Yo había cogido la costumbre de desviarme en el camino a mi casa cada tarde al salir del colegio y pasarme por El Corte Inglés. Entonces era uno de los pocos sitios donde vendían discos y si bien no podía comprarlos, me permitía una ración de vista que alimentaba mis fantasías. Las mismas que se me disparaban cuando me quedaba embobado mirando las fotos que colgaban del exterior de las fachadas de los cines de barrio que entonces no eran infrecuentes en mi ciudad. La semana que programaron Holocausto Caníbal fue una de las más esquizofrénicas de mi vida. Por un lado acudía con fascinación a contemplar aquellos fotogramas congelados. Por otro, salía espantado nada más otearlos. Y así cada día. Pero me había quedado a las puertas de El Corte Inglés. Era la Feria del Libro y entonces los grandes almacenes exponían un pequeño puesto en la calle donde saldaban libros de bolsillo a 25, 50 y 100 pesetas. Entre los montones de ejemplares de Fernando Vizcaíno Casas me llamó la atención un librillo blanco que exhibía una imagen de la silueta del diablo recortada sobre una pistola humeante. El Ángel Caído. Vaya título y vaya portada. El autor tenía además un nombre impronunciable, William Hjortsberg. Escarbé en mi bolsillo. Adiós single de We Will Rock You. Hola, lectura chunga.
Mi instinto y mi voracidad lectora preadolescente se mostraron infalibles. El Ángel Caído demostró ser una novela hipnótica, escrita con nervio y fina perspicacia. No crean que me pierde la nostalgia. Les cuento. Se la presté a uno de mis mejores amigos que al poco dejó de serlo y con la amistad se llevó mi libro. Después de mucho añorar y buscar, El Ángel Caído volvió a mis manos en una impecable reedición que puso en la calle Valdemar Gótica en 2009. Una vez releído, me parece un relato escrito no sólo con buen pulso, sino con una calidad que lo eleva por encima de la inmensa mayoría de best-sellers actuales. Pero esa es otra historia. El Ángel Caído cuenta la peripecia de un detective privado, Harold Angel, que es contratado por un misterioso y sofisticado cliente, Louis Cyphre, para que encuentre a un tipo que ha desaparecido y que le debe algo en concepto de un pacto firmado. Con semejante título, nombres simbólicos y demás pistas, cualquier lector avisado ya sabe lo que se va a encontrar. Una trama de satanismo, brujería, vudú, conspiraciones de adoradores del diablo, jazz gorrino y mal rollo en general. Si a ello le unen el que por aquel entonces acababa de leer La Profecía y El Exorcista, comprenderán que aquello fue un hat trick perfecto. Pensé que de esa novela se podría hacer una adaptación cinematográfica fulminante.
Mi instinto y mi voracidad lectora preadolescente se mostraron infalibles. El Ángel Caído demostró ser una novela hipnótica, escrita con nervio y fina perspicacia. No crean que me pierde la nostalgia. Les cuento. Se la presté a uno de mis mejores amigos que al poco dejó de serlo y con la amistad se llevó mi libro. Después de mucho añorar y buscar, El Ángel Caído volvió a mis manos en una impecable reedición que puso en la calle Valdemar Gótica en 2009. Una vez releído, me parece un relato escrito no sólo con buen pulso, sino con una calidad que lo eleva por encima de la inmensa mayoría de best-sellers actuales. Pero esa es otra historia. El Ángel Caído cuenta la peripecia de un detective privado, Harold Angel, que es contratado por un misterioso y sofisticado cliente, Louis Cyphre, para que encuentre a un tipo que ha desaparecido y que le debe algo en concepto de un pacto firmado. Con semejante título, nombres simbólicos y demás pistas, cualquier lector avisado ya sabe lo que se va a encontrar. Una trama de satanismo, brujería, vudú, conspiraciones de adoradores del diablo, jazz gorrino y mal rollo en general. Si a ello le unen el que por aquel entonces acababa de leer La Profecía y El Exorcista, comprenderán que aquello fue un hat trick perfecto. Pensé que de esa novela se podría hacer una adaptación cinematográfica fulminante.

Y miren, esa versión para la pantalla grande llegó unos años más tarde, en 1987, una década después de la publicación de la novela. Para entonces William Hjortsberg se había convertido en el guionista de Legend y yo había dejado de ser un chiquillo, al menos físicamente. Pero estuve en mi butaca el día del estreno. La versión filmada por Alan Parker, que entonces se había distinguido por dirigir Birdy, El Muro, Fama y El Expreso de Medianoche, recibió el nombre de El Corazón del Ángel y perdió así parte de su fuerza original y, de paso, el juego de palabras que deriva en inglés. El resultado, sin embargo, a pesar de ser muy diferente a lo que yo había imaginado en mi cabeza mientras leía el libro, como suele pasar, fue igualmente acertadísimo y pone la piel de gallina. Es uno de esos raros casos en los que uno no puede decir “me gustó más la novela”. Supone la recopilación de todo lo que había venido haciendo Parker y su culminación, además del duelo interpretativo de un Robert De Niro comedido y a la vez escalofriante, y de un Mickey Rourke que entonces era mi actor favorito. Rourke acababa de protagonizar 9 Semanas y Media, la película que lo puso en el imaginario colectivo y que a la vez lo destruyó. El otrora bello Mickey se pasó el resto de su carrera intentando huir de la imagen de aquel largometraje y El Corazón del Ángel fue el primer, y casi diría que único, paso en la dirección acertada.
Además de unos personajes tan bien perfilados, añadan al lote a una Lisa Bonet que entonces me parecía el ser más sexy que pisaba la tierra, una música Trevor Jones en estado de gracia que aúna a Miles Davis y a Billie Holiday, y una realización atmosférica ejecutada con las alharacas necesarias y ni un fotograma de más. El Corazón del Ángel queda como un clásico moderno del terror inquietante, del suspense con un nudo en la garganta, del yuyito adictivo. No hace falta un gran despliegue para atrapar al espectador. La conclusión es la misma de siempre: una buena historia bien contada. Y si la forma de contarla es de primera, el material primigenio es insuperable. Había que ser muy lerdo para estropear algo tan bien rematado como la novela escrita por William Hjortsberg, y entonces ninguno de los tres grandes implicados, ni Parker, ni Rourke, ni De Niro, había pegado todavía ninguno de sus sonados patinazos posteriores. Lo que más me sigue desconcertando a estas alturas es que, aunque tanto el libro como la película acaban igual, una vez repasados ambos mi impresión de quién es quién y cuál es el desenlace sigue siendo, lo mismo que la primera vez, muy distante en una versión y en otra. Cuestión de lenguajes.
Además de unos personajes tan bien perfilados, añadan al lote a una Lisa Bonet que entonces me parecía el ser más sexy que pisaba la tierra, una música Trevor Jones en estado de gracia que aúna a Miles Davis y a Billie Holiday, y una realización atmosférica ejecutada con las alharacas necesarias y ni un fotograma de más. El Corazón del Ángel queda como un clásico moderno del terror inquietante, del suspense con un nudo en la garganta, del yuyito adictivo. No hace falta un gran despliegue para atrapar al espectador. La conclusión es la misma de siempre: una buena historia bien contada. Y si la forma de contarla es de primera, el material primigenio es insuperable. Había que ser muy lerdo para estropear algo tan bien rematado como la novela escrita por William Hjortsberg, y entonces ninguno de los tres grandes implicados, ni Parker, ni Rourke, ni De Niro, había pegado todavía ninguno de sus sonados patinazos posteriores. Lo que más me sigue desconcertando a estas alturas es que, aunque tanto el libro como la película acaban igual, una vez repasados ambos mi impresión de quién es quién y cuál es el desenlace sigue siendo, lo mismo que la primera vez, muy distante en una versión y en otra. Cuestión de lenguajes.
6 Comentarios:
Rourke , el mejor fumador del cine junto a Bogart.
Para mi gusto se le da mejor llorar.
En lo de Lisa Bonet coincido (estaba loco por ella). En lo de la peli, no tanto (el libro no lo he leído). Hace catapúm de años que no la he vuelto a ver, pero...la escena de claqué con tensión la hizo Coppola mejor en Cotton Club... sobra el fotograma final de De Niro en plan, "soy el diablo"... Y no quiero revisarla, pero al contrario que lo que a ti te ha pasado con la novela, me da que se me caería aún más de lo que lo hizo la primera vez.
Pero eh! revisé hace nada The Commitments... y me lo pasé muy bien.
Lo que tiene este film es que te deja con la angustiosa sensación en que no hay oportunidad posible para ti de poder empezar desde cero por mucho esfuerzo y buena fe que se ponga en ello.
JAJAJA...
Eres un cabrito. Y prefiero las Fuji...
No me quites años...
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