miércoles, 28 de septiembre de 2011

La mía sobre El Árbol de la Vida

Cuando las cosas se ponen chungas, y ahora están chungas de verdad, hasta los más descreídos miramos hacia adentro de nosotros mismos, siquiera de reojo, buscando caminos alternativos. Nos refugiamos en la espiritualidad en pos de un calor interno que no se encuentra en las cosas materiales. Perseguimos respuestas, necesitamos saber que la vida es algo más que lo que nos está pasando. Y ahí se dirige esta película. Hay que estar de un humor muy determinado para complacerse en la última obra de Terrence Malick. Podríamos recrearnos aquí ahora en toda una serie de disquisiciones sobre la sinuosa carrera del disperso cineasta norteamericano, sobre los temas recurrentes en su obra previa, sobre su personalidad, sobre las pistas que nos da en su filmografía y otras paparruchas similares. Hoy no toca. Lo que realmente me interesa como espectador es qué pretende contarnos Malick durante los 140 minutos que dura su largo-y tan largo-metraje, cómo nos lo cuenta y qué nos cuenta en realidad. Un título como El Árbol de la Vida no llama a engaño. Queda bien claro desde el principio que la intención del director es internarse en un viaje iniciático hacia aquello que nos hace humanos y nos distingue del resto de los seres vivos. Nuestra mente, nuestro corazón, nuestras tripas.

Pero, ¿qué diferencia a El Árbol de la Vida de los vídeos de buen rollo que se pueden ver en YouTube día sí y día también? Para empezar, una aspiración a la trascendencia. A través de la historia de una familia que se nos muestra en diversos momentos inconexos de su vida, el film no sólo intenta comprender los reveses que conlleva la existencia cotidiana, con la confusión y la angustia nos impide verbalizar nuestros sentimientos, sino que también se interna en qué carambolas del universo nos han llevado a ser lo que somos y qué será de nosotros con el paso de los eones. No se trata sólo, aunque también, de las viejas cuestiones de a dónde vamos y cómo hemos llegado hasta aquí. También explora la exigencia de un Dios intervencionista, que diría Nick Cave. Nuestra búsqueda de Él, casi como una necesidad, y nuestro desamparo ante su silencio. Un concepto que queda reforzado por el paralelismo que se realiza entre el personaje del padre amante, pero severo, encarnado por Brad Pitt, y un Dios Padre creador lejano y silencioso. Terrence Malick insiste en la mota de polvo perdida en el espacio y en el tiempo que es nuestra vida particular con un trip muy personal similar al de Stanley Kubrick en 2001, y a la vez se preocupa de dejar bien patente lo que nos hace grandes como maravillas de la creación: nuestra capacidad de amar. Suena pretencioso, sí, y corre el peligro de perderse en sus propias pretensiones, pero Malick lo presenta de forma sencilla. Tal vez demasiado niueich (¿habría otra manera?). Así que cuidadín, porque en estos tiempos acelerados que corren podemos confundir El Árbol de la Vida con un guión de Paulo Coelho bien fotografiado.

5 Comentarios:

Jero dijo...

La diferencia entre esta película y la literatura de Coelho no está realmente en el fondo, sino en que a mí "El árbol de la vida" me parece una obra honesta, mientras que los desvaríos (muy medidos) del brasileño me parecen una oportunista tomadura de pelo. Y un aborto literario.

A mí no se me parece demasiado a "2001", más allá de los planos espaciales. Narrativa y argumentalmente son cosas muy distintas, y todo lo que en la obra de Kubrick es frialdad matemática aquí es calor espiritual. Si me apuras, le encuentro más paralelismos con "La fuente de la vida" de Aronofsky (de hecho, sospecho que Darren se habrá muerto de envidia al ver la cinta de Malick).

David dijo...

Disiento de lo de arriba de Jero.
Es decir, ¿El alquimista no es una obra honesta y esto sí?
A mí "El alqumista" no me gustó nada. Trillada, fácil y lo del puesto de palomitas me pareció que era ya punible por parte del gremio de grandes escritores muertos...pero no pensé que el tío tuviera por qué ser "falso" o menos honesto que Malick con su película.
Y como me leí también la reseña de Jero hace unos días y no tenía mucho que decir, pues nada...para gustos los colores, que se dice.
Pero la vida está en todas partes... hasta en las cagadas de perro de la calle y en la estupidez de la gente cuando tienes que lidiar con ella. La reseña que más me ha gustado de todas las que he leído fue la de Mr.Lombreeze (pero me da que porque hablababa de otras cosas, que si se pone a rascar de verdad en la peli....)
Ala. Un saludito.

Jero dijo...

David: cuando leí "El alquimista" (no hace tanto) me pareció un pretencioso y efectista manual de autoayuda camuflado de parábola circular en el que el autor busca premeditamadamente que el lector piense "jo, qué profundo", pero sin esforzarse en ser realmente profundo. Muy obvio, se le ven las costuras por todos lados... Antes ya había leído otro libro de Coelho, "Once minutos", que me pareció una soberana memez (y en el que además pretende pasar por autor feminista escribiendo desde una perspectiva tópicamente masculina) para satisfacer al sector de sus lectoras mujeres. Este tío es un genio del marketing, pero de honesto más bien poco...

Por otro lado: acabo de buscar la entrada de Mr. Lombreeze y tienes toda la razón, es cojonuda. Y en el fondo sí habla de la peli, aunque sea desde sus propias experiencias personales... que es, por cierto, el único modo en que yo entiendo que se puede analizar "El árbol de la vida".

David dijo...

A ver... no voy a defender una novela en la que las mejores líneas eran las que salían de la pluma de Moebius en las ilustraciones... Pero que sea malo y ridículo (o nos lo parezca) no quiere decir que el tipo no sea honesto y que es un genio del marketing. El marketing está en todos lados: "Terrence Malick. No ha hecho una película en porrón de años, así que cuando hace una.... Es que es un artista! Al margen de jolibú. Coge a los actores y luego no salen en la peli más que dos minutos."
Yo no sé si Coelho es honesto o no (y tampoco me interesa). Sé que no me gusta nada de nada su estilo y no me interesan sus historias. He leído sus columnas algunas veces y acaban siendo muy aburridas. Pero eh! Había una que hablaba de lo que era escribir, qué era bueno, quién era escritor, los best-sellers y demás... y aquella columna le salió redonda (o eso me pareció aquel día).
Resumiendo... Los buenos pueden ser igual de falsos que los malos; no tienen por qué ser honestos y "creer" en lo que hacen, sólo hacerlo bien (lo otro ayuda, supongo; pero más que nada de cara a la galería).
Puede haber malos (que vendan mucho o poco es otra historia) que sean "honestos"...pero como son malos... ah!

Gonzalo Aróstegui Lasarte dijo...

Para mí, estamos sin duda ante una de las películas más extraordinarias de lo que va de siglo. Sólo "Dogville" y "Caché" me vienen a la cabeza a ese nivel. Yo creo que lo que ha hecho Malick es llevar su estilo hasta sus últimas consecuencias. Si te fijas Malick ha venido desarrollando unas constantes desde "Días de cielo" que aquí se repiten. La diferencia es que en "El árbol de la vida" ha ahondado aún más en la desdramatización, reduciendo a cero los elementos clásicos del guión. Por cierto, la comparación con "2001" es muy pertinente.

Saludos.