miércoles, 2 de marzo de 2011

Nick Drake: Canciones de Inocencia y de Experiencia

En 1974, en el momento de su muerte, Nick Drake era un absoluto desconocido que, a pesar de haber publicado tres discos, apenas si había vendido 15.000 copias. Hoy se ha convertido en un nombre de referencia, en uno de esos artistas a los que hay que citar si queremos dárnoslas de conocedores con buen gusto. Es casi una figura inevitable gracias a la aparición de canciones suyas en diversos anuncios televisivos y en bandas sonoras de películas tanto independientes (The Royal Tenenbaums, Garden State) como comerciales (Serendipity). Nick Drake está considerado en la actualidad como una de las figuras más influyentes de la música moderna británica. No en vano en el momento de su fichaje por la entonces naciente discográfica Island se le veía como uno de los artistas más prometedores y bien relacionados. Drake entró por la puerta grande de la mano de Joe Boyd, y en sus discos aparecen artistas tan reputados como John Cale y diversos componentes de Fairport Convention y Pentangle.

Nacido en 1948 en el seno de una famila acomodada, el joven Nicholas pronto demostró inclinación hacia la música y las letras, una afición alentada por sus padres, especialmente por su madre, con la que junto a su hermana grabaría primerizas maquetas de canciones tradicionales y versiones de folk en su hogar en Tanworth-in-Arden. Cuando Drake conoció al productor Joe Boyd, el cerebro que había descubierto a John Martyn y la Incredible String Band, éste se convirtió en su mentor y su manager, y le consiguió un contrato discográfico con el que juntos grabarían las demos que una década más tarde verían la luz como Time of No Reply en la caja recopilatoria Fruit Tree. Enseguida Nick abandonaría su carrera universitaria para disponerse a trabajar en su primer album de canciones originales. Una música que en cierto modo recuerda a los primeros discos de Tim Buckley, aunque su interpretación sea más frágil y trágica, puntuada y matizada por su perfecta pronunciación de inglesito de clase alta.

Five Leaves Left, producido en 1969 por el propio Boyd, presenta a un artista ya plenamente formado desde su primera obra. Resulta un disco delicado e intimista embellecido con buen gusto por ligeros arreglos de cuerda. Un brillante bazar con el que Drake hace gala de su extraordinaria y obsesiva técnica con la guitarra acústica, y una voz llena de poesía que lo consagra para siempre como figura romántica y sensible. Sin embargo, su reticencia a tocar en público y su timidez patológica repercuten en su falta de éxito comercial. Al año siguiente llegaría Bryter Layter, un trabajo con un tono más brillante y rico. Un disco magnífico con devaneos jazzísticos en el que de nuevo no hay ni una canción de relleno y que tampoco se vendió apenas. Cada vez más dolorosamente tímido y recluído, en sus escasas actuaciones en directo en ningún momento se dirige al público. Frustrado, acaba cayendo en la depresión. Además, su consumo de drogas, que se había iniciado en la universidad, se incrementa y según sus allegados empieza a dar muestras de psicosis. Su familia intenta convencerle sin éxito de que acuda a un psiquiatra.

Su carácter reclusivo y poco comunicativo no le permite llegar nunca a relacionarse del todo con nadie ni dejarse conocer. El insomnio y la depresión crónicos hacen mella y dotan a sus composiciones de un fatalismo desolador. En 1972 llega su tercer album, Pink Moon, un disco sombrío y escueto. Parco en palabras, en minutaje y casi en música. Desnudo de los brillantes arreglos de su anterior trabajo, es un reflejo de su estado anímico y mental. Una vez grabado, Nick deja las cintas en la mesa de la recepcionista de Island sin cruzar palabra con nadie y se marcha. Convencido de que ya no es capaz de crear nada más, su última sesión, aparecida póstumamente, incluye sus canciones más oscuras y desnudas, que constituyen casi un requiem mortuorio. Drake se siente vacío, incapaz de comunicarse ni de sentir. Con un comportamiento cada vez más errático, deja de asearse. Desaparece durante días y cuando regresa sigue en silencio. Tras una crisis nerviosa, accidentalmento o no, nunca ha quedado claro, Nick Drake fallece de una desobredosis de antidepresivos a finales de 1974.

Nick Drake era un hombre perdido y solo, un genio torturado y confuso que siempre miró la existencia desde la distancia. También era un artista sofisticado y sin igual que grabó tres obras extraordinarias, más algunos discos con inéditos aparecidos años después de su muerte, de los que se puede escoger cualquier canción al azar y siempre será material de primera, sensible e inteligente. Una paradoja viviente que llena sus canciones de todo ese corazón y esa vida que a él le parecían faltar y que se dejó en los surcos de su obra. La reedición de su discografía completa en una caja por parte de Island y su creciente reputación entre músicos de todo pelaje llevó a la recuperación de este auténtico original que ha pasado de músico de culto maldito a casi mainstream, con constantes artículos en la prensa especializada de todos los países. Uno de los grandes de verdad.

2 Comentarios:

Giancarlo Verástegui dijo...

Que grande post!!! adoro Nick Drake, Pink Moon lo considero como uno de los mejores disco escuchado en mi vida (sino el mejor), un disco de culto, sencillamente único e inalcanzable...

Tanti Saluti!!!

Bruno dijo...

Su carácter depresivo, su timidez irreductible y el abuso de drogas sumieron a Drake en un pozo del que no logró salir y acabó con su vida.

Una auténtica lástima, porque este cantautor tenía talento (aunque no carisma) para haberse convertido en el referente del folk británico. Pero la realidad es que sus discos no se vendían, él apenas actuaba en directo, no concedía entrevistas para promocionarse y los medios de la época le ignoraban casi sin excepción.

Los años le han devuelto al lugar que le corresponde, lo cual es un triste consuelo ya que podríamos imaginarnos lo que pudo haber sido y nunca fue.

Un saludo.