lunes, 5 de diciembre de 2011

Andy Warhol y el Rock and Roll

Me dice mi churri, que esta mañana de domingo ha amanecido algo pachucha y un tanto tristona, que le ponga un poco de música alegre, pero melancólica, que la haga sentirse como si se estuviese tomando un tazón de colacao calentito. Ella, que incomprensiblemente me conoce bien y sabe que para estos casos tiro de Nick Drake, un tipo en el que se puede confiar a ciegas y pinchar cualquier cosa de él sabiendo que siempre vas a caer de pie, espera de mí que haga lo predecible. Yo, que soy aún más predecible de lo que ella cree, escojo lo más obvio y dejo que la habitación se alfombre con las campanitas de Sunday Morning de la Velvet Underground. Y ella, que por mucho que lo niegue siempre me sorprende, me deja caer que cada vez que ve la icónica portada del primer álbum de la banda de Lou Reed y John Cale le apetece comerse un plátano.

Ustedes ahora sonreirán y pensarán que lo que viene a continuación es una bravuconada sobre nuestra flexibilidad sexual, pero no. Me pongo a contarle que a mí la portada diseñada por Andy Warhol me recuerda a más situaciones predecibles. Cuando el pintor eslovaco-norteamericano produjo el debut de la Velvet Underground era ya el artista que había retratado la cultura pop en la forma de la lata de sopa Campbell’s, Elvis Presley y Marilyn Monroe, y luego su factoría sería el santuario al que peregrinarían David Bowie, Roxy Music y todo wannabe que se preciase. Bueno, en realidad Warhol no produjo el disco, sólo estuvo por allí, dejó hacer y se encargó de pergeñar el famoso plátano que en su primera edición se podía pelar.

Efectivamente, sobre el pedúnculo del fruto había una pequeña inscripción: “peel slowly and see”. Pelar suavemente para ver. Todo muy double entendre. O tal vez no, a saber lo que le pasaba al viejo Andy por la cabeza. Lo que les venía a contar es que yo una vez tuve la ocasión de pelar suavemente para ver qué había debajo. Tampoco les sorprenderá si les desvelo que lo hice. Ya les dije que soy predecible. Lo que había debajo era algo quintaesencialmente warholiano. Algo que sólo podía venir del tipo que se filmó a sí mismo comiéndose una hamburguesa. El artista aparece en plano medio sentado a una mesa, de frente, mirando a la cámara. Delante de él hay un paquete de Burger King y un bote de ketchup Heinz. Warhol desenvuelve la hamburguesa, vierte un poco de ketchup sobre ella y procede a comérsela con total parsimonia. La cámara no se mueve mientras él termina, se limpia y retira los restos. Entonces mira al frente y dice con voz neutra: “Soy Andy Warhol y acabo de comerme una hamburguesa”.

Warhol jamás engaña, siempre es evidente, no podemos esperar de él más que lo obvio. Cuando pelé el plátano lo que encontré debajo fue, claro, un plátano pelado. Andy Warhol repitió la misma jugada cuando diseñó la portada de Sticky Fingers, el disco de 1971 de los Rolling Stones, aquel en el que aparece por primera vez el logo de los labios y la lengua, un símbolo que, por contra a la idea generalizada, no es obra de Warhol. Lo que sí creó fue la fotografía de la bragueta en primer plano con una cremallera que, una vez más, en su primera edición se podía bajar. Menos en España, donde esa imagen se censuró para cambiarla por unos dedos de mujer saliendo de dentro de un bote. Los deditos grasientos del título, que al parecer eran más limpios a ojos del censor que los que pudiesen bajar la pertinente cremallera masculina.

Hablando de destapes, yo también pude encontrarme con una copia de Sticky Fingers con la cremallera bajable. Una cremallera que también es comúnmente aceptado que es la de Mick Jagger, pero que en realidad no es así. Ni que decir tiene que la bajé a ver qué me encontraba debajo. El taimado Andy no me decepcionó en esa ocasión tampoco. Tras la cremallera abierta había, evidentemente, unos calzoncillos de algodón. De un blanco impoluto, para más inri. Era obvio. Volviendo a las obviedades, luego de esta charlita doctoral con la que obsequié a mi churri, la misma que ustedes han tenido ocasión de leer si han llegado hasta aquí, sí nos dedicamos al rock and roll. En su sentido etimológico, claro. No se alarmen, no es que pretenda replicar ahora la misma situación con ustedes, pero ¿acaso creían que iba a desaprovechar la ocasión de pavonearme un poco ante mis bienamados lectores? ¿No era predecible?

3 Comentarios:

Churris and neighbours dijo...

It's only rock'n'roll but I like it

José Fernández dijo...

Hombre, lo lógico es que si pelas alguno, aparezca un platano, pero si algún día me aparece en casa un platano de color rosa definitivamente me voy a vivir al monte.

Fran G. Lara dijo...

Exacto. La sorpresa es que no hay sorpresa.