domingo, 30 de octubre de 2011

Smile, el gran disco perdido de The Beach Boys

Jimi Hendrix los despachó calificándolos de “cuarteto de barbería psicodélico”. A mí los Beach Boys siempre me han parecido mucho más que los surferos por los que generalmente se les conoce. De hecho son una de mis bandas favoritas. Me gustan sus inicios, fusilando a Chuck Berry. Me seduce la etapa intermedia en la que Brian Wilson intenta emular a Phil Spector. Me chifla la despatarrante época de Pet Sounds. Me encantan sus sencillos discos de finales de los 60; los oscuros, extraños trabajos que hicieron en los 70. Hasta me pirro por las barrabasadas que cometieron en los 80. Los Beach Boys son, además, los artífices de uno de los míticos grandes discos perdidos de la historia del rock and roll y con una de las peripecias más rocambolescas: Smile.

Con él, un Brian Wilson que había abandonado los conciertos en directo para centrarse en las grabaciones de estudio, hasta las cejas de drogas, y deslumbrado por Rubber Soul y Revolver, quiso plantarle cara él solito a ya saben quién. Los trabajos con un equipo de sesioneros mercenarios se prolongaron hasta el hastío. Brian grababa y regrababa ideas sin acabar, y la fecha de entrega se aplazaba cada vez más lejos. Los Beatles le ganaron por la mano publicando Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y finalmente al mayor de los Wilson se le fue la olla. Literalmente. Tanto como para afirmar que las grabaciones poseían poderes ocultos y provocaban incendios en el estudio. El disco se canceló. Cuando a finales de 1967 apareció Smiley Smile, montado con lo que se pudo salvar de aquellas sesiones más algunas cosas nuevas, resultó un pálido reflejo pobre y tardío de la que se esperaba como obra maestra definitiva.

A partir de ese momento Brian Wilson se fue disolviendo cada vez más de la escena, el resto de los Beach Boys tomaron las riendas del grupo y nada volvió a ser igual. Pero los cazadores de tesoros siempre han estado buceando en busca de ese monumento a la psicodelia que se prometía que fuera Smile. Más de 40 años después, Wilson se ha puesto manos a la obra, ha rescatado las cintas, les ha limpiado el polvo y, para gran contento de los fans, ha terminado de montar lo que una vez empezó. The Smile Sessions no ofrece nada que los degustadores de placeres prohibidos no conozcamos ya. Las mejores canciones de Smile ya habían aparecido en otros discos de los Beach Boys, en el boxset Good Vibrations, y en rarezas varias, sin contar las diferentes ediciones ilegales de Smile montadas por los más avispados bucaneros. El propio Brian Wilson regrabó su versión en solitario en 2004 en un intento de fijar el mito, pero ahora se ofrece la versión original de 1967 creada por y para los Beach Boys. Por fin se han juntado las piezas para acabar el puzzle de manera oficial.

Escuchando este doble CD no es difícil comprender por qué el conservador Mike Love se encontraba desconcertado y cabreado con los resultados. La pretendida sinfonía adolescente a Dios se queda en su apertura, una plegaria en forma de canto más gregoriano que surfero. Lo que viene detrás es un collage en el que la magnitud de las ideas de Brian Wilson y su dispersión a la hora de hacerlas efectivas conforman un disco de retales. Son su propio musical, su Mago de Oz compuesto de trozos de cinta recogidos del suelo del estudio al barrer. Un desparrame psicodélico más cercano a Their Satanic Majesties Request que a Sgt. Pepper’s tamizados por el alma de niño que Brian Wilson, con drogas y sin ellas, siempre ha albergado dentro de sí. Y es que lo fundamental de Smile, como hemos dicho, ya se conocía diseminado por diversas ediciones.

Good Vibrations es ya parte del imaginario popular. Heroes and Villains estaba en Smiley Smile, aunque venga ahora en una versión con secciones extra que funcionan muy bien, y presente una serie de motivos musicales centrales que se repetirán casi obsesivamente a lo largo del disco. Las redondas Cabin Essence y Surf’s Up fueron momentos cúspide en discos menores. Wonderful, Wind Chimes y Vega-Tables son conocidas tanto por el boxset citado como por las versiones más sosas regrabadas más tarde. El resto son miniaturas como Do You Like Worms y Love to Say Dada mezcladas con la fijación por la salud de un paradójicamente ruinoso Brian Wilson. Y no, no es una revelación ahora, ni entonces se podría haber considerado un aspirante. No se acerca a Pet Sounds ni por asomo. Smile queda más como el producto de una mente hiperambiciosa y sobrepresionada hasta desquiciarse. Pero demuestra que Animal Collective no han inventado nada.

3 Comentarios:

David dijo...

Ya sabes que a mí también me gustan mucho estos chicos (aunque los discos de los ochenta no los tengo; y tampoco me he puesto con ellos). Tenías que haber metido la historia de Holanda...Eso de que se largaran allí y lo que hicieron (y el disco no estaba mal; en ese creo que estaba la anotación de Tom Petty diciendo que fue cuando empezaron a ser la mejor banda de rock de los USA; a mí siempre me han parecido más pop que rock, pero bueno, da lo mismo).
Me ha parecido curioso esa definición de Brian, alma de niño. He estado escuchando algunas versiones de sus temas Disney y me parece que se le ajustaban mucho. Y por cierto, aunque muy breve...

esto me encanta.
Y en el disco, algunas versiones le quedan muy bien. Aunque claro, me quedo con las de la peli de Un americano en París.
El disco de Smile ya lo escuché en esa versión del 2004, creo...
Buenas noches.

Guzz dijo...

Realmente la leyenda del "smile" parece a veces más un capítulo de la Twilight Zone que otra cosa... Buen post Mr. y saludos guzzeros.

Fran G. Lara dijo...

David: Holland es uno de mis discos favoritos de los BB, pero el tema de este post era la publicación oficial por fin de Smile.

Guzz: No creo que el post sea bueno, sino que trata sobre un tema que te gusta. Y probablemente no has leído aquí nada que ya no supieras.