Paul Gulacy siempre es garantía de calidad, aún cuando no le hagan mucho favor las tintas de otro dibujante ni el color infográfico. Jimmy Palmiotti y Justin Gray son dos todoterrenos del mundillo del comic-book cuyo trabajo va desde Jonah Hex hasta superhéroes varios. De esta alianza surge Time Bomb, una historia de intrigas a lo James Bond con tintes de ciencia-ficción. Durante unas reparaciones se encuentra por accidente un búnker nazi subterráneo. Cuando entran a investigar, un misil cargado con un poderoso virus que exterminará la vida en La Tierra sale disparado. Es la famosa arma secreta que el Tercer Reich estaba preparando cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. Explosiona sobre Berlín y se extiende a tal velocidad que en 60 horas se habrá pasado por la piedra a todo aquel que no se encuentre en un refugio bajo tierra. La única esperanza queda en manos de una especie de Comando G (la chica, el negro, el guapo, el canalla, ya saben) que utilizará un programa experimental de viajes en el tiempo para regresar al momento anterior y evitar el holocausto final. Pero algo falla y aparecen en Alemania durante los últimos días de la guerra. Toma castaña. Time Bomb es un tebeo de pura diversión estropeada por un desarrollo excesivamente alargado y algunas situaciones resueltas por puras casualidades bastante fastidiosas. Sin sorpresas, con un desenlace obvio y con un buen rosario de reescrituras de la Historia para saldar cuentas pendientes, Time Bomb será muy del gusto americano, pero se han pasado con la sacarina y al final es irritantemente adolescente. Casi se le pueden ver los granos.
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