La Década Prodigiosa, la llamaban, porque en el territorio virgen de la música pop todo estaba por inventar y todo lo que vendría después parecería un pálido desarrollo de la explosión de creatividad de los años anteriores. El sueño se había acabado, que dijo John Lennon, y comparado con lo que se hizo en los 60, la música de los 70 sonaba aburrida, anquilosada, domesticada. Fue todo contra lo que reaccionó el punk. Autoindulgentes bandas de rock progresivo, complacientes formaciones de country rock californiano, hardrockeros endiosados, singer-sonwriters latosos, y banales ritmos para la pista de baile. Habrán comprobado, mis fieles lectores, que El País de los Sueños está despidiendo el año con clase. Hoy les traigo a Lynsey De Paul, una artista que precisamente mezclaba estas dos tendencias, las confesiones de los cantautores y las tórridas insinuaciones de la música disco, en su pelotazo de 1972, Sugar Me. Ayudaba, claro, que la chica parecía salida del Playboy, su voz mimosa y el double entendre de la letra. “Échame azúcar, cariño, de día y de noche”. Omnipresente en la radio, Lynsey De Paul se relacionó muy bien con gente como Ringo Starr, el futbolista George Best (que no se perdía una) y los actores James Coburn y Sean Connery, pero aunque siguió intentándolo nunca volvió a repetir el éxito de Sugar Me.
2 Comentarios:
No sabía si decírtelo el otro día (tampoco es que la canción...) ... pero bueno... el vídeo que has enlazado en esta entrada se oye fatal...
Lo mejor que he encontrado con una imagen que me interesaba. ¿O te crees que enlazo lo primero que se me cruza?
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