Simon Oliver, guionista de Los Exterminadores, se encarga de la última aportación al sello Crime de Panini. La historia que cuenta Noche Roja parece que una vez más no pueda escapar a los protocolos establecidos del género. Tenemos al protagonista de rigor, un ex-policía con pasado problemático ahora detective privado venido a menos. Tenemos a la bella mujer misteriosa que realiza el encargo. Tenemos la ya también habitual trama enrevesada con ramificaciones políticas y varias direcciones que acaban encontrándose. Tenemos la traición acostumbrada justo donde uno se la espera. Tenemos alcohol y cigarrillos en cadena. Y tenemos al periodista televisivo explicándole al lector el desenlace justo en el lugar que toca para que todo quede cla-ri-to. Así que, ya ven, Noche Roja pone sobre el papel otra vez la misma historia, esta vez trasladada a las fábricas de montaje en la frontera de México con los Estados Unidos. Allí las jóvenes trabajadoras están apareciendo en un vertedero horriblemente mutiladas y asesinadas, y el detective tendrá que internarse en el barrio de chabolas para desentrañar el misterio y enfrentarse a sus obsesiones. Jason Latour, antes visto en Scalped, acompaña al guionista con un adecuado estilo para la historia negra negrísima que ilustra, con una capacidad narrativa excelente y con esa plantilla de viñetas horizontales a imitación de una pantalla panorámica que tanto se lleva ahora en el cómic americano. El resultado es un relato que, por muy bien presentado que esté, por muy creíble que resulte, no apasiona. A otra cosa, etc.
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