Oh, sí, eran los tiempos de la televisión única de la dictadura en los que la libertad de información brillaba por su ausencia. Sin embargo la calidad del servicio público era infinitamente superior a lo que padecemos hoy en día. Entonces El Hombre y la Tierra era un programa de máxima audiencia en el más puro estilo National Geographic que se pasaba en hora punta, ya ven. En aquella época, cada semana un plantel de actores fantásticos, secundarios de lujo en el cine, representaba obras clásicas que igual adaptaban a Molière, Shakespeare o Calderón que a George Langelaan. En Estudio 1 se ofrecía la posibilidad de que una población con poco acceso a la cultura disfrutase de obras de calidad presentadas como un gran entretenimiento. Docere et delectare, que decía Cicerón. Sería estupendo que se repusieran estos programas. Tal vez sólo los viera una minoría (¿Cómo? ¿En blanco y negro?), pero la televisión pública no está para ganar dinero, sino para ofrecer calidad, ¿no creen?
Los actores se aprendían el papel y se metían en él en un tiempo récord. Basta con ver las expresiones de sus rostros para identificar cada personaje tipo. Imaginen lo que supone cambiar de pellejo de semana en semana. Eso define a los verdaderamente grandes. En su gesticulación, en cada modulación de sus voces, derrochan clase. Se les notan las tablas curtidas kilómetro a kilómetro por la geografía de nuestros escenarios. Son intérpretes que habrán visto en mil y una comedias, en todos los dramas neorrealistas, en las españoladas del destape, en el cine social de la transición. En Doce Hombres Sin Piedad se ponía en pantalla con actores patrios la famosa película de Sidney Lumet. Pero no se confundan, aunque la versión española replica en muchos momentos el film norteamericano, 12 Angry Men es una obra de teatro de Reginald Rose, como es fácilmente detectable por la puesta en escena que, dados los convencionalismos del medio televisivo, está más cercana del original teatral que de la versión cinematográfica, que se permitía ciertas licencias para dejar respirar al espectador. De la versión televisiva se encarga Gustavo Pérez Puig, un realizador que solía ocuparse con un mínimo presupuesto de la adaptación y la dirección. Un héroe con una larga trayectoria en los medios teatral y televisivo, en los que hizo casi de todo.
El reparto está compuesto por gigantes de nuestra escena. Tanto o más que los que la llevaron al cine en 1957. Si estos hombres hubieran nacido en Estados Unidos, ahora serían reconocidos como grandes intérpretes de esos que llamaban “característicos”. Al frente está José María Rodero, uno de los caballeros de la escena española, que destacó en el escenario interpretando Historia de un Caballo, Calígula y El Concierto de San Ovidio. Le acompañan Jesús Puente, un actorazo que por desgracia ahora sólo es recordado por Lo Que Necesitas Es Amor; Sancho Gracia demostrando que es mucho más que Curro Jiménez; José Bódalo, impecable donde se meta, recuérdenlo, por ejemplo en El Crack; Fernando Delgado, un actor maravilloso con un aspecto muy peculiar que marcaba todas sus interpretaciones; Pedro Osinaga y Manuel Alexandre, dos artistas de dos generaciones diferentes que solían hacer de graciosos y que aquí demuestran sus registros; Rafael Alonso, que estuvo al pie del cañón hasta el último minuto, siempre con el mismo aspecto de señor mayor desde que era joven, y actores prodecentes de grandes sagas de cómicos como Carlos Lemos, Ismael Merlo, Luis Prendes y Antonio Casal, todos ellos desaparecidos hace demasiado tiempo. Profesionales que es de justicia reivindicar por haber dejado su impronta en tantas interpretaciones en todo tipo de papeles.
No les he dicho de qué trata Doce Hombres Sin Piedad. La historia no tiene nada de original y es muy probable que ya la conozcan. Un jurado popular debate un caso de asesinato que en un principio parece claro. Lo que importa aquí es el recital de profesionalidad que ofrece todo el reparto. No se trata de la típica historia de juicios, sino una claustrofóbica representación marrada por unos efectos de sonido baratos la mar de camp que, sobre todo, es una reivindicación de la libertad de pensamiento. Un movimiento subversivo ante la dictadura que daba sus últimos coletazos, a favor del librepensamiento y contra la pena de muerte, amparándose en que se ambienta en otro país. Aquí tienen el link, no se lo pierdan, asistirán a toda una emocionante lección de interpretación: Doce Hombres Sin Piedad.
Los actores se aprendían el papel y se metían en él en un tiempo récord. Basta con ver las expresiones de sus rostros para identificar cada personaje tipo. Imaginen lo que supone cambiar de pellejo de semana en semana. Eso define a los verdaderamente grandes. En su gesticulación, en cada modulación de sus voces, derrochan clase. Se les notan las tablas curtidas kilómetro a kilómetro por la geografía de nuestros escenarios. Son intérpretes que habrán visto en mil y una comedias, en todos los dramas neorrealistas, en las españoladas del destape, en el cine social de la transición. En Doce Hombres Sin Piedad se ponía en pantalla con actores patrios la famosa película de Sidney Lumet. Pero no se confundan, aunque la versión española replica en muchos momentos el film norteamericano, 12 Angry Men es una obra de teatro de Reginald Rose, como es fácilmente detectable por la puesta en escena que, dados los convencionalismos del medio televisivo, está más cercana del original teatral que de la versión cinematográfica, que se permitía ciertas licencias para dejar respirar al espectador. De la versión televisiva se encarga Gustavo Pérez Puig, un realizador que solía ocuparse con un mínimo presupuesto de la adaptación y la dirección. Un héroe con una larga trayectoria en los medios teatral y televisivo, en los que hizo casi de todo.El reparto está compuesto por gigantes de nuestra escena. Tanto o más que los que la llevaron al cine en 1957. Si estos hombres hubieran nacido en Estados Unidos, ahora serían reconocidos como grandes intérpretes de esos que llamaban “característicos”. Al frente está José María Rodero, uno de los caballeros de la escena española, que destacó en el escenario interpretando Historia de un Caballo, Calígula y El Concierto de San Ovidio. Le acompañan Jesús Puente, un actorazo que por desgracia ahora sólo es recordado por Lo Que Necesitas Es Amor; Sancho Gracia demostrando que es mucho más que Curro Jiménez; José Bódalo, impecable donde se meta, recuérdenlo, por ejemplo en El Crack; Fernando Delgado, un actor maravilloso con un aspecto muy peculiar que marcaba todas sus interpretaciones; Pedro Osinaga y Manuel Alexandre, dos artistas de dos generaciones diferentes que solían hacer de graciosos y que aquí demuestran sus registros; Rafael Alonso, que estuvo al pie del cañón hasta el último minuto, siempre con el mismo aspecto de señor mayor desde que era joven, y actores prodecentes de grandes sagas de cómicos como Carlos Lemos, Ismael Merlo, Luis Prendes y Antonio Casal, todos ellos desaparecidos hace demasiado tiempo. Profesionales que es de justicia reivindicar por haber dejado su impronta en tantas interpretaciones en todo tipo de papeles.
No les he dicho de qué trata Doce Hombres Sin Piedad. La historia no tiene nada de original y es muy probable que ya la conozcan. Un jurado popular debate un caso de asesinato que en un principio parece claro. Lo que importa aquí es el recital de profesionalidad que ofrece todo el reparto. No se trata de la típica historia de juicios, sino una claustrofóbica representación marrada por unos efectos de sonido baratos la mar de camp que, sobre todo, es una reivindicación de la libertad de pensamiento. Un movimiento subversivo ante la dictadura que daba sus últimos coletazos, a favor del librepensamiento y contra la pena de muerte, amparándose en que se ambienta en otro país. Aquí tienen el link, no se lo pierdan, asistirán a toda una emocionante lección de interpretación: Doce Hombres Sin Piedad.
7 Comentarios:
Gran obra "Doce hombres sin piedad" interpretada por doce actorazos españoles.
Vaya! Aintzane siempre me había hablado del maravilloso recuerdo que tenía de esta obra...
Pero ahora se ha limitado a decir: "Bien. Lo podemos ver un día".
En fin...gracias por el enlace.
Estupenda versión de este gran obra. Mi actor favorito en este Estudio 1 es José bódalo, sin duda, aunque todos están estupendos. Aunque Henry Fonda sean palabras mayores es cierto que esta versión no tiene nada que enidiar a la norteamericana. Saludos.
Eran sólo dos canales y además bajo el control férreo de una dictadura, pero era infinitamente superior a la que se hace hoy. Y esto es muy triste. Por cierto recuerdo también a Jesus Puente haciendo, en Estudio 1, "Brigada 21".
Hace unos dias lei que en la 2 volverian a programar teatro, pero me temo lo peor viendo lo que se ve en television.
He recordado muchas cosas leyendote.
Me ha encantado. Muchas gracias por la recomendación, no decae en ningún momento. Y eso que son dos horas ;)
Ninguna de las versiones posteriores supera a esta obra, que además es un ensayo ejemplar sobre lo frágil de la verdad y la memoria. Se han escrito muchos libros sobre la escasa fiabilidad de los testigos y el ánimo que pueden infundir en nosotros, pero esta obra condensa todas esas ideas en hora y media de excelentes diálogos e interpretaciones.
No tiene usted límites, por cierto, del pasado al más rabioso presente. Este blog cada vez más va adquiriendo hechuras de Wikipedia. La "Misantropedia", diría yo.
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