
Esto está de moda y uno ya empieza a estar harto. A la crítica modelna se les hizo el duodeno pepsicola con Fleet Foxes, otros que tal, y ahora le ha tocado el turno a Justin Vernon, alias Bon Iver. Su disco de debut, For Emma Forever Ago, fue saludado por todos los escribas serios como un clásico instantáneo. Uno, que no es ni tan sesudo ni tan divino, no fue capaz de verle todos esos méritos. Llega ahora su segundo trabajo. Un álbum que es un catálogo de instrumentación esquelética, voces plañideras y melodías que parecen estar a punto de evaporarse en cualquier momento. Canciones de estructura incierta que no pasan de ser meras ocurrencias. Eso sí, muy bien arropadas, pero aún así sin librarse en muchas ocasiones de evocar una banda sonora para ver crecer la hierba. Ahora me vendrán con que si la emoción en carne viva y no sé qué zarandajas más. Eso es confundir la sensibilidad con la fragilidad y las limitaciones con expresividad. Para hacer una buena canción no basta con juntar sólo un puñado de sonidos bonitos.
3 Comentarios:
Bueno, pero a veces uno sólo necesita bonitos sonidos. Eso sí, otra cosa es elevar a clásicos instantáneos cosas que no lo son tanto.
Yo creo que, de momento, es el disco del año, sinceramente. No es por ser modelno, es que las canciones son increibles y el álbum no decae en ningún momento.
Saludos.
Esa es la idea, Cinemagnific. Y ya leí en su momento lo que te pareció a ti, Manuel. Ojalá pudiera estar de acuerdo.
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