jueves 30 de septiembre de 2010

Mr. Nobody

La vida no ofrece segundas oportunidades. En el juego de vivir no existen las tiradas de prueba. Caminamos por ella a ciegas tomando decisiones, eligiendo entre opciones excluyentes, preguntándonos qué hubiera pasado si hubieramos escogido la otra posibilidad. La vida es un experimento fútil, en el que de nada nos sirve aprender. Cuando ya sabemos de qué va esto, somos demasiado viejos. Cuando somos capaces de sacar partido a nuestra experiencia, llega la muerte. No podemos volver atrás, eso es lo que hace difícil escoger. Sólo hay una posibilidad de hacer la elección correcta. Sólo tenemos una vida. Mr. Nobody, la primera película en inglés del guionista y director belga Jaco Van Dormael es una fascinante aventura que habla de todas esta posibilidades. De las casualidades y del azar. Del famoso efecto mariposa que hace que cosas aparentemente insignificantes desencadenen una carambola de acontecimientos que te hagan ir a parar a un lugar que jamás sospechaste. Vivir es incierto de por sí, cada paso que damos significa bailar con el destino, arriesgarnos en La Lotería de Babilonia de Borges.

Jared Leto (El Club de la Lucha, Requiem por un Sueño) protagoniza esta fantasía onírica ubicada en un tiempo futuro en el que la ciencia ha avanzado hasta tal extremo que la humanidad ha superado todas sus servidumbres. Ya no hay enfermedades, la muerte ha desaparecido. El hombre más viejo de La Tierra, el último mortal, cumple 118 años. Enclaustrado en una institución, exhibido como una rareza, rememora su vida. En sus recuerdos, todas las opciones, todas las vidas que pudo vivir, se suceden simultaneamente. No sabemos cuáles son los evocaciones verdaderas y cuáles sus sueños; cuáles son las cosas que de verdad hizo, cuáles las que lamenta no haber hecho, y cuáles las que hubiera deseado que pasasen. En su mente se mezclan, como ante el espectador, las memorias, las ensoñaciones, los anhelos y la imaginación. Rememora cómo cada decisión que tomó lo llevó por un camino totalmente diferente, cómo cada pequeño desvío lo hubiera hecho vivir una vida absolutamente alternativa. Siente como si le hubieran escamoteado esas vidas no vividas.

La historia no está contada de forma lineal, sino que nos muestran simultaneamente todas las opciones posibles. Hay constantes saltos adelante y atrás a momentos diferentes de cada vida posible, que a veces se cruzan entre sí. Cada alternativa dentro las respectivas decisiones se ramifica en futuros infinitos, en infinitas vidas. Su vida podría haber discurrido por senderos radicalmente distantes en función de lo que hubiera hecho en cada situación. Y él, incapaz de tomar decisiones, no porque no sepa lo que quiere, sino porque lo quiere todo, incluídas cosas que se anulan entre sí, vive todas esas vidas a la vez. Pero al final Mr. Nobody no es más que una historia de amor con múltiples soluciones que trata sobre la inquietud de no haber escogido a la persona adecuada, de no haber vivido tu vida con quien debieras, o de haberla perdido amando a quien no tendrías que haber amado. Un ensayo sobre haber encontrado al amor de tu vida y tener la incertidubre de que puede haber otros amores de otras vidas que no conoces porque no has recorrido esos caminos.

Ese es el conflicto del protagonista, Nemo Nobody (fíjense en el alegórico juego de palabras). No es que no sepa qué escoger, sino que no quiere hacerlo. No quiere renunciar, lo quiere todo. Y si sus decisiones no sirven, prefiere dejar que funcione el azar. Rige los momentos más importantes de su existencia en razón de los motivos más peregrinos. Acepta que todo está predeterminado, que no existe el libre albedrío, que no puede cambiar lo que no conoce, pero que tampoco sería capaz de cambiarlo si supiera lo que va a pasar. Su problema no es tomar algo, sino rechazar lo demás. No sabe qué decisión tomar porque no sabe lo que le aguarda, pero si lo supiera, tampoco podría decidir. Quiere vivir todas esas vidas posibles.

El director juega visualmente con el espectador y lo deja tan perdido como al protagonista. Utiliza la música como otro elemento narrativo fundamental y se vale de una estética hipnótica para crear un espectáculo brillante y eficazmente desarrollado. Mr. Nobody es una película poética, filosófica y terriblemente compleja que necesita más de un visionado. No es para los niñatos que van al cine a berrear y a rumiar palomitas. Es para un público que desea ver una historia plena del sentido de la maravilla, llena de posibilidades y realmente bien puesta en imágenes. Si les gustan las historias rebosantes de humanidad, optimistas, que dejan una agradable sensación de calorcillo interno, no se la pierdan. Además, Jared Leto está monísimo. Y encima su personaje se llama Nemo, qué nostalgia.

Calificación: 5

miércoles 29 de septiembre de 2010

The Beatles 1971-1972

Hagan un poco de memoria, no me sean vagos. Si ustedes recuerdan, en nuestra historia alternativa del rock The Beatles no se habían separado en 1970, sino que habían iniciado su segunda década triunfal con uno de los mejores discos de su carrera, All Things Must Pass, y un reguero de singles imbatible. Tras la buena experiencia y con un George Harrison más cómodo que nunca debido a la atención que reciben sus composiciones, la banda está considerando embarcarse en una gira mundial en la que grabar un disco en directo. Pero antes tienen algo más que hacer. John Lennon sigue volando alto en todos los sentidos y tiene preparado un buen puñado de canciones. Paul McCartney ya se ha puesto al día tras el traspiés que supusieron sus flojas últimas composiciones, y será la fuerza motora que otra vez empujará a The Beatles al estudio. Hasta Ringo escribe las mejores piezas de su carrera. Pero la renovada fuerza del tandem Lennon / McCartney vuelve a dejar a Harrison al margen. Mientras se desarrollan las sesiones de grabación, la espera se alivia con un single en primavera:

CARA A: Power to the People (Lennon, originalmente publicado sólo en single)
CARA B: Wild Life (McCartney, del album Wild Life)

En verano llega la publicación del disco de 1971 de The Beatles: Imagine.

CARA A:
01. How Do You Sleep (Lennon, del album Imagine)
02. Another Day (McCartney, originalmente publicado sólo en single)
03. Jealous Guy (Lennon, Imagine)
04. Tomorrow (McCartney, Wild Life)
05. Crippled Inside (Lennon, Imagine)
06. Uncle Albert / Admiral Halsey (McCartney, del album Ram)
07. It Don't Come Easy (Starr, originalmente publicado sólo en single)

CARA B:
01. Oh Woman Oh Why (McCartney, originalmente cara B del single Another Day)
02. Dear Boy (McCartney, Ram)
03. Oh My Love (Lennon, Imagine)
04. Dear Friend (McCartney, Wild Life)
05. Bangla Desh (Harrison, originalmente sólo publicado en single)
06. The Back Seat of My Car (McCartney, Ram)
07. Imagine (Lennon, Imagine)

Ahora sí The Beatles se embarcan en su primera gira mundial desde 1966 apoyados por Billy Preston al teclado, en la que grabarán un doble en directo. Como siempre, el año finaliza con el tradicional single navideño:

CARA A: Happy Xmas War Is Over (Lennon, originalmente publicado sólo en single)
CARA B: Early '70 (Starr, originalmente cara B del single It Don't Come Easy)

A partir de aquí nuestro juego se complica. A estas alturas uno empieza a sospechar que es mejor que The Beatles se separaran. Qué cantidad de canciones magníficas se quedan fuera de la selección. Si respetamos lo que cada uno publicó en solitario cada año, 1972 es un año muy flojo. Some Time in New York City de John Lennon es el trabajo más disperso de su carrera. Convenientemente desbrozado daría para cumplir con su parte. También Ringo daría para ocupar su rincón con el single Back Off Boogaloo. El problema es que McCartney sólo graba sencillos, ninguno especialmente brillante, y Harrison, embrollado con el concierto por Bangla Desh, no saca nada nuevo. Podría recurrir a temas no seleccionados de álbumes anteriores, pero prefiero no hacer trampa. Continúo fabulando con la gira y el disco en directo, que convenientemente rellena el hueco. Dejaré a su libre albedrío, respetables lectores, el repertorio. The Beatles mientras solventan la papeleta con un trio de singles de estudio.

Cara A: Woman Is The Nigger of the World (Lennon, originalmente publicado en Some Time in New York City)
Cara B: Little Woman Love (McCartney, originalmente cara B del single Mary Had a Little Lamb)

Cara A: New York City (Lennon, Some Time in New York City)
Cara B: C Moon (McCartney, originalmente publicado sólo en single como doble cara A con Hi Hi Hi)

Cara A: Hi Hi Hi (McCartney, originalmente publicado sólo en single como doble cara A con C Moon)
Cara B: Back Off Boogaloo (Starr, originalmente publicado sólo en single)

1973 será un año mejor, se lo prometo.

Calificación: 5

martes 28 de septiembre de 2010

Captain Easy

A finales de los años 20 y principios de los años 30 del siglo pasado, el comic comienza a alejarse de su origen etimológico. El humor de las tiras diarias que aliviaba la solemnidad de las noticias periodísticas cede paso a la influencia de la literatura de evasión de entreguerras, los populares pulp magazines. Es una época de descubrimientos y de explorar nuevos territorios. Buck Rogers inicia el género de la ciencia-ficción en viñetas, Tarzan adapta de los relatos de aventuras en la jungla, Dick Tracy estrena la intriga detectivesca. Hasta los justicieros enmascarados en mallas dan sus primeros pasos con The Phantom. Roy Crane es un dibujante que nace con el siglo XX y que se constituirá en el pionero del comic de acción y aventuras con Captain Easy, Soldier of Fortune.

La serie había nacido como Wash Tubbs en 1924 relatando las correrías de una suerte de Harold Lloyd bajito y rechoncho por los Mares del Sur. Una tira que se basaba en la comicidad de su protagonista y en la presencia de atractivas flappers recién salidas de la línea del coro. Con el tiempo cobraría relevancia el relato de las andanzas del personaje en un marco exótico. Es entonces cuando entra en escena Captain Easy, un secundario que se gana la vida con los puños, al estilo de las novelas de boxeadores de la época. Easy es un tipo duro y cínico con un pasado misterioso. Un rudo caballero sureño que guarda las espaldas de Tubbs y que sale de cualquier embrollo a base de empuje y observaciones cortantes. Desde esa primera aparición en 1929 la popularidad y posibilidades del personaje llevarían a que en 1933 las dominicales pasaran a estar encabezadas por él para relatar las aventuras de Easy antes de conocer a Tubbs. Se inauguraba así también una nueva modalidad: la precuela.

En Captain Easy no sólo sería manifiesta la influencia del pulp. Crane se serviría también del cine de aventuras reflejando las peripecias de Douglas Fairbanks, Clark Gable o Errol Flynn, e inspirándose en los fotogramas de El Expreso de Shanghai y El Capitán Blood. Asímismo el folletín por entregas tendría un papel importante en la estructura de la historia al aprovechar el constante cliffhanger que supone el continuará semanal más allá de las limitaciones de la tira diaria. Lo que le interesaba Crane era explotar eso que ahora se llama storytelling en función de la acción. Jugaría contínuamente con la forma y el tamaño de las viñetas para ganar en expresividad y sugerir movimiento, haría pleno uso del color y de las líneas cinéticas, descubriría onomatopeyas y diferentes tipos de letras para significar sonidos, emplearía bocadillos de diseños estrambóticos, utilizaría las ahora clásicas estrellitas para acusar los efectos de los golpes y, en definitiva, se inventaría las claves de muchos de los convencionalismos que hoy tenemos asumidos y todavía usamos.

El sentido de la acción y de la ambientación de Roy Crane ilustrando Captain Easy marcaría directamente tanto a Milton Caniff como a Jack Kirby. Tras dejar las tiras diarias en manos de un ayudante para concentrarse en las páginas dominicales, en 1943 abandonaría su creación cansado de las presiones de los editores. Poco después daba vida a Buz Sawyer, otro personaje esta vez bajo su dominio absoluto. Buz Sawyer es considerada por muchos críticos su obra magna. Un relato más sofisticado sobre un piloto de avión durante la guerra y sus aventuras posteriores como civil. Mientras, Captain Easy queda como un clásico que goza en nuestro país de menos popularidad que otros contemporáneos suyos. Un encantador trabajo fundacional que pueden descubrir a través de la impecable edición que IDW está llevando a cabo.

Calificación: 3

El Pequeño Misántropo Hiperactivo

Mis amables lectores y sin embargo amigos, estimado público que tanto me quiere y a quien tanto debo: Ustedes ya son fieles seguidores de El Pequeño Misántropo en el País de los Sueños, el blog de referencia que está en boca de todos y que se ha convertido en la comidilla de los mentideros más selectos. Consciente de que arden en deseos de mayores dosis de misantropía en sus crónicas favoritas, tengo el placer de anunciarles que desde hoy mismo tienen la oportunidad seguir también mis colaboraciones en la web Nuestros Comics. No se olviden, asímismo, de que en Sigue al Conejo Blanco pueden continuar disfrutando de mis artículos, con los que, humildemente, estoy cosechando un clamoroso éxito de público y crítica. En ambos lugares les acogerán con los brazos abiertos. No me sean infieles.

lunes 27 de septiembre de 2010

Huelga de mentirijillas

Por primera vez el Gobierno y los Sindicatos han alcanzado un acuerdo para regular los servicios mínimos de la próxima huelga general convocada para el día 29. Un acuerdo histórico, dicen. No te amuela. Con el buen rollito que hay entre ellos, como para sorprenderse a estas alturas de la feria. Ya me los imagino dándose palmaditas en la espalda. "Qué, chachi, Pepiño, hemos quedao como señores. ¿Nos pedimos otra de gambas?". Nos llaman a una huelga de pega que a nadie le interesa que sea un éxito, pero tampoco que fracase rotundamente. Los sindicatos no las tienen todas consigo. Huy, qué yuyu, anda que si el miércoles que viene se paraliza el país y se lleva por delante al Gobierno, entonces ¿qué hacemos, eh? Pero, eh-eh, que tampoco la gente pase de estos Sindicatos tan acomodaticios y aquí no pare ni el Tato, que hay que demostrar que uno tiene fuerza, no le vayan a cerrar el grifo. Que la huelga triunfe, está claro que al Gobierno no le conviene, no vaya a ser que le muevan la silla. Pero tampoco estaría muy contento con que fracasase rotundamente, no se le molesten estos señores sindicalistas que tan bien se han portado con él durante estos años y decidan que contra el PP vivían mejor. De paso, ZP y sus chic@s pueden sacar pecho delante de sus colegas europeos: (engólese la voz de forma adecuada) "El Gobierno de España trabaja inténsamente sin descanso para sacar al país de la crisis. Incluso tomando las medidas pertinentes por impopulares que sean". Porque a este Gobierno tan chupiguay hasta hace nada, de repente se le está poniendo una cara de ogro comelibertades que asusta, y eso, con lo bien que salen en las fotos, no mola. Así estamos, viéndolas venir, mientras los trabajadores, los que depositan la papeleta en la urna, no parecen estar muy interesados por el tema. Y no es que falte una buena dosis de cabreo ante un Gobierno que ha estado demasiado tiempo mirando para otro lado, tirando nuestro dinero en sandeces y diciendo que aquí no pasa nada. Un Gobierno que ahora que la soga aprieta nos tiene que dar todas las tortas juntas, y además con intereses, por su nula actividad antes y sus medidas chapuceras después. Pero la gente no está por la labor de sumarse a la huelga. No son estos tiempos para andar jugando con el trabajo, paralizando el país, ni para permitirse que le quiten a uno el sueldo de un día. Y mucho menos está la población por secundar a unos Sindicatos subvencionados cómplices del Gobierno que han estado callados como meretrices sin decir hasta aquí me la clavaron. De pronto, cuando los contribuyentes ya llevaban desde hace mucho preguntándose dónde estaban y qué estaban haciendo, parecen haber descubierto su papel. Ahora, cuando le han visto las orejas al lobo, montan el paripé y nos convocan a una huelga general con la boca chica que lleva anunciada desde antes del verano. Huelga General con preaviso, eso es convicción. Y yo me pregunto ¿Contra qué se hace esta huelga? Porque les he oído decir de todo ¿Contra los empresarios? ¿Contra Esperanza Aguirre? ¿Contra el Chiquilicuatre? ¿Contra los malos malosos fachas y asquerosos que nos llevan al hoyo de excursión, chim-pon? Porque contra el Gobierno no parece que sea. Y digo yo que el que manda a lo mejor tiene alguna responsabilidad en a dónde vamos. Así que a ver cómo me las arreglo para jugar el partido y que pierdan los dos equipos. Por lo pronto voy a hacer huelga contra los convocantes. Con el Gobierno lo que hay que hacer es otra cosa.

domingo 26 de septiembre de 2010

MANIC STREET PREACHERS - Postcards from a Young Man

Manic Street Preachers no dejan de sacar manifiestos definitivos. El primero fue con su disco de debut, Generation Terrorists, con el que decían aspirar a vender más que Apetite for Destruction, hacer una gira mundial, encabezar Wembley durante tres noches y luego separarse. Evidentemente no fue así. Hace 16 años publicaron The Holy Bible, su tercer trabajo que se suponía que iba a ser su testamento. En él Richey Edwards, carismático portavoz del grupo, destiló sus letras más biliosas cargadas de referencias intelectuales. Poco después, justo antes de empezar una gira norteamericana, Edwards, guitarrista y letrista que escribió "las bibliotecas nos dieron poder", el ideólogo radical y utópico de izquierdas, desaparecía sin dejar rastro. Siempre había sido un tipo inestable y su azaroso estilo de vida estaba lleno de misterio. Se fue con un enigma más y desde entonces no ha vuelto a haber noticias de su paradero. The Holy Bible fue seguido dos años después por Everything Must Go otro panfleto que iba en una dirección totalmente opuesta. Repleto de himnos, de entusiasmo, de fuerza y de vida, fue el aldabonazo definitivó que los encumbró.

Dijo Marx que la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. Los Manics, marxistas convencidos que han tocado en Cuba para Fidel Castro, parecen sin embargo decididos a desafiar el adagio al probar a hacer otra vez la misma carambola. En 2008 Journal for Plague Lovers fue una segunda parte de The Holy Bible, una hosca declaración de post-punk brutal en el que recurrían a las últimas letras que había dejado escritas Edwards antes de esfumarse. Ahora lo continúan a la manera que hicieron con su antecesor. Postcards from a Young Man recupera la pompa y circunstancia de Everything Must Go con una nueva entrega saturada de singles y que huele a éxito por todas partes. Lo que pasa es que ya no estamos en 1996 y repetir la jugada nunca ha sido una buena opción. El actor Tim Roth nos saluda con una Polaroid desde la portada del disco para dejarnos con la duda de si el joven de la postal es él o el oyente a quien fotografía. Desde luego, el sonido del CD lleva al tiempo en que Roth era así de joven, a cuando esta banda galesa se destapó haciendo canciones de proporciones colosales.

Grandiosidad es la palabra. Postcards from a Young Man se abre con (It's Not War) Just The End Of Love, un himno que llama a la batalla envuelto en arreglos de cuerda. Es la indicación de que desde el primer momento este album intenta comérselo todo de un bocado y arrollar a quien se ponga en su paso. Incluso una balada como Golden Platitudes, una pieza que manda un puyazo a las meteduras de pata del Partido Laborista, está repleta de instrumentación y cambios a más no poder. Con la canción que da título al disco la sensación de estar viviendo un déjà vu ya se ha enraizado fijamente. Some Kind of Nothingness, un número a dos voces con Ian McCulloch de Echo & the Bunnymen, presenta un coro gospel. The Descent posee una melodía clásica de pop barroco, pero arropada a rebosar. Hazelton Avenue es un vacilón soul setentero. Su faceta más punk tiene espacio en Auto-Intoxication, pero aún así quedan más cerca de Magazine que de The Clash. Son todas piezas épicas, rellenas hasta los bordes. Canciones pegadizas diseñadas para ser coreadas a pleno pulmón en los estadios. Cada acorde intenta inflamar el corazón y la orquesta vuela alto engordando el sonido para no dejar ni un hueco.

A pesar de todo este exceso, de la constancia de que Manic Street Preachers han ido a por todas, Postcards from a Young Man no suena pasado de rosca. Es un guiso bien condimentado, con multitud de elementos, pero siempre los justos. Estos muchachos que empezaron como revolucionarios parecen más integrados que nunca y han dejado de dar palos de ciego para continuar en la brecha. Postcards from a Young Man supone una vuelta al britpop más sofisticado. Algunos críticos se han hecho gaseosa con él y, aunque no es para tanto, sí es un trabajo satisfactorio, sorprendente, tremendamente divertido y un recordatorio de lo buenos que eran, de qué los hizo grandes una vez. Descardamente orientado a sonar en la radio. La BBC, claro, no los esperen por los 40 Principales, si es que tienen ustedes el cuajo de asomar por ahí.

Calificación: 3

Comics en el país de Liliput

De un tiempo a esta parte nos ha asaltado el ataque de los comics diminutos. Ediciones minúsculas de obras clásicas, y no tan clásicas, que pierden todo su sentido y su esplendor en un tamaño que no les hace justicia. Puedo entender las razones de esta moda nefasta, pero no las puedo defender. Básicamente se reducen a una sola: vil metal. Por un lado la dura bota de la crisis sobre el cuello de los compradores ha forzado a las editoriales a buscar soluciones ingeniosas para seguir dando salida a su catálogo de manera asequible al público. Menos dinero por más material, comics vendidos al peso. Nunca he llegado a comprender esa relación cantidad-precio de la que hablan algunos aficionados, siempre he pensado que la cuestión estaba en la calidad-precio, en comics hecho con mimo. Entiendo que mucha gente quiera tener tebeos que no se puede permitir en otro formato. Es la única forma de conseguir esos comics. Fue el camino que inició Forum con aquellas ridiculeces en blanco y negro que bautizaron como Biblioteca Marvel. En poco tiempo y por un precio módico se pudieron adquirir colecciones completas inencontrables, pero hay cosas que no merecen la pena según y cómo. Otro aspecto, claro, es tener que dejar pasar algunas publicaciones precisamente por falta de liquidez. A mí también me gustaría ser guapo y ligarme a quien se me antojase, pero esto es lo que hay.

La otra causa reposa también en un fondo mercantilista. Vender esos tomitos encuadernados con un tamaño reducido hace que se asemejen más a los libros convencionales. Por un lado es un intento de encuadrar en el producto dentro del concepto de Novela Gráfica que tanto tirón tiene. Por otro, es una forma nada sutil de superar ese complejo que todavía pesa entre tantos lectores no habituales de comics. Alcanzar a un nuevo mercado en ela idea de que el comic es un subproducto vergonzoso y/o para niños continúa arraigado. Oiga, no, señora, esto que estoy yo leyendo es una Novela Gráfica. ¿No se ha dado cuenta de la pinta de libro serio que tiene? Yo un comic lo quiero ver en grande, permitirme disfrutar de las ilustraciones, poder recrearme en los detalles y que las tintas no formen un manchurrón uniforme y borroso. Mientras a través de la red todavía pueda comprar directamente a las editoriales extranjeras, no pasaré por caja para cargar con las recientes versiones de Ranxerox, la trilogía Fin de Siglo de Bilal, León el Terrible y tantas otras. Qué demonios, si hasta algunas nuevas obras empiezan a ser concebidas ya en esos formatos de risa. Llego a la librería, observo las estanterías con las novedades, las hojeo y me pongo a refunfuñar. Ya soy mayor para jugar con Polly Pockets.

sábado 25 de septiembre de 2010

Versiones Bizarras

Llevo muchos años escuchando música. Yo diría que desde antes de nacer, y ya peino canas. Siempre he tenido curiosidad por descubrir artistas que no conocía y por estar al corriente de los nuevos que surgen. Sin embargo, con el tiempo uno se da cuenta de que lo que de verdad le satisface es lo que ya conoce desde hace mucho, probablemente lo que le abrió de orejas por primera vez cuando todavía las tenía vírgenes. Pocas cosas podría decir que haya escuchado en la última década que me hayan impactado de igual manera que lo hicieron cuando me encontré por primera vez con Ziggy Stardust, Revolver o Blonde on Blonde. Por eso me gustan tanto las versiones bizarras, porque son reinterpretaciones de temas que tengo archiconocidos, pero que son presentados bajo una luz totalmente novedosa.

Una versión bizarra no es, por ejemplo, Bryan Ferry cantando A Hard Rain's A-Gonna Fall de Bob Dylan. Ni John Cale con Hallelujah de Leonard Cohen. Ni David Bowie haciendo Let's Spend the Night Together de The Rolling Stones. Ni Rufus Wainwright entonando Across the Universe de The Beatles. Ni siquiera Redd Kross interpretando Dancing Queen de Abba. Por muy diferentes a las originales que sean, eso no son más que covers, homenajes. En las versiones bizarras siempre hay un elemento estrafalario, un pequeño giro pintoresco. Starman de Bowie en la voz de Iván, o Somebody to Love de Queen por Mocedades no cuentan. Aunque no lo parezca, esas son canciones versioneadas con total seriedad. Tampoco valen profesionales de la versión como Tom Jones o Madeleine Peyroux. Por mucho que nos haga reir, el tío se lo toma totalmente en serio, y ella cumple con los parámetros de la diva del jazz avant la lettre.

En las versiones bizarras siempre hay un componente de ironía. Son relecturas usualmente de clásicos del rock que se arreglan de forma que quedan colocadas fuera de su contexto. A veces son sorprendentes; otras, irreconocibles; siempre, divertidas. La versión bizarra es un concepto similar al que emplearon los ya de por sí bastante camp Erasure al grabar Abba-Esque en su momento, aunque los intérpretes de versiones bizarras no demuestran el respeto por los originales que tuvo el duo de Andy Bell. Otro ejemplo aproximado es lo que hizo Joaquín Sabina ciscándose en Man Gave Names to All the Animals de Bob Dylan, sin embargo lo del español se centraría más en la crítica paródica. Lo mejor será que les deje escuchar algunos ejemplos por ustedes mismos.

Aunque podríamos remontarnos a The Flying Pickets, pioneros de las versiones bizarras con su versión a cappella no exenta de humor del Only You de Yazoo, uno de los primeros en tocar las narices fue Mike Flowers Pops cuando hizo una lectura descaradamente lounge del Wonderwall de Oasis. Una excentricidad que bien podría haber encajado en la banda sonora de Austin Powers. Beatallica son unos clásicos en esto de las vesiones bizarras. Se dedican a tocar canciones de The Beatles como si fueran interpretadas por Metallica mezclando las letras de ambos grupos. Seguro que por el nombre de la banda no se lo hubieran imaginado nunca. Escuchen Hey Dude, su lectura de Hey Jude. Y David, guárdate las quejas hasta el final, que te veo venir.

Otros profesionales de lo estrambótico casi asumidos por el público convencional son Hayseed Dixie. Su nombre es un juego de palabras que suena como la pronunciación en inglés de AC/DC, pero que juega con la cultura redneck americana. Dixie es el apelativo que reciben los estados del sur de los USA, "hay" es "heno" y "seed" es "semilla", pero todo junto significa "palurdo". Como se imaginarán, estos chicos van de paletos, empezaron haciendo versiones de los australianos, continuaron con Kiss y ahora hacen todo lo que les cruza por la cabeza siempre en plan hillbilly. Desde Highway to Hell de Bon Scott y los suyos a Fat Bottomed Girls de Queen, pasando por Strawberry Fields Forever de ya-saben-quién, que en esto de las versiones siermpre han sido muy socorridos.

Lost Fingers son unos canadienses que en su disco Lost in the 80's se marcan versiones en clave de jazz vocal de éxitos de aquella época hortera por excelencia. El resultado va más allá de lo simplemente pintoresco gracias a un guitarrista que parece el mismísimo Django Reinhardt reencarnado en temas como Billie Jean de Michael Jackson. Para animar cualquier boda a base de versiones domesticadas, los ideales son Pastel Vespa y sus lecturas de Anarchy in the UK de Sex Pistols, mano a mano con los franchutes Nouvelle Vague y sus arreglos de I Just Can't Get Enough de Depeche Mode. Aunque mis preferidos son Pink Turtle, un divertidísimo combo también del país vecino, donde parece que les va esto. Su disco Pop in Swing lo dice todo con su título. Versiones de Walk on the Wild Side de Lou Reed, Smoke on the Water de Deep Purple y Hotel California de The Eagles, D-E-M-O-L-E-D-O-R-A-S.

Por el camino de los crooners, un fulano tan limpito como Pat Boone se marcó en In a Metal Mood un híbrido de swing y heavy que resulta en gansadas como su visión de No More Mr. Nice Guy de Alice Cooper y Enter Sandman de Metallica. Mucho más acertado estuvo Paul Anka en Rock Swings. No sólo canta mejor y tiene más talento. Su versión de Smells Like Teen Spirit de Nirvana rivaliza con la original. Pero además incluye temas como Eye of the Tiger de Survivor, y Jump de Van Halen para babear. Fans de Sinatra, háganse con esta joya y luego denme las gracias. Por otra parte, el capo en esto de llevar al terreno del swing canciones inusitadas es Richard Cheese, un extravagante cómico que, con buenas dosis de cachondeo y de mala baba, destroza clásicos contemporáneos tan conocidos como Creep de Radiohead, y Yellow de Coldplay.

Newton Faulkner es un tipo con una pinta a medio camino entre rasta y grunge la mar de simpático que toca la guitarra como quiere. Se marca una versión del Teardrop de Massive Attack con su acústica que tira para atrás, pero lo realmente bizarro es la interpretación que hace de Bohemian Rhapsody de Queen. El tío tiene el papo de enfrentarse a ella en directo, a solas, armado sólo con su guitarra, y salir airoso sin caer en lo grotesco. El último descubrimiento me llega, una vez más, vía el ínclito David. The King es un Elvis impersonator que se dedica a reconstruir temazos al estilo de cómo lo haría El Rey si aún viviera. Mejor que El Vez, oigan. Se marca una versión de Whole Lotta Rosie de AC/DC que, sacrilegio, me gusta más que la original.

Por supuesto, las versiones bizarras son como los chistes, una vez que los conoces, te hacen gracia pocas veces más. No puedes volver a escucharlos hasta que no los has olvidado. Y sólo funcionan si se conocen los referentes. Si no, son sólo cancioncillas más o menos agradables. Pequeñas bromas que también se permiten de vez en cuando artistas ya establecidos. Les dejo con uno de mis favoritos, Richard Thompson descubriendo que debajo de Oops I Did It Again de Britney Spears hay una buena melodía. Y como bonus track, un regalo para Dave en agradecimiento. Belarus, un grupo de inglesitos totalmente desconocidos se deja caer con Here, There and Everywhere, una de las mejores versiones de un tema de The Beatles que he oído jamás. No es bizarra al pie de la letra, pero me encanta. ¡Chocante!

viernes 24 de septiembre de 2010

¡Primer Concurso Misántropo!

El Pequeño Misántropo tiene el placer de convocarles a todos ustedes al Primer Concurso Misántropo. Uno de ustedes, amables lectores, tiene la oportunidad de ganar un lote compuesto de:

- Heavy Liquid. Novela Gráfica de Paul Pope publicada en el sello Vértigo de Norma Editorial.
- Un Asesino Algo Especial (Grosse Pointe Blank). Película de 1997 protagonizada por John Cusack, Minnie Driver y Dan Aykroyd.
- La Piedra Negra y Otros Relatos de Horror Sobrenatural. Recopilación de cuentos de Robert E. Howard editado por Valdemar dentro de su sello El Club Diógenes.
- Un CD de 700 MB con las canciones favoritas del Pequeño Misántropo en formato MP3 cuidadosamente seleccionadas una a una por él mismo.

¿Que tienen que hacer para recibir esto en su casa? Envíen un correo a la dirección que podrán encontrar en el perfil contestando a las siguientes preguntas:

01. ¿Qué es lo que más le gusta de este blog? ¿Por qué?
02. ¿Qué es lo que menos le gusta de este blog? ¿Por qué?
03. ¿Qué potenciaría de este blog ¿Por qué?
04. ¿Qué quitaría de este blog ¿Por qué?
06. ¿Qué cambiaría de este blog ¿Por qué?
07. ¿Qué entrada de este blog le ha gustado especialmente? ¿Por qué?
08. ¿Qué entrada de este blog no le ha gustado especialmente? ¿Por qué?
09. ¿Qué trola como una casa se ha colado en la barra de la derecha del blog?
10. En el artículo que se colgará el sábado 25 de septiembre de 2010 aparece citado tres veces el mismo músico, aunque no con su nombre, sino dentro de las tres formaciones en que militó. ¿Quién es este caballero en concreto y en qué tres bandas dejó su huella?

En caso de empate, se decidirá de acuerdo a las respuestas que se consideren más interesantes a las preguntas 1 a 8. El plazo de recepción de e-mails comprende desde el 25 de septiembre hasta el 31 de octubre del corriente año, ambos inclusive. El ganador se anunciará en el plazo de una semana a la finalización del concurso. Preguntas en comentarios, por favor.

The Light de Brett Weldele

Otro relato del fin del mundo. En este caso la luz eléctrica transmite una extraña infección que hace que todo aquel que la mire se consuma en llamas al instante. El protagonista de The Light es un hombre con serios problemas personales. Su mujer le abandonó a causa de las palizas que le propinaba, es incapaz de mantener un empleo y tiene una peligrosa tendencia a empinar el codo con excesiva alegría. Tras el estallido del contagio, este irresponsable tiene que buscar dentro de sí todo el heroismo de que es capaz para embarcase junto a su hija adolescente, que comprensiblemente le odia, en una huida hacia ninguna parte intentando evitar la luz. Brett Weldele, quien se ha labrado un nombre como dibujante de Los Sustitutos, está impecable poniendo en imágenes esta historia desasosegante, pero poco atractiva escrita por Nathan Edmondson, joven debutante que se está fogueando en diversos proyectos de la editorial Image. Los zombies de la historia son algunos humanos que no arden inmediatamente, sino que, como en la canción de Neil Young, deambulan consumiendose lentamente en el fuego mientras atacan a quien se les cruce en su camino extendiendo la infección. El protagonista se protege con unas gafas de soldador y lleva a su hija con los ojos vendados por mucho que esta proteste. Ahí debe de haber una metáfora, pero yo no la pillo, la verdad. Poco a poco ambos personajes se van encontrando más supervivientes y juntos emprenden un viaje en busca de la madre de la criaturita, a ver si se ha librado del juicio final. Y ya no hay más. Qué frágil es el ser humano, qué dependiente es de los medios que ha creado, qué indefenso está ante la naturaleza, etc. Weldele se luce una vez más con un extraordinario uso de los contrastes de luz y sombra en un comic en color. En su trabajo destaca la oscuridad, que es ominosa, pero sobre todo sus blancos cegadores. The Light es una miniserie que se construye como una especie de road movie camino a la redención. Durante sus cinco números el lector sigue adelante en vano, esperando que en algún momento le hagan la gran revelación, el propósito recóndito que debe albergar todo esto. Y como el guionista parece saber que se ha hecho un nudo con el conducto urinario, al final se siente obligado a incluir un texto en el que arroja alguna luz (¿lo pillan?) sobre qué demonios ha querido contar. ¿No es eso bien triste? Los chistes que hay que explicar siempre son los que menos gracia tienen.

Calificación: 1

jueves 23 de septiembre de 2010

Celda 211 como pidiendo disculpas

No puedo evitarlo. Cuando todo el mundo se pone de acuerdo y desfila en una dirección, yo suelo salir corriendo en la dirección opuesta. Hay algo que me hace desconfiar de las aclamaciones unánimes. O tal vez sea el prurito de nadar contra corriente, el dárselas de no haber pasado por el aro. No sé. Cuando se estrenó Celda 211 estuvo de acuerdo hasta el gato en que era un peliculón. Vale, tal vez no tanto, pero sí que era una película que a todo el mundo gustaba y recomendaba. Sin embargo para mí tenía muchas papeletas en contra. Primero, es una película española. Ya, prejucios. Pero cada uno tiene los prejuicios que quiere, ¿no? que para eso son irracionales. Podríamos entrar, si quieren, en el origen de este rechazo, pero baste con que les diga que estoy un poco harto de que la gente de la farándula me sermonee y me diga lo que tengo que pensar. Y yo eso de las imposiciones lo llevo fatal. Segundo, es de temática carcelaria, y en su momento no me apetecía nada ponerme a ver algo así, y más siendo española, que ya me veo venir todos los lugares comunes. ¿Les he dicho ya que tengo prejuicios? Y tercero, que parecía ser de visionado obligatorio. ¿Les había dicho también que lo de tener obligaciones se me da muy mal? Lo único que tenía a su favor era el director, Daniel Monzón. Un tipo la mar de simpático que, a pesar de no haber no hecho nunca una película que me gustase especialmente, y en concreto algún horror como El Corazón del Guerrero, no se puede dudar de que es un realizador valiente y sin complejos. Y cuando era crítico de cine en el programa de radio de Julia Otero en Onda Cero años ha, me parecía bastante sensato. Se acaba de anunciar que Celda 211 está incluida en la terna que opta, si pasa todos los filtros, a representar a España en los premios Oscar. Inconsecuente que es uno, no he podido evitar meter la nariz. Oigan, yo asumo mis contradicciones.

Y bueno, ahora me encantaría decir "Pues me la envaino". De veras que sí. Pero no. Al menos no del todo. No es que sea un chasco de los gordos, ni tampoco es que me hubiera creado grandes expectativas, es que más bien me da todo igual. La historia está bien contada, con su elemento de tensión que va creciendo y todo eso, pero a mí no me interesa tanto y tiene un tufillo a estereotipo que no me deja entrar. Los presos serán buenos delinquiendo, pero actuar no es lo suyo. Los actores comilfó son más falsos que una muela de plastilina, y los diálogos no pueden sonar más impostados. Antonio Resines desempeña su papel con oficio, estaría bueno a estas alturas, pero como todo el mundo sabe, es la interpretación de Luis Tosar en el rol de Malamadre, el malote carismático, la que sustenta toda la película. Es el único que está creíble. Se le nota que ha conocido de cerca al menos a tantos macarras como yo. Y créanme, conozco unos cuantos igualitos a Malamadre. Hasta hablan con la misma voz. Aunque todo ese rollo de líder mesiánico que le impregna no lo veo claro. Los flashbacks en los que muestran la relación del chico bueno que se hace pasar por malo, Alberto Ammann, con su mujer, me traen al pairo; el politiqueo de plastiquillo, más aún; lo mal que se portan los policías y los antidisturbios, me da lo mismo, y los problemas de los presos, que en en fondo son hombretones con corazoncito y fondo noble, me resbalan. Ahí va mi catálogo de "peros": Lo único que salva a Celda 211 es la actuación de Tosar y la bien llevada evolución del personaje de Ammann, pero al final la película hasta se me hace larga y pasada de rosca. Es un ejercicio de estilo a la americana entretenidillo y eso, pero exagerado de narices. Quiere ir de drama, pero a mí no me conmueve. En fin, que como le den el Oscar no sé si decir que los premios de la Academia son un pufo, que yo soy un culo de mal asiento, o que cuando escribí esto me había dado el día cínico. A saber.

Calificación: 2

miércoles 22 de septiembre de 2010

Watertown

El final de los años sesenta fue una época de convulsiones en la música. El aldabonazo que había supuesto la publicación de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de The Beatles había hecho que el pop se desmarcara por terrenos sofisticados cada vez más complejos. Las ambiciones de los artistas demandaban madurez y expansión de horizontes. Un ídolo juvenil de la década anterior como Del Shannon se reconvertía en Charles Westover para grabar obras cercanas a la psicodelia, y un discípulo de Frank Sinatra con aspiraciones a crooner como Bobby Darin descubría su voz interior entre el folk y el soft rock. El propio Sinatra no era en absoluto ajeno a planteamientos maduros dentro de su música. Ya había sido piedra de toque con albumes conceptuales como In the Wee Small Hours, que reflejaban preocupaciones mucho más profundas que el cómodo swing de Let's Face the Music and Dance.

Bob Gaudio era miembro fundador de la banda norteamericana The Four Seasons, un cuarteto que había comenzado haciendo doo-wop y que cuando The Beatles llegaron a Estados Unidos se postularon como sus principales competidores. Cuando perdieron la carrera The Four Seasons se dedicaron al circuito nostálgico. Sin embargo años antes todavía habían plantado cara con The Genuine Imitation Life Gazette, su album más exquisito. La eclosión de Sgt. Pepper's había puesto a todo talento y talentillo de la música en ebullición. Gaudio planificó un cambio en la imagen excesivamente limpia del grupo y un giro hacia una temática más concienciada. Había presenciado la actuación de un joven músico, Jake Holmes, e impresionado con sus letras formó tandem con él. Ambos fueron los artífices en 1969 de lo que sería el trabajo más elaborado de The Four Seasons, un disco de culto a medio camino entre Sgt. Pepper's y Pet Sounds.

The Genuine Imitation Life Gazette fue considerado una partida excesivamente radical de su sonido por los fans de The Four Seasos, y la contracultura lo rechazó por venir de una banda considerada demasiado conservadora. En consecuencia el album fracasó, aunque con el tiempo ha ganado status de gema olvidada. Sin embargo Frank Sinatra había quedado impresionado con el trabajo de Gaudio y Holmes. En aquel año La Voz había perdido el paso ante el ojo público y, del mismo modo que cuando actuó con Elvis Presley en su show televisivo, hizo un nuevo intento para ponerse a la altura de los tiempos. Algo que también revela su deseo incansable de seguir siempre adelante explorando, su buen gusto y su fino olfato. Cuando Frankie Valli, vocalista de The Four Seasons presentó a Gaudio y Sinatra y les sugirió que hicieran juntos algo contemporáneo, diferente e inusual, se abrió la puerta para el proyecto Watertown.

Grabado en julio de 1969 y publicado al año siguiente, con letras de Jack Holmes y composiciones y producción de Bob Gaudio, a la manera de Burt Bucharach, Watertown se inspira oblicuamente en la relación entre Frank Sinatra y Mia Farrow. Un disco raro para el aficionado a Sinatra, desconocido por el público general, pero una delicia para el sibarita. No sólo es un disco conceptual, por primera vez Sinatra pretende contar una historia completa, hasta el extremo de que se le ha llegado a llamar su Ópera Rock. Desde luego la instrumentación y las intenciones son lo más cercano que ha estado nunca Sinatra de Chuck Berry. En Watertown se relata en primera persona la vida cotidiana de un hombre en una pequeña ciudad de provincias de los Estados Unidos que ha sido abandonado por su mujer con sus dos hijos. Aclamado como uno de sus trabajos más redondos, fue inmisericordemente ignorado por el público. Es fácil ver por qué fracasó. Para la audiencia más hip no era lo bastante enrollado, para su público de siempre, había ido demasiado lejos.

Gaudio y Holmes decidieron hacer con Watertown algo totalmente novedoso en la carrera de Sinatra. Llevarlo a una ciudad pequeña, a la vida básica del americano medio, lejos de las luces de la gran ciudad a las que La Voz estaba acostumbrado. Es un disco tristón, reflexivo, meditativo. Canciones introspectivas con el sonido más crudo que grabaría Sinatra jamás, acompañado de su habitual orquesta, pero de guitarras y baterías también. El artista ya había demostrado ser un gran actor y aquí asume un nuevo papel poniendo voz a unas letras de profunda melancolía y soledad, temas que ya había tratado y que trataría más adelante, pero nunca con esta completa falta de esperanza. La contradicción interna de Watertown es que pretende ser un trabajo maduro destinado a una audiencia más joven. Su temática no es para adolescentes, sino para adultos de mediana edad que comprenden lo que significa un matrimonio roto.

Desde su portada, sepia, polvorienta, Watertown transmite la sensación de una vida gris y enormemente solitaria. Vemos una vía que se aleja en la distancia, una figura que camina a solas, empequeñecida. El motivo del tren se repite varias veces a lo largo del disco. La obertura que lo titula presenta el escenario. La aburrida vida de provincias desgranada entre los instrumentos de viento con sabor al Sinatra clásico y una instrumentación rock arropada por orquestaciones panorámicas. Al final de la canción el sonido del tren de la portada, que se repetirá al final del disco, empalma con el tema siguiente, Goodbye (She Quietly Says), en la que la voz de un hombre resignado relata una prosaica despedida en un café. Es otra canción que apunta a que este no es un disco para jovencitos y que sumerge al oyente en la sensación de cotidianeidad que embargará al protagonista durante todo el recorrido. Muy similar en temática e interpretación a She's Leaving Home otra pieza clave en Sgt. Pepper's de The Beatles.

For a While es la siguiente viñeta de esa vida. El protagonista intenta encajar el golpe y seguir adelante, con Sinatra en su punto más vulnerable. Michael & Peter es el número más complejo de Watertown, tanto lírica como compositivamente. Una minisuite soft-rock con diversos movimientos donde la posibilidad del musical televisivo que ya se había proyectado queda más que patente, con una producción que retrotrae a I Guess I'm Dumb, un trabajo de Brian Wilson para Glen Campbell. La letra son observaciones de sus problemas con la casa, su inmensa soledad, cómo los niños van creciendo ("Michael is you, Peter is me"), la ayuda que le ofrece la madre de ella, las relaciones con sus vecinos, las miradas compasivas de la gente y la sensación de ausencia. Lo único parangonable en su época sería Don't Cry Daddy de Elvis Presley, pero la canción del Rey tenía algo que daba un pelín de grima. No así Sinatra, absolutamente sereno, aunque devastado.

Aunque en Watertown, como obra unitaria, no hay un single claro, I Would Be in Love (Anyway) es un exultante canto al amor en el que sale el Sinatra más pop y utiliza su voz a pleno pulmón, a veces desgarrándose. Un tema con forma epistolar, como casi todos en el album, en el que el protagonista deja atrás la ira y comprende que tiene que dejar marchar a su mujer, no sólo físicamente, sino de su vida. De todos modos en Elizabeth, una canción en la que destaca una guitarra jazzística y el uso hippioso de la flauta, volverán los recuerdos de su esposa. Los siguientes dos temas siguen ofreciendo retazos que complementan la historia. What a Funny Girl (You Used to Be) sugiere que la pareja se han conocido desde niños, han crecido juntos, han sido novios desde el colegio y se han casado muy jóvenes. What's Now Is Now implica que ella se ha ido con otro hombre. Ingenuamente él le dice que puede volver, que no se preocupe por lo que diga la gente. No se ha dado cuenta de que no es eso lo que la ha hecho marcharse.

She Says es la pieza más floja del disco, una miniatura atonal, como un interludio, con un extemporáneo coro infantil, que conduce a la revelación final: ella va a volver. The Train cierra el disco y retoma el tema del tren del principio y de la portada. Es la canción más optimista. Desde su comienzo la melodía rebota, Sinatra canta con alegría, con la vana esperanza del regreso. Poco a poco la gente se va marchando y el protagonista vuelve a quedarse solo. La mujer no desciende del tren. Se va a casa reflejando la imagen que vemos en la portada y dejando al oyente con la obra más descarnada que grabase La Voz. La edición en CD ofrece un bonus track, Lady Day. En ella se nos ofrece un vistazo a la vida en la gran ciudad de la mujer que se ha ido. Una mujer con talento, que quiere realizarse por sí misma y que en esa pequeña ciudad se siente inquieta y encerrada. Su marido es un buen hombre, pero ella necesita otra cosa, algo que él no entendería. Por eso se va. Es un justo complemento al disco, pero parece fuera de lugar tras el final.

Watertown no es un musical con melodías derivativas que no van a ningún lado, al servicio de una historia . Aquí hay canciones de un compositor pop de éxito que con The Genuine Imitation Life Gazette había ido más allá y ahora abrazaba a un gigante. No es un disco romántico, sino nostálgico. Suena casi dolorido, entristecido, sin pirotecnia. En el que la interpretación de Sinatra es siempre medida, terriblemente humana. Sin embargo, él no quedó contento con su interpretación. Además Watertown fue totalmente incomprendido y no se vendió. El fracaso hizo que se quedaran en nada los planes para un especial televisivo basado en el album. Un show que podría haber significado para Frank Sinatra lo que el '68 Comeback Special había sido para Elvis Presley. Poco después Sinatra anunciaría su retiro. No volvería hasta 1973.

Calificación: 4

martes 21 de septiembre de 2010

The Phantom de Lee Falk

En 1936 Lee Falk ya había obtenido un gran éxito con la tira diaria de Mandrake el Mago y había sido guionista en la emisora de radio que dio vida a The Spider, una especie de vigilante enmascarado salido de las novelitas pulp de los años 30. Se trataba del ahora ya clásico millonario con fachada de guapo, rico y perezoso, que oculta una doble vida como justiciero. Cuando King Features Syndicate le propuso a Falk crear una nueva tira, probablemente se acordó de sus guiones radiofónicos. Así apareció The Phantom para iniciar un nuevo género, el de los enmascarados en pijama. The Phantom no era el primer héroe disfrazado, existía el precedente de The Shadow, ni tampoco era el primero en llevar una máscara, estaba El Zorro, pero sí era el primero que reunía todas las características que posteriormente definirían a los superhéroes de los comic books. No tenía ningún superpoder, pero se valía de su fuerza y su inteligencia, y de la superstición de los delincuentes para infundir el terror, siendo un claro antecedente de Batman y Daredevil. Al dibujo de The Phantom comenzó Ray Moore, ayudante por aquel entonces de Phil Davis, quien estaba al frente de Mandrake. Moore aportó un potente uso de la iluminación, un dominio del dramatismo con el empleo del claroscuro y unos sombreados a rayas, que lo emparentan a grabados y al estilo de un apresurado Alfredo Alcalá.

The Phantom bebe directamente de las aventuras folletinescas de Fantomas y de héroes de la literatura pulp como Doc Savage. Un protagonista dentro de la tradición del hijo vengador, como El Pirata Negro de Douglas Fairbanks, que influye decisivamente en nuestro Guerrero del Antifaz. Como Tarzán, otro justiciero selvático, The Phantom es el típico joven de origen aristocrático, siempre hay que tener sangre noble, que eso da más elegancia, del que se enamora cada mujer con la que se cruza. Se ve que a las féminas les tira el misterio, y así luego se llevan esas decepciones. En un principio, tras la fachada de un petimetre ocioso y lánguido, el protagonista se iba a enfrentar con hampones a lo Edward G. Robinson. Pronto Falk daría con una mitología con la que se llegaría a sentir totalmente fascinado. Hace de The Phantom el descendiente directo de una larga línea de desfacedores de entuertos que se remonta al siglo XVI, cuando un mercante fue asaltado por los piratas y su capitán asesinado. Su hijo, que lo ha presenciado todo y consigue escapar, jura sobre el cráneo del asesino que combartirá el mal y que todos sus descendientes lo harán. De este modo Falk mueve las aventuras de su protagonista a una jungla de postal. Un lugar indeterminado entre Asia y África en el más puro estilo colonial y con nativos ingenuos, serviciales y manejables.

Cada generación, enfundada en el mismo disfraz, se va sucediendo, lo que hace que The Phantom sea visto como un ser inmortal. A su alrededor revolotean mil leyendas que le granjean los sobrenombres de El Hombre que no Puede Morir y El Fantasma que Camina. La calavera es un elemento recurrente dentro de todo el serial, desde la cueva que habita el protagonista, hasta el anillo con el que marca el rostro de los malotes en sus combates. Toda una iconografía que lo convierten en un personaje la mar de molón, con un aura misteriosa de tipo peligroso emparentado con el diablo, de pionera estrella del rock and roll. El formato de tira favorece el que se sucedan las aventuras frenéticas, aunque, no se engañen, repetitivas, instaladas en un cliffhanger eterno. Un sinvivir en el que el héroe debe desafiar las situaciones más imposibles con imperturbable chulería. Quien lo vea sin máscara morirá instantáneamente y él, que supuestamente es inmortal, deberá salir siempre indemne de cualquier peripecia. No me digan que no es una papeleta de difícil solución, pero Falk la resuelve siempre con desparpajo y un poco de cara dura. Eso sí, cuando The Phantom decide vestirse de paisano para salir a pasear, el convencionalismo del disfraz debajo del sombrerito y la gabardina, como un Hombre Invisible mezcla de Clark Kent y Humphrey Bogart, no deja de ser entre ridículo y entrañable.

En las primeras semanas de la serie, cuando Falk no tiene aún muy claro lo que quiere hacer y todavía no ha descubierto las posibilidades de un héroe mitológico que ha vivido desde siempre, la protagonista de la tira parece ser Diana Palmer. Con una visión comercial muy estimable, Falk y Moore impregnan las primeras tiras de un alegre sentido de lo que nuestros abuelos llamaban género picante. La que será eterna novia del héroe luce a lo largo de varios días diversos modelitos ligeros de ropa. Pero Diana no es sólo un reclamo sexy. El primer día aparece enfundándose unos guantes de boxeo y atizándole a su entrenador. Eso sí, en un oportuno deshabillé. Subsecuentemente, entre trajes de baño, Diana se destapa (¿lo pillan?) como una chica moderna e independiente, con un caracter determinado y muy capaz de hacer por sí misma cualquier cosa que se proponga. Un torbellino con la figura de una modelo de la época. Con el paso del tiempo Diana realizará todo tipo de actividades, tanto físicas como intelectuales, pero finalmente, según los argumentos vayan tornándose más conservadores, lo dejará todo para ser la esposa del héroe y convertirse en otra mujer que se quede en casa para cuidar a los niños, curar las heridas del marido y ser oportunamente rescatada de cuando en cuando. Otra renuncia por amor, no me digan que no es bonito.

Mientras Falk todavía jugaba con la idea de que su protagonista fuese el alter ego blandito de un niño bien, el personaje de The Phantom tarda en aparecer en la tira, y cuando lo hace, es de forma muy discreta. Es Diana la que aporta la carga erótica y de acción, una mujer atractiva y en absoluto pasiva. El espectáculo y el sex-appeal que complementan el misterio que sugiere el héroe. Esta orientación adulta de la serie se ve reforzada por la temprana aparición de gangsters sin escrúpulos. Sin embargo con el tiempo los besos serían menos apasionados y la violencia, suavizada. En 1949 se encagaría del dibujo Wilson McCoy, el que era ayudante hasta entonces de Moore. McCoy hizo evolucionar al personaje con su gran sentido narrativo y su estilo gomoso para dar lugar a un protagonista más corpulento. Tras su fallecimiento entraría el dibujo realista de Sy Barry, con quien muchos identifican al personaje hoy en día. Por el camino quedan comic books, seriales de televisión, un largometraje protagonizado por Billy Zane y mil proyectos de lo que se ha convertido en una franquicia más. Mal y caóticamente publicado en nuestro país con el nombre de El Hombre Enmascarado, en Estados Unidos está siendo reeditado por Hermes Press, quienes prometen una edición limpia y completa. En España, si no lo remedia un milagro, es difícil que lo veamos, no hay público para un clásico así, salido de otra época más inocente.

Calificación: 4

lunes 20 de septiembre de 2010

Dexter

La esperada quinta temporada de Dexter está al caer. Confirmando el buen momento de forma de las series televisivas, no es este el típico caso de "Me gustó más el libro que la película". Al contrario, los guiones para la pequeña pantalla son bastante más interesantes y están mucho más logrados que las novelas de Jeff Lindsay en las que se basan. Imagino que ya saben de qué va la cosa, pero por si las moscas les pondré en antecedentes. Someramente, Dexter es un analista de sangre que trabaja para la policía de Miami. Pero Dexter tiene otra personalidad más oscura dentro de sí. A Dexter le gusta torturar, rebanar a rodajitas y finalmente asesinar gente. Oh, no le vale cualquiera. Dexter es un muchacho encantador que sigue un código. Se cerciora de buscar entre sus víctimas a personas realmente detestables, criminales que merecen esa muerte horrible, y los quita de enmedio asegurándose de no dejar rastro que pueda llevar hasta el amable funcionario que todos conocen y quieren. Hay más, claro, mucho más. Detalles que iluminan el pasado de Dexter y su infancia como niño adoptado; una hermana aspirante a detective que se siente a la sombra de Dexter; un padre adoptivo que es un policía con más secretos de lo que parece en un principio; su madre biológica y su papel en el pasado del protagonista; su novia, una mujer maltratada, separada y con dos niños... Detalles enriquecedores de la trama que es mejor que descubran por ustedes mismos.

Mi primera reacción ante un éxito televisivo que me llama la atención, si está basado en alguna novela, es acudir a las fuentes originales y leer los libros. Por alguna razón atávica prefiero mantenerme alejado de la pantalla del televisor. Debe de ser como eso de pasar las uñas por una pizarra. La programación de los canales me eriza el vello y le recuerda la amenaza de la fiera al neardental que hay dentro de mi. Jeff Lindsay es un orondo escritor de best sellers que ha dado con la creación de su vida con el personaje de Dexter Morgan, del que ya lleva cinco novelas publicadas en su país natal, Estados Unidos, claro, cuál va a ser. Lo que atrae de los relatos de Lindsay es cómo ha sabido formar un gran carácter lleno de contradicciones y adentrarse en su forma de pensar. Cada historia está contada desde el fondo de la mente del protagonista poniendo de manifiesto el choque entre su supuesta falta de emociones y la vida normal que pretende llevar para ocultar al monstruo que lleva en su interior. Lo malo es que adolecen de un desarrollo tópico y un final por lo general desastroso. Tanto El Oscuro Pasajero como Querido Dexter son novelas curiosas, pero no apasionantes, no son historias que atrapen hasta el final. Es el personaje lo que es grande, no lo que escribe el autor. El resumen en la contraportada de la tercera novela, Dexter en la Oscuridad, me hizo echarme para atrás y ya no seguí leyendo más libros de Lindsay.

Afortunadamente la serie de televisión sigue al pie de la letra los libros en que se basa sólo al principio. Pronto se desvía de las soluciones más facilonas y poco a poco va tomando giros más interesantes con una entidad propia, aliviando, comprensiblemente, los momentos más escabrosos, para enredarse más en rocambolescos lazos familiares. En Dexter, la serie, hay generosas dosis de hemoglobina, pero las novelas son el escaparate de un charcutero. El Dexter de la pantalla es un asesino en serie que sigue sus reglas repitiéndose a sí mismo una y otra vez que no tiene emociones ni sentimientos, que no es capaz de relacionarse con otras personas, que no es un ser normal. Paulatinamente, sin embargo, vamos descubriendo según avanza la historia que el protagonista se involucra en la vida de los seres que tiene cercanos más de lo que quiere admitir. Dexter niega su propia humanidad, pero se engaña a sí mismo. Su verdadero yo interno choca entre su capacidad de empatizar y sus reflexiones pretendidamente amorales en un acertado uso del monólogo interior lleno de socarronería que replica la narración en primera persona de las novelas, pero con mayor fortuna. Estos guionistas son la pera. Y Dexter ya se ha convertido en uno de esos iconos de los que basta con pronunciar el nombre de pila para que todo el mundo sepa a quién se hace referencia. Cuando ustedes leyeron el título de esta entrada sequro que nadie se preguntó: "¿Dexter qué?"

No cabe duda de que Dexter es una serie de televisión extraordinariamente bien hecha, con pequeños guiños visuales llenos de humor negro y guasona desvergüenza para poner al espectador en situación. A este respecto no se pierdan los impagables los títulos de crédito. Un entretenimiento que engancha, tiene buen ritmo y cuyos capítulos se suceden uno tras otro sin alargarse artificialmente, con efectivos cliffhangers al final de cada uno. Es una serie en la que en cada episodio que vemos pasan cosas. El protagonista es Michael C. Hall un tipo que si bien en la primera temporada compone un canalla entrañable, pero inquietante, en la segunda temporada se convierte en un auténtico villano extrañamente atractivo. Con cada nueva temporada la actuacion de Hall va creciendo con su personaje llegando a alcanzar verdaderos buenos momentos. Sin embargo, en un principio, me parece poco acertado para encarnar el papel de Dexter. A pesar de haber recibido todo tipo de parabienes y premios, no me resulta ni lo bastante encantador cuando tiene que serlo, ni lo suficientemente frío cuando es necesario. Y me fastidia su elaborada edificación capilar. Mea culpa, tal vez, por haber cometido el pecado de leer las novelas primero y, en consecuencia, haber formado mi propia imagen de Dexter en mi cabeza. Al cabo de cuatro temporadas ya me he ido acostumbrando a los manierismos de Hall, pero no puedo dejar de sospechar que Dexter hubiera sido aún mucho más efectiva con otro actor al frente. Con todo me quedo con Jennifer Carpenter, quien encarna a la hermana de Dexter en la serie y, encima, es la mujer de Hall en la vida real. Suertudo.

Calificación: 4

domingo 19 de septiembre de 2010

El Pianista

No siento ninguna simpatía por Roman Polanski. No me gusta cómo intenta librarse de unos abusos sexuales cometidos sobre una niña de 13 años en 1977, ni la defensa cerrada que se ha hecho de él desde el gremio. No me gustan sus películas, plomizas y pretenciosas, el equivalente cinematográfico al cantautor pelmazo, ni me va su talante endiosado, de juerguista con resaca. Me parece un vividor con mucha suerte y aún más jeta. En 2002 estrenó, sin embargo, el que se me asemeja su mejor trabajo. El Pianista está basado en la autobiografía de Wladyslaw Szpilman, un reconocido músico polaco. Un largometraje que cuenta la invasión de Polonia por el ejército nazi, el exterminio de su población, la sublevación del ghetto de Varsovia, y las peripecias del protagonista para seguir sobreviviendo entre el caos y la miseria. En ella Polanski refleja su propia experiencia y la de su familia durante la guerra. Pero yo no puedo evitar verla como un intento del director por ajustar cuentas, de limpiarse el trasero para presentarse como un tipo con conciencia, mientras a la vez pretende ponerse a la altura de Steven Spielberg replicando la temática de La Lista de Schindler diez años después, con menos talento. Llámenme suspicaz si quieren. Mezquino incluso. Lo acepto.

Lo que no se puede negar es que El Pianista es una producción espléndida e imprescindible. Una película que se cimenta toda ella en la presencia de su protagonista, Adrien Brody, en la expresión de su rostro. Un perpetuo gesto de infinitos dolor y tristeza que que invita a la empatía y evoca patetismo. La vivencia de Szpilman es la de todo un pueblo que pasa de la comodidad a la miseria mientras el espectador contempla los hechos con la sensación de estar siendo testigo de una ceremonia absurda. Los personajes lo toman todo como parte de su cotidianeidad. Pasan de una circunstancia a otra paralizados por el miedo mientras esperan la muerte como corderos que son conducidos al matadero. Con aceptación, soportando abusos y adaptándose a lo que viene para seguir adelante. Mientras nosotros, sentados cómodamente en nuestras butacas, observamos entre la vergüenza y la desesperación, pues esta es una historia real. No esperen acción ni heroismos. Sólo miedo perpetuo, encierros y humillaciones. Los personajes huyen una y otra vez, se esconden de un lado a otro, y el único amago de dignidad en toda la película acontece cuando asistimos desde la distancia, como el mismo protagonista, a la revuelta de Varsovia.

Contemplamos los horrores reales de la guerra. Secuencias impresionantes de ejecuciones sumarias, muertes sin sentido en una ciudad completamente arrasada, reducida a ruinas. Desde los patéticos esfuerzos iniciales de la gente por conservar sus pertenencias, hasta los exterminios nocturnos con total impunidad en una sucesión de secuencias horribles, como cuando arrojan desde un balcón a un anciano en silla de ruedas por no levantarse al llegar los nazis. Vemos cómo unos nadan en la abundancia como si nada pasara, prosperando incluso, mientras otros desfallecen y agonizan a su lado. Los cadáveres se pudren en la calle mientras la vida sigue. Al final el oro, los relojes caros, los libros, no son más que objetos de intercambio para conseguir comida, alojamiento, protección, sobrevivir. Y la maldad, la pura maldad que parece inconcebible. ¿Cuánto sádico había en el ejército alemán? ¿Cuánto hay hoy en día agazapado en cualquier lugar del mundo aguardando, dispuesto a repetirlo?

Adrien Brody realiza un trabajo magistral. Reducido a un estado deshumanizado, con expresión de animal acosado. Una interpretación precisa como el mecanismo de un reloj con cada sonrisa contenida, con cada cambio apenas imperceptible de sus ojos. Provoca un estremecimiento presenciar la devastadora secuencia en la que Szpilman, enfermo, desnutrido, tembloroso, toca una pieza de Chopin hacia el final de la película, en la que descarga todo su sentimiento, toda su pasión, toda su furia. Cada fotograma que antecede y precede a esa secuencia, los rostros, las miradas, los suspiros, son una lección de narrativa. No hay apenas diálogo, no es necesario. Ahí es donde Polanski demuestra su oficio. Sabe contarlo todo con dos movimientos de cámara y deja El Pianista como su legado. Como otra película imprescindible sobre nuestro pasado reciente. Un pasado que, por muchas veces que se vea, sigue sorprendiendo. En pleno siglo XX (y no nos engañemos, en el XXI) todavía se dan casos de barbarie tan extrema, de degeneración colectiva, de esclavitud, de humillación y de violencia sobre nuestros semejantes con tamaña sangre fría.

Calificación: 5