
El final de los años sesenta fue una época de convulsiones en la música. El aldabonazo que había supuesto la publicación de
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de
The Beatles había hecho que el pop se desmarcara por terrenos sofisticados cada vez más complejos. Las ambiciones de los artistas demandaban madurez y expansión de horizontes. Un ídolo juvenil de la década anterior como
Del Shannon se reconvertía en
Charles Westover para grabar obras cercanas a la
psicodelia, y un discípulo de
Frank Sinatra con aspiraciones a
crooner como
Bobby Darin descubría su voz interior entre el
folk y el
soft rock. El propio
Sinatra no era en absoluto ajeno a planteamientos maduros dentro de su música. Ya había sido piedra de toque con albumes conceptuales como
In the Wee Small Hours, que reflejaban preocupaciones mucho más profundas que el cómodo
swing de
Let's Face the Music and Dance.
Bob Gaudio era miembro fundador de la banda norteamericana
The Four Seasons, un cuarteto que había comenzado haciendo
doo-wop y que cuando
The Beatles llegaron a Estados Unidos se postularon como sus principales competidores. Cuando perdieron la carrera
The Four Seasons se dedicaron al circuito nostálgico. Sin embargo años antes todavía habían plantado cara con
The Genuine Imitation Life Gazette, su album más exquisito. La eclosión de
Sgt. Pepper's había puesto a todo talento y talentillo de la música en ebullición.
Gaudio planificó un cambio en la imagen excesivamente limpia del grupo y un giro hacia una temática más concienciada. Había presenciado la actuación de un joven músico,
Jake Holmes, e impresionado con sus letras formó tandem con él. Ambos fueron los artífices en 1969 de lo que sería el trabajo más elaborado de
The Four Seasons, un disco de culto a medio camino entre
Sgt. Pepper's y
Pet Sounds.
The Genuine Imitation Life Gazette fue considerado una partida excesivamente radical de su sonido por los fans de
The Four Seasos, y la contracultura lo rechazó por venir de una banda considerada demasiado conservadora. En consecuencia el album fracasó, aunque con el tiempo ha ganado
status de gema olvidada. Sin embargo
Frank Sinatra había quedado impresionado con el trabajo de
Gaudio y
Holmes. En aquel año
La Voz había perdido el paso ante el ojo público y, del mismo modo que cuando actuó con
Elvis Presley en su
show televisivo, hizo un nuevo intento para ponerse a la altura de los tiempos. Algo que también revela su deseo incansable de seguir siempre adelante explorando, su buen gusto y su fino olfato. Cuando
Frankie Valli, vocalista de
The Four Seasons presentó a
Gaudio y
Sinatra y les sugirió que hicieran juntos algo contemporáneo, diferente e inusual, se abrió la puerta para el proyecto
Watertown.
Grabado en julio de 1969 y publicado al año siguiente, con letras de
Jack Holmes y composiciones y producción de
Bob Gaudio, a la manera de
Burt Bucharach,
Watertown se inspira oblicuamente en la relación entre
Frank Sinatra y
Mia Farrow. Un disco raro para el aficionado a
Sinatra, desconocido por el público general, pero una delicia para el sibarita. No sólo es un disco conceptual, por primera vez
Sinatra pretende contar una historia completa, hasta el extremo de que se le ha llegado a llamar su
Ópera Rock. Desde luego la instrumentación y las intenciones son lo más cercano que ha estado nunca
Sinatra de
Chuck Berry. En
Watertown se relata en primera persona la vida cotidiana de un hombre en una pequeña ciudad de provincias de los Estados Unidos que ha sido abandonado por su mujer con sus dos hijos. Aclamado como uno de sus trabajos más redondos, fue inmisericordemente ignorado por el público. Es fácil ver por qué fracasó. Para la audiencia más
hip no era lo bastante enrollado, para su público de siempre, había ido demasiado lejos.
Gaudio y
Holmes decidieron hacer con Watertown algo totalmente novedoso en la carrera de
Sinatra. Llevarlo a una ciudad pequeña, a la vida básica del americano medio, lejos de las luces de la gran ciudad a las que
La Voz estaba acostumbrado. Es un disco tristón, reflexivo, meditativo. Canciones introspectivas con el sonido más crudo que grabaría
Sinatra jamás, acompañado de su habitual orquesta, pero de guitarras y baterías también. El artista ya había demostrado ser un gran actor y aquí asume un nuevo papel poniendo voz a unas letras de profunda melancolía y soledad, temas que ya había tratado y que trataría más adelante, pero nunca con esta completa falta de esperanza. La contradicción interna de
Watertown es que pretende ser un trabajo maduro destinado a una audiencia más joven. Su temática no es para adolescentes, sino para adultos de mediana edad que comprenden lo que significa un matrimonio roto.
Desde su portada, sepia, polvorienta,
Watertown transmite la sensación de una vida gris y enormemente solitaria. Vemos una vía que se aleja en la distancia, una figura que camina a solas, empequeñecida. El motivo del tren se repite varias veces a lo largo del disco. La obertura que lo titula presenta el escenario. La aburrida vida de provincias desgranada entre los instrumentos de viento con sabor al
Sinatra clásico y una instrumentación
rock arropada por orquestaciones panorámicas. Al final de la canción el sonido del tren de la portada, que se repetirá al final del disco, empalma con el tema siguiente,
Goodbye (She Quietly Says), en la que la voz de un hombre resignado relata una prosaica despedida en un café. Es otra canción que apunta a que este no es un disco para jovencitos y que sumerge al oyente en la sensación de cotidianeidad que embargará al protagonista durante todo el recorrido. Muy similar en temática e interpretación a
She's Leaving Home otra pieza clave en
Sgt. Pepper's de
The Beatles.
For a While es la siguiente viñeta de esa vida. El protagonista intenta encajar el golpe y seguir adelante, con
Sinatra en su punto más vulnerable.
Michael & Peter es el número más complejo de
Watertown, tanto lírica como compositivamente. Una minisuite
soft-rock con diversos movimientos donde la posibilidad del musical televisivo que ya se había proyectado queda más que patente, con una producción que retrotrae a
I Guess I'm Dumb, un trabajo de
Brian Wilson para
Glen Campbell. La letra son observaciones de sus problemas con la casa, su inmensa soledad, cómo los niños van creciendo ("
Michael is you,
Peter is me"), la ayuda que le ofrece la madre de ella, las relaciones con sus vecinos, las miradas compasivas de la gente y la sensación de ausencia. Lo único parangonable en su época sería
Don't Cry Daddy de
Elvis Presley, pero la canción del
Rey tenía algo que daba un pelín de grima. No así
Sinatra, absolutamente sereno, aunque devastado.
Aunque en
Watertown, como obra unitaria, no hay un single claro,
I Would Be in Love (Anyway) es un exultante canto al amor en el que sale el
Sinatra más
pop y utiliza su voz a pleno pulmón, a veces desgarrándose. Un tema con forma epistolar, como casi todos en el album, en el que el protagonista deja atrás la ira y comprende que tiene que dejar marchar a su mujer, no sólo físicamente, sino de su vida. De todos modos en
Elizabeth, una canción en la que destaca una guitarra jazzística y el uso hippioso de la flauta, volverán los recuerdos de su esposa. Los siguientes dos temas siguen ofreciendo retazos que complementan la historia.
What a Funny Girl (You Used to Be) sugiere que la pareja se han conocido desde niños, han crecido juntos, han sido novios desde el colegio y se han casado muy jóvenes.
What's Now Is Now implica que ella se ha ido con otro hombre. Ingenuamente él le dice que puede volver, que no se preocupe por lo que diga la gente. No se ha dado cuenta de que no es eso lo que la ha hecho marcharse.
She Says es la pieza más floja del disco, una miniatura atonal, como un interludio, con un extemporáneo coro infantil, que conduce a la revelación final: ella va a volver.
The Train cierra el disco y retoma el tema del tren del principio y de la portada. Es la canción más optimista. Desde su comienzo la melodía rebota,
Sinatra canta con alegría, con la vana esperanza del regreso. Poco a poco la gente se va marchando y el protagonista vuelve a quedarse solo. La mujer no desciende del tren. Se va a casa reflejando la imagen que vemos en la portada y dejando al oyente con la obra más descarnada que grabase
La Voz. La edición en CD ofrece un bonus track,
Lady Day. En ella se nos ofrece un vistazo a la vida en la gran ciudad de la mujer que se ha ido. Una mujer con talento, que quiere realizarse por sí misma y que en esa pequeña ciudad se siente inquieta y encerrada. Su marido es un buen hombre, pero ella necesita otra cosa, algo que él no entendería. Por eso se va. Es un justo complemento al disco, pero parece fuera de lugar tras el final.
Watertown no es un musical con melodías derivativas que no van a ningún lado, al servicio de una historia . Aquí hay canciones de un compositor
pop de éxito que con
The Genuine Imitation Life Gazette había ido más allá y ahora abrazaba a un gigante. No es un disco romántico, sino nostálgico. Suena casi dolorido, entristecido, sin pirotecnia. En el que la interpretación de
Sinatra es siempre medida, terriblemente humana. Sin embargo, él no quedó contento con su interpretación. Además
Watertown fue totalmente incomprendido y no se vendió. El fracaso hizo que se quedaran en nada los planes para un especial televisivo basado en el album. Un
show que podría haber significado para
Frank Sinatra lo que el
'68 Comeback Special había sido para
Elvis Presley. Poco después
Sinatra anunciaría su retiro. No volvería hasta 1973.
Calificación: 4