viernes, 4 de febrero de 2011

Conan y Belit: otro tocho magnífico, pero prescindible

Planeta DeAgostini aprovecha el tirón de una de sus franquicias más vendedoras para seguir explotando la mina de una manera realmente poco imaginativa con la enésima reimpresión de la etapa más famosa en la vida del bárbaro cimmerio. A finales de 1975, a la altura del número 57 de la colección Conan the Barbarian llegó el momento en que Roy Thomas adaptase para el comic La Reina de la Costa Negra, uno de los relatos más reconocidos de su autor, el escritor texano Robert E. Howard. A partir de ese momento y hasta culminar en el número 100, Thomas desarrollaría toda una epopeya celebrada como la más lograda del guionista y del personaje. En realidad, la historia original sólo abarcaba los números 58 (primer capítulo) y 100 (segundo y último capítulo). El resto eran aventuras, algunas más afortunadas que otras, con las que Thomas se había propuesto llenar el hueco de tres años que los biógrafos habían acordado que Conan había pasado al lado de la pirata Belit saqueando los mares, hasta llegar a ese mítico centenar de ejemplares. Por el camino, el guionista tendió puentes hacia episodios del pasado y del futuro del bárbaro que abarcaban hasta su etapa como rey y, de paso, se inventó uno de los mitos fundamentales del personaje: el de la amada eterna. En realidad, si bien el tándem de artistas compuesto por John Buscema y Ernie Chan estaba en la cima de sus capacidades, Thomas solventa la papeleta con sus habituales altibajos. Al lado de capítulos esplendorosos, aquellos que beben más directamente de la obra de Howard, ya sea para Conan o conanizaciones de otros de sus personajes, se cuelan números que van del mero relleno a lo francamente desafortunado.

Ahora la editorial recopila esas más de cuatro decenas de ejemplares en un espléndido tomo integral lujosamente presentado ante el cual se plantean impresiones divergentes. Es improbable que quede algún aficionado al personaje no posea ya las aventuras que aquí se recogen, todas con guión de Roy Thomas, pero no todas dibujadas por Buscema y Chan, pues también metieron mano otros artistas como Howard Chaykin y Mike Ploog. Por otra parte, aunque esta es una excelente introducción para los neófitos, también es dudoso que una forma que resulta un tanto excesiva de iniciarse en él vaya a atraer a un público que no sepa ya con lo que se va a encontrar. Como objeto de culto fetichista, este tomo es realmente bonito y al seguidor más fervoroso le harán chirivitas los ojos sólo con la posibilidad de tener sus historias favoritas recogidas en un solo tocho tan molón, sopesarlo en la mano y contemplarlo en su estantería. El mayor problema es que esta misma época de la vida de Conan ya fue recogida en tres tomos por Planeta hace unos años, también en blanco y negro, y a mayor tamaño que el formato comic book que ofrece ahora. Más aún, todavía son fácilmente localizables los volúmenes de Las Crónicas de Conan que recogen estos episodios, además con un color muy lucido que mejora el conjunto de la obra. Y es que el blanco y negro es probable que a estas alturas sólo satisfaga a los nostálgicos que se iniciaron con la vieja edición de Vértice en los años setenta. Es cuestionable quién estará dispuesto a desembolsar 45 € por un material que ya posee en otros formatos.

En el lado positivo de la balanza cabe destacar que este tomo aporta la historia en cuatro partes en que Conan se cruza con otros dos personajes de Howard, el rey Kull y Red Sonja, incluido un comic de la colección correspondiente a la espadachina pelirroja dibujado por el gran Frank Thorne. Estos capítulos llevan largo tiempo siendo inencontrables pues no han aparecido en Las Crónicas de Conan porque Dark Horse no pudo solventar los problemas de derechos a tiempo. El recopilador tiene además el bonito detalle de acordarse de la única historia de esa etapa que apareció en otra publicación. A su regreso a Marvel en los noventa, Roy Thomas escribió una nueva aventura de Conan y Belit que tiene lugar justo antes de ese definitivo número 100 de Conan the Barbarian. En Estados Unidos se publicó repartido entre tres números de Conan the Savage y en nuestro país se vio en La Espada Salvaje de Conan Vol. 2, y ahora se puede localizar sin problemas en La Saga de Conan 8. Pero insertado en su orden cronológico y rodeado de todo el material que conforma la historia completa de Conan y Belit, sólo se puede conseguir en este enorme ladrillo de 800 páginas. Y eso es algo que únicamente se hace en España gracias a una ferviente base de seguidores. Con todas sus pegas, ya querrían en Estados Unidos echarle mano a un tomo así. No es cierto que este integral de Conan y Belit sea lo mejor del personaje, aunque en casi todos los episodios haya momentos memorables, también hay otros de vergüenza ajena. Pero una buena selección de lo que hay aquí comprendido, desbrozando el grano de la paja, sí que se encuentra entre los momentos cumbre del noveno arte o, por lo menos, del buen comic de evasión y fantasía.

Calificación: 3

7 Comentarios:

soyfrikiyque dijo...

Me haría con este tochaco sin dudarlo de haberse publicado con el color original para tenerlo en la estantería junto al de Silver Surfer de Lee y Buscema. Pero en blanco y negro y ya teniendolo en los 3 tomos de Forum, además de en la segunda edición de Conan el Bárbaro y en los tomos de Chronicles (en los que aún estoy esperando que incluyan los números que se quedaron fuera por los lios de copyrights), sinceramente paso.

¿Cuáles son los momentos de vergüenza ajena? (curiosidad)

PAblo dijo...

Lo cierto es que este tomo lo veo solo atractivo para el tercer tipo de potencial lector que comentas -los completistas fetichistas- que al resto...

Impacientes Saludos.

Fran G. Lara dijo...

A mí hay muchos momentos que no me convencen. Thomas se inventa una especie de Tarzán hyborio para explicar el sobrenombre de Amra a Conan. Tontísimo. De igual manera Belit es una especie de Jane de la jungla entrenada para que a los crédulos negritos les parezca una diosa. Una chorrada innecesaria. El ejército de guerreros montados en halcones gigantes me parece una idea ridícula. El personaje de Zula, una suerte de guerrero-brujo con poderes hipnóticos no me gusta nada. Belit convenciendo por gestos a un león para que rompa los barrotes de la jaula en la que está encerrada te lo tragas con 12 años, pero ahora… Todo eso me parece que es para darle un barniz que visto ahora me resulta profundamente infantil. De superhéroe pijamero totorrón. Hay episodios de relleno en los que Conan cuenta historias de su juventud para dar tiempo a que los dibujantes cumplan los plazos. Y lo peor de todo, la aventura de los cangrejos humanos, qué chapuza. Además, una fobia personal: la cantidad de veces que Conan u otros personajes viajan en el tiempo, que no es más que una mera maniobra comercial para que se den a conocer más colecciones de Marvel. La aventura de Conan enfrentandose a Kull, jo, cómo mola de crío (“a ver quién es más fuerte!) pero ahora… Como si no supiéramos que nunca van a dejar que uno venza al otro. Además, que ese rollo del viaje en el tiempo me parece que es estirar demasiado la goma, me repele.

Kinski dijo...

Pués a mi me mola Amra y todo lo que criticas pero también hace muchos años que leí esos comics por primera vez, en fin pa'gustos colores.
Creo que a esta ultrareedición le faltan los textos de Roy Thomas donde explicaba como se realizaron los comics y porque se tomaron algunas decisones.

AMRA LIVES!!!!

David dijo...

Anda que no leí esto hace años. Amra. Sí. Era como Tarzán. Jo! Qué recuerdos! Los que cuentas no el en post, sino en tu comentario.
Lo que pasa es que hace mucho que no los he vuelto a leer (décadas, me parece)... No los tengo, vamos. Y si tuviera que pillarlos, cogería una edición en color (los leí en la colección de Forum). Tengo muy buen recuerdo de ellos... Y no sé... Quiero seguir teniendo buen recuerdo. Eso de Kull y cómo mola! (ja,ja).
Si pillo algo del Conan de Buscema, el primero va a ser el tomo del western...el río lo que sea... ya sabes cuál, que lo hemos hablado alguna vez. Todo el mundo conoce esa historia.

Fran G. Lara dijo...

Más Allá del Río Negro. Thomas, Buscema y De Zúñiga (y un par de páginas de Alcalá). Uno de los grandes clásicos.

David dijo...

Sí, vale. Se me olvidará. Pero no hay problema. Contaré otra vez el tema y me dirán cuál es.