miércoles, 16 de febrero de 2011

La mejor cerveza del mundo no es para todo el mundo

Me gusta beber. Me bebería hasta el aguarrás. Pero apenas bebo. Soy un tipo blando, un flojo. Los dulces, el alcohol, trasnochar, comer demasiado... Cualquier exceso me pasa factura y me deja destrozado. Cuando era un crío podía hacer cualquier burrada, y al día siguiente estaba nuevo. Hoy me paso un poquito, y estoy una semana hecho un cadáver. Me he acostumbrado a mi rutina, a mi linealidad cotidiana. Si me salgo de mi camino estoy más perdido que Raymond Babbitt. Pero, ya saben, a pesar de que mi cruz sea el dolor de cabeza, de vez en cuando me permito un brandy, un vino. O una cerveza.

Mi cerveza favorita es la Grimbergen, seguro que la habrán visto por ahí. Una cerveza belga de abadía con un bonito color tostado y un sabor redondo, mantecoso, un puntín dulce, que te llena la boca y perdura cálida y agradablemente en todo tu interior. Hay cinco variedades: Blond, Dubbel, Tripel, Optimo Bruno y Cuvée de l'Ermitage. No se les ocurra probarlas todas de una sentada para diferenciarlas. La mejor forma de apreciar su sabor es escoger el momento adecuado. Hay una para cada situación y compañía. Estoy hablando de maridajes sólidos, no se me aceleren.

El ceremonial del trasegador de, digamos, Mahou es simple. Consiste en agarrar una bien fría, mediarla de un trago directamente de la botella, vaciarla en el siguiente y seguir así ad nauseam. Literalmente. Lo único que cuenta es que esté bien fría y que tenga gas. Si falta uno de estos factores, la cerveza se estropea. Aunque a partir de la tercera uno es feliz y le importa todo un bledo. Mi ritual consiste en no tener prisa, asociar siempre una cerveza a una comida (antes, durante o después, eso depende de mí y de la cerveza) y escanciarla en su copa con forma de cáliz. Tomar un trago y llenarme la boca con ella, paladearla casi con adoración, con una lagrimilla de delectación, y hacer que el líquido pase por toda la cavidad bucal antes de dejarlo bajar por la garganta.

En fin, manías. Soy un tipo muy maniático. No se me entienda mal, sé que la inmensa mayoría del aficionado cervecero es devoto de la Mahou. Sólo estoy haciendo una parodia. He llegado a un momento en mi vida en que no critico lo que haga nadie si le hace sentir bien. Cuantas menos obligaciones nos impongamos, mejor. Cada quien es cada cual y baja las escaleras como quiere, que dijo Serrat, Joan Manuel. Si a usted la cerveza que más le gusta es la Mahou, entonces esa será la mejor cerveza del mundo. A mí me produce escalofríos, pongamos por caso, una buena canción de Richard Thompson. Me emociona, me hace sentir, me llena de chisporroteos la epidermis. Pero hay mucha gente a la que no. A otros es Shakira quien les produce esas sensaciones. Y estoy hablando de su música, no se me pongan cochones.

A lo que iba. Estoy convencido de que no todo el mundo tiene que sentirse conmovido por lo que consideramos "de calidad". No creo que hasta el último mono tenga que gustar de la lectura, ni que apreciar la música. No todos tienen por qué practicar un deporte. No es obligatorio disfrutar con la cultura, no es indispensable tener buen gusto. No entiendo la universalización de la intelectualidad, en definitiva. Igual que los gustos de la mayoría no están hechos para mí, comprendo que lo que a mí me gusta no le interese más que a un puñado de francotiradores. Cada uno puede ser feliz con lo que escoge o con lo que tiene delante. O será que soy un elitista.

20 Comentarios:

David dijo...

La del jueves 19 de noviembre de 2009 no tenía el enlace a Richard Thompson. Me gusta más este título.
Un saludito.

Fran G. Lara dijo...

Esta también tiene alguna cosita más.

Manuel J dijo...

Yo siempre he sido de Cruzcampo, al ser del sur es la que puedes encontrar en cualquier parte. No suelo beber habitualmente, tan sólo cuando salgo de noche y no tengo que conducir... es decir, una vez cada x meses, pero en buena compañía y unas tapas de por medio, me encanta la cerveza.

Para alguien acostumbrado a Mahou, la Cruzcampo le puede resultar algo más amarga, pero la prefiero. Ocasionalmente bebo Coronita y Heineken, nunca he probado la cerveza del monje, pero me voy a comprar un pack de seis para seguir tu consejo. Hará meses que no meto una birra en el frigorífico. Ya te contaré ;)

Fran G. Lara dijo...

En realidad no estaba hablando de cerveza...

Manuel J dijo...

Ya lo sé, pero me la apunto de todas formas ;)

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Para beber blandito, una buena Guiness. Pero no tan fria y tirada con todo su ritual.

Antò dijo...

Y uno se pregunta, ¿es posible que la Grimbergen empiece a comercializarse y a popularizarse a gran escala, pasando a formar de parte de packs bien aprovechaos con vaso de regalo que el buen cliente, deseando probar algo diferente, echa en el carro junto con las Chips ahoy y las aceitunas rellenas La Española?

Fran G. Lara dijo...

Lucifer: Lo he intentado con la Guiness, pero por ahora no es lo mío. Aunque seguiré insitiendo.

Antò: Esos packs son ocasionales, normalmente en Navidad, y a mí me hace ilusión tener la copita correspondiente. Ahora bien, yo no acompañaría una Grimbergen con aceitunas La Española, no, no...

Pero bueno, insisto, este no era un post sobre cerveza... creo.

Antò dijo...

Creo que no he formulado bien el comentario...digamos...¿seguirías consumiendo la Grimbergen con el mismo deleite si el resto de la gente empezara a consumirla con regularidad? ¿O darías el paso a otra cerveza buscando, quizás, la exclusividad?

Por cierto, y volviendo al tema de la cerveza, mis cervezas favoritas son en su mayor parte del norte de Francia o de Bélgica, la Grimbergen entre ellas.

Fran G. Lara dijo...

Lo que me gusta de la Grimbergen es su sabor, la sensación que me deja cuando baja por la tráquea y el calor con el que se asienta en su estómago, no el sentido de estar bebiendo algo para minorías. O para decirlo de otro modo: Uno de mis músicos favoritos es Richard Thompson, como he dicho, que no lo conoce nadie. Pero si tuviera que escoger a los favoritos de verdad, serían los Beatles, porque lo que me gusta de ellos es su música, independientemente de que sean universalmente aclamados.

Antò dijo...

Buena. ¿Pero ya en vistas más generales, no crees que se tiende demasiado al elitismo cuando se habla de productos "de calidad"? Por cierto, que te guste Richard Thompson no es nada raro. Yo lo descubrí con aquella maravilla que es "1000 years of popular music". En cuanto a los Beatles, siempre digo lo mismo, para mí son como unos viejos amigos, cada vez los veo/oigo, me siento reconfortado.

También me gusta la Mahou, por cierto.

Fran G. Lara dijo...

Por supuesto que se tiende al elitismo. Parece que los paladares de las minorías sean más exquisitos. Llevado al paroxismo, no hay más que ver las obras que aplaude la crítica "seria".

Sí que es raro que me guste Richard Thompson. Bien pocos hay que lo conozcan y menos son los que siguen su discografía. Yo lo descubrí por esa inmensa recopilación que es el triple Watching the Dark. Vi la portada, leí los títulos de las canciones, el lapso de tiempo que abarcaba la obra... y lo compré en un impulso. Luego me hice con cualquier cosa en la que saliese su nombre.

Mista Vilteka dijo...

Sin duda, siempre he creído que los gustos nos eligen a nosotros. Una vez seleccionados, no hacemos más que seguirlos. No a todos les gusta lo que a todos les gusta.

Yo tengo especial debilidad por la cerveza. La tenía hace unos años pero, por cosas del destino, me pasé un año bebiéndomelas todas en Alemania. Heredé, claro, un problema memorístico cuando paso de cinco.

Así es la vida. Lo bueno, cuando conciso, doblemente bueno.

Saludos hombre, interesante el blog.

Felipe.

Mr. Lombreeze dijo...

mmm, me gusta muchiiiiiiisimo la cerveza, sin embargo las belgas no se encuentran entre mis favoritas. Disfruto mucho de las checas, sobre todo de la Staropramen. De las alemanas me encantan las Alt de Düsseldorf como la Hannen. Y de las rubias germanas me quedo con la Warsteiner y la König-Pilsener. Odio la Heineken y la Carlsberg, posiblemente las dos peores cervezas del mundo. En verano me atiborro a Coronitas y, por supuesto, de Ambar (haciendo patria chica). Tirar bien una cerveza es un arte que hay que disfrutar o, como bien dices, no...

No veo elitismo en lo que dices, sino gustos minoritarios que no tienen nada de malo ni de bueno. Yo pasé una época oscura de proselitismo de la música clásica, pero ya se me ha pasado (gracias a dios). Shakira me pone dolor de cabeza, pero si suena en una fiesta de amigos y todos la bailan tan contentos, pues me aguanto y en paz. A predicar al desierto.

Fran G. Lara dijo...

Mr. Lombreeze, me ha hecho gracia el juego de palabras con el slogan de la Carlsberg. A lo que dice lo único que puedo añadir es que yo la Coronita casi no la considero una cerveza. Es tan suave que parece más bien un refresco, prácticamente una gaseosa. Y que se lean todos ustes Los Maestros Cerveceros de Van Hamme y Vallès.

Mr. Lombreeze dijo...

Jajaja, es que la Coronita es un refresco, desde luego, pero yo por mi mujer bebo lejía si hace falta (es que le gusta mucho la Coronita a la señora lombriz).

juselito dijo...

Donde se me ponga una leffe,con luz tenue y un buen vinilo de fondo.......Dios eso es vida!!

Francisco Casoledo dijo...

Yo me quedo con la Dubbel, pero aun así no llega a la Voll-Damm doble malta, que es adictiva . Un sibarita nos ha salido usted (siempre nos lo ha parecido, pero ya era hora de que lo fuese reconociendo).

Fran G. Lara dijo...

Tal y como están las cosas, Casoledo, nuestra reserva de sibaritismo es lo único que nos queda.

pedaladasabuenritmo dijo...

Pensando en el estado español, otro voto por aquí para la Ambar, y mención especial para la A.K.Damm.

Que cada cual beba lo que quiera, pero Mahou/Cruzcampo/Carlsberg/Heineken y Coronitas para los que les guste el agua con algo de gas.

Saludos recienllegados,
Manolo.