martes, 8 de noviembre de 2011

Las Grandes Ambiciones de Javier de Torres

El Derecho y el rock and roll no tienen nada que ver a priori, pero ya sabemos que para poder dedicarse a la música hay que ganarse la vida con otra actividad. Javier de Torres es un abogado con una jugosa carrera paralela en la que ya ha publicado seis álbumes. Sus canciones, en la misma línea y a la altura de las de Quique González, por ejemplo, no gozan de la popularidad de las del cantante madrileño. Yo mismo me acabo de encontrar con Las Grandes Ambiciones, su disco de 2010, cuando está en la calle desde el pasado febrero su último trabajo. Las Grandes Ambiciones es una grabación arriesgada. Un disco de pop barroco orquestal en pleno siglo XXI. De tiempos medios primorosamente arreglados y de baladas escocidas. Una colección de composiciones afín a las formas melódicas del último Enrique Urquijo y de Coque Malla en solitario. Y es que, efectivamente, Las Grandes Ambiciones está construido en función de las melodías. Y sí, es también un álbum ambicioso. Grandioso sin ser grandilocuente. Melancólico hasta ser tristón. Inmenso y a la vez inmediato. Con este continente, el contenido no puede ser otro que el amor en todas sus manifestaciones. Pero no esperen un exceso de almíbar. De Torres ni se acerca a la ñoñería en sus letras. “Dime si alguna vez has visto a Peter Frampton en su estado actual / Pronto yo también estaré viejuno y triste (…) De estribillos previsibles está lleno el camposanto”, dice en Un Fan del CSIC sacando provecho a su voz limitada. Con partituras dignas de Pete Dello y de Paul Buckmaster, se mira en las grandes producciones de finales de los sesenta y principios de los setenta. Con referentes inusitados como Umberto Tozzi y Bon Jovi, se atreve a citar desvergonzadamente a José Luis Perales en Los Detalles para ponerle las peras al cuarto. Algo tan hermoso no debería haber pasado tan desapercibido.

1 Comentarios:

josefco 7 dijo...

"Dime si alguna vez has visto a Peter Frampton en su estado actual"
solamente por esa frase, merece la pena comprarlo. Ese tipo tiene pinta de ser guay; perdón, quise decir "cool".