juicios de valor lo más cercano que hay a una snuff movie bajo una excusa artística. No esconde Martín sus intenciones de escandalizar y no le resulta difícil hacerlo recurriendo a figuras infantiles. Niños que son unas veces encarnaciones de malignidad retorcida, mostrados otras tantas como tristes inocentes torturados. Total OverFuck horroriza y fascina al mismo tiempo, y es fácil situarlo con los chirridos de Throbbing Gristle sonando de fondo. Detrás de unas páginas que parecen meras anécdotas, simples pinceladas de alienación, se agazapa mucho más. Reflexiones sobre a dónde vamos y qué estamos haciendo que dejan a El Silencio de los Corderos en mantillas. Otra cosa es que estemos dispuestos a hacerlas. Acérquese con precaución.

Calificación: 3

jueves 3 de marzo de 2011

La Vida en una Canción, 8: Montescos y Capuletos de Sergei Prokofiev (1936)

Habíamos sido los mejores amigos. Nos habíamos sentado juntos en la última fila y nos habían expulsado de clase juntos por cantar en lugar de atender a las lecciones. Nos habíamos emborrachado juntos y habíamos vomitado juntos. Habíamos ligado juntos, habíamos aprendido a tocar la guitarra juntos y habíamos formado nuestro primer grupo de rock juntos. Caminábamos por la calle con la sensación de pertenecer a una sociedad secreta, de ocultar algo privado y especial que sólo compartíamos él y yo. Creíamos ser parte de esa larga estirpe de asociaciones honradas por el tiempo que habían forjado la leyenda. Éramos Lennon y McCartney, Jagger y Richards, Strummer y Jones, Morrissey y Marr. Él y yo éramos una banda de gangsters enfrentados al resto del mundo, éramos los tipos de Reservoir Dogs antes de que Quentin Tarantino hubiese soñado siquiera con el guión de su película.

Ahora, cuando oigo las canciones que escribimos entonces, no puedo evitar morirme de vergüenza. Pero también escucho que debajo de eso había algo. Había calidad. Estaba el germen de lo que podía haber sido y no dejamos que fuera. Y también vuelvo a cómo las grabamos. Recuerdo el cable del micrófono que no daba más de sí, recuerdo tener que acabar un redoble de batería entre dos, recuerdo hacer los arreglos del solo de guitarra y las caras que poníamos escuchándolo a través de los auriculares. Recuerdo el salto que dimos en nuestras sillas en la terraza del bar cuando el tipo que nos produjo la maqueta pasó por nuestro lado con la cinta master atronando a través de los altavoces de su coche con las ventanillas bajadas. Aquello que sonaba éramos nosotros. Y no estaba nada mal.

Luego crecimos un poco más. Yo me mudé de casa, fuimos a facultades diferentes, tuvimos nuestras primeras novias. Nuestras reuniones para ensayar se conviertieron en celebraciones del alcohol, en improvisaciones eternas sin ganas de concretar nada, sin interés por volver a componer, con la apatía de darnos cuenta de que o nos dedicábamos a eso en cuerpo y alma, o intentábamos sentar la cabeza y tener una vida oscura como el resto de los mortales, o pretendíamos vivir en una fiesta contínua hasta que nos salieran las primeras canas. Cada uno tomamos nuestra decisión y un día, sin una palabra, sin auncio previo, dejamos de vernos sin más.

Y ahora estamos aquí los dos otra vez, con la sensación de tener un asunto pendiente que resolver. Olisqueándonos como perros que se reconocen como de una misma camada, pero que no acaban de identificar ese olor. Tanteándonos sin permitirnos volver a ser aquellos chiquillos que una vez se reían de las mismas cosas. Con el conocimiento de que debajo de la ropa distinta, hay el mismo hombre. Queremos ser cálidos, pero no nos atrevemos a tocarnos. Mostramos una frialdad que sabemos impostada mientras nos preguntamos si el otro habrá seguido el mismo recorrido vital. Guardamos la distancia del que se ve a sí mismo y no es capaz de identificar sus gestos en el espejo. Nos estamos reaprendiendo y regresa el entusiasmo de sentirnos de nuevo un monolito en el que rebota la vida. Muchas veces la sonrisa no me deja articular una nota. Eso es una buena señal. Bienvenido a casa.

miércoles 2 de marzo de 2011

Nick Drake: Canciones de Inocencia y de Experiencia

En 1974, en el momento de su muerte, Nick Drake era un absoluto desconocido que, a pesar de haber publicado tres discos, apenas si había vendido 15.000 copias. Hoy se ha convertido en un nombre de referencia, en uno de esos artistas a los que hay que citar si queremos dárnoslas de conocedores con buen gusto. Es casi una figura inevitable gracias a la aparición de canciones suyas en diversos anuncios televisivos y en bandas sonoras de películas tanto independientes (The Royal Tenenbaums, Garden State) como comerciales (Serendipity). Nick Drake está considerado en la actualidad como una de las figuras más influyentes de la música moderna británica. No en vano en el momento de su fichaje por la entonces naciente discográfica Island se le veía como uno de los artistas más prometedores y bien relacionados. Drake entró por la puerta grande de la mano de Joe Boyd, y en sus discos aparecen artistas tan reputados como John Cale y diversos componentes de Fairport Convention y Pentangle.

Nacido en 1948 en el seno de una famila acomodada, el joven Nicholas pronto demostró inclinación hacia la música y las letras, una afición alentada por sus padres, especialmente por su madre, con la que junto a su hermana grabaría primerizas maquetas de canciones tradicionales y versiones de folk en su hogar en Tanworth-in-Arden. Cuando Drake conoció al productor Joe Boyd, el cerebro que había descubierto a John Martyn y la Incredible String Band, éste se convirtió en su mentor y su manager, y le consiguió un contrato discográfico con el que juntos grabarían las demos que una década más tarde verían la luz como Time of No Reply en la caja recopilatoria Fruit Tree. Enseguida Nick abandonaría su carrera universitaria para disponerse a trabajar en su primer album de canciones originales. Una música que en cierto modo recuerda a los primeros discos de Tim Buckley, aunque su interpretación sea más frágil y trágica, puntuada y matizada por su perfecta pronunciación de inglesito de clase alta.

Five Leaves Left, producido en 1969 por el propio Boyd, presenta a un artista ya plenamente formado desde su primera obra. Resulta un disco delicado e intimista embellecido con buen gusto por ligeros arreglos de cuerda. Un brillante bazar con el que Drake hace gala de su extraordinaria y obsesiva técnica con la guitarra acústica, y una voz llena de poesía que lo consagra para siempre como figura romántica y sensible. Sin embargo, su reticencia a tocar en público y su timidez patológica repercuten en su falta de éxito comercial. Al año siguiente llegaría Bryter Layter, un trabajo con un tono más brillante y rico. Un disco magnífico con devaneos jazzísticos en el que de nuevo no hay ni una canción de relleno y que tampoco se vendió apenas. Cada vez más dolorosamente tímido y recluído, en sus escasas actuaciones en directo en ningún momento se dirige al público. Frustrado, acaba cayendo en la depresión. Además, su consumo de drogas, que se había iniciado en la universidad, se incrementa y según sus allegados empieza a dar muestras de psicosis. Su familia intenta convencerle sin éxito de que acuda a un psiquiatra.

Su carácter reclusivo y poco comunicativo no le permite llegar nunca a relacionarse del todo con nadie ni dejarse conocer. El insomnio y la depresión crónicos hacen mella y dotan a sus composiciones de un fatalismo desolador. En 1972 llega su tercer album, Pink Moon, un disco sombrío y escueto. Parco en palabras, en minutaje y casi en música. Desnudo de los brillantes arreglos de su anterior trabajo, es un reflejo de su estado anímico y mental. Una vez grabado, Nick deja las cintas en la mesa de la recepcionista de Island sin cruzar palabra con nadie y se marcha. Convencido de que ya no es capaz de crear nada más, su última sesión, aparecida póstumamente, incluye sus canciones más oscuras y desnudas, que constituyen casi un requiem mortuorio. Drake se siente vacío, incapaz de comunicarse ni de sentir. Con un comportamiento cada vez más errático, deja de asearse. Desaparece durante días y cuando regresa sigue en silencio. Tras una crisis nerviosa, accidentalmento o no, nunca ha quedado claro, Nick Drake fallece de una desobredosis de antidepresivos a finales de 1974.

Nick Drake era un hombre perdido y solo, un genio torturado y confuso que siempre miró la existencia desde la distancia. También era un artista sofisticado y sin igual que grabó tres obras extraordinarias, más algunos discos con inéditos aparecidos años después de su muerte, de los que se puede escoger cualquier canción al azar y siempre será material de primera, sensible e inteligente. Una paradoja viviente que llena sus canciones de todo ese corazón y esa vida que a él le parecían faltar y que se dejó en los surcos de su obra. La reedición de su discografía completa en una caja por parte de Island y su creciente reputación entre músicos de todo pelaje llevó a la recuperación de este auténtico original que ha pasado de músico de culto maldito a casi mainstream, con constantes artículos en la prensa especializada de todos los países. Uno de los grandes de verdad.

martes 1 de marzo de 2011

Retrato de Jennie

Romanticismo, un mundo onírico y una metáfora del fuego interior que prende la creación artística. Retrato de Jennie es una película pionera del género fantástico que se cruza con una historia de amor. Joseph Cotten, un joven aspirante a pintor sin suerte, conoce un día a Jennifer Jones, una enigmática niña que parece vivir en un mundo de ensueño. La niña le hablará de sucesos del pasado como si formaran parte de su presente mientras que parece ser consciente de que está fuera de tiempo, de que es un ser casi etéreo que viene de otro momento y que intenta aferrarse al presente. Cada vez que se encuentren, la niña parece haber madurado a una velocidad mucho mayor de lo normal y se muestra absolutamente segura de que el destino de ambos está unido. El pintor se sentirá fascinado por ella y será la inspiración que hará que su arte dé un salto cualitativo que lo lanzará definitivamente.

Retrato de Jennie es una película extraña que tuvo poca fortuna en taquilla, pero que con el tiempo ha ganado estatus de obra de culto. Basada en una novela del escritor Robert Nathan, utiliza una serie de técnicas para incidir en la ambientación irreal. Secuencias vistas a través de un lienzo, fotogramas tintados, iluminación atrevida y la sugerente música de Dimitri Tiomkin. Hay otros grandes nombres detrás del film: el productor David O. Selznick y las apariciones de unas provectas Ethel Barrymore y Lillian Gish, leyendas del cine mudo. El espectador nunca está seguro de si lo que viven los protagonistas es real o es una alucinación, si Jennie es una aparición fantasmal de otro tiempo o si es el producto de la mente desesperada del pintor. Quizá su malditismo haya hecho que Retrato de Jennie esté algo sobrevalorada, pero su audacia, su papel atípico en la producción de 1948 y su evocadora resolución de lo que significa la llegada de la musa como el poder inspirador del amor, la convierten en un largometraje de recomendable visionado.

Calificación: 3

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