En 1983 Lou Reed se halla en uno de sus mejores momentos. Su último disco, The Blue Mask, es uno de los grandes de su carrera. Tiene una nueva banda encabezada por el tremendo guitarrista Robert Quine. Después de tantas presentaciones en directo erráticas, sus actuaciones son ahora potentes y ultraprofesionales. Es una figura respetada y aclamada. Está enamorado y le escribe odas a su reciente esposa, Sylvia Morales. Disfruta de experimentar con los sonidos de su guitarra, de montar en moto y de jugar a videojuegos. Después de una vida de excesos, está limpio de adicciones. Se encuentra tan feliz que inaugura una nueva época de álbumes birriosos.
Su nueva grabación de estudio, Legendary Hearts, a pesar de la canción que le da título, es un pálido reflejo de su anterior trabajo. Los que vendrán a continuación, New Sensations y Mistrial, son aún peores. No será hasta el final de la década cuando el talento de Mr. Reed regrese de manera arrolladora con el soberbio New York y los álbumes que le seguirán. Sin embargo su pensamiento y sus letras continúan siendo aceradas observaciones que se clavan en lo más hondo. Legendary Hearts contiene una canción, The Last Shot, El Último Trago, que habla de cómo Reed ha dejado atrás también el alcohol en su vida. Es un tema que puede ser entendido de manera literal, y así funciona a la perfección. Pero también se puede leer como una metáfora de la renuncia a esas cosas sin las que pensarmos que no seremos capaces de vivir, pero que sabemos que por dentro nos están destrozando. Un “ni contigo ni sin ti”.
Los versos son simples, pero certeros como perfectas cuchilladas de un bisturí. Una mirada a cómo tienes que tomar una decisión y cómo muchas veces esa resolución te toma por sorpresa. Cómo no eres tú quien decide, sino que hay alguien o algo que decide por ti. Y cómo lo que más echas de menos es saber que esa era la última vez, porque hubieras exprimido hasta la última gota de ese momento. Es la necesidad de una despedida que atesorar para siempre, sea de una situación, de un sitio, de una persona. Y, sí, son unos versos que siempre me han tocado muy profundamente, con los que me he tropezado muchas veces y que en todas las ocasiones me he repetido como un mantra: “Cuando lo dejas, lo dejas, aunque siempre querrías haber sabido que ese era tu último trago”. Amén.
Su nueva grabación de estudio, Legendary Hearts, a pesar de la canción que le da título, es un pálido reflejo de su anterior trabajo. Los que vendrán a continuación, New Sensations y Mistrial, son aún peores. No será hasta el final de la década cuando el talento de Mr. Reed regrese de manera arrolladora con el soberbio New York y los álbumes que le seguirán. Sin embargo su pensamiento y sus letras continúan siendo aceradas observaciones que se clavan en lo más hondo. Legendary Hearts contiene una canción, The Last Shot, El Último Trago, que habla de cómo Reed ha dejado atrás también el alcohol en su vida. Es un tema que puede ser entendido de manera literal, y así funciona a la perfección. Pero también se puede leer como una metáfora de la renuncia a esas cosas sin las que pensarmos que no seremos capaces de vivir, pero que sabemos que por dentro nos están destrozando. Un “ni contigo ni sin ti”.
Los versos son simples, pero certeros como perfectas cuchilladas de un bisturí. Una mirada a cómo tienes que tomar una decisión y cómo muchas veces esa resolución te toma por sorpresa. Cómo no eres tú quien decide, sino que hay alguien o algo que decide por ti. Y cómo lo que más echas de menos es saber que esa era la última vez, porque hubieras exprimido hasta la última gota de ese momento. Es la necesidad de una despedida que atesorar para siempre, sea de una situación, de un sitio, de una persona. Y, sí, son unos versos que siempre me han tocado muy profundamente, con los que me he tropezado muchas veces y que en todas las ocasiones me he repetido como un mantra: “Cuando lo dejas, lo dejas, aunque siempre querrías haber sabido que ese era tu último trago”. Amén.
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