martes, 1 de noviembre de 2011

Florence & the Machine: Ceremonials

Qué mala conciencia. Ceremonials, el nuevo disco de Florence & the Machine, no me dice ni fu ni fa. Mientras por ahí todo el mundo se derrite cantando sus excelencias, a mí me parece un desparrame desvergonzadamente deudor de Kate Bush que hasta se atreve a entrar en el terreno de los Fleetwood Mac ochenteros. Un trabajo alarmantemente falto de canciones. No me desagrada, porque no es un mal disco, pero tampoco me entusiasma. No le encuentro ningún chispazo de genialidad del que no pueda despegarme. No es que sea comercial ni facilón, pero sí suena automático, carente de alma. Florence Welch abre la boca y pone la directa en quinta todo el rato. La diferencia entre Lungs, su primer trabajo, y este nuevo álbum, es la que separa You Take My Breath Away de Who Wants to Live Forever, lo que había en Love of My Life y lo que sobra (y falta) en Is This the World We Created, si saben lo que quiero decir. Potencia sin matices, energía sin sensibilidad. El adelanto que ya conocíamos, What the Water Gave Me, resultaba un número evanescente, demasiado esotérico, hasta amelódico. Shake It Out, el segundo anticipo, se veía bastante más centrado y daba esperanzas. Pero escuchando la colección completa, a pesar de contar con algunos temas tintados de soul que alivian la densidad, a Ceremonials le faltan un par de canciones que dejen al oyente clavado al suelo. No es suficiente con su despatarrante derroche vocal, no basta con que apabulle con percusiones africanas a go-go. Desde el inicio suena pretencioso sin más, y letras del estilo “You want a revelation / some kind of revolution” (¡venga ya!) no es que le hagan precisamente un favor. Es, quizá, la sobreabundancia de cortes de Ceremonials lo que lo hace tan lineal. Yo, a mitad de disco, ya no soy capaz de diferenciar unas canciones de otras. Y por mucho que gane con las sucesivas escuchas, que lo hace, en el tramo final siempre me sorprendo a mí mismo dejando de prestar atención. Y les aseguro que me he esforzado. Ya me fastidia escribir una reseña que parece más una disculpa, pero es que Ceremonials, simplemente, es un disco que me da igual. Eso es lo peor.