martes, 4 de enero de 2011

La Televisión Kamikaze

Está Jerry Springer, que es una institución dentro de la pequeña pantalla estadounidense desde hace décadas. Un tipo elegante, vestido con buenos trajes, con el poso que da la madurez y coronado por una apabullante melena de cegador cabello blanco. Springer conduce uno de esos programas de testimonios que están ahora tan de moda. No sé cómo será la situación de la programación en España, pero en El Show de Jerry Springer todo está hecho a lo grande, ya saben lo megalómanos que son los americanos. A su programa no van mindundis, no. Sus invitados son, por ejemplo, una estrella del porno cuya madre no sabe a qué se dedica, y que ha decidido revelar en directo a su progenitora con qué se gana el pan de molde. Y ahí está la señora, sin tener ni idea de a qué ha ido a la televisión. Es la imagen de la perfecta matrona norteamericana. Alguien de quien esperarías que en cualquier momento te fuera a servir un vaso de leche y un trozo de tarta de manzana. La señora se sienta frente a una pantalla que sólo ve ella (hey, aquí hablamos de esto pero no lo mostramos) y amablemente le pasan una película en la que puede ver con todo lujo de detalles las habilidades flexibles de su hija. Springer mientras guarda un discreto silencio y pasea con actitud beatífica entre los espectadores susurrando frasecillas ingeniosas. Y cuando la hija sale al plató, toda escote y piernas (sí, tiene el aspecto que se podría esperar de una pornstar, una imagen que grita: "Mamá, no sé cómo no te has dado cuenta antes"), se lo pasa bomba mascando chicle, refregándose con la audiencia y soltando procacidades. Mientras, la madre ya está ausente en sus pensamientos preguntándose en qué momento su niña se convirtió en esa desconocida.



Springer es un tipo cálido que guarda una respetuosa distancia cargada de ironía con respecto a sus invitados. Cómplice en el cachondeo con su audiencia, deja que los entrevistados se pongan en ridículo ellos solitos. Es el caso del tipo que se ha enamorado de una chica con pinta de modelo que ha conocido por internet. Es un gordo de esos que sólo hay en Estados Unidos. Una montaña imposible de grasa desbordada apenas contenida por unos pantalones de pinzas y una camisa que todavía llevan colgando la etiqueta del precio. Un pobre hombre con cara de panoli que ha llegado de su pueblo con una corbata nueva y un corte de pelo ridículo que a él le parece que es lo último. Ramo de flores en mano espera a que aparezca la dama en cuestión para pedir su mano ante el mundo. Es su momento de gloria. Cuando ella llega al plató, claro, es evidente que el hombre va a recibir las calabazas de su vida. La chica se excusa diciéndole que pertenecen a mundos muy diferentes, que no le haría feliz, que él es un buen tipo que merece otra cosa. Pero nuestro héroe se resiste con las respuestas más ocurrentes que puede improvisar, intentando hacer ver que no cae en cuál es el verdadero problema. Pero aún hay más. Cuando ella se da cuenta de que no va a salir de esto por las buenas, deja caer la bomba. Algo que la audiencia ya conoce previamente y por lo que se están riendo tanto durante todo el programa: "Querido, hay una cosa que tú no sabes. En realidad sí tenemos algo en común. Yo también soy un hombre". Y ahí se queda nuestro paleto, encajando atónito la revelación, pensando que va a ser el hazmereír de su pueblo no porque le han estado humillando durante media hora, sino porque se ha enamorado de un tío. Salva de aplausos, títulos de crédito y el gordo todavía sentado en su silla, con su ramo de flores entre las manos sintiéndose como el novio de Marieta en la canción de Javier Krahe, como un gilipo-o-o-llas.

Y luego está Steve, un gigantón calvorota con un sospechoso color ultrabronceado en la piel y la más hortera colección de camisas que uno se pueda echar a la cara. Steve es un cruce entre el feo de Las Colinas Tienen Ojos y uno de aquellos tipos que cantaban Too Sexy. Ha sido marine, policía y guardia de seguridad, pero a lo que más se parece es a uno de esos contendientes en los espectáculos de pressing catch. Steve es el presentador de otro reality show, uno realmente hardcore. A su programa lleva la hez de la sociedad para enfrentarse directamente a ellos, abroncarlos, amenazarlos y exhibir una curiosa tendencia a arrojar sillas por el plató. El tipo se pone frente con frente con sus invitados berreándoles a la cara mientras los señala con el dedo formando un puño que más bien parece querer decir "Con esto estoy dispuesto a machacarte aquí y ahora". Steve usa máquinas de la verdad para dejar a los invitados en evidencia, pasa de la amedrentación a las palmaditas en la espalda y a recomendar consejo profesional, se desespera, busca la reacción del público, acusa y lleva directamente a la policía con sus propias manos a quien cree que lo merece. Él es la justicia por aclamación popular, el recto representante del pueblo vengador. Se encara a pedófilos, a maltratadores infantiles, al tipo infectado de SIDA que va por ahí contagiando la enfermedad entre la indignación de su audiencia, a la madre (blanca) que se hace novia de un tío con aspecto de pandillero (negro) al que conoció cuando lo sorprendió en la cama con su hija de quince años.



Su programa parece el muestrario de una joyería. Un hombre que accidentalmente mató a su hijo atropellándolo con el coche es falsamente acusado de violencia doméstica por su mujer, que quiere venganza. Un jovencito hispano con pinta de latin king se las ve con la madre de su esposa de 18 años, ambas perfectas WASP, porque A) le dio una patada en la tripa estando embarazada, a consecuencia de la cual la chica abortó, y B) él fuma, pero no la deja fumar a ella porque "no es cosa de mujeres". Y lo mejor del lote: un expresidiario de piel lechosa, una mole rubia cubierta de tatuajes racistas, que ha salido de la cárcel en la que ingresó por apalizar a cualquiera que no fuera de pura raza blanca. Un hombre de entre el público se levanta. Es soldado. Ha combatido junto a negros e hispanos, gente que ha arriesgado su vida por su patria, "que ha luchado por gente como tú", le dice. El racista ve tambalearse sus convicciones. Steve ve el filón y sigue apelando al patriotismo: "En los marines no había ni blancos, ni negros, ni rojos, ni amarillos. Sólo había un color, el verde. El color del uniforme del hombre que luchaba a tu lado, en cuyas manos ponías tu vida y por quien la arriesgabas". Y el racista se deshace en lágrimas pidiendo perdón. Las minorías que hay entre el público se levantan y lo abrazan. "Tú puedes hacerlo", le dicen. Esto es periodismo verité, amigos. Y yo estoy sentado frente a la pantalla teniendo mi ración de frikismo vía satélite, sin saber qué es peor, si que estas cosas pasen en realidad, si que se preparen ex-profeso para la televisión, si que sean verdad o mentira, les demos visos de verosimilitud, si que sean algo que se exhiba alegremente en las pantallas de todas las casas, o si que a tantos millones de personas que nos las damos de aparentemente normales nos divierta basura como esta.

9 Comentarios:

Antò dijo...

Sinceramente, no me atrae en absoluto ese tipo de televisión. De sobra son conocidos ciertos programas que, en España, han ido imitando este formato, o quizás más bien el estilo latinoamericano de presentadoras oxigenadas, las cuales, a su vez, habrán hecho lo propio con el sr. Springer. La palabra vergüenza ajena es la que mejor describiría mi sentimiento hacia ese tipo de programas, fuera aparte la calidad de los contenidos que me parecen aberrantes en su mayoría. Pero, tengo que decir que esta entrada está escrita de forma tan viva, vigorosa e incluso, afectuosa, que me han entrado ganas de darles una oportunidad. Felicidades por el post, de verdad.

Fran G. Lara dijo...

Oh, no, Antò, no se confunda. Sólo es algo que vi la otra noche haciendo el tonto porque no me podía dormir. No se lo recomiendo en absoluto.

Mr. Lombreeze dijo...

Y luego está este comentarista y blogger gusano que aún a sabiendas de que al autor de este estupendo post se la refanfinflan los comentarios del estilo "buen post", va y deja un comentario que dice "buen post, me ha encantado". Y le añade un "gracias" y poco más.
Bueno, un poco más sí: "nada de lo humano me es ajeno", dijo el poeta clásico. Así que nada tiene de malo interesarse también, de vez en cuando, por la basura.

Yourcenar dijo...

Como me gusta la canción de Krahe, cada vez que la escucho me rio como si no la hubiera escuchado nunca.

David dijo...

Pues no sé, los vídeos me han cansado y no los he acabado de ver, pero la historia del racista que se pone a llorar pidiendo perdón y todos le abrazan me ha parecido muy divertida (al menos el modo en el que lo contabas).
Ala, un saludito.

Fran G. Lara dijo...

Oh, Mr. Lombreeze, le agradezco de veras el comentario, viniendo como viene de alguien tan exigente y con un criterio tan selecto como el suyo. De veras que lo he leído con una sonrisa en los labios.

Mr. Lombreeze dijo...

Todavía más selecto es su criterio, pues el mundo gusano sigue sin aparecer en su blogroll.
Pero no nos rendimos... ;)

Fran G. Lara dijo...

Oh vamos, Mr. Lombreeze, no me sea quejica. Usted sabe muy bien que no me necesita. Con la cantidad de lectores y seguidores que tiene su blog es usted un gigante al lado de la hormiga que es este Pequeño, tan pequeño, Misántropo.

Javier dijo...

Primera vez que entro a este blog. Me parece genial el post, muy entretenida la lectura sobre algo tan vano como un talk(freek)show. Repito genial, y seguire pasando. Saludos desde Argentina.