Venga, vamos a hacer una peli de miedo. O de suspense. O de terror psicológico, como lo quieran llamar. Metamos en la coctelera noche, lluvia, pesadillas y cuentos infantiles. Ya tenemos el terreno abonado. Ahora vamos a añadirle unas gotas de Clive Owen, que eso siempre da renombre sin pasarnos demasiado en el presupuesto. Juan Carlos Fresnadillo, el director de 28 Semanas Después se enfrasca en Intruders, la historia de dos niños separados por la distancia y unidos por una obsesión. Con una puesta en escena oscura y lenta como en todos los largometrajes del género para que el espectador se pase el tiempo en tensión esperando el susto, no sólo la historia, sino la forma de contarla, abre más preguntas que respuestas. Intruders se resuelve con situaciones un tanto tópicas y un supuesto misterio que, oigan, se ve venir desde taaaaaan lejos que el final que se pretende de órdago a mí me resulta de lo más anticlimático. O igual es que he visto demasiadas películas. Y esta no está mal, pero se me queda en telefilm.
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