Estamos al borde del fin del mundo. Hoy se desencadenan todos los males, se desatan todas las pesadillas. Y cuando pase el cataclismo que lo arrasará todo, sólo quedará el desconcierto de aquellos incapaces de comprender que la destrucción no ha sido lo que esperaban. Permanecerá en pie su imposibilidad de establecer una entente cordiale entre lo que pensaban que iba a suceder, lo que deseaban que pasara, y lo que ha resultado de verdad. Se preguntarán, con la convicción de que su idea de lo justo es la correcta, cómo ha podido ser que esos tipejos se hayan llevado todo ese apoyo, cómo la gente no se ha dado cuenta de lo que ellos ven de manera tan evidente. Y no serán capaces de que los resultados del apocalipsis les entren en la cabeza. Hay veces en las que uno ha ordenado su pensamiento con tal nitidez, que cree que también es meridianamente claro para todo el mundo. Pero es la suma de muchas voluntades, de decisiones por factores muy distantes entre sí, la que pinta el cuadro final de la realidad. Por muy sorprendente que esta sea. Cada uno por diferentes motivos decide qué tipo de futuro quiere, y cuando cae el telón es cierto que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Por eso esta noche veremos que el mundo no se ha acabado. Sólo ha seguido girando para que el sol vuelva a salir por donde siempre. Los chicos de ahí abajo lo dicen sin pelos en la lengua.
1 Comentarios:
Pues si, desgraciadamente. Esta "revolución" me pilla muy desencantado a mí también.
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