miércoles, 17 de agosto de 2011

Gloriosos Tropezones, Magníficas Meteduras de Pata

Debería haberle hecho una foto para que pudieran verlo. Sentado en el metro, ante mis ojos se exhibe una pequeña vitrina de vidrio que luce un curioso diseño y un orgulloso cartel. “Martillo rompecristales”, reza. La cosa estaría muy bien si no añadiera justo debajo: “Romper el cristal para acceder al martillo”. Y bueno, no deja de tener gracia, pero tras esa tautología se encierra no sólo un aparatejo bastante inútil para salir de un posible aprieto, sino también la historia de mi vida. La solución a mis problemas siempre envuelta en problemas más grandes aún. Y yo, que estoy más cerca de Homer Simpson que del perro de Pavlov, que no soy capaz de aprender una mierda, me empeño en meter el dedito una y otra vez en el mismo agujero sin ni siquiera adquirir el reflejo condicionado de que cada vez que lo haga me soltarán una descarga eléctrica. Al final, con todos los dedos chamuscados, sólo conseguiré volver al redil, mohíno y con las orejas gachas. A la espera de un perdón que, seamos francos, todos suplicamos no por el alivio moral que nos supone, sino por el miedo que tenemos al eventual castigo. Y es que en definitiva hemos sacado el martillo de su escondrijo no para romper los cristales que nos aprisionan, no porque lo necesitemos, sino por la curiosidad malsana de verlo, de descubrir si somos capaces de desentrañar el secreto de la cajita. Pero en el proceso no sólo hemos destrozado vidrios, también nos hemos cargado los asientos, hemos arrasado medio vagón, hemos golpeado a todos los pasajeros que teníamos cerca y nos hemos machacado las manos.

1 Comentarios:

Misty dijo...

Me gusta este post, quizas porqeu alguna vez todos nos hemos sentido como el protagonista de la historia,muchos hemos estado en el metro mirando ese martillo. Para mi el mejor post que le leido tuyo es el de Casablanca, me identifico con el, no se por qué.