El primer día de 2011 escribí que este sería el año en el que el pueblo se levantaría para sacudirse de encima la bota de la casta dirigente que los oprime. Era más una fantasía que una posibilidad real. Poco sabía que estaba prediciendo algo más próximo de lo que jamás podría haber deseado. Aunque no en este país. Desde nuestra autoproclamada superioridad intelectual de ciudadanos occidentales siempre hemos mirado a nuestros vecinos del sur por encima del hombro. “Están en la Edad Media”, decíamos. “Son teocracias”, argumentábamos. “No están preparados para la democracia”, observábamos despectivamente. Queríamos creer que era necesario mantener a sus oligarcas para evitar males mayores. Nosotros, que dejamos morir mansamente a nuestros propios dictadores en la cama y que pretendemos ganar una guerra cuarenta años después de que el sátrapa haya desaparecido, nos apuntamos ahora, tarde y mal, a una revuelta espontánea y popular que ya ha derribado dos regímenes. Un pobre tendero de Túnez se quema a lo bonzo porque, como protestó una Europa más desesperada, o con más agallas, durante la Revolución Francesa, ha subido el precio del pan y se ha quedado sin su puesto de trabajo. Un gesto heroico que genera un movimiento que se ha extendido a Egipto y ha acabado con los respectivos presidentes, tras décadas de poder absoluto, teniendo que poner pies en polvorosa. Hoy, tras semanas de gentes en las calles, de presión pacífica, los ciudadanos libres han escrito los libros de Historia. El lobo asoma las orejas en Jordania y Libia. Argelia se tienta la ropa. Marruecos pone sus barbas a remojar. Nosotros, tal vez dentro de otros cuarenta años, también querremos ganar esta revolución.
4 Comentarios:
Lastima, si sobrevivo a todo esto me pillara mayor la revolucion.
Estamos hablando de unas sociedades mucho menos egoistas que en las que nos ha tocado vivir. Quizás también son más controlables justamente por eso. En cualquier caso no son más manipulables que ésta nuestra. Lo que sí es una verdad desoladora es que las sociedades occidentales están dormidas o temerosas de perder sus privilegios...si bien éstos son, en buena parte, cuestionables. Es un ejemplo citado en varias ocasiones estos días, somos capaces de reunir a miles (o millones) en torno a una copa, y permitir que un ser humano se muera de frío en la puerta de casa. Congregamos miles de personas pidiendo que no se disgregue la familia, pero no nos preocupa que esas mismas familias no tengan ningún ingreso. No, clao, es culpa del gobierno. Lo cambiamos y arreglado. Aún con todo, yo no pierdo la esperanza.
Excelente. Yo no me muero hasta que no llegue esa Revolución y vea el cambio de paradigma que necesitamos.
Sólo espero que el gobierno democrático que aparezca no sea radical islamista y pretenda terminar con cualquier vestigio de cultura egipcia milenaria.
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