
Los pecados capitales, qué cosa más fea. Ya les he dicho en alguna ocasión que yo he atentado contra todos. Algunos de ellos, espero, son más disculpables. Me estoy refiriendo a aquellos que tienen que ver con las debilidades de la carne. La gula, por ejemplo, no se vayan a pensar. Pero si hay alguno que me parezca especialmente infame es el de la envidia. No saben lo que me odio cada vez que me pongo enfermo al ver sus blogs colapsados de comentarios y con más amigos que Roberto Carlos. Pero divago. Todo esto venía a cuento de Mientras Duermes, el último psychothriller (quesquesé, que diría David Byrne) de Jaume Balagueró. Cuando César, el conserje de un edificio, se siente como un sirviente ninguneado, un don nadie tratado con la misma cordialidad que se le tiene a un perro, casi es excusable que se dedique a espiar y putear a los vecinos en secreto. En especial a la joven y alegre Clara, incapaz de venirse abajo por mucho que a César le encrespe su optimismo y esté dispuesto a amargarle la vida. Y es que estas cosas, al final, siempre le caen encima a quien menos se lo merece, al más indefenso. Mientras Duermes trata sobre el miedo que te puede causar el tipo aparentemente normal que tienes al lado. No es una película de sustos, sino de tensión constante por el ambiente inquietante que procura la contenida interpretación de Luis Tosal como el conserje. Tanto que al final da un mal rollo impresionante. Yo me he sentido muy incómodo viéndola. Y eso habla muy bien de la película, pero también muy mal, porque francamente he pasado angustia. Como con Funny Games. Como me pasa con todas las películas de yuyito que pueden hacerse realidad. Así que, ustedes mismos, si quieren ir al cine a pasarlo fatal, ya saben. Esta película está así de bien hecha.
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