sábado, 30 de abril de 2011

Steve Earle: I'll Never Get Out of This World Alive

Llevo tiempo esperando casi con ansia el nuevo trabajo de Steve Earle, uno de mis creadores favoritos, de los que metería en ese puñadito selecto de los cinco dedos de una mano. Deseaba, necesitaba, saber en qué punto se encontraba el autor de Hardcore Troubadour. Algo que raramente me pasa con otros músicos. En sus últimos discos me parecía que estaba haciendo eso que los sajones llaman “treading water”. Marear la perdiz, pasar el rato a medio fuelle buscando a dónde dirigirse. Ni The Revolution Starts Now, un disco bueno, pero parco en los himnos que tamaño título prometía, ni el desnudamente sobrio directo acústico en Montreux, ni el rácano y experimental Washington Square Serenade, ni la colección de versiones dedicada a su ídolo Townes Van Zandt, se acercaban a lo que para mí es la época dorada de Earle con álbumes como I Feel Alright y Trascendental Blues. Todos esos eran trabajos hechos con oficio, sí, pero desprovistos de las llamaradas en forma de canciones inolvidables que habían dotado de gracia fulgurante su carrera previa.

Y por fin arriba I’ll Never Get Out of This World Alive, el disco que acompaña a, y comparte título con, su primera novela. Producido por T-Bone Burnett, I’ll Never Get Out of This World Alive es también el nombre de la última canción que grabó Hank Williams, el padrino de la música country. Un álbum que se aproxima en sonoridad a otras cuchipandas del mismo Burnett para Elvis Costello. Estoy hablando de sus trabajos más enraizados en la americana: King of America y el reciente National Ransom. De hecho, Steve Earle no se introduce en absoluto en territorio virgen con este disco. Todo lo que suena en I’ll Never Get Out of This World Alive lo había ya tanteado en Train a Comin’, su álbum acústico de desintoxicación y regreso a los orígenes. También había probado los sabores más rurales en The Mountain al lado de la banda de Del McCoury, y había ido salpicando su obra desde entonces de los aromas irlandeses que aquí vuelven a aflorar.

Así, I’ll Never Get Out of This World Alive se compone de baladas tradicionales, sea shanties y alguna poco agraciada incursión en el territorio del Tom Waits más reciente y que Earle ya había explorado en Washington Square Serenade. Tampoco puede faltar el inevitable dueto que siempre incluye en sus discos, esta vez, cómo no, junto a su séptima esposa, la artista por méritos propios Allison Moorer. Pero con todo, el resultado es desigual y, una vez más, carente de melodías que arrebaten el corazón. La obra de Earle siempre es consistente, pero al igual que Bruce Springsteen, parece haberse acomodado, no artísticamente, pero sí personalmente, y levantar el pie del acelerador no les sienta bien a estos dos héroes de la clase obrera. I’ll Never Get Out of This World Alive, como todas las últimas obras de Steve Earle, está falto de mordiente, hambre, furia, puños apretados y, sobre todo, estribillos.

Calificación: 2

2 Comentarios:

Antò dijo...

Había dejado a Earle bastante de lado en los últimos años. Para serle sincero, no escuchaba con interés nada de este buen señor desde "El corazon" allá por el cambio de siglo. Y sin embargo ese disco y "I feel alright" me acompañaron durante mucho tiempo. Sigo pensando que "Hardcore Troubadour" es un canción de las que no se olvida y "Valentine's Day", otra joyita de aquel disco. Y aún con todo, le perdí la pista, dejó de interesarme su música. Lo de que se haya acomodado. Supongo a todo el mundo le llega y tras la azarosa vida de este hombre, quizás sí se lo merece. Aún así le voy a echar un vistazo a este nuevo disco. Saludos, Fran.

Fran G. Lara dijo...

Yo antes que eso, Antò, y si lo suyo es I Feel Alright y El Corazón, iría antes a por Jerusalem y, sobre todo, Transcendental Blues.