viernes 31 de diciembre de 2010

Lo Mejor de 2010

A estas alturas, quien más quien menos que se precie en esto de la blogosfera lleva ya dos meses haciendo su resumen del año en cualquiera de los campos en los que se centre su página. Por muy de rompedores que nos las demos, los bloggers en el fondo somos todos unos sentimentales que nos perdemos por preservar una buena tradición. Sólo los más estirados, y me da que en esto no estoy solo, nos hemos reservado nuestro balance para la llegada del verdadero e irreversible final de 2010. Este año, me temo, he optado por una selección absolutamente objetiva. Ustedes me diran: "No te amuela, como todo quisque". Bueno, sí y no. Por mucho que ustedes se lo hayan pasado bomba, pongamos por caso, con el último Mortadelo, dudo mucho de que nadie se atreva a decir que es el mejor tebeo del año.

Y ahí es donde yo voy a nadar contra corriente. No por la mera pose de dármelas de enfant terrible, sino por dar cancha a aquellas obras que, si bien es muy posible que no sean lo mejor que ha visto 2010 (ni falta que les hace), sí son aquellas que más he revisado durante el año que acaba y las que más me han hecho disfrutar. Así no esperen ver asomar por aquí ni Inception del bello Leo, ni The Suburbs de Arcade Fire. Nadie niega sus méritos, pero para eso ya tienen otros blogs. Aquí vamos a ver una versión alternativa, o a lo mejor no tanto, de lo que fue 2010, y a intentar rescatar algunos nombres que debieron correr mejor suerte. Tal vez les apetezca curiosear en alguna de las propuestas de El Pequeño Misántropo en el País de los Sueños.

2010 se despide como un año bastante pobre en cuanto a estrenos cinematográficos. La vulgar Kick-Ass fue el bombazo entre la parroquia friki, y The Kids Are All Right supuso la sorpresa dentro del cine independiente, más por demérito de los demás que por méritos propios. Los blockbusters del año los dominó Leonardo DiCaprio, pero ni Shutter Island (aburrida, previsible y decepcionante) ni Inception (extraordinaria visualmente, pero excesivamente alargada y definitivamente engañosa) son grandes películas por mucho que reciban la aclamación casi unánime, consecuencia una vez más de la escasez de buenas historias que llevarse a la boca. La Red Social estará en la cima de todas las listas, pero el veredicto en esta casa la calificó como bastante sobrevalorada. Baste con que les diga que no tengo ningún interés por darle una segunda oportunidad. En el cine español fue Buried la que se llevó los aplausos, lo que dice bien poco a favor de la industria patria.

¿Qué queda entonces? La Carretera, una árida obra maestra que pasó silenciosamente a principios de año por las salas, lastrada por la dureza de su contenido, demasiado amargo, casi insoportable. Si tenemos que decantarnos por una película que haya salvado el año, esta ha sido Mr. Nobody, de Jaco Van Dormael con Jared Leto en el papel principal. Una historia deslumbrante como un regalo de Navidad para un niño, y una maravilla cargada de esperanza. Lo que dije entonces: Poética, filosófica y terriblemente compleja. No es para los niñatos que van al cine a berrear y a rumiar palomitas. Lo que digo ahora: La mejor película del año si la ve con los ojos abiertos.

Tampoco ha sido 2010 un año para echar cohetes en el campo de la producción comiquera. Lo más destacado sea probablemente las reediciones de clásicos que siguen apareciendo periódicamente. Y es ahí donde Los Doce Trabajos de Hércules de Miguel Calatayud, primorosamente presentada por De Ponent, la que se lleva el gato al agua. En los últimos meses del año hemos visto aparecer además tres obras fundamentales que marcarán este año para el recuerdo. El esperado y un tanto fallido Asterios Polyp de David Mazzucchelli se beneficia de que la segunda parte de Parker de Darwyn Cooke no ha sido publicada en nuestro país, Ken Games de Robledo y Toledano redondea la faena con la culminación de su tercer y último volumen, y El Invierno del Dibujante de Paco Roca supone una obra mayor que servirá de referente con el que se tendrán que medir autores futuros.

Sin embargo, en línea directa con la temática de la mejor película del año para este blog, es Daytripper, el último trabajo de los hermanos Gabriel Bá y Fábio Moon para Vertigo, el que se hace con el lugar más destacado en el podium. Una reveladora historia llena de humanidad y vida, y a la vez una fantasía sobre el arcoiris. Lo que dije entonces: Este libro es excelente y leerlo hará que el libro de su vida sea mucho mejor. Lo que digo ahora: Una perfecta conjunción de guión y dibujo que gana con cada relectura.

En lo que respecta a la música, sin embargo, 2010 sí que ha sido un año exultante. Ray La Montagne entregó una obra reposada y madura como una copa de brandy saboreada lentamente. También Band of Horses dieron un giro a su americana arropándola de arreglos que hicieron las delicias de los fans de Deserter Songs de Mercury Rev. The Black Keys maceraron un trabajo auténtico y honesto, disfrutable de principio a fin. Natalie Merchant grabó un doble album delicioso empapado de músicas del mundo, y Laura Marling dejó con su segundo trabajo una obra de folk intimista extraordinaria que traiciona su juventud. Field Music supusieron la exhumación arqueológica del año, una investigación en los estilos musicales para un disco anguloso, erudito y excéntrico. Los mejores reencuentros, finalmente, corrieron a cargo de The Coral, con un extraordinario trabajo de raices sesenteras, y The Divine Comedy, con un nuevo CD de exuberancia lujuriosa.

Ante tamaña cosecha es imposible, por lo tanto, quedarse sólo con un disco como el definitivo de 2010. Esta es la golosa trinidad que se reparte este año el puesto como la mejor música que ha pasado por los oidos de El Pequeño Misántropo:

El disco homónimo de Foxy Shazam es en el que más ideas y riesgo encontramos. Se acerca al pastiche, sí, pero es tremendamente divertido y su escucha nunca llega a cansar. Lo que dije antes: Canciones como pedradas para ser coreadas puño en alto con entusiasmo a raudales y ni un segundo de respiro. Lo que digo ahora: Born to Run meets A Day at the Races. El debut de Damien Lott es un tremendo compendio de The Beatles y Radiohead que está pasando injustamente desapercibido a pesar de tener temas increíbles interpretadas con cerebro y corazón. Lo que dije entonces: Ninguna canción baja del notable. Lo que digo ahora: Obra maestra. Aparecido en enero, A Estas Alturas de El Inquieto Roque , fue fruto del trabajo callado de Roque Esteban en otras formaciones durante años. Un disco que ha estado sonando sin parar durante estos doce meses por sus canciones imbatibles que jamás se agotan y su ejecución magistral. Lo que dije entonces: Un album atemporal con sabor a clásico. Lo que digo ahora: Mejor que cualquier cosa que haga Paul McCartney, es imperdonable que lo dejen pasar.

Y permítanme que, como el año pasado me tome la libertad de recomendarles otro blog que no es este. El Abismo Te Devuelve la Mirada es una página escrita con gusto, inteligencia y sentido del humor. En ella hallarán reflexión y pasión, tesoros escondidos y obras indispensables analizadas con buen tino. Todo ello escrito con el estilo depurado, absolutamente distintivo y siempre con un punto de vista insólito, de su artífice, Jero. No se lo pierdan, es el mejor blog del año. Ni se pierdan las recomendaciones que El Pequeño Misántropo les acaba de hacer desde aquí. Que tengan un buen año en El País de los Sueños, ya que el viejo axioma “Virgencita, que me quede como estoy” ya no nos vale.

jueves 30 de diciembre de 2010

Villagers: Becoming a Jackal

Villagers son el grupo fantasma del ex-The Immediate Conor O’Brien. Debuta con Becoming a Jackal, un larga duración en el que el irlandés en realidad se encarga de todos los instrumentos. Un trabajo que se sustenta en la excelente calidad de una única canción, Pieces, escondida en la penúltima posición del disco. En ella el cantante y multiinstrumentista aúlla transformado literalmente en el chacal al que hace referencia el título y ofrece una interpretación intensísima y cargada de emoción. El resto del álbum, tras lanzar un par de singles so-so, que se dice, le queda todo como muy intimista y muy sentido y muy doliente y tal, pero va a tener que esforzarse bastante más para exceder la mera curiosidad. En el Reino Unido, que son la mar de molones, ya lo han encumbrado como la próxima sensación indie, lo han nominado para el Mercury Prize y la prensa seria se hace gaseosa regalándole estrellas en sus críticas. No es para tanto, pero escuchen Pieces, que para eso he puesto el enlace, y luego me cuentan.

Calificación: 2

Klaus & Kinski: Tierra Trágalos

Klaus & Kinski son un ecléctico duo murciano auspiciado por Alejandro Martínez, quien aprovecha para dar rienda suelta a su habilidad como multiinstrumentista y a su gusto por los aparatejos tecnológicos en composiciones que igual echan mano de la canción popular española y el bolero, como del charlestón y la música de baile. Su segundo LP es Tierra Trágalos, un trabajo embargado de un saludable espíritu do-it-yourself en el que Martínez y la vocalista, Marina Gómez, se envuelven en un disfraz para cada canción, ya sea folk acústico, bossa nova o electrónica discotequera. Sería divertido si no fuera porque el empacho de estilos se acaba haciendo indigesto, y porque sus costumbristas observaciones apenas se hacen oir a causa de esa fastidiosa querencia de la música patria por las voces femeninas de gatita constipada importadas del pop ye-yé francófono. Sin embargo cuando Klaus & Kinski dan en el clavo, como es en el caso de Mamá no Quiero Ir al Colegio, nos regalan una melodía que es capaz de fundir el adamantium en la que la frágil voz de Gómez susurra la demoledora letra ajustándose a ella como un guante de seda forjado en hierro.

Calificación: 1

Maga: A la Hora del Sol

El trio sevillano Maga presentan su cuarto album con nuevo batería y en nueva discográfica. Lo suyo es el pop-rock exquisito en la línea de bandas británicas de indie ochentero como Felt y los primeros Smiths, y otras más recientes como The Pains of Being Pure at Heart y Official Secrets Act. Melodías intensas y letras poéticas que en cierto modo los presentan como unos Golpes Bajos del siglo XXI, con su sonido basado en las guitarras en lugar de los teclados. A pesar de algún resbalón como Último Mar, una canción perdida en su ambición, Maga han conseguido con A la Hora del Sol una colección de tonadas melancólicas que los ponen en la primera fila del panorama nacional. Temas como el single de presentacion, Sal y Otras Historias, y Silencio, un clásico que describe de manera metafórica un paso de la Semana Santa andaluza, y que ya goza de una versión por The New Raemon, con quien les unen lazos de amistad y colaboración. Es en números como estos, cuando se dejan llevar por el instinto sin pretensiones, en los que se encuentran los Maga más acertados.

Calificación: 3

Standstill: Adelante Bonaparte

Los barceloneses Standstill han evolucionado desde sus primeras propuestas de post-hardcore cantadas en inglés hasta este triple EP, Adelante Bonaparte, un trabajo conceptual con el que relatan la crónica de una relación desde su inicio hasta su desenlace. Joyitas pop como la que dan título al disco aparte, se trata de un trabajo arriesgado y experimental que requiere un esfuerzo consciente por parte del oyente, pero que reporta grandes satisfacciones. Densos ambientes musicales montados alrededor de las letras y la voz de Enric Montefusco, quien también dirige Rooom, el espectáculo escénico que presenta Adelante Bonaparte y que Standstill están presentando ahora mismo en directo por toda España. Acústico, orquestado, con toques de electrónica y algunos samplers, mezcolanza de elementos que lo hacen rozar a veces lo progresivo, Adelante Bonaparte recuerda poderosamente a The Hour of Bewilderbeast el rompedor debut de Badly Drawn Boy interpretado por los Radiohead más esotéricos. Un sugestivo disco que traza un difícil equilibrio entre la sensibilidad y la pretenciosidad, del que finalmente Standstill consiguen salen airosos, aunque tal vez resulte demasiado ambicioso para su propio bien.

Calificación: 3

Tachenko: Os Reís Porque Sois Jóvenes

Tachenko nacieron de la escisión del grupo zaragozano El Niño Gusano, y desde 2004 han publicado cuatro discos con los que se han labrado una sólida reputación en directo. Mucho se ha criticado su nuevo trabajo, Os Reís Porque Sois Jóvenes, debido a la dulcificación de su sonido y su mayor riqueza de arreglos. Tachenko han madurado y a través de este último título parecen señalar a aquellos que vayan a renegar de ellos por haber evolucionado hacia propuestas más elaboradas. El suyo es un pop-rock guitarrero al que esta producción un tanto plana no hace justicia, le resta fuerza y hace sonar apagado. Escapatoria es el single de adelanto con un estribillo abiertamente comercial. Tras él, Compañeros del Metal y Las Flores del Mal ofrecen grandes melodías sin renunciar al ruido, y con El Respland’Or y Vámonos regresan los himnos indie pegadizos llenos de bonitos punteos. La limpieza de temas como La Resistencia, El Peligro y Tírame a un Volcán, aupados sobre delicadas cuerdas, son otros de los hallazgos de Os Reís Porque Sois Jóvenes. Lo que Tachenko han perdido en urgencia lo han ganado en reflexión, profundidad y matices. Tachenko tienen una visión, y es llegar al público de Pereza sin renunciar a su personalidad.

Calificación: 3

miércoles 29 de diciembre de 2010

Un Dios Entre Nosotros

Aprovechando que parte del planeta celebra que el hijo de (un) Dios acaba de nacer, es el momento oportuno para echarle un vistazo a Un Dios Entre Nosotros, la muy estimable obra de John Arcudi (AIDP) y Peter Snejbjerg (Starman) recién editada por Norma. Cuenta la historia de Eric, un ser humano sencillo, alegre, con sentido de la justicia y muy unido a su hermano y a su mejor amigo. Un día es bendecido y maldecido a la vez con don. Poco importa cómo o por qué, pero Eric consigue unos poderes casi ilimitados. Un Dios Entre Nosotros supone una mirada realista al mito de Superman y a las consecuencias en la psique de un hombre corriente cuando se da cuenta de que puede hacer cualquier cosa. El protagonista pasa de querer ayudar a todo el mundo, a sentirse alienado y finalmente, como el Doctor Manhattan de Watchmen, a verse totalmente falto de empatía y de emociones. Se da cuenta de que, como al Dios del Antiguo Testamento, lo temen más que lo aman, y de que, al igual que sucede con Yahvé, lo unico que interesa a los humanos es que este “dios” esté de su lado.

El dibujo de Peter Snejbjerg posee unas profundas influencias de Richard Corben que le sientan muy bien al ambiente de esta novela gráfica. A veces tiene unos dejes que recuerdan a la etapa underground del artista de Kansas, otras, apoyado en el color de Bjarne Hansen, se aproxima más a sus últimos trabajos. El dibujante realiza un gran trabajo con la evolución física de cada personaje para reflejar así su peripecia interior. En especial el protagonista pasa de ser un surfero, a asemejarse al Jesucristo de la Sábana Santa, y terminar como un sintecho similar al Thor hippioso y un tanto desquiciado de los Ultimates. Unas ilustraciones que en varios momentos se refieren tanto a la iconografía cristiana tradicional, como traen a la mente las poderosas viñetas dibujadas por Corben para Banner, su colaboración con Brian Azzarello para el personaje de Hulk.

El guión de John Arcudi se desarrolla a través de una interesante estructura narrativa plena de flashbacks dentro de flashbacks y de incursiones al interior de la mente de los personajes, tejiendo un rico tapiz de secundarios y tramas auxiliares. Tras la vuelta de tuerca a la vieja máxima de que "todo gran poder conlleva una gran responsabilidad", la historia se desliza en su segunda parte por un desparrame de destripamientos y destrucción altamente explícitos, con lo que pierde un poco la perspectiva. De nuevo trae a la mente el Banner de Corben y Azzarello al mostrar las abrumadoras consecuencias de los actos del supuesto superhéroe en páginas desatadas de ultraviolencia hiperrealista. Aún siendo un comic recomendable, Un Dios Entre Nosotros resulta un tanto fallido. Es un trabajo tan ambicioso que el anticlimático final con el que se pretende la reflexión del lector queda demasiado frío, y su esforzada profundidad filosófica queda definitivamente tan dispersa que deja la impresión de que el autor ha abarcado más de lo que podía apretar.

Calificación: 3

martes 28 de diciembre de 2010

La Distancia, la última obra maestra de Bastien Vivès

Ha sido un acierto por parte de Diábolo el hacer una edición casi simultánea con la francesa de la última obra maestra de Bastien Vivès, que llega así justo a tiempo de colarse merecidamente en todas las listas de lo mejor del año. En ella el joven artista se despoja de todo ropaje para confiar en la expresividad de su trazo, más basado que nunca en las ilustraciones de Aubrey Beardsley. En una página blanquísima, sin color y sin textos, sin adornos casi, Vivès cuenta exclusivamente con imágenes una historia llena de matices simplemente a través de la fina línea de su rotulador. En La Distancia conocemos a un chico que viaja en metro. En una de las estaciones entra una chica y se sienta delante de él. Ausente a todo, ella se aislará de lo que la rodea con unos auriculares y enviando mensajes con su móvil uno tras otro. Los pasajeros suben y bajan en un constante fluir del paisaje, pero él no le quitará ojo pasando de la curiosidad inicial a la pura devoción y finalmente a la más absoluta falta de esperanza. Ella se muerde las uñas distraída, juega con su cabello, sonríe al recibir un SMS. Él expresa con cada gesto toda la gama de emociones, intenta disimular, se retuerce incómodo. La Distancia es un relato costumbrista del mundo moderno, con la elegancia y la brillantez de la Nouvelle Vague cinematográfica, de la que Vivès toma sus encuadres y sus sabios movimientos de cámara. A lo largo de sus 96 páginas tiene momentos memorables, como los intentos del chico por ver lo que ella escribe con el móvil, las viñetas enmarañadas que reflejan la confusión del espectador y, sobre todo, el instante en el que ella llega por fin a su parada, alargado durante seis páginas, en las que el lector adivina cómo el chico duda entre decirle algo, bajarse con ella o resignarse a perderla de vista para siempre. A este respecto es demoledora la recta final del comic, con el protagonista sentado con la mirada perdida mirando al frente durante veinte planchas y haciendo que como lectores nos enfrentemos a nuestros propios pensamientos. ¿Se ha girado realmente ella a mirarlo? ¿Lo hemos imaginado o es lo que deseábamos? Una sinfonía de sensaciones con una puesta en escena que rememora los espectáculos de la compañía del célebre mimo Lindsay Kemp y que lleva definitivamente a golpearnos con la dura realidad a la que quiere exponernos Vivès. Vivimos en un mundo virtual, en el que el aislamiento nos lleva a tener vidas imaginarias en lugar de atrevernos a experimentarlas en el plano real. La Distancia es una alegoría sobre la falta de comunicación y así el viaje en el vagón del metro se convierte en un paso fugaz y sin sentido por la existencia que nos deja fríos y vacíos. Sin duda el trabajo más intenso de Bastien Vivès, y con el que consigue sus mejores resultados, La Distancia es un relato rico en lecturas con el que un genio alcanza la plenitud de su maestría narrativa para ir más allá del puro deleite estético. No podrá dejar de leerlo. Y cuando acabe, volverá a empezar otra vez.

Calificación: 5

lunes 27 de diciembre de 2010

Un Cuento de Navidad

- Treinta de diesel en el surtidor tres, por favor.
Miro al dependiente de la gasolinera a través de la mampara que lo encierra en su cubículo y le tiendo un billete mientras le indico dónde está mi coche con un gesto de cabeza. Me giro para saludarla con la mano. Ella me sonríe, pero no parece contenta. El dependiente me mira, mira al coche, me da el cambio y cierra la ventanilla. Durante el tiempo que tengo la manguera introducida en el depósito, el dependiente sigue mirándome sin quitarme ojo. Acabo la operación y me siento frente al volante.
- Me he manchado las manos de gasolina - le digo - ¿Tienes un pañuelito de papel?
- Ya sabes que no - me contesta con voz cansada.
- No estoy tan seguro. Las mujeres siempre lleváis de todo en el bolso - respondo animado.
Enfilamos la autovía de salida de la ciudad. La carretera se oscurece y el paisaje urbano va dejando paso a los apartamentos costeros y los setos descuidados. Ella mira a través del retrovisor con la mirada petrificada como una estatua de mármol. Esta Nochevieja, como todos los años, hemos cenado fuera con unos amigos. Durante el trayecto de vuelta a casa dejo vagar la mente haciendo balance.
- Otro año juntos - le digo por fin.
- ¿Te refieres al que acaba o al que empieza? - pregunta con un suspiro sin mirarme.
- Prefiero pensar que es el que empieza. Me gusta mirar las cosas con optimismo. Nos quedan tantas cosas por hacer... ¿No crees?
Por un instante ella no contesta. Como acostumbra, roza con sus dedos el dorso de mi mano sobre la palanca de cambios. Está congelada. Luego deja descansar su mano sobre mi rodilla. A través de la tela del pantalón puedo sentir su carne gélida.
- ¿Tienes frío? - le pregunto -. Puedo subir la calefacción si quieres.
- ¿Te hubiera gustado tener hijos? - me dice de pronto como si respondiera ahora a mi pregunta de antes.
- Claro que sí - le digo con rotundidad. Ella parece perpleja un momento.
- Jamás me lo habías dicho.
- Pues ya lo sabes. Todavía estamos a tiempo - le advierto casi bromeando.
- No digas eso. Sabes que es imposible.
El silencio se extiende como humo pegajoso por el habitáculo del coche. Pongo la radio y una música dulce y anestésica suena bajita a través de los altavoces. Empiezo a tararear.
- Qué canción más triste - dice ella -. Podrías cambiar de emisora.
Me dispongo a hacerlo, pero ella me interrumpe con su mano helada. Tiene el rostro crispado.
- Ten cuidado - me dice con voz queda -. Ese coche de la izquierda va a querer tomar la próxima salida y se te va a cruzar por delante.
- No te preocupes - contesto con calma -. Ahora conduzco yo y no va a pasar nada.
Efectivamente, como cada Nochevieja el coche da un volantazo y me aborda por mi lado. Lo atravieso limpiamente y se desvanece en el aire.
- ¿Ves? - le digo -. No ha pasado nada. Nunca pasa nada.
Me giro hacia ella, pero ya no está. Ha vuelto a desaparecer. Nunca consigo que se quede más allá. Nunca llega a acompañarme hasta casa. Sigue quedándose en el mismo cruce cada año. Dos minutos después estoy abriendo la puerta de mi casa. Está a oscuras, en silencio. Nadie ha puesto en marcha las luces del árbol. Suelto las llaves en cualquier sitio y me doy una vuelta por las habitaciones en penumbra. Como todos los años también, vuelvo a seguir el mismo ritual. Preparo una infusión y dos pastillas, meto en el DVD Love Actually y me siento en el sofá a verla. Es nuestra película favorita. Ella se ha acurrucado a mi lado envuelta en una manta y se abraza a mí buscando mi calor. Reflejado en la pantalla del televisor veo mi rostro cubierto de cicatrices. Superpuesto sobre él, Billy Nighy intenta infructuosamente grabar una vieja canción de los Troggs, pero una y otra vez se equivoca en la misma parte. Es una secuencia que siempre nos hace reír. Reímos juntos hasta que se nos saltan las lágrimas.

domingo 26 de diciembre de 2010

Mis canciones de 2010

Amables lectores: Tal vez recuerden que en alguna otra ocasión les he hablado de una pequeña tradición que llevo a cabo por estas fechas. Me gusta realizar una recopilación con las canciones que más me han emocionado durante el año y con ellas confecciono un CD que por Navidad regalo a mis (escasos) familiares y mis (más escasos aún) amigos. Son canciones que no tienen por qué haber aparecido durante los últimos doce meses, en muchos casos así será, en muchos otros no, pero sí que son las que, por un motivo u otro, más han sonado en mi casa. Quisiera volver a compartir con todos ustedes mi selección de este año. 2010 en 80 minutos:

GUILLEMOTS: Little Bear. Porque tenía que haberla incluido hace ya tiempo. Por esa cinematográfica sección de cuerda. Por la melancolía del tema y la fragilidad de la voz. Porque es una obertura inmejorable para cualquier recopilación.

BAND OF HORSES: Factory. Por los arreglos orquestales, otra vez. Por el escalofrío que me producen las armonías vocales. Por el crescendo en el estribillo. Porque es mi canción del año.

ANGUS & JULIA STONE: Here We Go Again. Por la riqueza acústica de sus guitarras. Por la aniñada voz, casi musitada, de Julia Stone. Por la forma en que pronuncia cada "oh-oh".

BISHOP ALLEN: Click Click Click Click: Por su ingenuidad. Porque el cantante parece tan feliz que consigue que yo lo sea.

COEUR DE PIRATE: Comme des Enfants. Porque el género de la cantautora nu-folk un poco excéntica sentada ante un piano no parece agotado todavía y esta es la muestra.

FANFARLO: The Walls Are Coming Down. Porque es el ejemplo de cómo construir una canción épica sin resultar excesivo. Por los arreglos instrumentales inusitados. Porque se me quedó colgando el año pasado.

EDWARD SHARPE & THE MAGNETIC ZEROS: Home. Por el bombo a ritmo de marcha. Porque cada vez que la escucho por los auriculares caminando por la calle, acabo andando de forma diferente. Porque es la única canción en la que soporto los silbiditos. Porque es también una refugiada de 2009.

LOVE OF LESBIAN: Club de Fans de John Boy. Por ese descacharrante inicio en la letra. Porque, por algún motivo que se me escapa, me recuerda a Ziggy Stardust de David Bowie.

I AM KLOOT: Proof. Porque es una canción adulta de despecho, renuncia y asunción. Porque concita el irremediable hecho madurar y a la vez seguir siendo Peter Pan en el interior.

CHERRY GHOST: Kissing Strangers. Porque me pone un nudo en la garganta hasta que me rompe el corazón. ¿Hay mejor motivo?

ELLOS: Mientes. Por la letra. Por el estribillo. Por la forma alegre barnizando el tono amargo. Porque es perfecta.

SARAH BLASKO: We Won't Run. Porque este es mi concepto de una canción comercial, concisa e inmediata. De las que me hacen cimbrear las caderas y chasquear los dedos.

TEENAGE FANCLUB: Baby Lee. Porque es una canción arquetípica de los Fannies, todo estribillo y maestría. Por las guitarras, qué guitarras.

EL INQUIETO ROQUE: Daño Colateral. Porque desde que la escuché a principios de año se convirtió en una de mis favoritas. Porque su disco está lleno de canciones como esta. Grandes letras, grandes voces, grandes pianos, grandes guitarras, grandes melodías en definitiva. No se le puede pedir más.

LUCKY SOUL: Whoa Billy. Porque mezcla la new wave, el glam y las Supremes en una sola canción. Porque tienen unas cuantas más como esta.

BLITZEN TRAPPER: Dragon's Song. Porque cada vez que la escucho me recuerda a algo y no sé qué es, pero me encanta. Por las campanitas y los "oh-oh-oh" del estribillo.

1973: Simple Song for a Complicated Girl. Porque es una rodaja de sunshine pop optimista y tiene una instrumentación tan cálida que reconforta tanto como un vaso de leche con colacao.

NATALIE MERCHANT: The Dancing Bear. Porque en ella la ex-10,000 Maniacs da una lección de cómo se construye una canción. Porque siempre se me hace corta y cuando acaba el corazón me va a mil por hora.

SIDONIE: En Mi Garganta. Porque hay cierta jovencita que está encantada con el último disco de Sidonie y hubiera redactado esta lista exclusivamente con sus canciones. Pero yo sólo incluiré una. Política de la empresa.

THE TEMPER TRAP: Sweet Disposition. Porque en sí sola reune toda la gama de emociones. Me hace vibrar, me entristece, me llena de esperanza, me desgarra y me hace sonreir. Porque es un final perfecto.

sábado 25 de diciembre de 2010

Love Affair (x 3)

A poco que ustedes se hayan dado una vuelta por este barrio habrán caido en la cuenta de que el que esto suscribe se derrite por una buena comedia romántica, ese género en el que, durante un tiempo, Meg Ryan y Tom Hanks fueron los reyes. Seguramente conocerán Sleepless in Seattle, un largometraje que por estos pagos se llamó Algo para Recordar. En ella se homenajea a una película por la que los protagonistas sienten verdadera pasión. Varias secuencias de ella son utilizadas con gran efecto a lo largo de la trama e incluso Hanks y Ryan tienen una cita en el último piso del famoso Empire State Building replicando uno de los momentos más memorables de ese film. Estoy hablando, ustedes que son gente instruída ya lo tendrán claro, de A Love Affair, titulada en España en un alarde de originalidad, Tú y Yo.

Se trata de uno de esos cuentos de hadas con inevitable final feliz en el que los protagonistas se quedan perpetuados para siempre en el éxtasis del The End. Una bonita e irreal historia de amor igual a la que a todos nos gustaría vivir, pero que sabemos perfectamente que no existe. Qué demonios, hoy es Navidad y se nos permite soñar aunque sólo sea por un día. En enero ya vendrá la subida de la luz y la reforma laboral. En este día podemos creer que un ocioso playboy que jamás ha dado un palo al agua, un vividor con una dudosa reputación que está a punto de casarse con la hija de un magnate de la construcción, conozca en un crucero de lujo a una seductora ex-cantante de night-club a su vez comprometida con un importante hombre de negocios. Podemos fantasear con que el irrefrenable romance surja y que a partir de ahí haya una divertidísima comedia plagada de ingenioso sentido del humor, inteligente ironía y elegancia hasta para discutir y romperse el corazón.

Ambos protagonistas pasan el crucero siendo la comidilla de todo el barco, conscientes de que cada uno tiene a alguien que le espera a su vuelta. Acostumbrados a una vida de lujos, romper con todo e irse juntos supondría empezar una vida humilde y abandonar todo a lo que están acostumbrados. Incapaces de confiar en sí mismos, hacen el pacto de verse al cabo de medio año en la cima del Empire State Building, entonces el edificio más alto del mundo, lo más cercano al cielo, para ver si siguen sintiendo lo mismo. Si ella podría renunciar a las comodidades y si él podría encontrar un trabajo y llevar una vida sencilla. Ambos rompen sus compromisos. Ella vuelve a cantar y da clases de música en un colegio infantil. Él intenta vender sus cuadros mientras se gana la vida como pintor de brocha gorda. En la segunda mitad de la película la comedia cede paso ante el drama sentimental terriblemente romántico.

El día de la cita ella, ciega de felicidad, es atropellada cuando corría mirando hacia donde él la espera. Él, sin saber lo que ha pasado, aguarda hasta la medianoche bajo la lluvia. Cuando se da cuenta de que no va a acudir, se marcha despechado. Tiempo después se reencuentran en un teatro, pero él no se da cuenta de que ella está en una silla de ruedas. En Nochebuena él averigua su dirección y va a verla a su apartamento dispuesto a hacerle todo tipo de reproches. Es una conversación final brillantísima en la que se intercambian los papeles. Él le cuenta sutilmente cómo la esperó y ella se da cuenta de su desesperación. Afloran las emociones y le suplica que no le haga preguntas. Él ya está en la puerta, dispuesto a marcharse. Entonces se vuelve y comienza a parlotear abriendo puertas. Todo lo que dice es un pretexto para seguir investigando. Había pintado un cuadro de ella, pero su marchante se lo regaló a una mujer que pareció muy interesada en él. Una mujer que estaba... Y entonces abre la puerta final y ve la silla de ruedas.

Llámenme nenaza. Esa última secuencia siempre consigue hacerme llorar. Al final, lo más desarbolante es que vuelven a estar juntos y eso es la felicidad. Tan irreal que es hermoso. O tan hermoso que es irreal. Tú y Yo se convierte en esos diez minutos en un clásico del cine navideño con exceso de villancicos y abuso de coro de niños cantores. Love Affair se estrenó en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne en los papeles protagonistas. Dos intérpretes que consiguen hacer de ella una comedia elegante de diálogos maravillosos con la constante cháchara del recién estrenado cine sonoro. En ella, Boyer aparece distante y excesivamente pagado de sí mismo. Está penoso con su mono y su gorrita de pintor, y como conquistador no hay quien se lo crea.

Irene Dunne, sin embargo, se come la película. Es una delicia todo hoyuelos y naricilla respingona. Cada gesto suyo, cada mirada, es un encanto de seducción. Llegamos a creer que hasta la últma frase que dice es realmente suya, que ese ingenio y ese descaro le pertenecen de verdad. Parece la reina Ginebra dibujada por Harold Foster. Basa su actuación en su mirada, en su sonrisa, en pequeños gestos con los que transmite todo un rango de emociones. Es imposible no enamorarse de cómo le toma el pelo a Boyer, de cómo se ríe de él. Mientras que Charles Boyer es patoso, Irene Dunne es pura magia. Sabe hacer de cada secuencia crucial momentos álgidos del cine con su interpretación. La separación al atracar el barco en el puerto, el reencuentro en el teatro y el desenlace en Nochebuena son absolutamente deliciosos en su contención expresiva y a la vez cargada de emotividad.

En 1957 se realizó un remake titulado An Affair to Remember con Cary Grant y Deborah Kerr esta vez en los papeles principales. Esta es considerada la versión clásica. Refleja fotograma por fotograma la versión de 1939, y los diálogos son prácticamente iguales. Aquí es Grant el que está encantador, perfecto en su papel de caradura entre la timidez y la desvergüenza, como un niño pillado en una travesura, que sabe hacer inocua su absoluta falta de moralidad. Deborah Kerr, sin embargo, resulta demasiado fría, le falta chispa, picardía y atractivo. Sería un papel notable si no fuera porque ante la elegancia de Irene Dunne se la ve lejos de alcanzar la perfección. El tono de comedia está suavizado y reposa sobre la vis cómica de Cary Grant, que sabe interpretar con un sólo movimiento de manos. Con ellas expresa desesperación, duda, impotencia... Aunque también esté ridículo vestido de pintor y vuelva a haber exceso de canturreo.

No se vayan todavía, que aún hay más. Warren Beatty y Annette Bening recrearon la historia en 1994 llamándola esta vez Love Affair. En ella mi idolatrada en todos los sentidos Katherine Hepburn interpretaría su último papel. Desgraciadamente, a la historia clásica el barniz de la modernización le sienta fatal. La nueva situación y los nuevos diálogos hacen que pierda todo el humor. Ya no es una comedia ni es romántica. La primera parte es lenta, aburrida y pierde todo su encanto. Beatty está pésimo y su cara acartonada por la cirugía no le ayuda lo más mínimo. Pasados sus años de esplendor, es un personaje casi ridículo. Pero, ah, Annette Bening está elegantísima en una interpretación distanciada, ingenua y un tanto desconcertada. A pesar de su estética de telefilm, la película sigue teniendo momentos demoledores porque una historia así es capaz de poner la piel de gallina hasta al gallo Claudio. Y en la secuencia final, aunque la interprete Warren Beatty, es en cierto modo la pareja en la que mejor funciona la química. Si alguna vez tropiezan con una de estas versiones, compren una caja de kleenex y no se la pierdan, que estamos en las fechas adecuadas.

Calificación: 1939: 5, 1957: 4, 1994: 1

viernes 24 de diciembre de 2010

El e-Spirit-u de la Navidad

Está dentro del ADN de los norteamericanos. Aquí cualquier artista graba un villancico y las carcajadas se oyen hasta en Pernambuco. Allí, sin embargo, no hay músico medianamente importante que no haya intentado colar alguna grabación de Navidad en su haber. De Frank Sinatra a Bruce Springsteen. Claro, lo más cercano que tenemos nosotros es El Pequeño Tamborilero de Raphael, y tampoco es eso. Es el Espíritu Navideño. Les encanta. Cuántas películas se ruedan ex-profeso para estas fechas.

Hablando de espíritus, decíamos ayer como Fray Luis de León al volver a su cátedra tras cinco años en la cárcel, que The Spirit se encuentra en mi podium personal de obras maestras del noveno arte. Todos los comics clásicos, los que empezaron publicándose en los periódicos, deslizaban su pertinente mensaje de felicitación en la tira o página dominical de ese día. Will Eisner, curiosamente un artista judío, le tenía un especial cariño a las historietas que por Navidad realizaba para The Spirit, llegando a convertirse en una tradición que sólo se interrumpiría con su llamada a filas.

La obra magna de Eisner siempre ha sido un vademecum de estilos: género negro, humor, ciencia-ficción, poesía, surrealismo, metalenguaje... Nada se escapaba a la incisiva mirada de Eisner. En sus páginas navideñas el artista aprovechaba para destilar un compendio de todo lo que pretendía hacer en el comic, experimentar con el lenguaje y con la estructura de página. Empleando diferentes estilos narrativos, muchas veces agazapado tras altas dosis de ironía, el maestro dejaba siempre un mensaje de esperanza y fe en el ser humano.

Tanto cariño sentía Eisner por este tipo de historias que no sólo las realizó cada año desde el comienzo del personaje en 1940, sino que la primera historia que dibujó al volver a él tras pasar tres años y medio en el frente de la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente la correspondiente a la Navidad de 1945. Publicada el 23 de diciembre de ese mismo año, The Christmas Spirit: Horton J. Winklenod retoma una tradición que sus continuadores habían olvidado durante el periodo de guerra. Con estas siete páginas Eisner no sólo vuelve a su creación, sino que la reclama como propia.

En aquel momento The Spirit se encontraba muy alejado de lo que había sido en un principio. El estilo de dibujo de Lou Fine era totalmente diferente al de su creador, el fino sentido del humor de los guiones de Eisner parecía olvidado y Fine utilizaba composiciones de página arbitrarias con nulo sentido narrativo. Se habían perdido las maravillosas splash-pages que habían caracterizado al personaje. Toda la audacia y la experimentación se habían marchado por el desagüe para dar forma a un producto digno, sí, pero sin ambición.

Cuando la historieta de esa Navidad comienza con el "Érase una vez" de los cuentos el lector sabe que Eisner va a utilizar uno de sus recursos favoritos: la fábula. Esa primera página es una maravilla compositiva y de narración. Con un sólo vistazo no sólo se muestra una rompedora viñeta que tiene la forma de un viejo álbum de estampas, sino que también se cuenta cómo The Spirit y su ayudante Ebony han colgado sus calcetines sobre la hoguera esperando el regalo de Papá Noel. Estamos en Navidad y los personajes están inmersos en su espíritu.

El protagonista es un multimillonario presentado como un hombrecillo simpático que no ha olvidado los sentimientos y que se ve minúsculo, casi ridículo, en un sillón que parece un trono. Es controlado por los tiburones de sus empresas que le desvelan que Santa Claus no existe. El rico millonario es todavía un niño en su corazón, y ese corazón queda roto por la dura realidad. Incapaz de asumirlo, renuncia a sus posesiones y desaparece. El comisario de policía Dolan tendrá que investigar esa ausencia.

La historia está llena de estereotipos entre el humor absurdo y el cine de buenos sentimientos de Frank Capra que está siempre tras cada uno de los comics navideños de Eisner. En ella se cruzan rocosos ex-presidiarios de corazón blando que también acaban creyendo en Papá Noel, un Spirit que recurre a uno de sus descacharrantes disfraces y, por supuesto, el verdadero Santa Claus, que aparecerá risueño para poner a cada uno en su sitio.

Una vez más, Eisner da una lección de como se cuenta una historia. Vuelven sus espectaculares composiciones en cada viñeta y desarrolla un nuevo estilo de dibujo que ya había apuntado antes de marcharse al frente en el que sus personajes tienen rasgos menos realistas, más caricaturescos, como si fueran de goma. Característico del artista, ya empezaba a utilizar a su personaje como pretexto para contar todo tipo de historia que le apeteciese, y es significativo que Spirit no sea, como tantas veces pasará en el futuro, más que un mero espectador que sólo interviene en la última página.

Calificación: 3

jueves 23 de diciembre de 2010

Grandes Bodrios del Cine: The Spirit

Si tuviera que utilizar los dedos de una mano para enumerar mis comics favoritos, no les quepa duda de que uno de los primeros dedos estaría destinado a The Spirit de Will Eisner. Por eso es una pena y una vergüenza tan grande el que una obra de esta magnitud se vea tan mal servida por una adaptación cinematográfica tan infame. Varias veces había intentado ver la película que en 2008 escribió y dirigió Frank Miller para su eterna condenación en el infierno de los sinsentidos, pero jamás conseguí pasar del minuto diez. Tenía que hacerlo, sin embargo. Tenía que verla. No saben lo que me ha costado.

Parte del problema es que captar la inagotable diversidad de la obra de Eisner en un film de hora y media es una tarea imposible. Sin embargo, tampoco era necesario llevar a cabo un engendro tan distante del original. Salvo algún perdido guiño a los momentos más disparatados del comic, el trabajo de Miller no tiene nada que ver con el Spirit de Eisner. Tal vez el director crea que porque menciona la Avenida Dropsie, pasa la cámara sobre una alcantarilla rememorando una famosa splash-page, y replica el inicio de la historia de Plaster de París, está demostrando que conoce el material que maneja. Lo único que consigue con esto es acentuar su falta de respeto. Los títulos de inicio superheroicos dan idea de que el director anda muy desorientado, y los créditos de cierre, dibujados por el propio Miller en lugar de presentar ilustraciones de Eisner, son el insulto final.

El guión utiliza la historia de Sand Saref para dotar al protagonista de un origen y, de paso, confiere a la protagonista femenina de las características de P'Gell, un personaje mucho más conocido. Pero la humanidad, el humor, la ironía, la profundidad y la inteligencia de la obra original se convierten aquí en un disparate aburrido protagonizado por una especie de Lobezno irrompible con factor curativo. Lo que pretende ser humorístico resulta ridículo e incomprensible. A la hora de acceder a caracteres relevantes, parece que Miller quisiera hacer un catálogo apresurado de todas las mujeres que aparecen en The Spirit. No ha tenido valor, sin embargo, para aventurarse con el políticamente incorrecto Ebony. El comisario Dolan, por su parte, queda totalmente desdibujado como un mero jefe cascarrabias tópico.

El problema mayor es que, independientemente de su origen, The Spirit es una mala película. Lenta, aburrida y llena de absurdos, parece una segunda parte de Sin City. Una modernización que le sienta como un tiro en el pie, con una estética de plástico que tampoco le hace ningún bien. El recurso al monólogo interior y la puesta en escena remiten a la anterior película de Miller una y otra vez, pero el discurso del protagonista resulta obsesivo, monotemático y se hace pronto irritante. Los diálogos son penosos, de vergüenza ajena, no pueden diferenciarse más de los maravillosos guiones de Eisner. Ni una sola frase sale de los comics, sino que todas y cada una de ellas son un puro disparate. Los escenarios, interpretaciones y luchas teatrales parecen tener una intención paródica, pero tampoco funcionan. Cada elemento podría haber sido transpuesto a Sin City y no hubiera habido diferencia.

Miller quiere hacer de cada secuencia una construcción llamativa, pero el resultado no es más que un despliegue de imágenes raras. Ensaya una mezcla de cine negro, superheroico y humorístico, y falla en todos. Llega un momento en que el argumento deja de tener importancia entre tanto diálogo estúpido y se convierte en una tortura plagada de personajes que funcionan como idiotas. Uno desea que acabe cuanto antes, pero ese final con una ensalada de tiros está también de todo punto fuera de lugar. Le habían prometido a Eisner que harían una adaptación fiel y respetuosa de su creación. Tuvieron que esperar a que falleciera para perpetrar esto. ¿Tan mal le sentó a Miller que Eisner le cantara las cuarenta en aquel libro de entrevistas? Sin duda los ejecutivos de la productora no tenían ni idea de qué trataba The Spirit y pensaron que bastaba con el nombre de Miller para atraer al público. No todos los comics son susceptibles de ser adaptados a la gran pantalla, y es mejor que sea así.

Calificación: 0

miércoles 22 de diciembre de 2010

M Clan se resisten a Ver el Final

Carlos Tarque es un excelente cantante. Tal vez un poco anquilosado, sí, quizá carente de registros más sutiles, pero tiene una de las voces más potentes del panorama nacional, y nadie cuestiona que es uno de los frontmen más poderosos que hay en la actualidad en nuestro país. Junto a Ricardo Ruipérez lleva pateándose los escenarios desde 1995 y sacando el tipo de discos que nadie es capaz de hacer en España. Con Para No Ver el Final, M Clan ven su formación totalmente rehecha y afrontan su noveno disco con una actitud renovada. Atrás queda el pop-rock costumbrista de trabajos como Sopa Fría en el que llegaban a sonar como The Kinks de finales de los sesenta. M Clan han recuperado la dureza de sus primeros trabajos y se han aproximado al soul de la Stax echando mano a una sección de vientos de campanillas. Si fuera un primer trabajo, sería tremendo. Pero la falta de evolución tras quince años clavados a la fórmula y tantas grandes obras a sus espaldas hace que Para No Ver el Final quede demasiado lastrado por la superabundancia de tópicos del rock and roll. Hasta el single de encabezamiento, Me Voy a Dejar Llevar, que es un tema solvente, suena a otra de esas canciones que Tarque es capaz de hacer con el piloto automático puesto. Lleno de piezas rotundas, pero menos inmediatas que en otras ocasiones. La mejor del lote, por lo novedosa, es Ahora, un número con unos metales que recuerdan a Primal Scream en sus momentos más Stonianos. En definitiva, un disco más sucio y grasiento que sus anteriores álbumes, que destila chulería y con el que parecen habérselo pasado en grande, pero que aporta poco a su carrera.

Calificación: 3

El Destino Alcanza a Lori Meyers

Tras el excelente Cronolánea de 2008, Lori Meyers regresan con un disco de sonido más electrónico que casi podríamos calificar de steampunk. Ellos mismos se delatan con desvergüenza en el título ¿A-Ha Han Vuelto? y el teclado que puntúa toda la canción. Grabado en Los Angeles con productor de relumbrón, Cuando el Destino Nos Alcance (ya saben, el título que recibió en España aquella película de ciencia-ficción llamada originalmente Soylent Green que protagonizó Charlton Heston) sale propulsado por el single Mi Realidad, un extraordinario número con un sintetizador anclado en el pasado reciente que hace equilibrios entre el gimmick con encanto y el gancho irritante. Y es que el título del último trabajo de los granadinos parece hacer alusión a la nueva capa de barniz que cubre sus composiciones. Se han sacudido las telarañas y, sin olvidar las melodías de orfebrería pop a las que nos tenían acostumbrados, han puesto un pie en el futuro echando mano curiosamente a un aroma retro que vuelve a poner los años ochenta en el disparadero. Corazón Elocuente es una de esas canciones que hace que te hormiguee la piel, en gran parte gracias a la peculiar voz de Noni López y a su ritmo que la emparenta con la Motown. Otro himno que corre paralelo, e incluso hace un guiño a I Want You Back de The Jackson 5, es Condicional Hipotética. La mezcla de guitarras y teclados ochenteros les funciona de manera fantástica en la balada Castillos de Naipes y en el acelerón que es Rumba en Atmósfera Cero, aunque resulta menos lograda cuando se acercan a aquello que se llamó el sonido Madchester en Nuevos Tiempos, se desmadran en Religión, o se simplifican en la acústica Ventura. Con todo, Cuando el Destino Nos Alcance es un trabajo muy sólido con un puñado de canciones inolvidables que aspiran a ser singles altamente radiables. Deberían tomar Los 40 Principales al asalto.

Calificación: 4

The New Pornographers: Together

La entrega de este año del colectivo canadiense The New Pornographers es, una vez más, una delicia. Tras la magnífica revelación que fue Challengers en 2007, Together los ve de vuelta con una nueva colección de melodías exultantes cargadas de emoción. Las composiciones de Carl Newman dan forma a un album lleno de himnos tarareables como Sweet Talk Sweet Talk y Silver Jenny Dollar. Por su parte, Crash Years arranca como el You de George Harrison para que Neko Case dé una exhibición de cómo se hace una canción de pop arrebatadora, y Your Hands Together es una llamada a las armas que los muestra como una nueva versión de los Jefferson Airplane en la época de Volunteers. Las tendencias más country de la Case impregnan My Shepherd, y Dan Bejar se marca con If You Can See My Mirrors un numerito al estilo de Belle & Sebastian. Hay momentos más íntimos como la balada Valkyrie in the Roller Disco, y el apasionado We End Up Together que cierra el disco. Incluye colaboraciones de Zach Condon de Beirut, miembros de Okkervil River y la sección de viento de Sharon Jones & The Dap-Kings, que ahora parecen ser el perejil de todas las salsas. Qué bonito.

Calificación: 4

Damien Lott entra pisando fuerte

Uno de los mejores discos del año se ha colado así, como quien no quiere la cosa, al final de la temporada. Damien Lott es el alias tras el que se oculta Carlos Soler, un músico valenciano que el año pasado ofrecía su maqueta como descarga gratuíta a través de su página web. Un trabajo esquizofrénico con canciones en inglés y en español que se ha convertido en un primer disco a mitad de camino entre Revolver (Erase and Fall) y el Doble Blanco (Impersonator) con gotitas de psicodelia a lo Magical Mystery Tour (Double Mono) y una actitud a lo Radiohead pre-OK Computer (Fuego Amigo). Ninguna canción baja del notable, ya sean simpáticas piezas de aroma pastoral (Quién Soy), números pegadizos (Diluvio), o cortes que sintetizan todas estas influencias (Pascua) en los que se aproxima a los españoles Sidonie. Aún con estas referencias, el trabajo de Damien Lott es tremendamente original y no cae en ningún momento en el pastiche. Un trabajo fabuloso guiado por un cantante de voz expresiva y versátil que con su primer disco es ya un talento mayor.

Calificación: 4

martes 21 de diciembre de 2010

Sangre Sobre Satén Negro de Moench y Gulacy

El prolífico Doug Moench es uno de los guionistas más reputados dentro del medio del comic. Ha pasado por DC, donde se hizo popular por su trabajo en Batman, y por Marvel, donde se ocupó del magazine Planet of the Apes. En la misma editorial creó en los años setenta el célebre personaje de Shang-Chi junto al dibujante Paul Gulacy, aprovechando el apogeo de Bruce Lee y de las artes marciales. Shang-Chi es probablemente su creación más famosa y permitió que juntos dieran el salto a Epic, la línea más adulta de La Casa de las Ideas. Ambos autores colaboraron frecuentemente y ya en Warren se ocuparon de algunas historias de terror para su revista Eerie.

La década de los ochenta fue la época dorada de las revistas de comics en España. El editor Josep Toutain tuvo hasta tres publicaciones simultáneamente en los kioskos. 1984 estaba enfocada hacia la ciencia ficción. Creepy retomaba el aroma de los comics de terror americanos. Finalmente Ilustración + Comix Internacional era más generalista, una revista al estilo de los magazines franceses como Métal Hurlant. Aunque todo era más laxo y algunas veces las historietas incluidas no encajaban en el espíritu inaugural de la revista. Fue en Creepy donde se publicó serializada Sangre Sobre Satén Negro en nuestro país.

Creepy solía mostrar al público patrio las historietas editadas en su homónima estadounidense y en su hermana pequeña Eerie. Fue para esta última para la que Moench y Gulacy se encargaron por primera vez de Sangre Sobre Satén Negro. Más tarde Eclipse Comics la reeditó dentro de la colección Nightmares. En 36 páginas dan forma a toda una novela gráfica, término que ahora está tan en boga. Una historia que recuerda tanto a El Misterio de Salem’s Lot como a El Ángel Caído, la novela en que se basa El Corazón del Ángel, una película protagonizada por Mickey Rourke y Robert De Niro.

Un periodista en horas bajas es invitado a cubrir un festival en una pequeña y antigua localidad inglesa. Una especie de rito pagano que esconde detrás un culto de adoradores a Satán. Se conmemora un juicio por brujería acaecido en 1780, y la localidad recrea ese momento con un carnaval en el que se pierden todas las inhibiciones. El protagonista no sabe dónde se mete. El viejo brujo ejecutado vuelve de la tumba para impregnar de mal al pueblo, robar sus almas y sustituirlas por las de sus acólitos ajusticiados. Como siempre, se inicia la inevitable serie de crímenes y la locura se desata.

Así contado suena a argumento de pacotilla. A historia gótica y un tanto inocentona al estilo de las películas de la Hammer. Incluso la ambientación de cada página invita a ver asomar en cualquier momento a Christopher Lee y Peter Cushing. Es el dibujo de Gulacy lo que hace de Sangre Sobre Satén Negro algo excelso. Su estilo realista, efectivo y cinematográfico, que tan bien trabaja las sombras, trasciende el guión justito de Moench para dotarlo de magnetismo, atractivo e inquietante ambientación. Pero donde Gulacy brilla es en la divertida estética de serie de televisión ochentera de la que dota al comic, con la que recuerda descaradamente a unos relatos de misterio que ofrecía la pequeña pantalla británica por aquel entonces.

Doug Moench hace un esfuerzo por alejarse de la temática de Marvel para adentrarse en el terreno de las revistas para adultos al estilo de Epic y Aventuras Bizarras, pero cae demasiadas veces en la vieja retórica marvelita que hace de la narración algo redundante y un tanto farragoso. En su guión, precipitado e infantil en muchos casos, destacan algunas buenas ideas, pero quedan poco desarrolladas, y en otros casos cae en demasiados tópicos sepultados por frases grandilocuentes. Con el doble de páginas podría haber sido un comic magistral. Leído hace treinta años, fue hipnótico. Hoy en día está algo desfasado, pero aún así Sangre Sobre Satén Negro merecería una debida reedición para el público actual.

Calificación: 3

lunes 20 de diciembre de 2010

La canción de Navidad más bruta de la historia

- Cari, este fin de semana es Navidad.
Me lo suelta Mi Churri esta mañana nada más sonar el despertador, y por la cara que pongo sabe que me ha vuelto a pillar con los pantalones por los tobillos.
- No me digas que todavía no has comprado ningún regalo - dice sentándose de repente en la cama con un puntín de histeria en la voz.
Yo opto por un prudente silencio. No hace falta que responda, me conoce tan bien que sabe que dentro de la cabeza tengo lo mismo que Homer Simpson: un mono tocando el ukelele.
- Pues además el 25 vienen mis hermanas a comer - me anuncia.
Por su tono de voz me doy cuenta de que es algo que a estas alturas yo tendría que tener ya más que archisabido. Que es algo que me ha dicho por lo menos media docena de veces durante los últimos días. Pero yo, como siempre, o lo he olvidado, o no le presté atención mientras me lo decía y me limité a asentir con la cabeza murmurando algo así como "mmmnh", o las dos cosas. Ella continúa con las sorpresas.
- Me falta comprar el regalo de mi sobrina la mayor. El miércoles vamos al centro comercial, que quiere una cámara de fotos.
Un momento. Paso por lo de salir corriendo a comprar regalos como todos los años, paso por lo de tragarme lo del amigo invisible con sus cuñados, que siempre es una castaña como un piano, paso por lo de que su madre me regale otra vez un libro de César Vidal, paso por lo de hacer la comida para sus hermanas y su tropa de maridos e hijos, pero ¿una cámara fotográfica para una niña? ¿Eso no son más de cien euros?
- Bueno - prosigue ella mientras se levanta y comienza a vestirse, momento que yo aprovecho para darle un repaso a su culo. Jo, nunca me canso de mirarle el culo. - Y el regalo de tu padre. Pero esta mañana voy a comprarle unas zapatillas de estar por casa en la zapatería que hay camino de la tele.
La tele. ¿Recuerdan que Mi Chica es periodista de televisión? Pues eso. Así lo llama ella: la tele. Yo prefiero decir "la emisora", o "la redacción", que queda más vistoso. Pero ella no parece verle el glamour a lo que le paga las lentejas cada mes.
- A tu madre le compraré una camiseta en el mercadito - prosigue imparable -. Y de tu hermano te encargas tú, que para eso sois los dos igual de frikis. Así que ya te puedes espabilar.

Comprendo. A la sobrinita repipi que saca matrículas en todo, le cae el premio gordo, pero para mi familia basta con algo de trapillo. No protesto. Mi Churri me quita siempre los marrones de encima, me recuerda que llame a mis padres por sus cumpleaños y se pone al teléfono para decirle a mi madre que no estoy. Además me acaba de soltar un cachete en el trasero y sabe que eso siempre me hace relinchar como un semental. Me entran ganas de cogerla en volandas, meterla en la cama y mordisquarle hasta la gomita del tanga, pero me reprimo. Tenemos cosas que hacer.

Mi hermano. Se me había olvidado. Me pongo a mirar mis estanterías a ver qué le puedo empaquetar. Seguro que si le regalo mi ejemplar de En Mis Ojos de Bastien Vivès es capaz de tirármelo a la cabeza. No se lo reprocho. Mi Amorcito tiene razón, mi hermano es un frikazo del quince. Mea culpa. Seguramente preferirá un muñeco de Spawn o algo así. De repente caigo en la cuenta de que tampoco tengo nada para ella. Se abren los cielos y las doce plagas de Egipto caen sobre mi cabeza. Tengo que encontrar una salida pero ya.
- Y... ¿Que vamos a hacer de comer en Navidad? - pregunto con el más inocente y melífluo de los tonos.
- Pues Cocido de Navidad - responde ella como si fuera lo más natural del mundo - Es lo típico.
No sé si les he dicho que mi afición por la destreza culinaria de Mi Chica es inversamente proporcional a la que tengo por el resto de sus habilidades.
- Tú no has hecho cocido en tu vida, cielito - le digo -. Anda, no hagas experimentos y deja que me encargue yo de la mesa.
- Sí, claro, y que hagas una tortilla de patatas y un platito de jamón, como cuando vino mi jefe - me espeta haciéndose la ofendida.
- Y bien que le gustó. La tortilla de patatas le gusta a todo el mundo, y el jamón era del bueno - me excuso levantando las manos como si me rindiera.
- Pero eso no es muy de Navidad - me dice haciendo pucheritos. Dios, qué bien sabe lo que me ponen sus pucheritos.
- Yo había pensado hacer algo diferente. ¿Qué te parece una comida estilo japonés? Con sushi, sashimi, unos makis...
- ¿A mi familia le vas a dar tú pescao crudo? Anda, mira que eres pijo.
Ya ven, a veces todavía le bulle un resquicio de ese deje de choni barriobajera que tenía cuando la conocí en el instituto. Pero eso también tiene su puntito, no se vayan a pensar. Ella tiene esas cosas. No saben lo que la quiero y lo que me aporrea el corazón en el pecho cada vez que la veo caminar delante de mí, pero que sepan que es muy diferente a esa imagen que se hacen de ella cuando la ven asomar por la pantalla. Además, ya la tengo donde yo quería.
- Vale, no te preocupes - le digo con la mejor de mis sonrisas -. Tú te encargas el miércoles de los regalos que faltan y yo me voy al Mercadona a comprar para la comida. Ya se me ocurrirá algo.

Ella me resuelve una vez más la papeleta y yo, de paso, tengo una tarde para buscar su regalo. Eso, claro, no se lo digo. Porque mientras dejaba caer esas últimas palabras me he acordado de Slade, un grupo de glam atípico, que pasaron por mil etapas diferentes antes de cosechar el éxito de golpe y escribir singles arrasadores como churros. A partir de 1976 se convirtieron en una banda de heavy de lo más cazurro, pero antes nos dejaron un clásico de esta época festiva en la que estamos. Este gran Merry Xmas Everybody. Y en mi cabeza el mono tocando el ukelele ha sido sustituido por Noddy Holder berreando: "It's Chriiiiiistmaaaaaaas!!!" Que sean felices.

domingo 19 de diciembre de 2010

Primer

Primer es una película sobre viajes en el tiempo y paradojas temporales hecha con cuatro duros. Shane Carruth (agárrense) escribe, dirige, protagoniza, edita, monta y compone la banda sonora de este film de ciencia ficción que no lo parece en absoluto y que obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Sundance de 2004. Sus amigos y familiares interpretan al resto del reparto. Carruth se propuso hacer una película que mostrase la rutina prosaica carente de glamour que hay tras los grandes descubrimientos científicos, y acabó construyendo una complicadísima historia meticulosamente programada sobre dos compañeros de trabajo en una importante compañía tecnológica que por accidente descubren un aparato que permite desplazarse en el tiempo. Comienzan a pensar en posibles aplicaciones para venderlo, pero la tentación de usarlo en beneficio propio es demasiado grande. Empiezan especulando en bolsa y terminan usándola para intervenir en sus propias vidas. La cosa se desmadra cuando cada uno la utiliza repetidas veces por su lado, cruzándose con otros dobles suyos que a su vez también actúan por su cuenta. Unos quieren seguir adelante con los experimentos y otros quieren pararlos. El problema con Primer es que es una película terriblemente difícil en su estructura y está llena de incomprensible jerga científica. No tiene ni un fotograma espectacular, sólo despliega una compleja trama intelectual plagada de paradojas cuyo desesperante visionado puede resultar definitivamente frustrante. Pero también es una película distinta y atractiva que reporta su recompensa si se contempla con atención. Una fábula sobre el dilema moral que plantean tantos avances científicos hoy día: Si es lícito realizar todo lo posible y el mal uso que indefectiblemente acaban por recibir las buenas ideas.

Calificación: 2

sábado 18 de diciembre de 2010

Señor Mostaza tienen motivos para sonreír

Señor Mostaza lo han vuelto a hacer. Podemos Sonreír es un discazo de los que ya no se graban. Pop-rock clásico de muchos kilates en el que destacan las magníficas composiciones y la fabulosa destreza del conjunto, todos instrumentistas de primera con un juego de voces desusado. Los referentes básicos continúan siendo el Paul McCartney de Ram y los Wings, y los Beatles del Doble Blanco y de Abbey Road. Presten atención a este respecto a la canción que titula al disco en la que Eduardo Olmedo aporrea su batería como si fuese el mismísimo Ringo Starr. Pero Señor Mostaza no se quedan estancados ahí. Esta vez, además, en piezas como la sublime Historia de lo vuestro, han añadido a la mezcla los Beach Boys post-Smile y los Zombies de Odessey and Oracle. Aunque siguen dominando los teclados de Luis Prado (sí, el caballero que hay detrás de Bye Bye Ríos, la canción de despedida de Don Miguel), la apertura con Bipolaridad los muestra más enrockecidos y llegan a recordar un tanto a cuando se llamaban The Flauters. En temas como Demasiado bueno para ser real las guitarras de Paco Tamarit parecen extraídas de The End de ya-saben-quién. Suenan más potentes, más presentes. El bajo de Alejandro Climent describe melodías a la altura de los clásicos de Brian Wilson y (otra vez) Sir Macca en números como No tocaremos para ti. Un momento eterno empieza adentrándose en el terreno del cantautor a lo Billy Joel y termina con un solo de teclado a lo Supertramp. Y no arqueen una ceja, estas influencias son para bien. Mención especial para las letras de Podemos Sonreir, de lo mejorcito del panorama nacional. Como de costumbre, son demoledoramente divertidas en su uso de los elementos cotidianos para colocarlos en otro contexto y utilizarlos como ingeniosas metáforas. Ojalá pudieras ser ejemplifica su mezcla de desarmante ingenuidad con ácida ironía. Lo quieran o no, Señor Mostaza maduran. Un cuarto album inmenso. Para el próximo están pidiendo a gritos arreglos orquestales ya. Sir George Martin, última llamada.

RECTIFICACIÓN:
Como bien hace notar el propio Luis Prado en los comentarios, Eduardo Olmedo no toca la batería en la canción Podemos Sonreír, sino que es el mismo Prado quien le da a los parches. Lo que no quita para que la canción parezca salida de Abbey Road, la batería suene a Ringo Starr y Edu Olmedo sea un percusionista como la copa de un pino y lo demuestre a lo largo de ocho de los once cortes del disco.

Calificación: Señor Mostaza 4, Misántropo 0

The Black Dirt Sessions de Deer Tick

The Black Dirt Sessions es un álbum con una enrevesada gestación. Sus canciones son restos del anterior disco de Deer Tick publicado en 2008, remezcladas para la ocasión y con el añadido de nueva instrumentación. Esto no empece sin embargo el resultado final. The Black Dirt Sessions no es un compendio de descartes, sino una excelente colección de americana con raíces que, a la vez, resuena totalmente moderna. John Joseph McCauley echa toda la carne en el asador en sentidas interpretaciones como la balada Blood Moon y la letanía folkie The Sad Sun. En otros momentos se sacude de encima la melancolía para crear pequeños himnos apasionados como son Choir of Angels y Twenty Miles, y atacar con furia guitarrística temas hipnóticamente rollingstonianos como Mange y When She Comes Home. El disco se cierra con una nueva grabación de Jesus Christ, un número perteneciente a su primer trabajo, que parte el corazón. Empapado de la desnudez spectoriana (espero que les guste el oxímoron) del Carney de Leon Russell y el Plastic Ono Band de John Lennon, The Black Dirt Sessions es un álbum bañado en bourbon y cerveza, de rock crujiente, rasposo y de la vieja escuela, con los pies firmemente asentados en el siglo XXI.

Calificación: 3