Queridos hijos y nietos:
Cuando despuntaba aquel lejano año de 2011 yo me había prometido a mí mismo que sólo le iba a dar importancia a las cosas que verdaderamente lo merecieran. Me había propuesto dejar de correr para llegar a todas partes, dedicarle un poco más de tiempo a vivir y darme cuenta de las cosas que sucedían a mi alrededor. Estaba dispuesto a pasar por la vida con calma, sin prisa, a cámara lenta. Quería organizarme una rutina que me permitiera estar en paz conmigo mismo y con todo lo que me rodeaba. Sólo quería tranquilidad. Saber a qué hora levantarme, cuándo sentarme a leer, cuál era el momento idóneo para salir a dar un paseo. Ser consciente de lo que hacía, cuándo y cómo.
Y entonces pasó algo glorioso que yo sólo había leído de niño en viejos cuentos de Robin Hood. Como en las historias de héroes anónimos populares, la gente se levantó contra el recaudador de impuestos, hartos ya de abusos y de opresión. Años de esquilmación pasaron factura. Mientras la casta dirigente cada vez tenía más prebendas y privilegios, los ciudadanos nos veíamos obligados a pasar mayores estrecheces. El número de leyes aumentaba y el de libertades disminuía. Día a día se nos exigían mayores sacrificios. Cuando ya no quedó nada por sacrificar, llegó el momento de hacer Historia. Éramos conscientes de que estabamos escribiendo los libros del futuro. Y yo formé parte de ello.
Cuando despuntaba aquel lejano año de 2011 yo me había prometido a mí mismo que sólo le iba a dar importancia a las cosas que verdaderamente lo merecieran. Me había propuesto dejar de correr para llegar a todas partes, dedicarle un poco más de tiempo a vivir y darme cuenta de las cosas que sucedían a mi alrededor. Estaba dispuesto a pasar por la vida con calma, sin prisa, a cámara lenta. Quería organizarme una rutina que me permitiera estar en paz conmigo mismo y con todo lo que me rodeaba. Sólo quería tranquilidad. Saber a qué hora levantarme, cuándo sentarme a leer, cuál era el momento idóneo para salir a dar un paseo. Ser consciente de lo que hacía, cuándo y cómo.
Y entonces pasó algo glorioso que yo sólo había leído de niño en viejos cuentos de Robin Hood. Como en las historias de héroes anónimos populares, la gente se levantó contra el recaudador de impuestos, hartos ya de abusos y de opresión. Años de esquilmación pasaron factura. Mientras la casta dirigente cada vez tenía más prebendas y privilegios, los ciudadanos nos veíamos obligados a pasar mayores estrecheces. El número de leyes aumentaba y el de libertades disminuía. Día a día se nos exigían mayores sacrificios. Cuando ya no quedó nada por sacrificar, llegó el momento de hacer Historia. Éramos conscientes de que estabamos escribiendo los libros del futuro. Y yo formé parte de ello.
5 Comentarios:
Me da como que no...
Muy bien, David, no contamos contigo.
No. Conmigo puedes contar depende para qué...
pero me da como que no se van a unir muchos más.
Internet, televisión, play, salir de marcha, hipotecas, fútbol, medios de desinformación y muchas otras cosas más, me parece que harán la cosa inviable. Ojala me equivocase.
Me voy a conocer a mi nueva sobrina, que ya están todos preparados.
"Nos vamos" me dicen.
Esa es la actitud, Dave, así es como se contruyen las revoluciones.
When you talk about destruction, don't you know that you can count me out - in.
Ja,ja,ja...
Publicar un comentario en la entrada