martes 30 de noviembre de 2010

Glènat edita Crossed de Garth Ennis

Cómo nos gusta un buen apocalipsis. Y más si viene de nuestra propia mano. El ser humano es capaz de imaginar los mayores horrores y, cómodamente escudados en nuestro sillón, el público parece sentir una irresistible fascinanción por contemplarlos. Lo refrenda Garth Ennis, bien conocido por ser el guionista de The Boys, esa serie de caca-culo-pedo-pis que está publicando Planeta De Agostini para satisfacción de asustabuelas y fans de Marilyn Manson. Con Crossed, Ennis ha dado una nueva vuelta de tuerca y se ha sacado de la manga una historia con mucha más enjundia sobre un mundo en el que se ha extendido una epidemia estilo zombie. Los infectados dan rienda suelta a sus más bajos instintos y con salvaje alegría se dedican a destruir, torturar, violar y practicar todo tipo de barbaridades con la expresión de niños que cometen gamberradas entre carcajadas de diabólico placer, de retorcida perversión malsana.

El planteamiento no viene ex-novo. Ennis toma descaradamente la misma idea que ya presentase Warren Ellis de forma mucho más insustancial en Black Gas, y a su alrededor construye un ambiente que va más allá del visto en The Walking Dead, más extremo incluso que el de The Road, la novela de Cormac McCarthy. Si damos un paso atrás podremos localizar ecos de 28 Días Después de Danny Boyle, y retrotraernos hasta el verdadero origen, The Crazies, un largometraje de George A. Romero que vio una primera versión en 1973 y un reciente remake el año pasado. Crossed es una miniserie de 10 números publicada en los Estados Unidos por Avatar que llega ahora a nuestro país recopilada en un tomo por Glènat. En ella Ennis ha decidido poner sus eternas ganas de hacer el burro al servicio de una historia concreta, salvando la distancia que va de la parida a la provocación inteligente. Una reflexiva exhibición de atrocidades de la maldad empotrada en el alma humana en la que salen a flote las perversiones más ocultas. En cualquier otro comic, Ennis daría la impresión de estar vendiendo otra vez una nueva ración de sus obsesiones con el sexo extremo, la religión y violencia gratuita para el público más impresionable. Sin embargo estos elementos están aquí encuadrados dentro de otras situaciones sin tomar en ningún momento el papel principal, no aparecen porque sí, como en otras historias del mismo guionista. No son el cuadro, sino el marco, y en Crossed funcionan dentro del engranaje de la historia sin rechinar.

Ennis sabe crear unos personajes protagonistas carismáticos, aunque por otra parte arquetípicos, envueltos en un viaje iniciático en lo que de verdad importa es el camino y la evolución de sus caracteres, con momentos incluso para la poesía, llegando a recordar a Y, El Último Hombre. Son el joven inocente que se va endureciendo con el tiempo y que cuenta la historia en primera persona, y la mujer madura que tiene un pasado de sufrimiento y lidera la situación con aplomo. Tristemente hacia el final Crossed trastabilla y llega casi a resultar un trasunto de road movie cruzado con una visión paroxista de Mad Max. Por su parte, el dibujo de Jacen Burrows, portadista de Black Gas, cumple con corrección. Sin artificios, sin alharacas y sin disfraces, divertidísimo e imaginativo, aunque también sin arrebatar. Tras diez números desatando el caos, Ennis da por acabada la colección. No ha querido seguir adelante con un nuevo arco argumental aduciendo que ha quedado satisfecho con el resultado final. No tiene más ideas y no quiere forzarlas. Su creación más reciente queda como un despliegue tremendista, sí, pero también como una buena historia mucho más pensada y naturalista de a lo que últimamente nos tiene acostumbrados. Lástima que a mitad de camino Ennis se olvide de todas las implicaciones que podría haber desarrollado en el nuevo mundo creado y se limite a contar una aventura de persecución y huída. O tal vez decida que no le interesa ahondar y prefiere quedarse en el puro entretenimiento. La tremenda humanidad y la profunda reflexión de Robert Kirkman en Los Muertos Vivientes siguen pues sin ser superadas.

Una segunda miniserie, Crossed: Family Values, ha pasado a manos de David Lapham, autor del premiado Balas Perdidas, con Javier Barreno a los pinceles. Se trata de una nueva historia independiente, ambientada en el mismo mundo, pero con personajes diferentes. Un innecesario movimiento para seguir ordeñando la vaca, menos imaginativo y peor dibujado, donde la historia pierde toda originalidad, y en su empeño por romper tabúes, deviene facilona. Como en casi todo, ya hay planes para hacer una adaptación cinematográfica que será imposible que alcance las cotas de brutalidad del original. Crossed es un buen comic, no sólo divertido, sino también bien escrito, interesante y propulsado por una retorcida especulación y una propuesta gráfica que sobrecogedora. Una alternativa mucho más recomendable que la ya aburridísima The Boys. A menos que sea usted un pez, Crossed le encogerá el corazón.

Calificación: 3

lunes 29 de noviembre de 2010

La Muerte de un Mujeriego / 1

Era delgada, tenía una melena larga y lisa, y los ojos de Bambi. Era, además, la primera de la clase. La acompañaba la discreción de quien piensa que lo que hace no tiene mérito, y que no es más que el resultado de cumplir con su deber. Ni siquiera pertenecía a aquella pandilla enojosa que se sentaba en la primera fila para adular a los profesores. Le gustaba camuflarse entre los pupitres del medio, caminar con las manos hundidas en los bolsillos de sus vaqueros, y casi nunca miraba al frente. Era preciosa, pero no lo sabía, y eso la hacía más hermosa aún. Si alguien se lo hubiera dicho alguna vez hubiera respondido con incredulidad y modestia, como las chicas que nunca han escuchado palabras de amor ni han pensado jamás en ninguno de sus compañeros de estudios de manera romántica. Su vida eran los libros y su madre. Yo no sabía donde vivía, pero intuía que su casa estaba muy lejos. Cada día, al acabar las clases, bajaba la cabeza, recogía su mochila y se marchaba sola y en silencio.

Ni que decir tiene que yo estaba colado por ella. Yo era un girasol y ella era el astro hacia el que siempre estaba girado. La admiraba en la distancia y por ella intentaba ser mejor persona de lo que era. Ni siquiera me atrevía a hablarle directamente porque no quería que sintiese vergüenza. Me quedaba sentado en mi pupitre mirándola tomar apuntes, fijándome en la forma en que agarraba el bolígrafo, esperando a que se le cayera algo para recogérselo. Todo el mundo, menos ella, parecía saber que estaba enamorado hasta los huesos. Mis amigos me tomaban el pelo y me pinchaban preguntándome si seguía suspirando por aquella tía tan lánguida. Yo adoptaba la pose soñadora del que sufre por su corazón y disfrutaba de mi dolor como si estuviera viviendo una novela. Por supuesto ella me ignoraba como si no existiera. No podía concebir que alguien estuviera pendiente de ella. Esas cosas no pasaban en su círculo. Su día a día consistía en atender a las explicaciones, almorzar quedamente con sus amigas y marcharse a casa sin perder tiempo. Aquel año yo hubiera dado cualquier cosa para ser alguien en la vida de Nani Valera.

Isabel Romero iba al mismo curso que yo, pero estaba en la clase de enfrente. Cada día se asomaba al ventanuco de la puerta de mi aula y me miraba abiertamente con una sonrisa picarona. Entre asignatura y asignatura entraba a hablar conmigo y se sentaba a mi lado. Siempre venía acompañada de una amiga suya grandota que me miraba con socarronería, pero Isabel buscaba excusas para coquetear conmigo y yo la trataba con el desdén que me proporcionaba la certeza de que la tenía en la palma de la mano. Me sentía halagado de que Isabel me buscase cada día, notar sus ojos chispeantes en los míos, su mano posarse sobre mi hombro, pero siempre estaba observando de reojo a Nani, suplicando para que no se diera cuenta de lo que estaba pasando, y a la vez intentando descubrir algún asomo de celos en ella. Pero Nani se sentaba sobre su mesa de espaldas a mí y charlaba intrascendentemente con sus amigas. Yo podía adivinar su sonrisa despreocupada aún sin verla a través de la cortina de cabello que me la ocultaba, me daba cuenta de que para Nani el universo desaparecía tras ella cuando se giraba.

Un sábado quedamos unos cuantos compañeros de clase para ir a la playa. Nani, por supuesto, no se apuntó a la excursión. Pero Isabel, acompañada de su inseparable guardaespaldas, se vino con nosotros. Éramos unos chiquillos, las hormonas nos hervían y entonces cualquier cosa era una aventura. Isabel y su amiga se metieron en el agua vestidas y cuando salieron a la orilla empapadas me di cuenta del espléndido cuerpo adolescente que tenía Isabel. La ropa se le había ceñido como una segunda piel y yo, aunque aparenté no mirarla, pensé que tenía la figura más provocativa que había visto jamás. Era más excitante que las actrices que habíamos visto desnudas en los ejemplares del Interviú que nos pasábamos unos a otros a escondidas. Estaba realmente atractiva y, por un momento, imaginé que podría pasarme horas mordisqueando cada curva de sus labios. Me quité la camiseta y se la ofrecí. Ella se desnudó desafiante delante de mí y se la puso. Luego nos alejamos del grupo paseando para que se secara. Tenía los pies pequeños y delicados, su sola vista me hizo sentir burbujas en las venas. Isabel, vestida únicamente con mi camiseta y sus braguitas, movía sus fuertes piernas juveniles en una invitación a que olvidase el galante gesto de caballerosidad que pensaba que había tenido al cederle mi ropa.

Cuando ya no veíamos a ninguno de nuestros compañeros se paró, rodeó mi cuello con sus brazos e intentó besarme. De repente me dio un ataque de Sir Galahad. No podía traicionar a mi dama. Yo estaba enamorado de Nani Valera y así se lo dije a Isabel. Ella me miró como si no me entendiese y se mordió el labio inferior. Nani era alguien a quien casi nadie conocía y que jamás se había fijado en ningún chico. Yo sentí que el corazón quería aporrearme el pecho hasta reventarlo para salir fuera. Volvimos sobre nuestros pasos, pero Isabel se giró de nuevo hacia mí y me miró con unos ojos en los que yo leí todo tipo de promesas. Resoplé sin saber si lo hacía por mostrar mi fastidio o por coger fuerzas, y puse los ojos en blanco. Esta vez Isabel sí que pareció ofendida de verdad. Apretó el paso y me dejó atrás. Cuando llegué hasta el grupo, ella ya estaba con su amiga, se había puesto su ropa y mi camiseta estaba hecha un ovillo en el suelo. El lunes siguiente Isabel empezó a salir con un tipo de su clase que tenía todo el aspecto de ser un futuro licenciado en Económicas. Un triunfador que conduciría el mejor coche, vestiría las camisas de la mejor calidad y compraría la plancha más moderna para que la chacha se las dejase impecables. Isabel Romero salió de mi vida para siempre.

Todo el orgullo que sentía por mí mismo se vino abajo cuando a la semana siguiente nadie parecía haberle contado a Nani mi comportamiento. Ella siguió charlando con sus amigas dándome la espalda, caminando de vuelta a casa con el cabello ocultándole el rostro y las manos en los bolsillos. Nani se replegaba sobre sí misma como esos insectos que se hacen una bola cuando los tocas, despreocupada de lo que la rodeaba, ausente de mí. Yo seguí observándola sin esperanza desde mi pupitre, deseando ser aquel bolígrafo que ella aferraba entre sus dedos, decirle todo lo que anidaba dentro de mí. Pero cada día que pasaba iba perdiendo fuerzas, cada vez más mis ojos paseaban perezosamente por otros rincones. Hacia el final del curso me cansé de esperar a Nani y empecé a salir con una chica pequeñita, muy alegre, que olía a manzanas. No estaba enamorado de ella, realmente ni siquiera me gustaba, pero me sentía solo y ella me daba luz, aunque me sentía terriblemente culpable por pensar que no me portaba bien. A los tres días de salir con La Chica Que Olía A Manzanas, Nani se me acercó a la salida del instituto y sin tocarme, eludiendo mirarme a los ojos, me habló por primera vez. Con voz baja, entrecortada, murmuró una frase y luego se marchó. Algo que me sonó a "Nadie se da cuenta de lo que tiene hasta que lo ha perdido".

Pasé el fin de semana dándole vueltas a la frase de Nani. Preguntándome si realmente quería decir lo que yo pensaba o si me engañaba a mí mismo y la estaba interpretando de acuerdo a mis deseos. La ansiedad me comía por dentro esperando a que llegase el lunes para volver a ver a Nani y decirle que no había perdido nada, que siempre lo había tenido y que podría tenerlo todo el tiempo que desease. Antes de poder verla me di cuenta de que Sir Galahad no me lo iba a permitir. Estaba saliendo con La Chica Que Olía A Manzanas y no sería capaz de mirarla a la cara para apartarla de una patada como si fuese un perro molesto. Acabé el curso sin atreverme a volver a hablar con Nani y marchándome cada día a toda prisa con La Chica Que Olía A Manzanas antes de que alguien pudiera darse cuenta de que estaba ahí. De vez en cuando alzaba la mirada para ver si Nani hacía algo diferente, pero ella seguía tomando apuntes aferranda su bolígrafo, conversando con sus amigas de espaldas a mí. En alguna ocasión creí descubrir que me miraba desde la lejanía, incluso quise adivinar que su rostro estaba más pálido y que reflejaba una tensión que yo antes no había conocido en ella. Pero de nuevo no supe decir si era real o me lo estaba imaginando. El último día de clase La Chica Que Olía A Manzanas me dijo que era mejor que lo dejáramos, que no lo pasábamos bien juntos y que nuestra relación nunca iba a funcionar. Me notaba incómodo y ella tampoco se sentía a gusto. Mientras acababa la última frase respiré profundamente mirando a mi alrededor. Nani ya se había marchado a su casa. Jamás la volví a ver.

domingo 28 de noviembre de 2010

Skyline

Ahora tocan las películas de invasiones extraterrestres contadas no desde las grandes maniobras militares, sino desde el punto de vista de la cotidianeidad de la población civil afectada. A partir de la competente Distrito 9 a la reciente Monsters, una serie de nuevos proyectos, entre los que se cuenta la próxima Battle: Los Angeles, salta a las pantallas buscando el favor del gran público. Skyline cruza la citada Monsters con la muy discreta Independence Day para dar forma a un engendro que falla estrepitosamente. Tras una introducción absurda y totalmente fuera de lugar, con estética de videoclip al estilo de Los Vigilantes de la Playa, unos extraterrestres monstruosos, como el bicho de Alien, pero gigantescos, aparecen sobre el cielo de las grandes ciudades y empiezan a secuestrar humanos para absorber sus cerebros (!). Los supervivientes huirán por los tejados mientras son cazados por los invasores. A excepción de una trama secundaria de melodrama bastante inconsistente con momentos francamente ridículos, no hay más historia. Skyline no tiene nada más que contar aparte de un aburrido jueguecito de huidas, escondites y persecuciones, acompañado de músiquilla incordiante. La película es una suerte de La Guerra de los Mundos con Transformers extraterrestres que se quiere basar en el espectáculo, en los efectos y la acción, y con interpretaciones justitas a cargo de un plantel de actores de segunda fila que tampoco consiguen que ni siquiera los protagonistas caigan bien al espectador. Para rematar la diversión, los diálogos son penosos, aunque bien pensado reflejan con fidelidad el pensamiento desestructurado de la audiencia a la que está destinada esta producción. Los efectos especiales son apañaditos, pero tampoco son la pera, y basar una película completa en el aspecto visual, no consigue que se sostenga mínimamente. Sin historia y sin espectáculo, todo queda bastante tontorrón y se hace larguísimo. Encima amenazan con al menos una segunda parte. Yuk.

Calificación: 1

sábado 27 de noviembre de 2010

To Dreamers de Kelley Stoltz

La adquisición más curiosa de la cuadra SubPop, el cantautor Kelley Stoltz no tiene nada que ver con el grunge y sí mucho con el lado más soleado de Nick Drake, el más mesurado de Brian Wilson y el menos crispado de Brendan Benson. Californiano de adopción, Stoltz es otro de esos héroes poco reconocidos favoritos de la intelligentsia alternativa entre el sonido casero y los grandes arreglos de bajo presupuesto. Ocho discos en su haber y To Dreamers, a pesar de ser voluntarioso, no pasa de lo meramente agradable. Otros se desharán en elogios. Con esos mismos mimbres, Elliott Smith hizo obras mucho más memorables.

Calificación: 2

Foxy Shazam

A la tercera va la vencida. Con su homónimo tercer disco Foxy Shazam se han colado tímida, pero merecidamente, en las listas de ventas. ¿Cómo? ¿Que no saben de quiénes les estoy hablando? Imaginen a un puñado de punkies con querencia por el hardcore melódico que recorren el camino que une a Hüsker Dü con Bruce Springsteen y se aproximarán mucho a la banda de Ohio de la que les estoy hablando. No, no son The Hold Steady. Para su último trabajo Foxy Shazam se han vuelto mucho más sofisticados. La voz de Eric Sean Nally contiene muchos más colores que la de Craig Finn y las composiciones incluídas en este disco son mucho más diversas y están repletas de giros inesperados. Canciones que entran muchas veces en el territorio del power pop que modelaron los Utopia de Todd Rundgren en su segunda época, en otros momentos se acercan al glam brutote de Slade y The Sweet, y cuando se ponen refinados incluso pueden recordar a los momentos de dientes más apretados de los primeros discos de Queen y Sparks. Algo así como el primer disco de The Darkness con el toque justo de histeria, o Redd Kross más dicharacheros, Foxy Shazam parecen ir bordeando siempre el límite de lo excesivo para caer invariablemente del lado adecuado. Se permiten, además, adornarse con generosas dosis de piano y una sección de viento que conforman canciones como pedradas para ser coreadas puño en alto con entusiasmo a raudales y ni un segundo de respiro. Sí, son realmente buenos y se merecen mucho más reconocimiento del que tienen. Foxy Shazam es probablemente el album más divertido del año, disfrutable de cabo a rabo, e inspirado con un saludable espíritu camp. Ahí va mi patada a las piedras a ver si se levanta un poco de polvareda. Freddie Mercury que estás en los cielos, debes de sentirte orgulloso.

Calificación: 4

High Violet de The National

High Violet, el quinto disco de The National es tan denso como nadar en cemento. Un album empapado de guitarras y compuesto de mareas de sonido, más preocupado por construir un ambiente que por crear una canción. Matt Berninger y los suyos se han quedado atrapados entre Joy Division y The Cure de Pornography, y producen excelentes singles, como Bloodbuzz Ohio, pero albumes demasiado volátiles. Esa es probablemente la causa de que no hayan saltado todavía a la primera fila después de más de diez años en la carretera. Oscuro y abstracto, High Violet pinta paisajes en pantalla panorámica, es largo en pasión gélida, y en su tramo final toca el nervio adecuado para despertar emoción, pero definitivamente se queda demasiado corto en canciones. Es hora de que empiecen a escuchar The Head on the Door.

Calificación: 2

The Union de Elton John & Leon Russell

Una vez que Elton John se ha quedado sin Lady Di ni Gianni Versace para salir de compras mientras saborea Moët & Chandon en copas de diamante, parece haber recordado que una vez fue Reg Dwight. En su último trabajo, The Union, recupera sus orígenes musicales en un intento de reescribir Tumbleweed Connection junto a uno de sus héroes, Leon Russell, aunque la presencia de éste último quede más bien relegada a la de un invitado que impregna el sentimiento de todo el album. The Union ofrece el tipo de música que uno esperaría escuchar en un funeral en Nueva Orleans interpretada por una banda de jazz. Americana de Saloon con barman con manguitos y chicas del Can-Can en la barandilla. Gospel-soul sureño y vacilones ejercicios sabrosos al estilo de Dr. John en los que se pueden oler el humo, el sudor, la cerveza y la madera de las paredes. No faltan los cameos de lujo a cargo de Neil Young, Brian Wilson y T. Bone Burnett. Russell está inconfundible a la vez que se mimetiza con John, y Elton le ha echado corazón y pelotas como cuando era un jovencito intentando hacer música atemporal con raíces. The Union es un disco sólido que parece la versión musical del Teniente Blueberry. Deja una agradable sensación de calorcillo por dentro, pero a estas alturas de la carrera de Elton John ya está un poco de más. Si al menos se hubiera librado de ese ridículo flequillo de vieja dama inglesa...

Calificación: 3

viernes 26 de noviembre de 2010

Black Gas de Warren Ellis

¿Cuántas historietas más de este jaez puede soportar el público lector? ¿Cuántos relatos apocalípticos de infecciones misteriosas y destripamientos tremendistas? Con la reciente moda de muertos vivientes que parece haber retornado, da la impresión de que todavía quedan ganas de nuevos, y no tan nuevos, comics de huidas, mordiscos y entrañas al aire. Black Gas es el padre de todos, el primero de una larga estirpe que se inspira en películas como The Crazies, un film de 1973 de George A. Romero que recientemente ha visto una nueva versión, y 28 Días Después, largometraje de 2002 de Danny Boyle. La premisa en todo este tipo de historias es sencilla. Un extraño virus causa una enfermedad que convierte a los pacíficos ciudadanos en bestias sedientas de sangre, con una pulsión irresistble por matar, destruir y violar. Un pretexto para que los americanitos impresionables fans de Jackass, Kick-Ass y Loquesea-Ass, tengan su ración de risotadas, pero un ya agotado recurso facilón que cansa a las tres páginas.

Publicado por Avatar entre 2006 y 2007 en dos arcos argumentales de tres números, y escrito por Warren Ellis, Black Gas cuenta la peripecia de una pareja que llega hasta la isla de la costa nororiental de Estados Unidos en que nació el chico para que sus padres conozcan a su novia. Un terremoto causa un escape de un siniestro gas negro, y por toda la localidad se desata el caos. Los habitantes se convierten en una especie de zombies que sirven para que el guionista de rienda suelta a su más perversa imaginación. La pareja tendrá que intentar cruzar la isla perseguidos por una horda salvaje que intenta devorarlos. No hay más. La única intención de Ellis es pugnar por conseguir el ir aún más allá en la mera exhibición. Pretende ser desagradable y lo único que consigue es aburrir al lector. Max Fiumara se encarga, por su parte, de poner en imágenes todo tipo de perversiones sexuales, cabezas reventadas y sesos desparramados con un dibujo ajustado, pero rutinario.

En la segunda serie de Black Gas la infección se extiende al continente. Ellis obtiene con ello más excusas para seguir mostrando cuerpos machacados y burricie extrema. Es evidente que, igual que Black Gas surge de la idea que inspira The Crazies y 28 Dias Después, poco después Garth Ennis retomaría el mismo planteamiento para crear Crossed apenas disimulándolo. Una impresión reforzada por el hecho de que el ilustrador de Crossed fuese Jacen Burrows, quien se encarga de las portadas en Black Gas haciendo ambos comics a duras penas distinguibles. Pero donde Ellis se limita a regodearse en la brutalidad y la acción desenfrenada, Ennis demostraría mayor enjundia dotando a su historia de unas reflexiones y una profundidad psicológica que lo convierten en algo más que una mera lectura de evasión. En este caso el copión supera al copiado. Lo pueden comprobar en la edición que hoy mismo ha puesto Glènat en las librerías. Y si quieren profundizar algo más en el tema, tienen The Crazies ahí, un poquito más abajo. Sigan leyendo.

Calificación: 1

The Crazies, el comic

Cine y comic, dos medios que se retroalimentan. Parece que no haya película de éxito que no tenga su contrapartida sobre el papel ilustrado, ni comic con posibilidades que no vea su adaptación en la gran pantalla. Si ayer hablábamos de The Crazies, un film que revisaba un largometraje de 1973 de George A. Romero, hoy le toca a la continuación comiquera en cuatro números que Image puso en la calle a raíz de su estreno.

Joshua Hale Fialkov ejerce de escritor mercenario, y Rahsan Ekedal, al que pronto veremos en la nueva miniserie de Solomon Kane para Dark Horse, se encarga de los dibujos. The Crazies, el comic, parte de los personajes secundarios de la película para mostrar cómo se causa la infección y cómo se extiende. No ofrece una explicación alternativa, sino que expande la información como si aportara secuencias no vistas de la misma película. El recurso al monólogo interior que muestra cómo la enfermedad afecta a la persona, lo que siente durante el proceso y lo que sucede dentro de su mente, resulta sumamente efectivo.

Evidentemente, esta versión en comic es mucho más tremendista y como historia funciona mejor que la película, pero si no se ha visto ésta previamente, no se entiende nada. La ambientación está conseguida, el trabajo de Ekedal es brillante, y el guión de Fialkov, lo suficientemente denso. Si se hubiera incluído la línea argumental principal que también fue adaptada al comic en iTunes, sería perfecto. Así se queda demasiado corto, en la mera anécdota. Es un comic para aquellos que vieron la película y les gustó. Si es su caso, ataquen. Y para mayor deleite suyo, un poco más arriba, Black Gas de Warren Ellis.

Calificación: 2

jueves 25 de noviembre de 2010

The Crazies

Ustedes me ven ahí arriba, retratado en la cabecera de este blog, y luego descienden para leer los indescriptibles artículos con los que cada día les regalo, y sin lugar a dudas pensarán que soy un ser privilegiado, no me cabe la menor. Me verán como un tipo inalcanzable con cara de arcángel, cuerpo de semidios griego y cerebro de líder natural. Pero se equivocan. Ya sé que es difícil de creer, pero soy tan friki como el que más. A mí me enseñan el trapo de una peli de yuyito, con vísceras y zombies, y embisto como si me hubieran puesto delante a Scarlett Johansson. Una película con un título tan explícito como The Crazies ya tiene todos los números para que la parroquia bloguera más retorcida babee de gozo y yo, que me debo a mi público que tanto me quiere y a quien tanto debo, no puedo pasar por alto el metérmela entre pecho y espalda para que ustedes tengan todos los elementos de juicio antes de acercarse a su comercio del ramo favorito.

George A. Romero, a quien tanto le gustan los zombies, produce este remake de una película suya de 1973. Un film en la misma línea que Crossed y Black Gas (del que les hablaremos mañana), un par de comics que si no son de muertos vivientes, se les parecen mucho. En dos días un pacífico pueblo norteamericano se va al garete. Los habitantes poco a poco pasan incubar una enfermedad a volverse extremadamente agresivos. Claro está, la cosa se desmadra. Detrás hay una historia de virus, conspiraciones militares, un Sheriff increíblemente intuitivo, y poco más. A partir de ahí todo es "me escondo, me pillas, me escapo", con el ejército repartiendo balas a quien se mueva, y una horda de desquiciados envueltos en una ensalada de sangre.

The Crazies pretende ser un muestrario de atrocidades, pero como toda película que aspira a algo en Hollywood, es timorata. Peor aún, el misterio es pobre y la inquietud que provoca, escasa. El guión tiene más agujeros que un queso de Gruyère, y muchas veces es formulaico. Hay demasiadas soluciones de último minuto, y el espectador no puede evitar que se le escape una sonrisita ante la falta de sorpresas. El argumento, desarrollo, dirección e intérpretes son de telefilm, y sin embargo es entretenido y mantiene enganchado hasta el final si no se le da muchas vueltas. A los lectores de Crossed les divertirá, pero no esperen el mismo nivel, el cine siempre aspira a un público más amplio y con menos estómago. Aún así, funciona para pasar el rato un sábado por la tarde. The Crazies dio pie a una adaptación al comic en una miniserie de la que, junto con Black Gas, también les hablaremos mañana. Seguro que lo estaban deseando.

Calificación: 1

Váyase, Señor Zapatero (o no)

No pretendo que la Oposición se ponga a dar soluciones, por ahora, a la situación que estamos atravesando. La Oposición no está para gobernar. Está para eso, para oponerse. Es su función y es necesaria. Los países en los que no hay oposición suelen ser bastante invivibles. Tiendo a pensar que el que manda es el responsable de lo que esté pasando. Es él el que tiene que rendir cuentas y el que tiene que pagar cuando vengan mal dadas. Ahora bien, estoy bastante harto de que cada vez que sale un portavoz de la Oposición a lanzar su mensaje, éste sea inamoviblemente siempre el mismo: "Señor Zapatero, dimita y convoque elecciones". No diré yo que no sea urgente un cambio de Gobierno, no negaré que es probable que uno de los problemas de España sea que nuestro Presidente despierte cada vez más desconfianza, no descartaría que el primer paso para empezar a sacar la cabeza del fango sea un nuevo proceso electoral. Pero esa insistencia del PP en que José Luis Rodríguez Zapatero se marche de la Moncloa cuanto antes es más que sospechosa. Tiene un repugnante tufillo a prisa apremiante por llegar al poder antes de que las cosas empiecen a recuperarse y el partido en el Gobierno pueda presentar cara de forma más beligerante en las urnas. O peor aún, que la cosa no tenga remedio, Zapatero decida que no se presenta a la reelección y el PSOE ponga como cabeza de cartel a un adversario más peligroso. Sea lo que sea, la estrategia de Don Tancredo de Mariano Rajoy se vendría abajo. El líder del PP no lo tiene fácil. Si está calladito dicen que no aporta, si critica dicen que crispa, y si presenta sus propuestas, moviliza al electorado de izquierdas. Pero la insistencia en el "Váyase Señor Zapatero" le está dejando con las posaderas al aire. Lo más honrado, el último gesto de dignidad, sería, por parte de la Oposición, si no apoyar, por lo menos no interferir en las medidas que está tomando el Gobierno. Por parte de Zapatero, en estos tiempos de dar pasos duros y adoptar resoluciones impopulares, lo que tendría que hacer si quiere despedirse con la cabeza alta, es inmolarse con sus naves, absorber él sólo las consecuencias de los ajustes necesarios y quitarse de en medio para que podamos empezar de nuevo con la casa limpia y ventilada. Pero eso sería esperar demasiada grandeza tanto del Gobierno como de la Oposición.

miércoles 24 de noviembre de 2010

Siouxsie & The Banshees

En diciembre de 1976 Susan Jane Ballion era una punk de 19 años del círculo de los Sex Pistols y Adam Ant. Estuvo en el plató en el famoso incidente con Bill Grundy en el que Johnny Rotten y sus huestes oficiaron de jovencitos gamberros lanzando todo tipo de improperios que causaron el despido del presentador, debates parlamentarios, y dieron carta de naturaleza a todo un movimiento. Su banda, Siouxsie & The Banshees, es una de las grandes olvidadas de los ochenta. Su música y su imagen, inspirada en la actriz de cine mudo Theda Bara, sin embargo, han sido tremendamente influyentes. Siouxsie es una gran cantante cuya garganta tiene una ácida cualidad que insufla hormigueos en el oyente. Ha repercutido en la gloriosa voz de Elizabeth Fraser de los Cocteau Twins, y yo diría que hasta en Enya. Ha influído en intérpretes que van de PJ Harvey y Shirley Manson de Garbage, a Thom Yorke de Radiohead, Sigur Rós y Placebo. Tricky ha reconocido su autoridad, y el exquisito Morrissey, célebre por sus fobias, ha realizado un dueto con ella. The Cure jamás habrían sido lo que fueron si no hubiera sido por la música de los Banshees, y en nuestro país Alaska y Parálisis Permanente se las habrían visto muy crudas para peinarse, maquillarse y despegar en su carrera sin la guía de Siouxsie.

Adoptando el alias de Siouxsie Sioux, y partiendo de los presupuestos creados por The Velvet Underground, David Bowie, Roxy Music, los primeros trabajos de Brian Eno y el glam rock, Siouxsie & The Banshees desarrollarán una carrera comercial e incansablemente dada a la experimentación a partes iguales. Como tantos otros, jugarán a la provocación facilona retratándose con esvásticas nazis sobre el brazo para debutar en 1978 con Hong Kong Garden, un primer single de punk altamente melódico. Pero es en la cara B, espacio que aprovechan siempre para perfilar una biografía alternativa, donde ya despuntan las inquietudes que darán lugar al rock gótico, antes llamado siniestro en España. Le sigue un album magistral, The Scream, en el que derrochan imaginación, ingenio e ideas. En él abordan Helter Skelter de The Beatles con originalidad y nervio, se transmutan en una versión moderna de Jefferson Airplane, y se distinguen de la camada del punk porque, sencillamente, tienen canciones. Para su segundo LP al año siguiente se les va la mano, cargan las tintas en el componente siniestro y se llenan de sonidos oscuros, agobiantes y tremendistas. Join Hands, marrado por números semi-improvisados que ocupan casi toda una cara, es un paso atrás, pero es el disparo de salida para los góticos. Bauhaus, Magazine, Joy Division y Killing Joke beberán directamente de él, y The Cure abandonarán el pop para basar su trilogía siniestra en este disco. En parte los malos resultados se deben a las tirantes relaciones dentro de la banda que acabarán en una escisión. Entran el batería Budgie, que se convertirá en compañero de Siouxsie y su partenaire en todas sus correrías posteriores, y Robert Smith, que simultanea su actividad con los Banshees con su carrera en The Cure.

Es un revulsivo. Su tercer trabajo, Kaleidoscope, refleja en su título todo lo que se puede encontrar entre las dos caras del album. Un compendio de psicodelia moderna y Krautrock en el que recurren a los sonidos arábigos, sitares, una melódica y hasta el flash de una cámara fotográfica para crear el ritmo. Es también el disco en el que debuta como Banshee el gran guitarrista John McGeoch, que venía de estar en Magazine con Howard Devoto. Un atractivo single, Israel, será el puente que unirá con Juju, su larga duración de 1981. Es su trabajo más intenso, una experiencia agotadora de principio a fin. Un album guitarrero saludado como el gran clásico de la banda, en el que McGeoch brilla. Juju sabe a obra unitaria y es el resumen de todo lo que significaba el rock gótico a principios de los ochenta. En ese momento Siouxsie y Budgie dan forma a su proyecto paralelo, The Creatures, al que se dedicarán con mayor interés en años posteriores, postergando su trabajo con los Banshees. En 1982 retomarán la psicodelia con A Kiss in the Dreamhouse, en esta ocasión en una vertiente sesentera que la endulza y le da un ambiente de ensueño. Es un disco exuberante, lleno de luz y de colorido, embriagante, sensual y optimista. Su cuarta obra maestra, la otra cara de Join Hands, que dará paso a una nueva etapa más optimista. Es el mismo camino que seguirá Robert Smith al mismo tiempo. Con el líder de The Cure a las seis cuerdas volverán a versionear a The Beatles, esta vez más respetuosamente, para el single Dear Prudence.

A partir de aquí la formación de los Banshees se torna fluctuante, los éxitos se suceden y cada album supone un nuevo giro estilístico. Hyaena y Tinderbox son discos en los que se metamorfosean, siempre inquietos, siempre con una instrumentación rica, variada, inesperada e imaginativa, pero de alguna forma resultan más impersonales. Through the Looking Glass en 1987 será un album de versiones, algunas obvias, como The Passenger de Iggy Pop, otras más inesperadas, como Strange Fruit de Billie Holiday. En sus obras posteriores, Peepshow y Superstition, la banda demuestra su eclecticismo experimentando con la música orquestal, abrazando los ritmos bailables tamizados por su personal visión, y haciendo excursiones en los sonidos exóticos. En 1995 Siouxsie & The Banshees producen su último album, The Rapture, como siempre celebrado por la crítica, pero el público ya les ha dado la espalda atraido por bandas más jóvenes. Siouxsie está también más interesada en The Creatures, su banda paralela con su pareja. The Creatures será una formación atraída por los sonidos difíciles. Bajo este apelativo la pareja seguirá intercalando discos con aspiraciones aún más experimentales. Continuarán funcionando hasta que en 2007 Siouxsie y Budgie se divorcian. Ese mismo año Siouxsie publica su primer disco en solitario, Mantaray, en el que vuelve a demostrar que es una mujer con carácter. Ya no tendrá ni la presencia ni la influencia que cosechó en sus mejores años, pero cada temporada siguen saliendo nuevos grupos que dirigen su mirada y sus orejas hacia el puñado de obras maestras que Siouxie & The Banshees publicaron durante más de una década.

Calificación: 4

martes 23 de noviembre de 2010

Sahrazad de Sergio Toppi

Los primeros años de la década de los ochenta fueron en España la época dorada de las revistas de comics. Multitud de publicaciones de todos los estilos florecían de la mano de diferentes editores. Eran los años mágicos de Cimoc, Cairo, Tótem y El Víbora. Probablemente el más importante de todos estos profesionales era Josep Toutain. Con tres revistas en el mercado, 1984, Creepy y Comix Internacional, copaba el interés de los aficionados. Gracias a él encontramos a un buen puñado de autores norteamericanos y europeos, y recuperamos a los más importantes dibujantes patrios. Toutain fue el artífice del gran boom de Richard Corben en nuestro país, trajo a magníficos artistas raramente vistos y también nos coló algunos saldos.

Sus revistas estaban trufadas de historias cargadas de fantasía, adornadas con bellezas ligeras de ropa y rematadas con finales sorpresivos. Ilustración + Comix Internacional fue su producto más ambicioso. Si 1984 se centraba en la ciencia-ficción, y Creepy lo hacía en el terror, Comix Internacional tenía mayores aspiraciones estéticas y perseguía el descubrimiento de autores puntales clásicos y modernos. En sus páginas se atrevía a encarar obras más difíciles, y es donde tuvo cabida la adaptación que de los cuentos recopilados en Las Mil y Una Noches llevó a cabo el italiano Sergio Toppi.

El contraste fue grande. Acostumbrados a los comics de acción, las historias de Toppi eran lentas tragedias de proporciones shakespeareanas. Su sentido del espectáculo residía en la grandiosidad de sus páginas, y no tanto en impactar al lector con situaciones chocantes. El italiano había comenzado la publicación de Sahrazad a finales de la década anterior en la revista Linus y era su obra más personal hasta la fecha. La primera en la que exhibía total autoría. En ella Toppi daba rienda suelta a su interés por la investigación formal, por experimentar con la expresividad de su trazo y por hacer evolucionar tanto su dibujo como la técnica del comic.

Los cuentos que recoge Sergio Toppi son historias sangrientas conducidas por el fatalismo y el sentido trágico de la vida. Relatos de grandes pasiones, de venganzas y de ojo por ojo. Para ponerlos en imágenes, el artista recurre a magnificentes composiciones de página, viñetas laberínticas que a menudo ocupan una sola plancha congelando en un instante todo un lapso narrativo. Ese dibujo por sí sólo puede representar el paso del tiempo dejado discurrir la mirada por su trazo, intrincado y fundamental, y completando la información sugerida. Una maraña de líneas entrecruzadas y unas splash-pages sobrecogedoras en donde el autor perfilará la personalidad que le hará reconocible entre cualquier otro.

Toppi se documenta para caracterizar a una galería de personajes revestidos de un esplendor bárbaro tremendamente realista, y a la vez disparatadamente exagerado. Príncipes indios cubiertos de abalorios de bronce y ricas telas, esclavas de ojos tiznados, sirvientes enjutos, magos ajados, genios y gigantes. Pero a pesar de beber directamente de la técnica del collage y del estilo del pintor Gustav Klimt, el Sahrazad de Sergio Toppi no supone una mera colección de cuentos ilustrados, sino una pequeña revolución narrativa que acusa la influencia de las vanguardias artísticas para realizar un comic maduro y para adultos. Una obra compleja y a la vez un recreo para la vista que Planeta De Agostini reunió en dos bonitos tomos, el segundo de ellos totalmente inédito.

Calificación: 5

lunes 22 de noviembre de 2010

Raquel se muere

El día en que le dijeron a Raquel que se moría, le concedieron sus superpoderes. La enfermedad que la estaba matando, la hizo indestructible. Medio año, había dicho el médico, y Raquel descubrió que le quedaba ese tiempo para vivir de verdad. Todos tenemos fecha de caducidad, pasamos por los días como si no se fuesen a acabar nunca, pero ahora Raquel sabía cuál era su plazo límite. Había vivido su vida a solas, como una hormiga responsable, estudiando, trabajando, pensando en el mañana. Y de pronto no había mañana, tenía que cosechar los frutos hoy.

Raquel se saltó las fases de negación y furia para ir directamente a la aceptación. Y con ella llegó la sabiduría. Ese día Raquel salió del hospital y anduvo sin rumbo fijo durante horas, sólo por el placer de hacerlo. Hacía un día espléndido y Raquel tiró por el camino el reloj y el móvil a la basura. Ahora lleva la cabeza rapada por comodidad, siempre le fastidió cuidar aquella espesa melena rizada que tenía, y sólo se viste con ropas amplias y ligeras. No piensa esforzarse, no quiere sufrir por aparentar belleza. El otro día, al salir de una pastelería, un chico se giró a mirarla y le sonrió. Fue agradable. Raquel supo que podía llevárselo a su cama al instante. Pero ahora Raquel piensa que el sexo está sobrevalorado. No tiene ninguna gana de tener que ponerse a satisfacer a un tipo al que luego va a tener que soportar. No quiere escenitas ni aguanta desdenes. Raquel ya no tiene responsabilidades.

Raquel no ha vuelto a aparecer por el trabajo. Hace semanas recibió por correo certificado la carta de despido, pero ni siquiera se ha molestado en abrir el sobre. Ya no tiene prisa, va a todas partes caminando y no ha vuelto a quedarse en casa mirando por la ventana. Sólo hace y dice lo que quiere. Es libre. Es feliz. Aunque por fuera su mundo parece girar a cámara lenta, por dentro explota como una supernova.

Raquel ha recibido noticias hoy en el hospital. El tratamiento está dando resultado y el médico tiene esperanzas de que pueda salir adelante, o por lo menos de que viva durante bastantes años. Raquel ha salido a la calle con una ligera sonrisa y una gran sensación de paz. Su mirada se pierde en la lejanía del horizonte. No se ha dado cuenta de que ante ella hay un hombre que le está diciendo algo. Le está agarrando el bolso y con la otra mano sacude una navaja. Pero Raquel no va a soltar su bolso. Si ese hombre lo quería, podía habérselo pedido. El hombre está gritando y su saliva le salpica a Raquel en la cara. Raquel está sonriendo, da un paso adelante y apoya el pecho en la punta de la navaja. El hombre tira del bolso, pero Raquel no lo suelta. Raquel podría reparar en que el hombre está muy nervioso, pero no se fija en eso, no le importa. Raquel empuja un poco más adelante y el hombre hunde la navaja en el pecho de Raquel.

Raquel se desploma de rodillas en el suelo y lentamente resbala hacia atrás. El hombre se ha ido corriendo con el bolso entre las manos. Mientras una gran mancha roja se extiende sobre el pecho de Raquel, ella contempla el cielo fascinada. Hoy también está precioso, de un azul intenso y limpio. Parece una pintura. Parece un sueño. Raquel se queda plácidamente tumbada boca arriba mirando al cielo mientras se desangra. Dos calles más allá el hombre se guarece en un garaje y abre el bolso. Está vacío.

Con Ocho Basta

El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, que dijo Lord Acton. Así que cuanto menos tiempo montados en el machito, mejor. En eso estábamos cuando la bicha innombrable del bigote decidió que con dos legislaturas era suficiente y que no se presentaba a una tercera reelección. Un gesto muy loable si no fuera porque con el mismo movimiento displicente señaló de un dedazo al ungido que habría de sucederle. Pero se abrió la veda y se sentó con ello un peligroso precedente. De pronto todo el mundo recordó que por ley en los Estados Unidos el mandato presidencial no puede prolongarse por más de ocho años en el cargo, y esa es una de las pocas costumbres de los pérfidos yankis que aún nos queda por importar. Ahora que ZP ve su puesto en la cuerda floja, vuelven a escucharse las voces que reclaman no más de dos legislaturas al frente del Gobierno. Y el Presidente, muy ladino, calla y espera a ver si las encuestas le son más o menos propicias para destapar si decide presentarse de nuevo como cabeza de cartel o pasa palabra. Pero hete aquí que el (por el momento) Muy Honorable José Montilla, en plena recta final de la campaña electoral catalana, ha implorado porfa, porfi, porfita, que los votantes le concedan cuatro años más. Que ya no lo va a hacer más, mamá, que con ocho basta. Es la última súplica del que ve que lo tiene todo ya perdido y apela a despertar la lástima de los suyos, a ver si los moviliza, que no parece que estén por la labor. No sólo representa un indigno tono lloriqueante que le deja con los pantalones por los tobillos, sino que también puede conseguir el efecto contrario, la muy españolísima reacción de "Ahora te jeringas, que no te vas, te tiro yo". Y es que está muy bien eso de anunciar que uno no piensa estar en el poder más de ocho años, pero esos reales hay que sentarlos antes, cuando se está arriba, y no cuando uno ve que se desliza cuesta abajo por la pendiente y sin frenos.

domingo 21 de noviembre de 2010

The Kids Are All Right

Suena la música de Vampire Weekend, la sensación afroindie, las camisetas de Elvis Costello y Los Ramones salen a relucir, y desde el primer fotograma de The Kids Are All Right queda evidente que esta va a ser una película alternativa. Una de esas que por fin cuenta una historia. Cine independiente del espectáculo rompetaquillas que se hace casi exclusivamente hoy día. Un largometraje conducido a través de diálogos, no de acción. Un viaje lleno de conversaciones. Los protagonistas hablan y hablan dando vida a personajes, no arquetipos, para conjurar una sinfonía de brillantes interpretaciones.

Julianne Moore y Annette Bening son una pareja de lesbianas de clase media-alta, cultas e inteligentes. Tienen un hijo y una hija adolescentes que concibieron por medio de un donante de esperma. A escondidas de sus madres, los hermanos contactan con su padre biológico, Mark Ruffalo, quien resulta ser un tipo encantador, simpático, con una visión de la vida independiente y libre. Cuando las mujeres se enteran, también quieren conocer al donante, asustadas de la influencia que pueda tener sobre sus hijos. Y así es, sin darse cuenta Ruffalo empieza a hacerles cambiar su visión del mundo y de las cosas. Una de las mujeres se sentirá atraída por él, y la otra reacciona comportándose como un ogro al sentirse amenazada.

Lisa Cholodenko, guionista y directora de The Kids Are All Right, ha trabajado previamente en televisión, y para este largometraje ha recogido su propia vivencia (Cholodenko es pareja de Wendy Melvoin, de las famosas Wendy & Lisa de Prince, y se quedó embarazada de un donante de esperma anónimo). La realizadora analiza con sabiduría las relaciones de pareja y entre padres e hijos, la cotidianeidad de las familias, las relaciones sexuales accidentadas y el humor de las situaciones ridículas del día a día. Una historia muy común. Lo que la hace diferente es que toma un punto de vista distinto a tratarse de una pareja de dos mujeres.

The Kids Are All Right es en apariencia un film muy liberal, muy progresista, que apuesta por las familias alternativas. Sin embargo el mensaje que queda es sutilmente conservador. El personaje de Ruffalo pone de manifiesto la necesidad de la influencia de una figura paterna, y el hombre, que ha vivido toda la vida a su manera, lo que en realidad quiere es tener una familia típica. A partir de ese momento la película se desliza por la pendiente de la comedia un tanto histérica para girar luego hacia el drama cuajado de clichés. En ambos casos The Kids Are All Right acaba fallando y traiciona las expectativas creadas en su comienzo. Empieza muy bien, cargándose todos los tópicos, pero no redondea la faena, y al final lo que hace es recogerlos. O tal vez vivamos en un mundo de arquetipos en el que la vida imita al arte.

Calificación: 3

sábado 20 de noviembre de 2010

Elvis Costello: National Ransom

Al escuchar el nuevo disco de Mr. Declan McManus embargan al oyente una mezcla de emociones contradictorias. Se trata de una colección de músicas novedosas dentro de la trayectoria de Elvis Costello, y a la vez, por algún motivo, no parecen en nada extrañas a su repertorio. Son temas con sabor añejo que beben de la tradición de la música popular que se dio entre los años 20 y 50 del pasado siglo, pero a la vez suenan terriblemente modernas. Costello, en una pirueta más de su carrera, ha construído un album enraizado en sonidos atemporales y eternos que, sin embargo, son vintage Costello. En su incansable búsqueda musical y sus incesantes ganas de probar cosas nuevas, el otro Elvis ofrece un trabajo que recupera la música de los años de la Gran Depresión para reflejar los tiempos aciagos que nos ha tocado vivir. Los gustos de Costello son eclécticos y conoce bien su colección de discos. Para esta aventura se hace acompañar de dos puntales: el veteranísimo Leon Russell, que está que no para, y T Bone Burnett, con quien le une una larga historia de colaboraciones. Con esa compañía a su lado recupera en Five Small Words y I Lost You el country & western que ya explorara en King of America. Con Bullets for the New-Born King y Dr. Watson I Presume hace una incursión en el austero folk blues rural que empapaba su anterior trabajo, Secret, Profane & Sugarcane. El pop beatlemano a lo Imperial Bedroom, una de sus obras maestras, está presente en Church Underground, e incluso remite con That's not the Part of Him You're Leaving al soul rhythm & blues de Momofuku, el disco que publicó hace unos años. Pero lo que queda, sobre todo, es ese aroma a discos de pizarra, a pequeñas orquestinas de jazz de Nueva Orleans en Jimmie Standing in the Rain y A Voice in the Dark, a ragtime en Slow Drag with Josephine y My Lovely Jezebel, a ráfagas de big bands en You Hung the Moon, donde invoca al fantasma de Cole Porter para colocar su mejor imitación de crooner de la época dorada. Costello ha creado otro larga duración tremendo, un peldaño más en su enciclopedia de la música para adultos. Una obra consistente y disfrutable de cabo a rabo de la mano de un artista con una voz personalísima e incisivas letras.

Calificación: 4

1973: Bye Bye Cellphone

Desde Francia, un disco indie encantador y extraordinariamente bien hecho, con teclados sublimes, guitarras ocasionalmente delirantes y algún banjo sorprendente. Pop clásico de muchos kilates con armonías deliciosas y melodías que funden corazones de hielo. Para degustadores de los Beach Boys post-Smile y el primer Paul McCartney en solitario. El nombre de la banda ya lo dice todo, como cuando hace unos años Josh Rouse aspiraba a reproducir el sonido de los singer-songwriters de 1972. No ofrecen nada nuevo, pero lo que hacen, lo hacen tan bien y les sale tan bonito que es irresistible ponerse de buen humor y ver salir el sol aún en días como estos.

Calificación: 3

ROBERT PLANT: Band of Joy

Qué maravilla. El nuevo disco de Robert Plant es, como su propio nombre indica, una gozada. Después de la formidable excursión que fue Raising Sand al lado de Alison Krauss, el ex-vocalista de Led Zeppelin ha decidido continuar explorando la ruta de la música con raíces en Band of Joy, su entrega de este año. Con resultados como estos, le asiste toda la razón al no querer mantener la reunión con sus colegas Jimmy Page y John Paul Jones. A sus 62 años, Plant ha seguido su corazón y ha hecho aquello con lo que realmente disfruta. Una colección de canciones con una pasión y una hondura, con un conocimiento de la tradición y un juvenil espíritu indie, con un sentido del riesgo, que no cabría esperar de un artista con una carrera tan ilustre a sus espaldas y sin nada que demostrar ya. Band of Joy es un disco grabado en Nashville, ilustre capital de la música, e impregnado todo él de un aroma años cincuenta. Composiciones de aires country, aproximaciones al blues y tonadas de aires folkies que ya le habían interesado desde aquella excitante Gallows Pole que abordara en el tercer album de los Zeppelin. Plant canta mejor que nunca, su garganta cobra más matices, gana en profundidad, se ha librado de histrionismos, y tiene el buen gusto de versionear a Low, Richard Thompson y Townes Van Zandt. Las segundas voces de Patti Griffin aportan el toque final que redondea el pastel. Por si necesitase una guinda.

Calificación: 4

TAKE THAT: Progress

Me hago viejo. Cuando era más joven y más punk (si ahora piensan que tengo un carácter dificilillo, deberían haberme conocido hace 20 años), hubiera enviado muy lejos a quien me hubiera dicho que algún día iba a estar escribiendo sobre Take That. Pero el tiempo lo cura todo y la música amansa a las fieras. Ahora me encuentro disfrutando de bandas que en mis mocedades representaban lo peor que uno se podía echar a los oídos. Bee Gees, Fleetwood Mac, Luis Eduardo Aute. Cuando Take That estaban en pleno apogeo como grupo para niñas, ningún rockero con un mínimo sentido de la dignidad se hubiera permitido acercarse a menos de tres Spice Girls de distancia. Eran los Monkees de los 90, pero sin el talento ni las canciones. Luego Robbie Williams empezó a beber como si su credibilidad dependiese de ello, se puso hecho un lechón y se hizo colega de farra de Liam Gallagher. Por aquel entonces, en plena fiebre del britpop, me descubrí a mí mismo, como tantos otros, tarareando Back for Good con cierto fastidio y un leve sentimiento de culpa. Después de eso Take That se marcharon cada uno por su lado y jamás me volví a acordar de ellos hasta que el nombre de Robbie Williams en solitario volvió a sonar como ese patán que interpretaba pop con toques beatlemanos y freddiemercurianos (toma ya). Gary Barlow pensó que era el nuevo Elton John y que se iba a comer el mundo en solitario, pero la jugada no funcionó. Hace unos años Take That regresaron, esta vez sin Robbie, y oigan, grabaron un par de discos impecables. Shine, una pequeña sinfonía escapada de Magical Mystery Tour, me volvió a atrapar. Williams se ha hinchado a suplicar que le dejasen subirse al carro tras ver su carrera en caida libre, y Progress es el fruto de esa reunión de Take That al completo. Una rodaja de nostalgia bailable y hueca de la que ni siquiera The Flood, el single de encabezamiento, se salva. Se ve que a sus fans cuarentonas todavía les pone ver a los cinco muchachotes juntos porque se ha vendido cosa mala nada más salir, pero dos canciones no sustentan una carrera.

Calificación: 0

viernes 19 de noviembre de 2010

Quiero mi cuota

La campaña para las elecciones al Parlamento de Cataluña nos está dando una pista de por dónde van a ir las cosas, cuando San ZP y su pactos quieran, en el resto de España. En vista de cómo está el patio, uno se podría creer que esta gente, la casta política de oficio, aunque sólo fuera por mantener la poltrona bajo sus muy honorables posaderas, se las estaría componiendo para ver cómo hacen propuestas que, si no nos sacan de hoyo, por lo menos dejen de escarbar hacia abajo. Error. Chorrada tras chorrada y ni un mínimo de la seriedad que la situación impone. La una se publicita haciendo un videojuego en el que da caza a inmigrantes, el otro se desliza proclamando que en otras partes se vive en una perpetua vacación fiscal, otra más decide hacer un vídeo al que cuelga el cartelito de porno para hacerse oir, y el de más allá , no contento con vestirse de Superman, se publicita mostrando a una señorita orgasmando al introducir una papeleta de su partido en la urna. Amigos, no hay una cabeza sana. En estos tiempos de cuotas, los Padres de la Patria parecen estar dispuestos a cubrir ellos solitos el cupo de cretinismo. Lo malo de todo esto no es que piensen que así van a movilizar a su tribu. Lo chungo de verdad es que están convencidos de que el electorado es un hatajo de tarados a los que se les puede engañar de forma tan burda. Y, oigan, la cosa es grave, porque puede que tengan razón. Viendo la intención de voto a los respectivos, parece claro que digan lo que digan, y aún peor, hagan lo que hagan, cada quien sigue dispuesto a dar su apolladura a los suyos, que para eso son los buenos. Y yo, ya que estamos con la tontuna, puestos a pedir cuotas, les vendo mi voto si me dan la mía. Vale que mi cara es lo que podríamos definir como “de rara belleza”, vale que nunca he sido un derroche de simpatía, y vale que con mi exiguo 1,54 jamás voy a poder jugar en la NBA. Concedo que mi abdomen está más cerca del huevo Kinder que de la tableta de chocolate, que soy poco inclinado a la higiene personal, y que mi dotación armamentística deja bastante que desear. Pero los feos también tenemos derecho a ligar, no me digan que no. Tampoco pido tanto. Que me concedan una cuota fija de ligues al mes por ley y estoy dispuesto a votar hasta a Homer Simpson. Si uno mira a su alrededor, ya no sabe si hoy en día se vota con la cabeza, con el bolsillo, con el corazón, con las tripas o con los glúteos. Si no me dan mi cuota, yo estoy dispuesto a botarles con los pies. ¡Quiero mi cuota, hombre ya!

Conan: Free Companions

Último tomo recopilatorio hasta la fecha de las nuevas aventuras de Conan que Dark Horse está editando en Estados Unidos y Planeta De Agostini publica en formato de grapa en nuestro país. Free Companions retoma un arco argumental de transición que sirve de puente entre Black Colossus y Iron Shadows in the Moon, dos adaptaciones de relatos originales de su autor, Robert E. Howard. Las labores artísticas andan bastante repartidas en esta ocasión. Tomás Giorello, por fortuna, corre con la parte del león, realizando un trabajo cada vez más brillante que trae aromas de Richard Corben, Frank Frazetta y Mike Ploog. Le echa una mano en un buen número de páginas el guionista Timothy Truman. Si como escritor, Truman está soberbio, no podemos decir lo mismo de sus burdos pinceles que, al lado del sobresaliente trabajo de Giorello, quedán aún más en evidencia. Se le disculpa por su gran labor en los guiones y los buenos momentos que nos está haciendo pasar con esta colección. Puras fantasía y evasión excelentemente escritas, cautivadoras y muy respetuosas con el espíritu howardiano. Dark Horse está llevando a cabo una tarea de rescate que puede rivalizar sin complejos con la magistral producción de Marvel en los años setenta, y muy pronto, en el próximo arco argumental, veremos que hasta en el plano del dibujo se va a poner a la altura de las obras maestras de John Buscema en La Casa de las Ideas. Free Companions incluye, además, un prólogo a cargo de nada menos que el veterano Joe Kubert en su primera aportación al personaje de Conan. Para fans convencidos y para el público recién llegado.

Calificación: 3

Solomon Kane: Death's Black Riders

Dark Horse está siguiendo un tortuoso camino para volver a poner ante el público las aventuras de Solomon Kane, otro de los personajes salidos de la máquina de escribir del escritor texano Robert E. Howard, tal vez aprovechando la incierta popularidad de la reciente adaptación cinematográfica. Las reediciones de los comics clásicos impresos por Marvel en los años setenta han sido impecables, sin embargo la nueva producción propia ha resultado más irregular. Quizá no haya sido una buena idea recurrir a relatos inéditos e inacabados, a veces meros párrafos, para relanzar la colección. La propuesta estética, bien diferenciada de lo que los lectores conocían, también puede que haya sido excesivamente arriesgada. Tras un primer arco argumental, The Castle of the Devil, bastante bien conseguido, muy probablemente por la excitación de la novedad, el mismo equipo se ha encargado ahora de una segunda miniserie, Death's Black Riders, recopilada en un tomo con extras, que no ha mantenido el nivel. El dibujo de Mario Guevara es más apresurado, más descuidado, y con resultados confusos. Los monstruos se presentan un tanto ridículos y la historia es una mera anécdota alargada. El guión de Scott Allie pretende reproducir el ambiente gravemente inquietante de los relatos originales, pero la elección de las fuentes no ha sido adecuada. Death's Black Riders parte de un retazo de una historia que Howard nunca desarrolló plenamente, e intercala una adaptación de otro cuento bastante célebre de su autor, Rattle of Bones, para darle sustancia a la aventura y conseguir una extensión adecuada. El problema es que ambas piezas no casan bien, la interpolación se nota forzada y se diluye en el conjunto como una mezcla de retales que no cuadran. El tramo final, tristemente, se torna aburrido y casi hasta absurdo. Tal vez por eso, la editorial ha optado por un nuevo tandem para el próximo arco argumental, con Rahsan Ekedal encargándose del dibujo y Bruce Jones del guión. No es un buen augurio. Jones fue un buen escritor de comics de ciencia ficción, pero cuando se encargó de personajes de Howard en Marvel demostró que no conocía en absoluto el material que tenía entre manos. El tomo Death's Black Riders incluye intercalada en su orden cronológico el comic publicado previamente en exclusiva on line en My Space. Un bonus para el aficionado, pero otro motivo para dejar la impresión de un resultado final aún más parcheado.

Calificación: 2

jueves 18 de noviembre de 2010

Devil, el último proyecto de M. Night Shyamalan

Aunque de un tiempo a esta parte el prestigio de M. Night Shyamalan ande de capa caída, para los más curiosones su nombre todavía representa un reclamo para pasar por taquilla. En el caso de Devil, el gancho es que viene avalado por ser una historia original del realizador de El Sexto Sentido, quien además ha puesto la pasta para que se haga esta primera entrega de una proyectada trilogía acerca de la influencia de lo sobrenatural en en el mundo del siglo XXI, bautizada, haciendo un alarde de ingenio, como The Night Chronicles.

John Erick Dowdle, director de Quarantine, el remake norteamericano de Rec, se pone detrás de las cámaras para contar la peripecia de un grupo de personas atrapadas en un ascensor de un edificio de oficinas. En el mismo lugar un hombre acaba de saltar al vacío desde una ventana, y un policía está investigando el supuesto suicidio. Poco a poco, tanto en el exterior como dentro del ascensor, seguro que ya se lo imaginaban, va ocurriendo una serie de sucesos extraños aparentemente inconexos entre sí.

La única originalidad de Devil reside en la complicada red que teje la trama hasta enlazar todas las historias, manteniendo siempre la tensión apoyada en una musiquilla inquietante que es lo que más contribuye a crear el ambiente ominoso propicio. Cada uno de los personajes, desde el policía hasta los que están dentro del ascensor, tiene una tragedia en su pasado, un lado oscuro desgranado por un narrador que lo cuenta todo como una profecía siniestra. El Diablo ha tomado forma humana para torturar a los pecadores.

Los atrevidos movimientos de cámara no consiguen evitar la sensación de estar presenciando un telefilm con alto presupuesto, y las interpretaciones un tanto pedestres redondean la sensación de que se trata de la transposición a la pantalla de una novela de Agatha Christie a lo Diez Negritos, llena de trampas, engaños y secretos. Las secuelas que vienen, retoman (agárrense) la segunda parte nunca filmada de la fallidísima El Protegido. Suena a broma, pero les juro que no me lo he sacado de la manga.

Calificación: 2

miércoles 17 de noviembre de 2010

Los Secretos

Los Secretos son uno de los grupos que han quedado como referentes del resurgir de la música en español en los años 80. Junto a Nacha Pop son los grandes puntales de aquella época. Sin embargo en su momento el público les dio la espalda y durante mucho tiempo arrastraron el sambenito de músicos blanditos. Los setenta eran el reinado de los cantautores concienciados y de los intérpretes de aquello que en La Gran Ocasión se llamaba Música Ligera. Los hermanos Javier, Enrique y Álvaro Urquijo, tres críos con aspecto de pijitos fascinados por el folk-rock californiano y las guitarras Rickenbacker, graban junto a un compañero de colegio, José Enrique Cano “Canito”, a la batería, una desfinada maqueta bajo apelativo de Tos. Ya estaba ahí la inmortal Déjame y una versión en español de Neil Young que da pistas de por dónde iba a tirar la banda, la reivindicación de nuestro idioma como pertinente para el rock and roll.

En la Nochevieja de 1979 Canito pierde la vida en un acciente de tráfico. Se organiza entonces un concierto de homenaje en el que se dará cita el todo de la modernidad. El concierto es retransmitido por radio y filmado para el programa de televisión del crítico Carlos Tena, Popgrama. Ese concierto se considera el detonante que dará inicio a lo que se llamó la Movida Madrileña. En él están presentes todas las bandas fundamentales de la nueva generación musical, y a raíz de la atención suscitada comienzan a llover las ofertas de las discográficas. Tos se refundan con nuevo baterista como Los Secretos y publican su primer EP en 1980. Es un trabajo redondo, lleno de temas clásicos con la urgencia de la New Wave, y una extraña semejanza con Murmur, el primer disco de REM. Al año siguiente editan un LP extraordinario cuajados de clásicos como Ojos de Perdida, pero el público mas auténtico les da la espalda a pesar de la gran calidad de su trabajo.

Todos componen, todos cantan, su música bebe directamente de The Byrds y The Flying Burrito Brothers filtrados por Tom Petty y las canciones más anglófilas de Bruce Springsteen, pero tocan demasiado bien y su repetitiva temática de amoríos adolescentes resulta patéticamente autocompasiva. Se les tacha de babosos y, a pesar de que en cada disco había canciones irresistibles como No Me Imagino y Quiero Beber Hasta Perder el Control, los ochenta serán su travesía del desierto. Los problemas se les amontonan: Javier es reclamado para hacer el Servicio Militar, la discográfica no les renueva el contrato y, por último, su nuevo batería fallece también trágicamente en la carretera. No se arredran. En el directo van perdiendo actitud nuevaolera y refinando su calidad como músicos. Una versión en español de Close Up the Honky Tonks de los Burritos es un indicio de por dónde van a ir a partir de ahora las cosas: country rock en la vena de Poco, The Eagles y America.

Con nueva formación sin Javier, y en otra discográfica, Enrique y Álvaro escarbarán en las raíces de la música popular y buscarán lo que une a España con América. Sus próximos discos apuntan hacia las rancheras y los boleros tamizados por el pop. Su sentido del rock and roll está muy cercano al de Joaquín Sabina y en su disco de 1987 graban una versión de Por el Túnel del cantautor de Úbeda. Será la primera de varias fructíferas colaboraciones. Sabina corresponde apareciendo en el disco en directo de los hermanos Urquijo. Más adelante Joaquín regala una estrofa de una canción que tenía inacabada, y Los Secretos la terminan para dar forma a uno de sus grandes éxitos, Ojos de Gata. Curiosamente, Sabina también la acabaría por su lado a su manera y la publicaría como Y Nos Dieron las Diez. Comparen las versiones para comprobar el talante de cada músico. Además, en un gesto de generosidad, cuando Sabina ya tenía grabada Por el Bulevar de los Sueños Rotos, apareció Álvaro con una música totalmente diferente y el cantautor borró su música para publicarla con la nueva melodía.

Entre 1989 y 1993 editan la trilogía que redefinirá su sonido y los aupará por fin al éxito popular y el reconocimiento crítico, En La Calle del Olvido, Adiós Tristeza y Cambio de Planes. Sacarán la mandolina, la steel, el acordeón y el violín, y darán tanto protagonismo a las guitarras acústicas como a las Rickenbacker. Los noventa apuntalan su reputación como padrinos del pop-rock español y grandes supervivientes de la Movida. Álvaro construye un rock más clásico y conservador, mientras que Enrique explora otros caminos cercanos a Jackson Browne y Gram Parsons. Su cortejo con la heroína es vox populi, y el cantante lo aborda de forma elíptica en la reveladora Buena Chica. Si recurren a versiones de otros intérpretes, como si fuera un manifiesto, son de autores en español. Se descuelgan reivindicando influencias tan dispares como Alarma, Radio Futura, Carlos Cano y los corridos mexicanos.

1998 será un año sabático para Los Secretos. Álvaro aprovechará para lanzar su primer trabajo en solitario con su versión de Por el Bulevar de los Sueños Rotos y Enrique monta un grupo paralelo, Enrique Urquijo y Los Problemas (no me digan que este tipo no era autocompasivo), con el que dar rienda suelta a otras inquietudes musicales. En los discos de esta formación reinterpretaría canciones de Los Secretos en clave tex-mex, versionearía a sus autores favoritos y compondría al estilo de los grandes de la música popular como José Alfredo Giménez y Lucho Gatica. Son un par de albumes encantadores llenos de country festivo con aires mariachi sin asomo de trompetas ni gallitos. Enrique ha desarrollado una voz personalísima, pero cada vez más afectada, inconfundible, pero llena de manierismos. Si en sus comienzos eran jovencitos acelerados y melódicos, en la madurez de Los Secretos predominan los tiempos medios y la dulzura , pero sus letras parecen no haber crecido y siguen repitiendo los mismos tópicos naif de timidez adolescente.

Los últimos trabajos de Los Secretos serán productos ultraprofesionales con buenos temas como Pero a Tu Lado, fruto de artistas con tablas y un pulso ajustado. Echan mano de una historia de Alack Sinner de Muñoz y Sampayo para escribir Tu Tristeza, y se plantean 1999 con un Grandes Éxitos bajo el brazo. El día antes de que el disco salga a la calle, Enrique aparece muerto en un portal de Madrid. Tras muchos años coqueteando con las drogas, la heroína se lo lleva por delante. Álvaro sigue adelante con discos en directo, regrabaciones, recopilaciones y nuevas obras que, curiosamente, retoman el aroma a folklore mexicano tan querido por su hermano en sus últimos años. La plana mayor del pop español se reúne para un disco de homenaje que incluye la última canción grabada por Enrique con su temática tristona de siempre. Es un flaco epitafio. Déjame parece un karaoke, Miguel Ríos se carga Ojos de Gata y Mikel Erentxun está más lloriqueante que nunca en No Me Imagino, realizando su peor imitación de Morrissey, pero eso no quita para que Los Secretos sean todavía hoy por hoy una de las formaciones más grandes que ha dado la música en español.

Calificación: 4