Ya saben cómo va la cosa. Nos reunimos a comer con nuestros amigos y/o compañeros de trabajo y siempre hay dos opciones en el menú. Carne o pescado. Las chicas, que son la mar de finas, suelen optar por el pescadito. A los tíos, todos muy machotes, nos gusta la carne-carne. Yo, que ya no soy lo que era, que en realidad nunca lo he sido, cada vez prefiero más las frutas y las verduras frescas. Cuanto menos cocinadas, mejor. He aprendido a apreciar el sabor de cada alimento sin aliños, sin disfraces. No hay nada que satisfaga más tanto al cuerpo como al espíritu a la vez que los alimentos crudos. A mí lo que me va son unas judías verdes al dente, un brécol poco hecho, unas alcachofas crujientes. Con lo que no puedo es con esos preparados que venden en los establecimientos enrollaos y que se llaman hamburguesas vegetarianas o cosas por el estilo. Es otro síntoma de los tiempos, una manifestación más del mundo de apariencias en que vivimos. Es algo similar a lo de l@snen@schillon@s que salen en Salsa Rosa y programas de ese jaez. Son muy mon@s, pero quítenles todo el barniz que llevan encima. Están muy vistos@s ahí sentadit@s, e incluso se podría creer que tienen clase, pero déjenles abrir la boquita. Parece que están buen@s, pero no. En realidad dan un mal rollo que te licuas encima. Lo mismo les pasa a las hamburguesas vegetales. Parecen hamburguesas pero no lo son. Lo que queda es la impresión de que los fabricantes nos están dando gato por liebre, nunca mejor dicho. Que saben que están vendiendo una papilla infecta bajo la excusa de la salud y el buenrollismo. Yo no como nada que tenga cara, etcétera. Aún más. Persiste la certeza de que los vegetarianos pretenden autoengañarse. Que en realidad no les gusta lo que están comiendo y necesitan camuflarlo como lo que de verdad les apetecería empujarse al cuerpo, un McDonald’s XXL conextradetó. Han partido de un nombre y luego han buscado un aspecto, cuando deberían llamar a las cosas por lo que son. O al menos por lo que parecen. Si en lugar de llamarlas hamburguesas vegetarianas las hubieran envasado como tortitas veganas o algo así, hubiera sido todo mucho más honrado, sobre todo para los propios vegetarianos. Claro que si a eso vamos, quizá el nombre más adecuado hubiera sido caca pisada.
The Smiths tienen unas cuantas canciones latosas, pero esta, probablemente, se lleve la palma.
1 Comentarios:
El vegetarianismo es lo último en pijerío. No podemos evitar ser lo que somos, omnívoros: y ciertos prejuicios como no comer carne son buena muestra del aburguesamiento al que estamos llegando en esta sociedad. Perez Reverte dice que hace falta una buena guerra para limpiarnos un poco de tanta tonteria... y a mí este tío me parece un gilipollas demasiado extremista, pero a veces no puedo evitar sonreirle las gracias. Y que conste que no soy muy de proteínas, también prefiero la verdura.
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