domingo 31 de octubre de 2010

The Walking Dead, los Muertos Vivientes llegan a la televisión

Hoy, Noche de Todos los Santos, Halloween en los Estados Unidos, la noche de los sustos en la que los muertos salen a pasear, se estrena el que tal vez sea el acontecimiento televisivo del año, The Walking Dead, la serie basada en los comics escritos por Robert Kirkman. No desvelo nada nuevo si digo que Los Muertos Vivientes es una de las mejores series que se están publicando en el panorama del comic actual. Tampoco levantaré rugidos de sorpresa si afirmo que el gran mérito de la colección reside en el buen hacer de su guionista. Publicado en su país de origen por Image, y en España por Planeta De Agostini, Los Muertos Vivientes es un comic de horror. El horror al que asiste el lector y que le invade arrastrado por la profundidad psicológica de su análisis de la parte más negra del alma del ser humano. Porque, al igual que Watchmen no es un comic de superhéroes, sino con superhéroes, la obra de Kirkman no es un comic de zombies, sino con zombies. La presencia de esa amenaza es la percha de la que se cuelga el escritor para mostrar la verdadera tragedia, la degradación moral en la que puede caer una persona llevada a una situación límite. La miseria de la que podemos hacer gala a poco que se nos dé la oportunidad. Tiene mucho más en común con La Carretera, la novela de Cormac McCarthy llevada al cine por John Hillcoat, que con el cine de George A. Romero.

Los aficionados parecemos tener siempre la necesidad de ver nuestro comic favorito llevado a la pantalla. No nos basta con que ese comic sea bueno y válido de por sí. Pareciera que el hecho de que se vea con actores reales le fuera a aportar algo esencial, cuando en la mayoría de los casos una adaptación cinematográfica lo que hace es cargárselo. No parece ser este el caso de la serie que produce la cadena de televisión AMC y dirige Frank Darabont, cuyo mejor trabajo es el largometraje conocido en España como Cadena Perpetua. Usted puede conocer el comic original o no, pero la primera secuencia atrapará a todos aquellos que no tengan ni idea del transfondo de la historia. Se trata de una entradilla totalmente nueva que evita lo que hubiera sido un comienzo demasiado lento y sumerge de lleno en la angustia del protagonista. La premisa inicial es sencilla. Rick Grimes es un policía de una pequeña localidad provinciana de Norteamérica que es herido durante un servicio. Despierta en un hospital que parece haber sido arrasado. Rick se encuentra con un mundo devastado, las calles están desiertas, cubiertas de cadáveres, y zombies hambrientos de carne humana intentan devorarlo. No entiende nada ni sabe cómo se ha llegado a esa situación, pero tiene que intentar sobrevivir y encontrar a su familia. A partir de ahí se desencadenan una serie de acontecimientos totalmente imprevisibles que no se rigen por los parámetros habituales a los que el espectador pueda estar acostumbrado.

La serie sigue punto por punto el excelente guión para el comic de Robert Kirkman. A pesar de lo fantástico del tema, se ciñe a unos presupuestos absolutamente realistas e imagina cómo el mundo y la vida cambiarían radicalmente en una situación semejante. No teme enfrentarse a los tabúes y se regodea en la violencia explícita, incluso con cierto abuso de la cámara lenta. Aunque no faltan las escenas de acción, no es esta una historia de persecuciones y peleas. Aunque los destripamientos son mostrados sin recato, no es tampoco un relato gore. La sangre y las vísceras se muestran en tanto en cuanto resultado lógico e inevitable de la montaña rusa en la que los personajes se ven envueltos. El primer episodio adopta el mismo ritmo pausado original que imprime Kirkman a su historia, pero introduce secuencias y conversaciones enriquecedoras de los personajes. El final, con la espectacular secuencia de Rick entrando en la ciudad, desata la acción trepidante y deja con ganas de más. El casting está bien pensado. Andrew Lincoln, antes visto en Love Actually, sabe interpretar a la perfección el sufrimiento del protagonista, un hombre sencillo que va a tener que endurecerse a la carrera. Será interesante ver su evolución, porque nadie está seguro en Los Muertos Vivientes. Los personajes son mutilados y torturados, sufren pérdidas, se degradan, se corrompen y mueren. La mayor parte de las veces a manos de sus congéneres, no de los zombies. Pronto el espectador se dará cuenta de que no puede tener ninguna presunción porque el discurrir de los acontecimientos lo va a sorprender una y otra vez.

Hábilmente se han evitado los paralelismos con 28 Días Después. Cuando Rick despierta en el hospital y sale a la calle, la imagen no se asemeja en nada a la película de Danny Boyle. No hay aquí tanta desolación, y sí da más la sensación de que ha llegado el fin del mundo. Los zombies se parecen más a los monstruos estúpidos y lentos de George A. Romero que a los hiperveloces de Dead Set. La ambientación y el maquillaje son perfectos, y los parcos efectos especiales están bien conseguidos. Por fin se ha alcanzado la proficiencia técnica necesaria como para dar verosimilitud a aventuras que antes sólo eran imaginables dibujadas sobre el papel. Los Muertos Vivientes es una cima de la narrativa por la introspección psicológica de sus personajes y el clima que se desarrolla poco a poco sobre sí mismo hasta explotar. Ha ido más allá de lo que iría cualquier otro comic. Ha mostrado sin reparos la parte más negra del alma humana. Cada uno de sus personajes ha evolucionado hasta un punto en el que ya no hay vuelta atrás. Kirkman nos ha dado una lección de cómo se cuenta una historia y de cómo somos en realidad. Nos engaña ralentizando la peripecia, tomándose su tiempo. Habrá quien se queje y diga que no aparecen bastantes zombies. Que no hay suficientes mordiscos ni tripas. Es la calma que presagia la tormenta. Como una lombriz que se interna reptando en la arena, vuelve a rugir el salvajismo. Primero como un rumor, lejano, pequeño, hasta que va creciendo y se desata de nuevo alcanzando una vez más cotas insospechadas. Si la serie de televisión consigue reproducir con la fidelidad que lo hace el primer episodio lo que Kirkman ha creado en el comic, hará historia.

Lo que interesa en The Walking Dead es la evolución de los caracteres en su día a día, sus cambios físicos y la transformación gradual y muy medida de su personalidad. Aquí nada es totalmente blanco ni totalmente negro. Al mismo tiempo consigue mantener el suspense contínuamente, obligando a aguantar la respiración en perpetua fascinación y tensión con un cliffhanger constante. Las voces descontentas que reclaman mayores niveles de acción y que se quejan de que la historia sea demasiado reflexiva no han entendido el propósito de Kirkman. El guionista estadounidense está revelando nuestra propia naturaleza bestial. Muy al contrario de lo que apuntan las críticas, está yendo cada vez más lejos, mostrando un espanto difícilmente superable y dejando el listón muy alto. Si hay un comic imprescindible hoy en día, es este. Un clásico moderno del presente y del futuro que nos señala con el dedo para recordarnos la máxima de Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre. O un muerto viviente. El primer episodio de la serie televisiva es una experiencia muy inteligente e intensa. Ahonda en la psique de los personajes y apunta ya su futura degradación. Los protagonistas evolucionarán y se transformarán en seres cada vez más sombríos, revelando facetas ocultas de su personalidad. Más adelante Los Muertos Vivientes será un muestrario de las miserias humanas, por lo pronto este primer capítulo está lleno de compasión. Con el estreno en nuestro país en ciernes a través de Fox, y el número 12 del comic calentito en las estanterías, el festín está asegurado. Huh... a lo mejor festín no era la palabra más adecuada.

Calificación: 4

sábado 30 de octubre de 2010

FRAN HEALY - Wreckorder

El primer disco en solitario de Fran Healy (hey, bonito nombre), alma mater de los supervivientes del britpop Travis, contiene todo lo que se podría esperar de él. Gotitas de melancolía, toneladas de melodía y singles pegadizos como Buttercups. La portada de Wreckorder podría sugerir que el artista ha madurado, pero lo que hay detrás de ella indica que todavía está con lo mismo que lleva haciendo desde The Man Who. Lo que no es forzosamente malo, pero tampoco es bueno. Healy es un cantante desinhibido de voz dulce que sólo sabe componer discos agradables y otoñales, como The Beatles via Radiohead. Significativamente, en Wreckorder colabora Paul McCartney añadiendo el gomoso bajo que desarrolló en Revolver, y hay un dueto, como dicen los modernos, con Neko Case. En palabras de Thom Yorke, Sin Sorpresas. Por lo demás, el bueno de Fran sigue siendo un tipo encantador que ha hecho otro album con el que satisfacer a sus fieles y a nadie más. Un disco de Travis bajo el nombre de Healy, aunque todos los discos que lucían el apelativo de Travis en la portada podrían en realidad haber sido firmados sólo por Mr. Healy. La cosa es que con Wreckorder ha destapado sus cartas, tiene póker y son menos con los que repartir.

Calificación: 2

Bob Dylan: The Bootleg Series 9, retrato del artista adolescente

Entre 1962 y 1964 Bob Dylan grabó innumerables cintas de demostración en diferentes estudios con la finalidad de vender sus propias composiciones a otros autores y abrirse un hueco como autor mercenario en el mundillo del folk. De aquellas demos surgieron algunas de las versiones más famosas de sus canciones que propulsaron su popularidad entre el gran público. Temas como Blowin' in the Wind y Mr. Tambourine Man salen de esas sesiones y cosecharon gran éxito en las voces de Peter, Paul & Mary y The Byrds respectivamente antes que por el propio Dylan. De hecho, a raíz de la multitud de covers de Dylan que proliferaron en la primera mitad de los 60, la CBS se vió obligada a desplegar la campaña de promoción "Nadie canta a Bob Dylan como Bob Dylan".

Conocidas como The Witmark Demos, esta cosecha de canciones supusieron la principal fuente de inéditos para artistas menos predispuestos a escribir sus propios temas, hasta que el propio Dylan se encerró en Woodstock con The Band y preparó una nueva remesa de temas que estarían muchos años sin aparecer de forma oficial, pero que serían profusamente versioneados. The Witmark Demos han corrido durante todo este tiempo entre los estantes de los buscadores de placeres piratas, y por fin ven su publicación formal con un sonido inmejorable en en volumen 9 de la Bootleg Series que lleva un tiempo desempolvando Mr. Zimmerman. Cada uno de los discos oficiales de Bob Dylan podría ser considerado una colección de demos. Grabaciones apresuradas resueltas en el menor número de tomas posibles con las que parece que el artista diga: "Esta es la canción, ahora vamos a rodarla en directo a ver qué podemos hacer con ella". La obra de Dylan es una fuente inagotable que jamás deja de reinventarse y moldearse dependiendo de la noche y del humor de su autor.

¿Qué podemos encontrar en The Bootleg Series, Vol. 9? Al Bob Dylan primerizo y más árido acompañándose con su guitarra y probando nuevas canciones. Relajado, equivocándose en los acordes, olvidando la letra, tosiendo a mitad de canción, riendo y bromeando entre tomas. Ensayos de sus canciones más conocidas (Blowin' in the Wind con un bonito arpegio distinto del habitual, A Hard Rain's A-Gonna Fall, Masters of War, Don't Think Twice It's Alright, The Times They Are A-Changin' interpretada como un vals al piano, Mr. Tambourine Man, con el mismo intrumento), temas conocidos en la voz de otros intérpretes (Tomorrow Is a Long Time, por Elvis Presley; Only a Hobo, por Rod Stewart; Mama You Been on My Mind, por Joan Baez; I'll Keep It with Mine, por Nico), y un montón de canciones hasta un total de 47 jamás lanzadas en ningún disco oficial, ni siquiera en las recopilaciones de rarezas vistas hasta ahora.

Canciones de una época en la que Dylan toma prestadas melodías centenarias y les escribe nuevas letras con lecturas múltiples entroncadas en las raíces de los Estados Unidos para una nueva audiencia joven. A la vuelta de la esquina estaban sus grandes obras y toda una revolución en la forma de entender y de expresar el rock and roll. Folk-blues, talkin' blues humorísticos, comentarios sociales, canciones protesta y editoriales periodísticos en forma de canción. Todas las formas de la música tradicional norteamericana se encuentran entre estos dos CD's que presentan a un joven talento robando de aquí y de allá para inventarse a sí mismo, a un artista ambicioso con ganas de comerse el mundo. La cara más humana de un enigma insondable justo cuando se estaba formando.

Calificación: 3

viernes 29 de octubre de 2010

28 Días Después, ahora en Planeta De Agostini

Hace un tiempo les hablé aquí mismo de la película 28 Días Después, su secuela 28 Semanas Después y los comics publicados a raíz de ambos largometrajes. La novela gráfica 28 Días Después: Secuelas fue publicada en su día en nuestro país por la editorial Panini. Hoy ha llegado a las librerías a través de Planeta De Agostini el primer tomo que recopila la serie regular que está publicando Boom Studios en los Estados Unidos, y que lleva ya 15 números en la calle hasta la fecha. Con motivo de su edición en español rescato parte de aquel artículo y lo remozo para la ocasión.

28 Días Después entronca con filmes como la trilogía de Los Muertos Vivientes de George A. Romero y The Crazies, series de televisión como Dead Set, comics como The Walking Dead y Crossed, y tantas novelas de temática zombie que nos invaden hoy día. Presenta con violencia desatada un relato sobre una epidemia que libera la brutalidad reprimida inherente en el ser humano. El problema con el comic es que si no han visto las películas de Danny Boyle es difícil que entiendan de qué va la historia. Les pondré en antecedentes: En un laboratorio de Londres unas investigaciones con simios sobre un supuesto virus de la ira altamente contagioso desencadenan una infección que se propaga rápidamente. Un animal consigue escapar y la enfermedad se extiende de inmediato a través de la cualquier fluído corporal, como una metáfora rabiosamente agresiva del SIDA.

Escrito por Michael Alan Nelson (Hexed, Fall of Cthulhu) y dibujado al principio por Declan Shalvey, el comic no cuenta nada de esto, sino que retoma la historia justo donde la dejó la primera película. Muestra las peripecias de Selena, uno de sus personajes principales, en un relato lleno de acción en el más puro estilo del comic book norteamericano. Se cuenta qué ha sido de ella y se la devuelve al terreno infectado como guía de un grupo de corresponsales de guerra norteamericanos que quieren cubrir la información de la ocupación de Londres por las fuerzas de la OTAN rompiendo la cuarentena. Como es de prever, Selena y los periodistas serán perseguidos por los infectados, por el ejército y por los refugiados supervivientes, en un espacio de tiempo que cubre el hueco que lleva de una película a la otra.

El comic incide con mayor fuerza en la mera aventura con zombies, aunque también es una alegoría de todo el horror del que es capaz el ser humano y de la bestia que llevamos dentro. No rehuye centrarse en hasta dónde podemos llegar las personas para sobrevivir en una situación límite, y a este respecto es interesante ver cómo personajes en principio débiles encuentran dureza en su interior, y cómo nuestros semejantes pueden ser más peligrosos aún que los mismos infectados. Las ilustraciones de Shalvey son efectivas, aunque el baile posterior de dibujantes no favorece en nada a la colección. Por su parte, el guión de Nelson es inteligente e infinitamente más trepidante que el de Los Muertos Vivientes, pero sin la profundidad del trabajo de Robert Kirkman. En suma, 28 Días Después es una entretenida diversión, pero sólo funciona en tanto en cuanto se conocen las películas que le han dado origen, no por sí misma.

Calificación: 2

Dot & Dash, de Cliff Sterrett

Vuelve Manuel Caldas, el mejor editor que hemos conocido en los últimos tiempos. No sólo anuncia el próximo tomo 3 de Lance y la apertura de su blog dedicado a él, también ofrece su nueva publicación. Dot & Dash de Cliff Sterrett es la tira que sirvió como topper a su obra más celebrada, Polly and Her Pals, que próximamente será reeditada por IDW. Una innovadora obra pionera del comic en la que se dan la mano el humor, la poesía, el cubismo y el surrealismo. Esta edición presenta todas las tiras en su integridad y con su deslumbrante color completamente restaurado. Con un tamaño de 30 x 21,3 cm, 64 páginas y un precio de 16,50 Euros, aparecerá en librerías el 5 de noviembre. Pueden pedirselo directamente al editor sin gastos de envío y recibirán, además, un poster de tirada limitada reproduciendo una enorme página de periódico de 1928 con Dot & Dash y Polly and Her Pals. Don Manuel tiene la honradez de avisar de que el libro contiene un error en el titulo de la página 7. Recomendado para todos los amantes de Krazy Kat. Pago por giro-postal, Paypal o transferencia bancaria (IBAN: PT50003506660003845690063, BIC/SWIFT: CGDIPTPL. Si el banco pide más dígitos, añadan xxx). Más información en la web del editor.

jueves 28 de octubre de 2010

La Red Social: Gustos e Intereses

Facebook. Ustedes lo conocen, seguramente tienen su propia página y habrán pasado horas colgando las fotos de esas fiestas en las que salen más guapos, curioseando en los muros de completos desconocidos y buscando a antiguos compañeros de colegio y viejos amores. En un mundo con 500 millones de miembros asociados a ese medio, el público potencial de La Red Social es, a priori, bastante apetecible. Más cuestionable es hasta qué punto puede la niña del piercing en el labio sentirse interesada por el friki que lo creó y sus problemas legales. Para el espectador más exigente el reclamo es David Fincher, director de películas tan sobresalientes como Seven, The Game, El Club de la Lucha y El Curioso Caso de Benjamin Button. Para esa audiencia hay buenas noticias. La Red Social es un largometraje que está bien rodado y bien interpretado. No sólo trata, aunque también, de la gente que no tiene vida social y sólo es alguien en función de su ordenador. No sólo retrata, aunque también, la patética condición humana sublimada en una generación con una vida virtual, con amigos virtuales y emociones virtuales. No sólo muestra, aunque también, un mundo de millones de falsos amigos, de soledad desesperada que fantasea con sexo ocasional y exhibe ridículamente su lado favorecedor. La Red Social cuenta una historia sobre la ética (o la falta de ella) del éxito que se basa en el trabajo.

Las malas noticias son que es posible que ese mundo no les interese. No es que La Red Social sea una mala película ni que no esté bien hecha. El problema es que si les cuesta entrar en una historia regida por la popularidad y los clubes exclusivos universitarios, pueden contemplar con desgana las puñaladas traperas que se cruzan un grupo de jovencitos presuntuosos, guapos y estilosos que se acaban asemejando a los protagonistas de una versión culta de Sensación de Vivir. Da igual que al final quiera dejar el mensaje de que el dinero no da la felicidad, en esta película Fincher se acerca más a su propia Zodiac. Vuelve a contemplar la miseria humana y tras muchos meandros no saca ninguna conclusión. La historia que cuenta La Red Social recuerda a un perro que se persigue la cola: da vueltas sobre sí mismo y no va a parar a ninguna parte. La impresión que deja es que es más interesante visualmente que en su fondo, y lo mejor de todo es el protagonista interpretado por Jesse Eisenberg. Es la clase de persona con la que yo me llevaría bien: inteligente, agudo, rápido y cruelmente despectivo con los que considera mentalmente inferiores. Sería admirable si no fuera porque emocionalmente está muerto. Y para eso, para reflexionar sobre la basura que es el ser humano, para revolverme las tripas, me quedo con películas como The Road, que muestran algo con lo que sí me puedo identificar. De David Fincher espero con más ganas su remake de Millenium. Seguro que al menos me divertirá más.

Calificación: 3

miércoles 27 de octubre de 2010

Oar de Skip Spence, el gran timo del Rock 'n' Roll

Hay discos que en su día no los compró, seguramente por un buen motivo, ni la familia del autor, y que ahora son saludados por la crítica como incontestables obras maestras, como gemas perdidas celebradas en artículos incendiarios que ponen al lector los colmillos largos. Cuando con mucho esfuerzo y no poco desembolso consigue uno hacerse con la rodaja en cuestión, la decepción suele ser directamente proporcional a las expectativas que se habían puesto en ella. También hay músicos cuya reputación se cimenta en en el grado de locura que les afecte y/o la cantidad de sustancias ilegales que consuman. Drogas y enfermedades mentales suelen ir unidas en una relación de causa-consecuencia cuando se trata de rock and roll. No estoy hablando de excentricidades, me refiero a problemas mentales objetivos y severos.

Alexander Spence, conocido como Skip era en 1966 el batería de Jefferson Airplane. Con ellos grabó su primer disco, Takes Off. Antes de marcharse para fundar su propia banda, los legendarios Moby Grape, también dejó compuesta My Best Friend para Surrealistic Pillow, el segundo larga duración de los Airplane. La carrera de Spence con los Grape fue errática, pero intensa. Moby Grape fue una banda fundamental de la psicodelia de San Francisco que dejó un puñado de grandes discos y un debut imprescindible en la historia del rock. Su primer trabajo, de 1967, está lleno de canciones inmensas propulsadas por tres guitarristas, y cubría todos los ángulos de la música popular. La fábula de cómo los ejecutivos de su discográfica consiguieron que Moby Grape se hundiera en las listas de ventas por un exceso de promoción es ejemplarizante.

Spence empezó a vivir la vida del rock and roll a lo grande. Su ingesta de drogas era pantagruélica: ácido, cocaína, heroína, alcohol, lo que fuera. Poco sabían que ese frenesí iba a acentuar sus problemas mentales. El comportamiento inestable de Skip lo mantuvo en un discreto segundo plano en el resto de los discos de Moby Grape, llegando en ocasiones a limitarse meramente a aportar composiciones sin participar en la grabación, à la Brian Wilson. Con el tiempo empezó a ponerse violento y a proclamar que era el anticristo. Finalmente estaba tan deteriorado que fue ingresado en una institución mental donde le diagnosticaron esquizofrenia. Curiosamente fue en medio de aquella vorágine cuando dejó un disco en solitario que más tarde sería elevado a la estatura de obra maestra.

Oar, grabado en diciembre de 1968 con Spence ocupándose de todos los instrumentos por sí mismo, es el evidente producto de una mente enferma. Su locura hace que lo que salga de las sesiones sea una especie de folk psicodélico semejante a lo que hacía por la misma época Syd Barrett en solitario antes de que sus colegas de Pink Floyd metieran mano en las grabaciones. Un disco desnudo y desafinado, de instrumentación rudimentaria, que parece registrado dentro de una caja de zapatos. Tiene el pésimo sonido de una maqueta añeja y sus canciones de una sola toma parecen improvisadas. Las letras minimalistas acompañan a unas melodías susurradas que parecen a medio hacer. Es un disco descarnado cubierto de esa pátina de malditismo a la que los críticos más mitómanos les gusta encontrar el encanto, pero por ningún lado aflora el genio que se pretende escuchar en él.

Little Hands parece una maqueta inacabada similar a lo que hizo para Moby Grape, pero excesivamente repetitiva y sin elaborar. En War in Peace se acerca a la psicodelia americana. Diana habría sido una bonita balada si alguien se hubiera preocupado de terminarla. Lawrence of Euphoria tiene su encanto dentro de su torpeza. Book of Moses es un blues gospel espiritual. Margaret y Dixie Peach Promenade parecen novelty songs tocadas por un principiante, y el final con Grey/Afro es una tremenda tomadura de pelo que algunos se atreven a reclamar como precursora del drum 'n' bass, igual que hacen con Kreen-Akroke, la pieza con la que Paul McCartney cerró su primer disco en solitario. Con todo, lo que más abunda es el country con valium de Broken Heart, Weighted Down y Cripple Creek, frutos sintomáticos de la medicación sedante que Spence estaba ya tomando.

Oar es el documento de una mente que se disuelve, pero eso no implica que sea esa maravilla artística que se proclama. Al contrario, es dolorosamente insoportable escucharlo. La fotografía de la portada está tomada poco antes de que Skip ingresara en el psiquiatro, y no cabe duda sólo con mirar a ese rostro de que tras su mirada algo no andaba bien. El album fue reeditado con un montón de bonus tracks que van en la línea de improvisación con el bajo y la batería que quedaba al final del disco, y al mismo tiempo fue homenajeado en eso que erróneamente se llama un disco tributo. Entre otros, Robert Plant, Mark Lanegan, Alejandro Escovedo, Mudhoney, Robyn Hitchcock, Tom Waits y Beck (este último también lo ha versioneado íntegramente hace poco) se encargaron de rehacer las canciones de Oar. Su reputación de malditismo ha seguido creciendo entre los buscadores de rarezas hasta hoy. Alexander Spence murió en 1999 de un cáncer de pulmón sin haber vuelto a la escena pública.

Calificación: 1

Chamaeleon Church: Y al piano... Chevy Chase!

Quizá ustedes recuerden a Chevy Chase, un humorista de la hornada clásica de stand-up comics norteamericanos que gozó de inmensa popularidad durante la década de los 80 gracias a un reguero de comedias, a cada cual más histriónica, que rodó durante aquellos años. Puede que también tengan presente su descacharrante parodia en el vídeo You Can Call Me Al de Paul Simon. No es esa la única relación de Chase con el mundo de la música. En 1968 grabó un album como teclista y baterista una banda llamada Chamaeleon Church cuando tenía tan sólo 24 años. Chamaeleon Church eran el vehículo para un tal Ted Myers, que acabó yendo a parar a The Ultimate Spinach, una formación igualmente oscura, aunque conocida entre los degustadores de sonidos underground de los 60. Ambos grupos estaban encuadrados en la escena que se promocionó como Bosstown Sound alrededor de la ciudad de Boston junto con otras bandas como Beacon Street Union y los excelentes Orpheus. Aquello fue una especie de respuesta al sonido Mersey Beat que no acabó de cuajar. El único y homónimo album de Chamaeleon Church es un trabajo encantador de soft psych anglófilo que recuerda a The Zombies, The Association y The Millenium. Se abre con Come Into Your Life, una pieza de pop barroco conducida por un bonito riff de oboe que parece extraída de lo mejor del repertorio de Honeybus cuando Pete Dello todavía se encontraba entre ellos. Para los coleccionistas, sin embargo, su canción más conocida es Camillia Is Changing, un número de psicodelia etérea con cuyo título jugarían para dar nombre a la formación y, típico de la época, deletrearían de forma equivocada. Otros platos fuertes dentro del disco son Spring this Year, en donde se acercan a Sgt. Pepper's de ya saben quién, Blueberry Pie con el que se adentran en el sunshine pop, y Remembering's All I Can Do, un tema de pop grandioso orquestado à la Walker Brothers. Evidentemente, no es una obra maestra. Here's a Song, en donde Chase se encarga de la voz principal, y In a Kindly Way, no son más que cortes menores. Off with the Old sólo tiene algún interés por la utilización del entonces imprescindible sitar. Vuelven a recuperar la forma con los tintes jazz de Your Golden Love, que cierra el disco a la altura del mismísimo Sinatra. A Myers, sin embargo, no le gustó nada la producción y pronto disolvió el grupo para grabar el segundo disco de los Spinach. Chevy Chase pasó a tocar con Donald Fagen y Walter Becken antes de que se llamaran Steely Dan, y luego se convirtió en el payaso que todos conocemos y queremos.

Calificación: 3

martes 26 de octubre de 2010

Por la boca muere

El Alcalde de Getafe dice que "todavía hay tontos de los cojones que votan al PP" y se queda tan ancho. Que sí, que puede tener muchos motivos para pensarlo. Es más, puede haber mucha gente que esté de acuerdo con él, igual que puede haber muchos otros que no se explique cómo a estas altura todavía hay quien está dispuesto a votar al PSOE. Pero eso no es lo esencial. Lo importante del asunto es que es un cargo público en un acto oficial y tal vez debería medir sus palabras antes de insultar a unos cuantos millones de personas por no dejar pasar la oportunidad de hacer una frase ocurrente. Con una remodelación de Gobierno reciente, el Alcalde de Valladolid, siguiendo la tradición en la que se ha especializado el partido de la gaviota de pegarse tiros en el pie en el momento más inoportuno, sugiere que estaría interesado en tener algún tipo de intercambio oral con Doña Leire Pajín. Son unas declaraciones zafias, torpes y repugnantes. Y lo que es peor, estoy seguro de que en realidad lo piensa. No se puede hacer nada respecto a la mentalidad de ladrillo de algunas personas, pero siendo quien es, una vez más, debería guardarse esas apetencias para sí mismo. Hace nada, José Blanco sugiere entre risotadas de su público que Mariano Rajoy tiene pluma. Se hace eco de las mismas palabras que pronunció Alfonso Guerra en un mitin cuando llamó al Presidente del principal partido de la oposición "mariposón". Los adalides de las libertades metiendo el dedo en el ojo al contrario por sus supuestas tendencias sexuales y devolviéndoselas como uno de los insultos más viejos de la historia. Hoy Arturo Pérez-Reverte escribe que Miguel Ángel Moratinos fue "un mierda" por despedirse de su cargo entre lágrimas. Están que se salen.

Hasta la fecha seguimos esperando una explicación por parte del lumbreras de Getafe y del otrora gran jefe Guerra, alias "mi hemmano". No digo ya disculpas, porque no me parece que sirvan para nada y suelen ser peores que las declaraciones que intentan limpiar. Eso de pedir perdón me suena a cuando un niño le arrea un cabezazo a otro con todas sus ganas y luego va mamá y dice: "Pídele perdón a Juanito". Vale, Juanito sigue con los piños rotos y el otro conserva la sonrisa de cabrito adulto que es lo único que a Juanito le interesa borrar en ese momento. La excusa de Blanco ofende a la inteligencia. Que se refería a una agenda oculta, dice. Claro, por eso le hizo tanta gracia a la audiencia. La palabra "agenda" es de un chistoso que no veas. Pero la petición de disculpas del fulano de Valladolid es directamente más insultante que lo que dijo en un principio. Me da cien patadas cuando uno empieza diciendo "Si alguien pudiera sentirse ofendido por algo que yo hubiera dicho..." No me toquen las narices con tanto condicional y tanta subordinada. Se ven obligados a admitir a contrapelo que lo que han dicho no era procedente, pero en el fondo están la mar de satisfechos. Sólo se sienten forzados por la ventolera que se ha montado. No sienten decirlo (ni pensarlo). Sienten que les hayan pillado. Pérez-Reverte, sin embargo, prefiere sostenella y no enmendalla. Dice que si lo llega a saber, lo insulta antes. Y es que no llama "mierda" a Moratinos porque le parezca indigno su comportamiento, lo hace porque le tiene ganas y porque puede. Seguramente piensa que toda su gestión política es de una altura excrementicia y ha aprovechado la mínima para soltarlo. El escritor está en una situación en la que se puede permitir hacer y decir lo que le venga en gana, y aunque hubiera podido decirlo de forma mucho más sutil, ha preferido tirar por la calle de en medio. Por lo menos es el único coherente del lote. Y ya me gustaría a mí ir por ahí diciendo lo que de verdad pienso de todo el mundo.

El Ejecutor en Panini Noir

Panini Noir no va por buen camino. No me refiero a ventas, de lo que no tengo la menor idea, sino en cuanto a cumplir expectativas. La etiqueta con la que se vende en España la línea de Vertigo Crime ni es tan Vertigo, ni es tan Noir. Mientras seguimos a la espera de que acaben haciendo algo que realmente deslumbre, llega El Ejecutor, la última entrega de la colección por el momento. Con guión de Jon Evans y dibujos de Andrea Mutti, esta es, probablemente, la historia menos negra que ha publicado Panini Noir hasta la fecha, pero tampoco incluye ninguno de los elementos fantásticos que Vertigo acostumbra a introducir en sus relatos. El Ejecutor es un comic de intriga psicológica, con moderados elementos de tensión y una investigación que descubrirá unos cuantos crímenes terribles, unos sucesos del pasado que estaban ocultos y que volverán.

El título original, The Executor, hace un juego de palabras entre su significado como ejecutor y como albacea testamentario. Efectivamente, Joe, el protagonista de esta novela gráfica, tiene que volver a su pueblo natal tras muchos años fuera de él porque Miriam, su novia del instituto, ha fallecido y le ha nombrado en su testamento como encargado de que se cumplan sus últimas voluntades. Comenzará a desempeñar su tarea y en sus visitas irá descubriendo que Miriam había cambiado mucho desde que él se marchó, pero también se meterá en los sitios más pintorescos y descubrirá no sólo cosas del pasado de su ex-novia, sino también de su propio pasado y de la gente que los rodea. El Ejecutor es una historia sobre el horror que se oculta en una pequeña comunidad cerrada, sobre los prejuicios y sobre el racismo.

Lo que hace que El Ejecutor sea un comic anodino es el exceso de lugares comunes en los que cae. El guión de Evans tiene pocas sorpresas, poco mordiente, y a pesar de contar una historia enrevesada, tampoco va muy allá en el aspecto del interés. No engancha en ningún momento y el protagonista es una vez más el típico deportista universitario con un gran futuro por delante que ve su carrera truncada por una lesión. El dibujo del italiano Mutti es correcto, recuerda más al que podemos ver en las clásicas intrigas históricas de la BD que al más experimental norteamericano, pero es un poco estático y sin destellos de brillantez. Seguramente el haberlo leído a continuación de la segunda parte de Parker de Darwyn Cooke no le ha hecho ningún favor a El Ejecutor y hace que la sensación de decepción sea aún mayor. Resuelto de forma monótona y se queda, como dijo Víctor Jara, en ni chicha ni limoná.

Calificación: 1

lunes 25 de octubre de 2010

Volar del Nido

Llega un momento en el que nos damos cuenta de que hemos dejado de ser hijos para convertirnos en padres. A partir de ese instante epifánico todos nuestros miedos dan un vuelco de 180 grados. Ya no volveremos a ser esos niños despreocupados que caminan felices por la vida sin plantearse qué van a hacer más allá de los próximos cinco minutos. Ni seremos ya más aquellos a los que, ante cualquier ligera sacudida de nuestro diminuto mundo, nos bastará con que mamá nos traiga un vasito de leche caliente a la cama y papá nos arrope, para que se solucione toda catástrofe. Con esos pequeños gestos de repente el universo tenía sentido, estaba en orden y en paz. Nos sentíamos seguros, confiados, reconfortados. Desparecían los monstruos, todo quedaba borrado, olvidado de inmediato. Pero ahora ya no. Ahora somos nosotros los que tendemos una mano a esos reflejos de nosotros mismos en miniatura que caminan a nuestro lado intentando acompasar su paso al nuestro. Es nuestro pulso el que notan cálido y firme en sus deditos, lo que les da estabilidad y les hace sentir que somos todo lo que necesitan. Somos esos seres invencibles e inmortales que sustentan un cosmos que nuestros hijos todavía creen que gira exclusivamente en torno a ellos.

Todavía no saben que nos sentimos mucho más inseguros que ellos, que andamos tanteando a ciegas y muchas veces atenazados por el miedo. El miedo a no saber lo que hacemos y si lo estamos haciendo bien, a lo que pueda pasar, a separarnos de ellos. Pero nuestros hijos tienen que probar sus alitas. Nos decimos a nosotros mismos que es lo mejor para ellos, que lo hacemos por su bien. Intentamos autoconvencernos con la sospecha de que nos estamos engañando, pero hacemos de tripas corazón y un día decidimos que es hora de enviarlos a la guardería. Les hará bien relacionarse con otros niños, aprenderán a arreglárselas solos, les enseñarán un montón de cosas y... oh, sí, nos permitirá volver al trabajo. Y allí los despedimos, envueltos en besos, sonrisas y palabras cariñosas, pero con el remordimiento y la culpa atenazándonos el corazón desgarrado. Es la primera vez que nos separamos de nuestros hijos. Nos los estamos quitando de encima, los estamos traicionando. No podemos evitar decirnos en silencio que tal vez tendríamos que haberlos dejado con los abuelos unos meses más.

Es la primera de muchas separaciones en las que cada vez disimularemos los mismos temores. Nuestros hijos crecen y llegan las excursiones con el colegio en las que agitaremos la mano al pie del autobús con el rictus congelado mientras escrutamos vehículo y conductor con desconfianza. El viaje de fin de curso durante el cual nos aguantaremos las ganas de telefonear cada cinco minutos para escuchar aquello de: "Siiiií... estoy bieeeeen..." La primera vez que los enviamos a bajar la basura mientras los observamos desde el balcón con el orgullo rebosante porque ya son capaces de hacerlo por sí mismos. El primer recado que les permitimos hacer mientras contamos los minutos para que vuelvan. La primera noche que les dejamos pasar en casa de algún amigo preguntándonos si dormirán y las barrabasadas que estarán haciendo. La primera salida que hacen con su pandilla tras escuchar pacientemente mil consejos y recomendaciones por nuestra parte. El día en que por primera vez los dejamos solos en casa mientras corremos al supermercado para hacer las compras de urgencia y con la mente puesta en ellos, esperando que nos reciban con un gesto despreocupado: "Oh, he estado viendo la tele, estudiando... Tranquilos, he estado bien. No, no he pasado miedo" ¿Cómo se atrevieron los padres de Caperucita a enviarla sola a través de un bosque en el que habitaba el Lobo Feroz? ¿Cómo pensaron que a Pulgarcito le bastaría con un sendero de miguitas de pan?

Nuestros niños seguirán creciendo. Llegarán los viajes de estudios, un Erasmus en el extrajero, becas... Y el temido momento de las llaves. Los horarios del instituto no encajarán con los nuestros y tendremos que hacerles su propia copia de las llaves para que vayan a clase a su hora y vuelvan a casa antes de que hayamos llegado. Tal vez les dejaremos incluso la comida preparada para que la calienten. Nos aseguraremos de que saben abrir la puerta y de que saben cerrarla. De que no van a perder las llaves, de que conocen el camino, de que no les inquieta la soledad. En realidad no es a ellos a los que les preocupa, es a nosotros. Para ellos es la vida, y cada día es una aventura. Como fue para nosotros cuando teníamos su edad. Un día serán las llaves de su propia casa las que empuñarán, y pensarán que ya no nos necesitan más, que sus alas ya son fuertes. Y al vacío de quedarnos solos por primera vez en muchos años se unirá la preocupación de cómo les irá a nuestros "niños" ahora que vuelan por sí mismos. Entonces sólo los veremos cuando vengan a comer el fin de semana. Y aparentando que ya no tenemos miedo les preguntaremos: "¿Qué? ¿Cómo van las cosas?"

domingo 24 de octubre de 2010

Buried, mi voz clama en el desierto

Ustedes ya saben de qué va Buried. Ryan Reynolds en el papel de un caminero norteamericano secuestrado y enterrado vivo en Irak. Toda la película relata, siempre desde el punto de vista del protagonista, sus esfuerzos por ser rescatado. Reynolds, que se ha fogueado en comedias románticas y pelis de superhéroes, lleva el peso de este largometraje, el segundo del director español Rodrigo Cortés. Buried es una película valiente que arranca de forma difícil, en la que Cortés ha decidido autolimitarse proponiéndose a sí mismo el juego de transmitir al espectador la angustia del personaje al colocarlo en su misma situación. De indudable atmósfera hitchcockiana, Buried se apuntala en la escasez de luz y la abundancia de primeros planos, pero es precisamente esta falta de ropaje lo que la hace una película recargada. Al centrarse exclusivamente en tres o cuatro elementos constantemente repetitivos, Cortés consigue transmitir sensación de agobio con su desnudez. Y también como en el caso del maestro Hitchcock, el espectador tiene que olvidarse de ciertos convencionalismos para poder entrar en la historia: el Zippo que nunca se apaga, el móvil que siempre funciona y un ataúd en el que no dejan de aparecer cosas.

Pero Buried es también una película tramposa. Aún disponiendo de un guión atractivo y que engancha, no es más que un telefilm de sábado por la tarde disfrazado de intriga psicológica. El recurso narrativo que emplea Cortés es lo que hace de Buried una película singular que contada de otro modo sólo hubiera sido un vehículo para dar doctrina. Lo malo es que el director no se da cuenta de que su película se podría seguir perfectamente sin mirar a la pantalla. Los únicos movimientos de cámara con carga narrativa son aquellos en los que se aleja del personaje para mostrar un plano general que alivia la experiencia del espectador, pero que a su vez intensifica la soledad y el aislamiento del hombre enterrado en vida por un laberinto burocrático. Buried queda como un relato simbólico sobre la inutilidad de los Estados Unidos para resolver un conflicto en el que se han metido ellos solos y que, aunque pretende aparentar equidistancia, resulta flagrantemente maniqueo. Los iraquíes se ven obligados a hacer lo que hacen porque no tienen otros medios, y el malvado poderío norteamericano deja sólo al hombre medio que, responsable por su colaboración silenciosa, debe pagar por los pecados colectivos. A mí me molesta y me sobra ese adoctrinamiento, y ni siquiera el crescendo de los minutos finales, lo mejor de la película junto a la reinvención de Reynolds como actor, me lo redime. Voy a contracorriente, sí, pero me parece sobrevalorada.

Calificación: 2

sábado 23 de octubre de 2010

Grinderman 2, más de lo mismo

Estas son las consecuencias, casi siempre indeseadas, a menudo inevitables, de la crisis de la mediana edad. Cuando pierdes el pelo de la cabeza y tienes que dejarlo crecer en la cara para compensar, sueles volver a hacer las mismas cosas con las que disfrutabas cuando eras adolescente e intentas vivir una segunda y tardía época dorada. Nick Cave deja el piano, empuña la guitarra y junto a algunos de sus amigotes forma Grinderman para recuperar las letanías ruidistas que evacuaba en los tiempos en que fundó The Birthday Party y, más tarde, al principio de The Bad Seeds. Grinderman 2 es, quién lo diría, el título con el que llega el segundo disco que Cave graba con la versión abreviada de Los Malas Semillas. Poco sentido tiene que el australiano se monte una banda paralela para hacer lo mismo que ya estaba haciendo hace 25 años, a no ser que su intención sea dejar sin jugar a algunos de sus secuaces. Las composiciones de la nueva entrega de Grinderman tienen ese fondo de blues tradicional tan afín a Cave filtrado por la influencia del Krautrock. El sonido es brutal. El bueno de Nicolás aulla su lujuria y se destapa con las observaciones del humor bestia de aquel que ya está de vuelta de todo. El mayor defecto de Grinderman 2 es que ya hemos escuchado esto mismo muchas veces y por parte del mismo intérprete. Además, las canciones menos formadas, aquellas que delatan de forma más evidente su origen improvisado, resultan francamente aburridas. Heathen Child es el single arquetípico, aunque también podemos encontrar momentos más amables como Palaces of Montezuma. Cave es uno de mis artistas favoritos desde los tiempos de The Boys Next Door. Jamás ha dado un paso en falso. Tampoco Grinderman lo es, pero si es el inicio de la pendiente. La primera entrega de Grinderman no fue lo bastante convincente y esta segunda no hace nada por remediar la impresión. Quizá Cave se esté sacudiendo de encima algunos demonios para evitar seguir profundizando en su faceta de baladista torturado hasta cavar su propia fosa. Quizá a estas alturas de su carrera (¿cuándo no lo ha hecho?) se pueda permitir hacer lo que le venga en gana. Es difícil crecer constantemente como creador tras tantos años en la brecha.

Calificación: 2

SARAH BLASKO - As Day Follows Night

Ustedes seguramente no conocerán a Sarah Blasko porque su música no nos ha llegado hasta muy recientemente, pero en su Australia natal es una artista reconocida con una larga y exitosa carrera en su haber. Su música se encuadra dentro de los parámetros más accesibles de otras féminas sentadas al piano como Regina Spektor y Coeur de Pirate. Sus versátiles composiciones y su voz pura y sensual, cubren el camino que va de Peggy Lee a Portishead. Igual se enfrenta a canciones que parecen salidas de una cajita de música, con el eco caprichoso de la voz de de Joanna Newsom de fondo, como construye números dentro del lenguaje del pop con arreglos cinematográficos, que podrían estar en lo más alto de las listas de éxitos. Blasko es una compositora inteligentísima, focalizada y muy interesante, que llega a asemejarse al Elton John más joven, pero evitando todos sus histrionismos. As Day Follows Night es su último trabajo, un disco sin un gramo de grasa y absolutamente recomendable en su totalidad. De todos modos, los singles We Won't Run, All I Want, Bird on a Wire y No Turning Back son la forma más inmediata de acercarse a él. Una vez descubran su talento querrán saber más de esta versión one-woman-band de The Temper Trap.

Calificación: 4

THE MAGIC THEATRE - London Town

Dan Popplewell y Sophia Churney son The Magic Theatre. En su anterior encarnación fueron miembros fundamentales de la banda británica Ooberman. Las ambiciones sinfónicas que mostraron allí son explotadas a pleno efecto en London Town, un suntuoso album conceptual con orquesta y coros que cuenta una historia de amor que viaja en el tiempo, del Londres Beat de 1968 a la Inglaterra Victoriana de 1888. La música intenta reflejar los sonidos de ambas épocas desde la apertura con Steamroller, que agarra al oyente y lo zambulle en el pop sesentero psicodélico británico del circo de Mr. Kite, a las barrocas melodías entusiásticas de Out There y su discreta querencia por los ABBA más próximos al musical. En sus mejores momentos Popplewell y Churney construyen canciones de un arrebatado romanticismo trágico. En los peores, se acercan a la grandilocuencia y rozan lo kistch. The Magic Theatre han creado un album de ensueño, pero nada lánguido. Como unos Evanescence sin el componente gótico, han dado forma con London Town a una opereta rock que, en el fondo, aspira a ser El Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Webber.

Calificación: 3

THE RG MORRISON - Farewell My Lovely

The RG Morrison es el apelativo con el que se presenta Rupert Graeme Morrison, un cantautor cum folk-singer via Bob Dylan y Paul Simon que acaba de publicar su segundo trabajo, Farewell My Lovely, un disco nocturno que suena a grabado en una cabaña solitaria en mitad del bosque. En el mismo cajón que el primer Ray LaMontagne y Will Oldham, sus canciones son suaves y cálidas, y corren como el agua pura. Si les gusta el lado más reflexivo de Ryan Adams y el menos depresivo de Bon Iver, los sencillos valses como Love Labor Lost y los algo más complicados como Virginia sonarán en su casa en esas noches de invierno que pasan arropados por una manta y acompañados por un buen libro. En Farewell My Lovely los arreglos acústicos, las melodías silenciosas, la voz femenina que da el contrapunto, todo trae a la mente el lado americano de Damien Rice. Pero a Morrison le queda un largo camino por recorrer hasta aproximarse al cegador talento del irlandés. Aún así, a finales de noviembre estará de gira por nuestro país y es una excelente ocasión para descubrir su música.

Calificación: 2

viernes 22 de octubre de 2010

Parker 2: The Outfit, más y mejor Darwyn Cooke

Segunda entrega de las adaptaciones al comic que está realizando Darwyn Cooke de las novelas negras-negrísimas de Richard Stark, pseudónimo del escritor norteamericano Donald Westlake. Tal vez les suene el nombre de Westlake como el guionista de la película The Grifters, un más que interesante film protagonizado por John Cusack, Anjelica Huston y Annette Bening. El personaje de Parker es un carácter duro y amoral que sólo se mueve por motivaciones egoistas sin tener la menor contemplación con los que se cruzan en su camino. Un ladrón y un asesino que no duda en emplear la violencia extrema para conseguir sus fines. No esperen encontrar a un protagonista atractivo. Parker es obstinado, engreído, frío y despreciable. Un tipo encantador. Las novelas protagonizadas por Parker han sido llevadas al cine en diversas ocasiones, siendo las más conocidas A Quemarropa, protagonizada por Lee Marvin, y Payback, con Mel Gibson al frente.

El final de El Cazador había dejado a Parker en la cuerda floja. Tras vengarse de los socios que lo habían traicionado y haber recuperado el botín que le habían escamoteado, la Mafia ha puesto precio a su cabeza. Con una nueva cara tras la que ocultar su personalidad, fruto de una operación de cirugía estética, Parker tiene que embarcarse en un nuevo trabajito que lo supla de fondos. Una vez más uno de sus cómplices en el último atraco lo delata y Parker saldrá de la situación del único modo que sabe. La Organización sigue tras sus talones y Parker vuelve a enfrentarse con los mismos capos gangsteriles que en el tomo anterior. El Parker de The Outfit es un fulano más brutal, más áspero aún si cabe. Pero también es un tipo inteligente y con las agallas necesarias para montar un plan que tuerza el brazo a todo un ejército de criminales.

La historia que cuenta The Outfit no es muy diferente a la de El Cazador, pero el arte de Darwyn Cooke la hace excelsa. Cooke es conocido por su trabajo en DC: The New Frontier, y por sus múltiples premios Eisner, Harvey y Shuster. No descubro nada si digo que es un artista brillante, un dibujante personalísimo con un gran sentido de la narratividad. En este segundo episodio de la serie dedicada a Parker, continúa con la misma línea estilística que inició en El Cazador. Esto supone páginas que se edifican sobre la abundancia de textos de apoyo, alternadas con otras páginas mudas de profundo calado cinematográfico. Por fortuna Cooke ha solventado en esta ocasión las rémoras que lastraban El Cazador. The Outfit comienza de igual manera que el anterior episodio, con varias planchas que se asemejan a un storyboard, pero ahora Cooke se ha sacudido el envaramiento y ha conseguido dotarlas de agilidad. De hecho, movimiento parece ser la palabra que rige la adaptación de The Outfit.

El resultado del trabajo de Cooke es impactante, una lectura densa con un notorio sabor retro en el que las influencias de la ilustración publicitaria y la animación que van desde finales de los años cuarenta hasta inicios de los sesenta es evidente. El entintado en bitono es tremendo y el uso de las sombras y las manchas en negro no puede ser menos que magistral. Cooke experimenta con diferentes técnicas y sale airoso en todos los casos. Aún así, en su empeño en adaptar fielmente la novela de Stark punto por punto, el dibujante ha decidido no librarse de vez en cuando de algún elemento innecesario, lo que le impide que acuda a las necesarias elipsis. Hay mucho más que contar y en la última página se anuncia una continuación que verá la luz en 2012. Darwyn Cooke parece haber encontrado en Parker la obra de su vida. IDW lo publica en Estados Unidos y Astiberri se encargó de la edición española del primer tomo. Esperemos que The Outfit llegue a nuestras librerías antes de fin de año. Definitivamente, a must.

Calificación: 4

jueves 21 de octubre de 2010

Monsters, el Distrito 9 de este año

Parodiando al inmortal caricato Gila: Alguien vio Distrito 9 y pensó "Yo voy a hacer lo mismo". Monsters es una película que parece seguir los pasos del aplaudido (en este blog con reservas) film de Neill Blomkamp. En la forma, como un largometraje de ciencia-ficción con visos de realismo y bajo presupuesto; en el fondo, contando dos películas en una. Distrito 9 era en su primera mitad una crítica a la mezquindad del ser humano en general, y al apartheid en particular; en su segunda parte era La Guerra de las Galaxias del pobre. Monsters también parece querer abarcar varias historias en una sin saber muy bien por cuál decidirse. Comienza como un inquietante relato de invasiones extraterrestres y deriva hacia el melodrama romántico y el documental que denuncia las penurias de la inmigración ilegal en Norteamérica.

En el momento presente la NASA descubre indicios de vida en nuestro sistema solar. Se envía una sonda a recoger muestras pero a su retorno choca en la frontera entre México y los Estados Unidos. La zona se infecta de alienígenas con aspecto de cefalópodos gigantes altamente agresivos, y se declara en cuarentena. El ejército intenta contener la extensión del contagio hacia el norte con contínuas patrullas y bombardeos. En esa situación, un fotógrafo de prensa que está cubriendo la noticia recibe el encargo de su adinerado jefe de que saque de allí a su hija que, oh, es un bombón, está prometida y se encuentra atrapada en el país centroamericano. Es una historia mil veces contada en tantas otras formas diferentes, pero en esta ocasión con el fondo de una invasión extraterrestre. Un film de ciencia ficción y un cuento de amor en zona de guerra. En realidad daría igual que la amenaza fuera la mafia, los zombies, la marabunta o el payaso Krusty.

Gareth Edwards es el Juan Palomo que se encarga de dirigir, escribir el guión, ser el director de fotografía y el responsable de los efectos visuales de Monsters, una producción británica realizada por cuatro duros (qué demodé suena eso) con tan sólo un equipo de dos personas, filmado en las localizaciones sin pedir permiso y utilizando como extras a quien pasaba por ahí. A Edwards sólo le faltó protagonizarla. Eso se lo deja a Scott McNairy y a Whitney Able. Un alivio, especialmente en el caso de la fémina. Pocas sorpresas hay en Monsters. Cabe esperar romance, alguna gotita de comedia, movimientos de cámara con los manierismos de cine indie, persecuciones y disparos. Y eso es lo que se obtiene, todo muy comedido.

La película entera es un largo flashback que comienza con la resolución final de la historia. Una primera secuencia de la que no se entiende nada hasta que no se ha visto hasta el último fotograma, y aún así es necesario volver al principio para saber cuál es el desenlace final. Los protagonistas van salvando sus diferencias mientras atraviesan los peligros de la zona restringida junto a sus guías. Se van encontrando con los paisanos y enfrentándose a funcionarios corruptos con el novedoso transfondo, para el género de que se trata, de paisajes exóticos y bosques pantanosos. De vez en cuando se va dejando caer algún comentario sobre la función del periodismo y una nada velada crítica a la política de inmigración de los Estados Unidos. De hecho, el muro que separa México de los USA, y el ejército que protege su frontera de la invasión alienígena, no es más que un reflejo de la manera en que el país norteamericano evita a los espaldas mojadas.

Todo queda, sin embargo, soslayado por la abundancia de momentos demasiado lentos y un exceso de minutaje sobrante en una película que, paradójicamente, apenas llega a la hora y media de duración. La insistencia en querer darle a Monsters un aire de documental cotidiano sólo logra que Distrito 9 pese demasiado en el recuerdo. Tampoco la evolución de la relación entre la pareja protagonista queda muy bien explicada. Al lado de la encantadora caracterización interpretada por Able, el personaje que encarna por McNairy parece un zoquete, y el espectador se ve abocado a suponer que "el roce hace el cariño". Sólo los últimos diez minutos demuestran tener alma, mientras que lo que queda en medio se limita a ser una mera curiosidad.

Calificación: 1

miércoles 20 de octubre de 2010

Otro Conejo

José Luis Rodríguez Zapatero, parece convencido de que los españoles somos un pueblo borreguil, que se nos puede engañar con facilidad y que tenemos memoria de pez. Debe de ser la única cosa en la que estoy de acuerdo con él. Ya se le empezaba a dar por deshauciado y se hacían quinielas sobre quién sería el nuevo líder del PSOE en eso que se empieza a llamar, con más ganas que certeza, el postzapaterismo. Ahora el Presidente del Gobierno se siente otra vez fuerte porque tiene la apolladura del PNV para acabar la legislatura y aprobar ese chiste que se llama Presupuestos Generales del Estado. ZP, el hombre que gobierna a golpe de encuesta, el especialista en sacar conejos de la chistera cuando ve nubarrones negros en el horizonte, ha vuelto a airear hoy el enésimo trapo rojo para que la opinión pública embista.

Después de decir una y mil veces que no haría una remodelación de Gobierno, no sólo ha puesto orden dentro de un partido que empezaba a mostrarse levantisco (sin muchas alharacas, no nos engañemos), sino que también ha llevado a cabo un movimiento estratégico perfectamente pensado que le deja un panorama de campanillas para poder sacar pecho y que el populacho le vuelva a aplaudir entusiasmado. Ha dejado que Celestino Corbacho se comiera el marrón de la reforma laboral (son palabras del ex-ministro, no mías) y ha puesto en su lugar al frente de la Cartera de Trabajo a un Valeriano Gómez ugetista que en la última huelga general se manifestó al lado de Cándido Méndez en contra de unas medidas que ahora él se encargará de gestionar y a las que pondrá la buena cara de no ser el responsable de las mismas. Además Zapatero contenta al ala izquierda de sus votantes con la inclusión de Rosa Aguilar, proviniente de las filas de Izquierda Unida, dirigiendo Medio Ambiente.

De un plumazo se quita de encima al torpe Moratinos, recompensa a la sufrida Trinidad Jiménez, que va a darse de tortas allá donde le digan, y elimina dos ministerios, colgándose la medalla del ahorro y librándose de paso de las discutidas Bibiana Aído y de la Ministra de Vivienda que, fíjense, ni siquiera recuerdo quién era. Lo interesante de este baile está en el refuerzo de la vieja guardia felipista. El PSOE con Zapatero al frente de un Gobierno con imagen de poco peso estaba en caída libre. Ahora se ha montado un Gobierno de los listos de cara a la galería y le ha dado puerta a María Teresa Fernández de la Vega, una figura que muchas veces daba la impresión de ser la única que trabajaba en su equipo, aunque debo decirles que a mí siempre me ha parecido un gran bluff que nunca respondía a lo que le preguntaban, sino que siempre echaba mano del manual.

No sabemos qué ha pactado el PSOE para que el PNV, que recordémoslo, en el País Vasco no es el Gobierno, sino la oposición, le preste su apoyo hasta el fin de la legislatura, pero cunde la sospecha de que una salida negociada a ETA está en el fondo de esas conversaciones. Si sale la carambola, Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del Ministerio de Interior, sale potenciado. Rubalcaba, además, ahora ocupa el puesto de Vicepresidente en detrimento de de la Vega, que cada vez tenía más desacuerdos con Zapatero. Si le toca el premio gordo y ETA declara una "tregua indefinida", es la tabla de salvación a la que el Presidente puede aferrarse. Si las encuestas andan mal, Rubalcaba está colocado en el disparadero como el delfín que puede evitar la debacle. Si andan bien, ZP puede incluso plantearse hasta un tercer mandato. Y los electores volverán a tragarse el anzuelo de que estos son los buenos porque lo dicen ellos y volverán a votar no en función de la gestión realizada, sino de la que esperan que se realice. Ahí está Leire Pajín, de confianza de Rubalcaba, haciendo de bersek capaz de defender con igual desparpajo lo que le echen por delante con ese tono enfático que pone como si se creyera lo que dice. Se encarga a partir de ya del Ministerio de Sanidad. Lo de menos es si sabe algo del tema. Y también han colocado a Ramón Jáuregui, otro histórico del partido y cercano a Rubalcaba, como Ministro de la Presidencia.

Y ya están otra vez en primera plana los mismos que mandaron durante la época del GAL y el paro, los que vieron cómo les llenaban el escaño de cal viva, los que dijeron "Merecemos un Gobierno que no nos mienta" a sabiendas de que mintieron cuando gobernaban, mintieron en la oposición y han vuelto a mentir al retomar el poder. Los que hicieron la campaña de Felipe González cuando estaba para el arrastre y salvaron las elecciones para el PSOE in extremis. No me cabe duda de que estos cambios traerán muy buenas consecuencias... para el Partido Socialista. Lo que no tengo tan claro es sean también beneficiosos para el común de los ciudadanos. Seguirá habiendo cinco millones de parados, la morosidad hipotecaria continuará aumentando, medio país todavía se las verá canutas para llegar a fin de mes. Pero la cosa ha quedado la mar de mona, arriba los corazones. Apuesto a que la jugada les vuelve a salir bien. Hay partidos a los que con un poco de maquillaje se les perdona todo.

Daytripper: la estrella más brillante en el firmamento de Vertigo

Hace unos días les hablaba aquí mismo de Mr. Nobody un largometraje subyugante que habla sobre ocasiones perdidas y segundas oportunidades. Probablemente sea mi película favorita en lo que va de año. Daytripper tiene muchos puntos en común con Mr. Nobody. No sólo porque cuenta una historia sobre todas las vidas posibles que contenemos dentro de cada uno de nosotros, sino también porque lleva camino de ocupar el podium como el mejor comic en mi lista cuando acabe 2010. La primera vez que sus autores tuvieron que explicar el argumento de Daytripper sólo pudieron decir que trataba sobre "la vida". No podrían haber hecho una descripción más ajustada. Efectivamente, Daytripper es el relato de la vida del protagonista y a su vez es el vehículo para todas sus reflexiones filosóficas, a menudo poéticas, sobre nuestro papel mientras todavía estamos aquí.

Gabriel Bá, conocido por su trabajo en Umbrella Academy, formó tandem por primera vez con su hermano gemelo, Fábio Moon, para dar forma a la serie Casanova. Ahora vuelven a trabajar juntos en este comic hermosamente dibujado y embellecido por el cálido colorido de Dave Stewart, multipremiado con el Eisner por su trabajo, entre otros, en Hellboy, Conan y Umbrella Academy, también con . Es este un trabajo de estética más europea que americana, que no busca impactar con su trazo, sino transmitir emociones. Viene, además, con el plus de estar ambientado en Brasil, el país natal de los autores, lo que supone un cambio refrescante ante el dominio de tanta historia ubicada en los Estados Unidos.

Brás es el personaje principal y centro sobre el que gira Daytripper. Es un aspirante a escritor que sobrevive redactando esquelas mortuorias en un periódico. Su relación con su padre, un novelista reconocido, no es muy buena, y se está haciendo adulto casi sin darse cuenta. Su vida le está pasando mientras está ocupado haciendo otros planes, y siente que no va a ninguna parte. Una noche se ve envuelto en un atraco a un bar y recibe un disparo. Brás muere en el acto. Ese es el fin del primer número de Daytripper. En cada capítulo vemos un episodio de la vida de Brás dando saltos adelante y atrás a diferentes momentos. Su niñez, un viaje de adolescencia con un amigo, su primera novia, cuando conoce a su mujer, el nacimiento de su hijo, su vejez... Y al final de cada uno, irremediablemente, Brás muere de una forma u otra.

Cada capítulo de Daytripper lleva a la muerte de su protagonista, pero también abre un nuevo camino que lo lleva a otra vida posible en la que también morirá en nuevas circunstancias. La última viñeta es siempre su necrológica. Cada uno de esos obituarios es una celebración de la vida de Brás, del hecho de estar vivo. El guión es inteligente, sensible, lleno de hallazgos en cada frase. Un espiritual viaje en forma de cuento hipnótico que va creciendo de número a número. El lector pasa de la intriga inicial a olvidarse de porqués y dejarse llevar por la maravilla. Al final todo está conectado, todo confluye y tiene pleno sentido. Hasta un descastado como yo se ha emocionado con su lectura. Y es que Daytripper es de lo mejor que ha ofrecido la línea Vertigo hasta la fecha.

El trabajo de Gabriel Bá y Fábio Moon es serendipia en forma de comic. Diez números que se siguen con una sonrisa en los labios, a los que no les falta ni les sobra una viñeta. Una historia hermosa y profunda que nos deja una bonita metareflexión sobre el fondo del relato y sobre su forma, sobre su argumento y sobre cómo nos lo han contado. Y también una metáfora sobre la vida y sobre la muerte, sobre el goce de vivir y la aceptación del final: "La vida es un libro (...) y todo libro tiene un fin. No importa lo mucho que te guste el libro, llegarás a la última página y acabará. Ningún libro está completo sin su fin. Y una vez que llegas allí, sólo cuando hayas leído las últimas palabras, te darás cuenta de lo bueno que es el libro". Este libro es excelente. Y leerlo hará que el libro de su vida sea mucho mejor.

Calificación: 5

martes 19 de octubre de 2010

Double Fantasy Stripped Down: Lennon's on sale again

Cuando en su cuarenta cumpleaños John Lennon reapareció tras cinco años de silencio con sólo medio disco bajo el brazo, le llovieron los palos. El suyo era un affaire deslavazado destinado a sonar en las emisoras de todo el mundo. Lejos quedaba el revolucionario de la contracultura, el portavoz de una generación rebelde. Double Fantasy era un trabajo compartido con su esposa Yoko Ono en el que se repartían las composiciones al 50 %. Un conjunto de canciones que se recreaba en la felicidad del amor y la paz del hogar. Poco ambicioso artísticamente, se encontraba más cerca de las posiciones escasamente arriesgadas que se venían asociando con su partenaire en The Beatles, Paul McCartney. Lennon, una vez más, no había hecho lo que sus seguidores esperaban de él, sino lo que le apetecía hacer. No volvía como el hijo pródigo dispuesto a reclamar su status como gurú del negocio del rock and roll, ni como el genio de la banda más importante de la historia. Sólo era un adulto con tupé que volvía a divertirse haciendo canciones. Joaquín Luqui programaba entonces Starting Over en Los 40 Principales y el mundo no parecía estremecerse. Una mañana llegué al colegio y alguien me dijo: "Han matado a John Lennon". Double Fantasy se propulsó a las listas de todo el mundo.

Double Fantasy Stripped Down es una nueva edición de la última obra en vida de Lennon. Una versión desnuda, sin campanitas edulcoradas. Se han eliminado todos aquellos elementos que hacían de Double Fantasy una producción enfocada a las ventas y al éxito. Ha perdido el sonido que lo anclaba en una década determinada y suena más atemporal. Yoko ha explicado que su aproximación al producir esta versión retocada ha sido la de Plastic Ono Band, el primer y crudo disco de John Lennon en solitario. Lo inexplicable es que John nunca se mostró insatisfecho con el sonido definitivo de Double Fantasy. Es más, es bien conocido que detestaba su propia voz y que siempre intentaba ahogarla entre capas de dobles voces regrabadas y de eco. Ahora han desaparecido coros e instrumentos, la voz de John está en primer plano y suena más como Milk & Honey, el disco de retales póstumo, que como el Double Fantasy Original. Parece un ensayo de tomas primerizas y alternativas con la típica formación del rock: dos guitarras, bajo y batería. Casi podemos escuchar al artista enseñando los acordes a los músicos entre los grititos e hipos que a John le gustaba improvisar mientras tocaba en directo en el estudio. Es el sonido de un creador redescubriendo qué era lo que le divertía de su oficio.

Tal vez esta sea la forma en Yoko Ono demuestra que le trae al pairo su leyenda de bestia negra entre los fans del cuarteto de Liverpool al volver a esquilmar sus bolsillos. Al menos Let It Be Naked respondía a cómo en un principio pensaban The Beatles publicar su último disco antes de dejarlo en manos de Phil Spector. Aquí, en los números más duros, aquellos en los que la producción se podría aproximar más a la Plastic Ono Band, las diferencias no son tan notables, aunque siguen sin ser las versiones que John grabó con Cheap Trick y que Yoko descartó para volver a empezar de cero con las sesiones, descontenta con los resultados. Cleanup Time y I'm Losing You ya eran bastante crudas en su primera encarnación, pero ahora John las salpica de gruñidos en los que parece redescubrir la fiereza del rock and roll. El mayor interés reside en los finales extendidos, momentos en los que Lennon se lanza a cantar Long Lost John y Baby Please Don't Go. Todas las canciones incluyen introducciones y codas que no se conocían en la versión editada y que, siendo divertidas, insisten en esa impresión de "live in the studio". Otros temas menores, como Dear Yoko y Beautiful Boy, que sigue siendo una cancioncilla hawaiana en la que lo único destacable es la famosa frase "La vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes", son piezas que tampoco parecen acusar la desnudez.

Es en la chicha del disco, en sus grandes canciones, donde las nuevas versiones corren desigual suerte. Starting Over, despojada de sus arreglos, pierde toda la grandiosidad retro que lo convertía en una pequeña maravilla royorbisoniana. El nuevo tratamiento de Watching the Wheels, sin embargo, con la voz bien delante acompañada del piano, eleva la cualidad reflexiva del tema y lo aproxima a la excelsa God de su primer disco. Woman, en lugar del familiar teclado, destaca una guitarra acústica que le confiere mayor calidez y recuerda poderosamente a la demo con caja de ritmos que ha circulado en bootlegs. Parece que John estuviera tocando en el salón de nuestra casa, pero su voz resuena temblorosa, más insegura que emocionada. Como extras, la versión es de Every Man Has a Woman Who Loves Him es muy diferente a la original y enfatiza el dueto entre Yoko y John, igual que sucede con Hard Times Are Over, que parece un outtake de Some Time in New York City. Pero no esperarán también un comentario de las canciones de la malvada, ¿verdad? Ya lo dijo David Bowie en Life on Mars: "Lennon está otra vez en venta". Fans, pasen por caja y sacudan sus joyas al compás. El resto, hagan palmas y quédense con el Double Fantasy original.

Calificación: 2