jueves, 17 de marzo de 2011

Wilson de Daniel Clowes

El gran pope del comic independiente americano actual, Daniel Clowes, regresa con otra de sus historias de incomunicación en un mundo alienado. Publicitada como su primera novela gráfica (murmullos de admiración aquí) Clowes utiliza en Wilson de nuevo el recurso de la falsa biografía para mostrar el lado más mezquino de las personas y revelarnos una vez más (oh, sorpresa) que somos egoistas, ruines y contradictorios. Humanos en definitiva.

Con Wilson, Clowes ha escrito su propia La Conjura de los Necios. Su protagonista es un hombre de mediana edad frustrado, resentido, amargado e irritante que pontifica página tras página sobre las pajas que ve en los ojos ajenos. Wilson es bien consciente de la viga en el suyo, pero prefiere ignorarla para seguir engañándose a sí mismo. Como un Ignatius Reilly moderno, el personaje es capaz de evidenciar lo que más le disgusta de la sociedad y devolvérselo a la cara con un escupitajo, pero se niega a admitir que él también es un ladrillo más del mismo muro.

Clowes relata la vida de Wilson mostrando retazos aparentemente inconexos y empleando para cada página un estilo de dibujo diferente. Con ello posiblemente pretenda sentar una ambientación adecuada, pero son decisiones que acaban pareciendo arbitrarias. La pirueta final, el incómodo gag humorístico de cada escena, muestra al personaje en la cima de su misantropía, pero se hace esperado desde el primer momento y no consigue cuadrar el bien el elemento sorpresa. Wilson funciona mejor cuando cada viñeta juega a favor de que la narración avance para ir mostrando no sólo el tipo de persona que es el protagonista, sino cómo ha llegado hasta ahí, cómo evoluciona su historia y cómo se relaciona con su familia.

Porque en definitiva, Wilson no es más que el medio que el artista utiliza para reflexionar acerca de diversos elementos de nuestra coditianeidad de una manera descarnada. Unas veces se ríe de nosotros y de sí mismo. Otras, nos expone a nuestras propias miserias haciendo que la realidad sea corrosivamente insoportable, sin dar respiro a la compasión, con fría objetividad. Y finalmente Daniel Clowes sigue empeñado en contarnos que la vida es sucia y fea, y luego empeora. Pero qué bien lo sabe contar.

Calificación: 4

6 Comentarios:

PAblo dijo...

De lo mejorcito publicado el año pasado y de lo mejorcito de Clowes para mi gusto.

Impacientes Saludos.

Jero dijo...

Tengo bastante curiosidad por leerlo, aunque no me considero un incondicional de Clowes (sólo he leído "Como un guante de seda..." y "Ghost world"). El recurso de cambiar de estilo de dibujo a priori me agrada, pero habrá que ver si lleva a algún sitio (como ya apuntas en tu reseña). Puestos a profundizar en la obra de este autor, ¿mejor éste o "David Boring" (que, no sé por qué, me tiene mejor pinta)?

Fran G. Lara dijo...

Con franqueza, Jero, tengo David Boring en la estantería desde hace un año y aún no me he puesto con él... En realidad no soy tan fan de Clowes. Últimamente no hago más que releer una y otra vez los tres tomos que lleva editados Fantagraphics de Prince Valiant y compararlos con la edición de Manuel Caldas.

Jero dijo...

Supongo que muchas cosas las compramos porque "hay que leerlas" y luego, en el fondo, nos dan exactamente igual. O peor, nos parecen un tostón (a mí me pasó con "La vida es buena si no te rindes" de Seth), pero no lo decimos porque es, uh, impopular... Creo que algunos (es mi caso y me da que también podría ser el tuyo) tenemos cierto síndrome de "necesito-conocerlo-todo", lo cual nos lleva a ver/leer/escuchar pelis/libros/comics/discos que realmente nos tiran de un pie. O, peor aún, a comprarlos para luego darnos cuenta de que no nos interesaban y dejarlos olvidados en cualquier sitio, muertos de la risa...

David dijo...

Pues no sé... Lo acabo de leer esta mañana y tenía la impresión de que algo fallaba. Ese comportamiento antisocial del personaje y que todos lo aceptaran. Vale, tiene momentos, pero en conjunto no me ha dejado una sensación. También leí ayer el de Ice Haven (que ya había leído).
El problema es que veo y reconozco los méritos y el saber hacer de Clowes, pero no acaba de convencerme (o no siempre lo hace; hay cosas suyas que me parecen muy buenas, aunque son las más eeehh... ¿livianas?).

Fran G. Lara dijo...

Al final creo que en Clowes me gusta más el cómo que el qué.