Dicen las noticias en la radio que a nuestros primos helenos los van a rescatar otra vez, pero que para eso tienen que encajarse un griego más profundo. O sea, que les van a bajar más los sueldos, les van a subir los impuestos y van a sufrir toda una serie de recortes sociales que han costado Zeus y ayuda lograr. Y dicen también que la oposición prefiere presentar suspensión de pagos en el país antes que apoyar unas medidas que estrechen más la soga alrededor del cuello de sus ciudadanos. Pues, oiga, para un lego como yo la cosa no deja de tener su lógica y cabrea una barbaridad. La verdad es que no sé lo que haría. Pienso que también lo mandaría todo a tomar por Hades. Uno cada vez paga más por todo y cobra cada vez menos. Y se supone que eso tiene que reactivar la economía y levantar un país. Pues a mí me suena a ahogarlo aún más. Cuando tienes lo mínimo para pagar el techo que te cubre y llevarte la musaka a la boca, no queda para nada más y nadie se atreve ni a respirar. Pero, oh, como caiga Grecia, el resto de los cerditos vamos detrás. Cuando las rizosas barbas de tu vecino veas afeitar, etcétera, hasta que te dejen más lampiño que si te hubieran hecho la depilación a laser. Y aquí ni nos quedan ya más pelos ni nos va a disciplina espartana. Joroña que joroña. Yo sólo quiero decirles que tal vez recuerden a mi inquilino, el caracol de anoche. El noble bruto ha optado por pasar de mi tupperware y de mi lechuguita, y sigue pegado al plato que he colocado sobre los aposentos que le improvisé, para evitar que se pasease por la cocina a sus anchas. Como Aquiles, el buen gasterópodo ha decidido que antes que una vida larga y oscura a mi sombra, prefiere vivir brevemente, pero a su modo. Eureka, hay una moraleja ahí, amigos.
0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada