domingo, 20 de marzo de 2011

Encuentros y Desencuentros 4

Siempre iba corriendo a todas partes. Se levantaba con prisa y se duchaba deprisa. Hablaba deprisa y gesticulaba con prisa. Cada pequeña cosa que hacía, la hacía con prisa. Comía deprisa, caminaba deprisa, respiraba deprisa. Hasta dormía con prisa. Siempre apresurado detrás de una vida que tenía la impresión de que se le escapaba entre los dedos. Una mañana, mientras corría al trabajo, vio a un fantasma saludarle desde dentro de un autobús que pasaba. Aceleró para no perderlo e intentó subirse en marcha sin pararse siquiera a pensarlo. De un salto se lanzó hacia el vehículo en movimiento que se le acercaba a toda velocidad y chocó contra las puertas cerradas. Su cuerpo estalló en brillantes círculos concéntricos, en húmedas ondas que rítmicamente salpicaron estrellitas rosadas al viento, en un arcoiris de despojos que escarcharon el asfalto recién pavimentado de jirones de carne temblorosa. Corrió tanto, con tanta prisa, que al final consiguió dejar atrás la vida.

1 Comentarios:

David dijo...

Desgraciadamente y sin la exageración final del relato, así es como creo que está planificada la vida en este tipo de sociedad.