La carrera de Tom Waits se puede dividir, a grandes rasgos, en tres etapas: la rara, la más rara aún y la rarísima. Sin embargo, vista con perspectiva, se presenta como un todo que tiene perfecto sentido. Es una evolución inevitable que culmina con Bad as Me. El nuevo y último disco del extravagante compositor de Pomona no podría ser obra de un recién llegado, sino el trabajo de condensación de todos aquellos tarros en los que Waits ha ido metiendo el dedito desde 1971. Bad as Me (un juego de palabras entre “tan malo como yo” y “un malote como yo”) es el resultado y la exposición de todo lo que ha formado a Tom Waits como músico.
New Year’s Eve nos lo devuelve como el cantautor que era a principios de los años setenta y que se alimentaba con la misma dieta que nutrió las narraciones del primer Billy Joel y las letanías confesionales de Bruce Springsteen. El pianista de garito afterhours transmutado en Sinatra de puticlub que encarnó en Nighthawks at the Diner reaparece en Kiss Me. El jazz de Nueva Orleans, las melodías de borrachuzo (des)entonadas al amanecer y las baladas al borde de quebrarse en llanto que ofreciera en Blue Valentine tienen su reflejo en Last Leaf. Y el rock and roll stoniano más o menos ortodoxo explorado en Heartattack and Vine ocupa su lugar en Satisfied.
Rain Dogs es revisitado en el blues de cañerías rotas, guitarras descoyuntadas tañidas por las patas de un grillo y percusiones inusitadas compuestas por un puñado de palitroques y un extintor de incendios usado que presenta en la canción que da título al disco. Recupera Frank’s Wild Years en el falsete de crooner de Talking at the Same Time y el baladista con acordeón de Pay Me. Y finalmente el ruidismo atonal directamente ultrajante que ha explorado en sus últimas obras vuelve con Hell Broke Luce, inspirada en las canciones de los esclavos y de los presos en los campos de trabajo. Hasta se pueden escuchar los martillos golpear y los látigos restallar.
Pero aún hay más. Hay sonidos calientes pre rock and roll en Get Lost, hay tex-mex fronterizo en Back in the Crowd, hay humo y ambientes urbanos de cine negro en Chicago, hay country disfrazado en Face to the Highway, hay orquestinas siempre a punto de desafinar, y hay la furia que ha enseñado a Nick Cave a desatarse. Lo único que no está ahí, pero que casi se puede sentir, es las orquestaciones cinematográficas a lo Nelson Riddle. Y es que Bad as Me, su primer disco de canciones nuevas en siete años, no es un grandes éxitos, ni siguiera es un best of, pero sí es la definición de qué ha sido, qué es y cómo ha llegado hasta aquí Tom Waits.
New Year’s Eve nos lo devuelve como el cantautor que era a principios de los años setenta y que se alimentaba con la misma dieta que nutrió las narraciones del primer Billy Joel y las letanías confesionales de Bruce Springsteen. El pianista de garito afterhours transmutado en Sinatra de puticlub que encarnó en Nighthawks at the Diner reaparece en Kiss Me. El jazz de Nueva Orleans, las melodías de borrachuzo (des)entonadas al amanecer y las baladas al borde de quebrarse en llanto que ofreciera en Blue Valentine tienen su reflejo en Last Leaf. Y el rock and roll stoniano más o menos ortodoxo explorado en Heartattack and Vine ocupa su lugar en Satisfied.
Rain Dogs es revisitado en el blues de cañerías rotas, guitarras descoyuntadas tañidas por las patas de un grillo y percusiones inusitadas compuestas por un puñado de palitroques y un extintor de incendios usado que presenta en la canción que da título al disco. Recupera Frank’s Wild Years en el falsete de crooner de Talking at the Same Time y el baladista con acordeón de Pay Me. Y finalmente el ruidismo atonal directamente ultrajante que ha explorado en sus últimas obras vuelve con Hell Broke Luce, inspirada en las canciones de los esclavos y de los presos en los campos de trabajo. Hasta se pueden escuchar los martillos golpear y los látigos restallar.Pero aún hay más. Hay sonidos calientes pre rock and roll en Get Lost, hay tex-mex fronterizo en Back in the Crowd, hay humo y ambientes urbanos de cine negro en Chicago, hay country disfrazado en Face to the Highway, hay orquestinas siempre a punto de desafinar, y hay la furia que ha enseñado a Nick Cave a desatarse. Lo único que no está ahí, pero que casi se puede sentir, es las orquestaciones cinematográficas a lo Nelson Riddle. Y es que Bad as Me, su primer disco de canciones nuevas en siete años, no es un grandes éxitos, ni siguiera es un best of, pero sí es la definición de qué ha sido, qué es y cómo ha llegado hasta aquí Tom Waits.
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