Si quieren saber por qué virtudes adoro al ser humano, basta con que le echen un vistazo a la primera secuencia de No Habrá Paz para los Malvados. En unos minutos ya estarán ustedes en situación y el espectador, también. Ese protagonista es un tipo tan caricaturesco que no puede ser sino real. Todos hemos conocido a alguien así. Mejor de lejos. Seguramente estarán ustedes al tanto de la última película de Enrique Urbizu. Se han puesto tan pelmazos con la promoción que uno no tiene más remedio que salir huyendo asqueado o verla de una puñetera vez. José Coronado, rizos al viento, encarna a un inspector de policía chungo, una especie de Bad Lieutenant más ocupado en limpiar su propio culo que en resolver delitos. En una de sus pasadas de rosca se mete sin saberlo en un asunto con más cuerda de lo que él podría suponer. A partir de aquí se desarrollan tres historias paralelas: los intentos contrarreloj del fulano por arreglar su cagada, la investigación de un triple asesinato por una jueza, y una trama de terrorismo islámico.
No Habrá Paz para los Malvados es una rara avis dentro de nuestra industria cinematográfica. Una excelente película, se lo digo ya de entrada para que luego no haya equívocos, al estilo del thriller negro norteamericano, pero más cercana a nosotros por sus personajes, por su realismo casi costumbrista. Lo que la hace tan buena es el milimetrado pulso narrativo, los finos diálogos y los duelos interpretativos entre Coronado y una perfectamente planificada jueza interpretada por Helena Miquel. El suyo es un personaje gélido, pero humano, al que le bastan, al contrario que al de su partenaire masculino, dos pinceladas magistrales para que quede caracterizado. Eso no quiere decir que como espectador uno no esté harto a estas alturas de ver otra vez al típico policía con un pasado brillante que cae en el abismo de la violencia, el alcohol, los demonios interiores, y otras cosas igual de feas, baby. Ni que, además, piense que queda la mar de tonto que cada vez que quieran hacer que un personaje parezca malote le hagan decir la chorrada esa de “rock and roll” cuando hay baile.
Pero, insisto, no me entiendan mal, que la peli está muy bien. Eso son casi deslices al margen. Como lo son la innecesaria inclusión del novato a lo Training Day, la participación de algunos actores demasiado estigmatizados por su experiencia televisiva y la manía de los nombres simbólicos, algo que a mí ya empieza a tocarme las narices. Lo que menos me gusta de No Habrá Paz para los Malvados es darme cuenta tan pronto de que al final va a ser otra vez una historia de redención con final cantado. Y es que las tintas recargadas del último minuto me sobran. Pero, oigan, que de verdad que me ha gustado, que no estaría de más que fueran a verla, y que cómo me alegro de ser un buen chico y no conocer ni por asomo los ambientes en los que transcurre No Habrá Paz para los Malvados. La paz sea conmigo, entonces.
No Habrá Paz para los Malvados es una rara avis dentro de nuestra industria cinematográfica. Una excelente película, se lo digo ya de entrada para que luego no haya equívocos, al estilo del thriller negro norteamericano, pero más cercana a nosotros por sus personajes, por su realismo casi costumbrista. Lo que la hace tan buena es el milimetrado pulso narrativo, los finos diálogos y los duelos interpretativos entre Coronado y una perfectamente planificada jueza interpretada por Helena Miquel. El suyo es un personaje gélido, pero humano, al que le bastan, al contrario que al de su partenaire masculino, dos pinceladas magistrales para que quede caracterizado. Eso no quiere decir que como espectador uno no esté harto a estas alturas de ver otra vez al típico policía con un pasado brillante que cae en el abismo de la violencia, el alcohol, los demonios interiores, y otras cosas igual de feas, baby. Ni que, además, piense que queda la mar de tonto que cada vez que quieran hacer que un personaje parezca malote le hagan decir la chorrada esa de “rock and roll” cuando hay baile.
Pero, insisto, no me entiendan mal, que la peli está muy bien. Eso son casi deslices al margen. Como lo son la innecesaria inclusión del novato a lo Training Day, la participación de algunos actores demasiado estigmatizados por su experiencia televisiva y la manía de los nombres simbólicos, algo que a mí ya empieza a tocarme las narices. Lo que menos me gusta de No Habrá Paz para los Malvados es darme cuenta tan pronto de que al final va a ser otra vez una historia de redención con final cantado. Y es que las tintas recargadas del último minuto me sobran. Pero, oigan, que de verdad que me ha gustado, que no estaría de más que fueran a verla, y que cómo me alegro de ser un buen chico y no conocer ni por asomo los ambientes en los que transcurre No Habrá Paz para los Malvados. La paz sea conmigo, entonces.
5 Comentarios:
Tengo que verla. No paran de decirme que es una peli redonda.
Yo no he dicho eso.
Como bien dices es un rara avis en el panorama cinematográfico español, pero al guión le falta definición para redondear el resultado.
Urbizu reconoció que tuvo que meter la tijera al guión, no si obligado o no.
En definitiva que mola pero podría haber molado más.
Saludos.
Lo peor es la insistencia en los tópicos. A ese nivel me gusta infinitamente más El Crack.
No alcanzo a entender las grandes críticas y contínuas recomendaciones que recibe "No habrá paz para los malvados".
Es una buena historia sí, pero muy mal contada, sin explicar las motivaciones del único protagonista, Santos Trinidad y con unos secundarios no sólo insulsos, sino prácticamente inexistentes. Un guión más trabajado y una mayor profundidad en los personajes hubiese hecho de este film algo realmente extraordinario.
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