jueves, 17 de febrero de 2011

Adam & The Ants

Rebuscando en mi colección de discos, me encuento entre AC/DC y Aerosmith con los vinilos de una banda con la que un compañero de instituto me estuvo dando la lata un buen tiempo. Yo lo aguantaba porque en ese momento estaba más interesado en su hermana, una rubiaza laaaaaarga como mis clases de matemáticas, que en la música que aquel tipo me pudiera descubrir, pero lo cierto es que durante un cuarto de hora pareció que Adam & The Ants eran la gran esperanza del rock and roll. Ya sabemos lo proclive que es la prensa británica a vendernos hypes y a encumbrar a artistas una semana y vapulearlos la siguiente, pero en aquellos años que la MTV incipiente empezó a bombardearnos con sus primeros vídeos, nos encontramos con un cantante de imagen fascinante, como un Dick Turpin con pintura de guerra, y una música que hacía hervir las venas. Había algo de naturaleza sexual en sus canciones que resultaba a la vez seductor y muy subversivo. Simbolizaba todo lo peligroso que hay en el rock and roll, lo que le molestaba a los padres.

Stuart Leslie Goddard era el rimbombante nombre de un jovenzuelo punkie con ínfulas arties amiguito del círculo de los Sex Pistols. Rebautizado como Adam Ant forma una banda con una fijación con el látex, el bondage y el fetichismo. Adam & The Ants publican entre 1978 y 1979 varios singles y un LP bastante torpes que tienen poco de punk y bastante de diletantes que se saltan las clases en la Escuela de Arte. Se agencian de manager nada menos que a Malcolm McLaren, quien en una jugarreta típica suya le roba a Adam todos los músicos para formar Bow Wow Wow, un combo con chica al frente que merced a las estretegias escandalosas del conocido liante ganó cierta relevancia a principios de los ochenta. El cambio resulta para mejor. Adam recluta a Marco Pirroni, un guitarrista que había pertenecido a una formación primeriza de Siouxsie & The Banshees, otra del círculo de los Pistols, y su sonido evoluciona y se revoluciona. En Pirroni el cantante encontrará su mano derecha y partenaire compositivo. La nueva formación grabará dos LP's altamente irregulares, pero cuajados de singles hiperexcitantes.

Con la eclosión de Adam & The Ants empieza a hablarse de Antmanía. Lo suyo era una reformulación del glam tanto en sus presupuestos estéticos como en sus bases musicales. Para ello tiran mano de Gary Glitter, del rock and roll primigenio de Link Wray, los ritmos tribales y un toque de Ennio Morricone. Un cóctel explosivo que los lleva a erigirse como puntales del movimiento de los Nuevos Románticos. Adam se convierte en todo un sex symbol y sus declaraciones grandilocuentes sobre las represiones de la sexualidad y de los nativos americanos que rodean al pelotazo que es Dog Eat Dog, pretenden darle una base teórica a su música. No es más que otro bocazas británico con ganas de comerse el mundo utilizando la misma técnica que tantos usaron antes y tantos siguen usando después, hasta ahora con buenos resultados. Su música, en cambio, sí refleja cierto aire indígena y, sobre todo, es tan efectiva como el jueguecito de palabras que compone su nombre artístico. Adam & The Ants, Adam y Las Hormigas, y también adamant, que significa en inglés inflexible. ¿De dónde creen que sale el adamantium de Wolverine? Es cierto que Adam es perseverante en la consecución del éxito, y la comparación con las hormigas no suena desacertada del todo. Había algo fracturado en la esquelética percusión de Antmusic que recordaba al entrechocar de las antenitas de esos insectos, que parecía el atronar de millones de patitas de un marabunta dispuesta a devorar al oyente.

Tras un segundo disco menos áspero, más comercial, con el que alcanzan la cima de su popularidad con singles más edulcorados, pero tan irresistibles como Stand and Deliver y Prince Charming, en cuyo estribillo dejan patente su leit motiv, "Ridicule is nothing to be scared of", No hay que tenerle miedo al ridículo, en 1982 Adam y Pirroni parten peras. El primero, infatigable entertainer siempre dispuesto a dar espectáculo, siente que a su banda le falta entusiasmo, el segundo está cansado de tanta promoción. Adam se lo monta en solitario y el primer single, Goody Two Shoes, es un rockabilly que está a la altura, una continuación de su sonido en el que todavía colabora Pirroni. Pero pronto su carrera como solista patina. A partir de ahí se dedica a arrastrarse penosamente en galas televisivas con temas de vergüenza. Discos cada vez más esporádicos y problemas mentales lo convierten en otra de las casualties del rock. Ahora que ha perdido todo su atractivo físico, que anda prácticamente retirado, y que cuando aparece en los papeles es por motivos aún más estrambóticos que en sus años de gloria, cabe recordar que Adam & The Ants son algo más que una nota a pie de página en las enciclopedias.

3 Comentarios:

David dijo...

Qué olvidado (con razón) tenía el vídeo de Prince Charming. No así el tema, que de niño me gustaba y lo he recordado siempre, aunque hacía décadas que no lo había vuelto a escuchar. Repetitivo pero pegadizo. También me gustaban sus pintas (aunque con reservas)(ese maquillaje tipo guerrero indio)...
Un saludito.

Rufus Von Eerie dijo...

Se ha dejado "Kings of the wild frontier" que tambien sonaba muy vacilona...

Fran G. Lara dijo...

Sí, adrede. Fue el primer single de la formación definitiva y no quería poner tantos enlaces.