martes 31 de agosto de 2010

No Mucho Antes del Fin

Vicente Alcázar es un grandísimo dibujante de comics español nacido en Madrid en 1944. Sin embargo, incomprensiblemente, su nombre no ha quedado en la memoria de muchos aficionados, tal vez por su temprano retiro del medio. Dentro del famoso desembarco español en los magazines norteamericanos principios de los años 70, Alcázar llega a los Estados Unidos de la mano del conocido Gray Morrow y pronto meterá un pie en la editorial Warren dibujando historietas de misterio y terror para la revista Creepy. El estilo del madrileño, minucioso, realista y con un toque gótico lleno de embrujo, encaja a la perfección con los inquietantes guiones y las historias de horror de aquel tipo de publicaciones.

Neal Adams introduciría también a Alcázar en Marvel donde se ocuparía de dibujar dos magníficos comics de espada y brujería. Un relato de Kull llamado El Vaticinio del Cráneo en la revista Kull and the Barbarians, y la adaptación de El Fénix en la Espada, un cuento clásico original de Robert E. Howard, para un anual de Conan. Aunque donde de verdad brillará el dibujante en todo su esplendor es en la historieta de la que se ocupa en el magazine Unknown Worlds of Science Fiction. En mayo de 1975 Alcázar se encarga de ilustrar la adaptación del relato de Larry Niven No Mucho Antes del Fin junto al veterano guionista Doug Moench, una historia que aúna el estilo de las publicaciones de Warren y entronca con las aventuras de fantasía heróica en las que Alcázar se maneja tan bien. El resultado es espectacular. Una mezcla de fantasía, terror, espada y brujería épica, y ciencia ficción, todos géneros en los que destaca especialmente.

Unknown Worlds of Science Fiction, conocido aquí como Mundos Desconocidos y publicado en nuestro país por la legendaria editorial Vértice con unas rotulaciones y unas traducciones que podríamos calificar alegremente como camp, es un típico producto de su tiempo. La década de los 70 fue una gran época para las revistas de comics en blanco y negro en Estados Unidos. Marvel Comics destinó a un público más adulto que el consumidor de comic-books toda una batería de publicaciones. Savage Tales y The Savage Sword of Conan en el campo de la espada y brujería, Planet of The Apes expandiendo las cinco películas de la serie, Monsters Unleashed, Dracula Lives y Tales of the Zombie copando el mercado de terror. Unknown Worlds of Science Fiction ofrecía una mezcla de adaptaciones de cuentos de ciencia ficción y relatos originales. En ella se pudieron leer fielmente llevados al comic los mejores cuentos clásicos de maestros de la literatura de fantaciencia como Harlan Ellison y su Arrepiéntete, Arlequín; El Día de los Trífidos de John Wyndham; La Aldea Encantada de Alfred Elton Van Vogt; Adán y Ninguna Eva de Alfred Bester, y Fuerza de Ocupación de Frank Herbert.

También destacaron en la revista los deslumbrantes trabajos de grandes del comic como Alex Niño, Gene Colan, Richard Corben, Neal Adams, Dave Cockrum, Bruce Jones, Roy Thomas y Gerry Conway. Todo ello coronado por las espectaculares portadas pictóricas que Marvel acostumbraba por entonces en aquellas revistas. Mundos Desconocidos desbordaba imaginación. La aventura, sin embargo, no tuvo el éxito esperado y apenas duró media docena de números. El mismo Roy Thomas, Editor en Jefe de Marvel por aquel entonces reconocía en 1976 que no es que perdieran dinero, sino que no ganaban el suficiente como para mantener la publicación. Pero Mundos Desconocidos de la Ciencia Ficción fue una experiencia maravillosa, un comic mágico e irrepetible que alguien, por ejemplo Dark Horse, tendría que atreverse a reeditar en uno de sus tomos tamaño guía telefónica. El prestigioso crítico, guionista, escritor y todo lo que se pueda imaginar dentro del medio del comic, la fantasía y la ciencia ficción, Rafael Marín, siempre ha expuesto lúcidas observaciones sobre el mundo de la narración gráfica. Acerca de Unknown Worlds escribió: "Fue la idea más interesante y más audaz que tuvo Marvel Comics en los años setenta, una época en que La Casa de las Ideas tal vez fuera tan caótica y cicatera como ahora, pero donde al menos rebosaba talento y ganas de explorar para el mundo del comic otras direcciones donde el llamado "comic de autor" asomaba la patita a la vuelta de la esquina, y donde los sempiternos superhéroes de la editorial quedaban relegados a un segundo plano".

No Mucho Antes del Fin, como hemos dicho, adapta un cuento original de Larry Niven. Una sátira no exenta de humor que parodia el género tan de moda entonces de la espada y brujería, pero que también presenta un fondo de fantaciencia, terror e intriga. Un relato salpicado de incisivas reflexiones en el que nadie, ni el bárbaro, ni el brujo, ni la chica, son lo que parecen. La volubilidad humana y sus miserias están presentes en el relato de Niven, y los papeles se revierten empujados por la mezquindad de los hombres. No Mucho Antes del Fin plantea las cosas con una sencillez desapasionada que roza el humor del absurdo, y el dibujo de Alcázar lo pone en imágenes de manera refinada sin aparente esfuerzo. Algunas viñetas dejan sin aliento, los juegos de luces y sombras logran un ambiente tenebroso y el entretejido de su trazo calmado permite que el lector aprecie la suciedad de una Edad Media realista y a la vez exagerada, como salida de una película de los alocados Monty Phyton.

El guión de Moench, como tantos en Mundos desconocidos, sigue la escuela de adaptaciones literarias que iniciara Roy Thomas y que remite a los diálogos llenos de retórica escritos por Stan Lee para Los Cuatro Fantásticos. Verboso en extremo, casi traslada punto por punto el relato original de Niven. Pero esto no ralentiza la acción ni convierte al comic en un cuento ilustrado, sino que se complementa con precisión con los dibujos de manera que Alcázar y Moench se enriquecen mutuamente para dar lugar a un todo que es mucho más que la suma de las partes. Si ustedes hacen click en las imágenes, podrán leer la historieta en toda su extensión y comprobar por ustedes mismos que después de toda la diversión, el melancólico final explica el sentido del título. De una bofetada que hiela la sonrisa en el rostro, las últimas páginas nos devuelven a la realidad y a nuestro propio reflejo. No Mucho Antes del Fin supone la culminación de una carrera en su momento más dulce. El mejor legado de un artista en plenitud de sus capacidades. A finales de esa misma década Vicente Alcázar se encargaría de Jonah Hex para DC Comics y poco después dejaría el mundo de la historieta.

Calificación: 4

lunes 30 de agosto de 2010

Las novelas de Cody McFadyen

Los best-sellers norteamericanos de crímenes con psicópata asesino incluído no se diferencian gran cosa entre sí en la forma de ser escritos. Todos comparten el mismo estilo, los mismos manierismos, e incluso personajes similares. Pero, ah, también está lo que cuentan, y ahí es donde un autor pone toda la carne en el asador para exhibir su mayor despliegue de imaginación. O de barbarie. Cody McFadyen se luce en ambos terrenos. Smoky Bramlett es una agente del FBI especializada en cazar serial killers. Un día, uno de estos va a por ella y a por su familia. El resultado: el marido y la hija de Smoky mueren ante sus ojos, y el rostro y cuerpo de la agente quedan horriblemente desfigurados a causa de las cicatrices infligidas. En medio de la terapia de recuperación, otro asesino comienza una serie de crímenes brutales en los que va dejando notas para Smoky. La agente tendrá que volver al trabajo sin saber si está aún recuperada.

Este es el punto de partida de El Hombre Sombra, la primera novela de Cody McFadyen, un tipo que se nota que ha leído a los maestros del género. No, la novela negra no, el best seller. McFadyen crea un relato adictivo y horripilante con los crímenes más atroces que se puedan imaginar, una protagonista peculiar (lo que es imprescindible en este tipo de novelas) y un villano realmente repulsivo. Pero también cae en los lugares comunes de este tipo de libros: escritura a veces formulaica, ligera tendencia a irse por los cerros de Úbeda y descripciones totalmente previsibles. Sin embargo, a través de sus más de 500 páginas el lector seguirá compulsivamente la caza del hombre, fascinado ante la pura maldad del asesino e intrigado por la evolución de Smoky. La traducción vuelve a estar en el plato negativo de la balanza. Algunos solecismos tan comunes en los traditores de hoy en día (más mayor) y poco afortunados aldeanismos (picar a la puerta, a mí ya me va bien, pantalones tejanos) ponen de manifiesto una incultura que a veces casi consigue arruinar la diversión.

Se ha publicado una segunda novela, El Rostro de la Muerte, protagonizada por el mismo personaje. Me atrevería a decir que en ella McFadyen excava aún más profundo en el espanto del alma humana y describe algunos pasajes que amenazan con superar al lector. Échenle un vistazo a la fotografía del autor en la solapa del libro. Se preguntarán cómo es posible que ese tipo con aspecto de americano papanatas sea capaz de inventar tanto horror y tanta violencia. Así que, 1) El estilo de McFadyen es como el de cualquier otro escritor de novelas de este género. 2) El Hombre Sombra y El Rostro de la Muerte sólo son otras historias apasionantes más (y nada menos). Y 3) Le fastidiará que el metro llegue a su parada y tener que aguardar hasta que sea la hora de salir del trabajo para volver a retomar su lectura.

Calificación: 3

domingo 29 de agosto de 2010

El Hundimiento

Bruno Ganz, el actor fetiche de Enki Bilal, parece en principio una elección poco adecuada para encarnar a Hitler. Sin embargo Ganz resuelve con brillantez el carácter contradictorio del genocida de la Segunda Guerra Mundial en Der Untergang, un film de 2004 dirigido por Olivier Hirschbiegel. El actor es capaz de componer un personaje encantador e inquietante a la vez, que se mueve por impulsos caprichosos. Iracundo y enloquecido, abstemio y vegetariano, amable y repugnante. El Hundimiento relata los últimos días de Hitler en el búnker que constituyó su Cuartel General. Basado en las memorias de la secretaria del Führer, las de varios ministros y generales suyos como Albert Speer, y otros testigos presenciales, El Hundimiento es un prodigio de extraordinaria documentación. Una película coral con personajes magníficos, desde los grandes caracteres históricos a los pequeños ciudadanos anónimos. Fanáticos incomprensiblemente arrastrados por el pensamiento (?) de un loco. Seguro que podemos verle muchas concomitancias con actitudes que todavía sobreviven entre nosotros.

Es un Hundimiento con un cuádruple referente: Hitler se hunde físicamente, decepcionado, traicionado, atormentado por la enfermedad y el odio; sus sueños se hunden con la certeza de que el mundo que había planeado no tiene sitio en el futuro; el régimen se hunde dividido, desarbolado, sin esperanza, y Berlín se hunde ante la acometida imparable del ejército ruso. La película retrata el irracional fanatismo ciego del dirigente nazi y sus seguidores, las tensiones internas de un Alto Mando que no se atreve a arrebatarle el poder a un desquiciado y tampoco quiere capitular pues todavía está vivo el amargo recuerdo de la rendición incondicional de la Primera Guerra Mundial, el caos entre las ratas que abandonan el barco y los civiles, muchos de ellos aún niños, que se exterminan unos a otros acusándose mútuamente de traición, la ligereza de una voluble Eva Braun, el espanto de un mundo esquizofrénico en sus últimos estertores, imprescindible secuencia tras implacable secuencia. La locura de la guerra, en suma.

Una lúcida disección con minucioso detalle de la caída del poderío alemán. Un régimen podrido y endogámico en el que no hay compasión por los vencidos y sí un reinado del terror hasta el tenso final. El director se limita a mostrar los hechos ante nuestros hipnotizados ojos sin emitir juicio alguno justo hasta el fotograma final, cuando deja claro que los culpables fueron todos. La responsabilidad de un pueblo que aupó, animó, consintió o no quiso ver. Con eso basta, no necesita más. El Hundimiento compone una película extraordinaria y, por un momento, el retrato del fin del mundo. Un cautivador espectáculo, la fascinación de contemplar el horror de cerca. Clarificadora, reveladora, debería de ser de visionado obligado para tanto iluminado y tanto salvapatrias antes de que estemos condenados a repetirlo todo una y otra vez.

Calificación: 5

sábado 28 de agosto de 2010

ARCADE FIRE - The Suburbs

Con un desconcertante piano de honky-tonk que presagia lo que va a ser una tonada casi country da comienzo The Suburbs, el esperado tercer album de Arcade Fire. La canción que le da título, tan hermosa y con una ambientación de turbulencia anestesiada tan grandiosa, es presagio de que detrás viene un gran disco. Win Butler y su troupe no decepcionan. Ya lo dice su propio nombre, win significa ganar, y el líder de este combo multitudinario no está dispuesto a dar un paso en falso tras el relativo morrón que se llevó con Neon Bible. Lo que sus dos trabajos previos ofrecían en intesidad, The Suburbs lo gana en melodía, aunque siempre retiene algo de la inquietud gótica que tan buenos frutos dio en Funeral. El título de su última obra propone recapturar los recuerdos de infancia de los miembros de la banda en los suburbios de su Canadá natal. Pero no hay ni rastro de nostalgia en las canciones que componen The Suburbs. Los suburbios de Arcade Fire parecen estar en su interior, y hasta una canción tan explícita como Deep Blue puede ser una experiencia gozosa teñida de melancolía.

En su batidora se codean los ritmos Motown presentes en Ready to Start, con las orquestaciones dolorosas de Half Light I y los guiños a la New Wave de Modern Man y Sprawl II. El espíritu de Echo & the Bunnymen planea por todos los surcos y sigue presente en Suburban War, aunque queda disfrazado por el contrapunto de la sublime voz de Régine Chassagne. Por primera vez parecen invocar a The Ramones fusilando Beat on the Brat con su Month of May. El country de querencia rural regresa en Wasted Hours, y la improbable influencia de New Order asoma en Half Light II. Los Arcade Fire más reconocibles tienen su lugar con la emblemática We Used to Wait, en la que parece que el apocalipsis se vaya a desatar de un momento a otro, capaces de conseguir que hasta sus canciones más frenéticas, como Empty Room, causen un efecto analgésico. Rococo ejemplifica la fusión exquisita de instrumentos acústicos y delicados toques electrónicos, y la obra conceptual cobra sentido cuando The Suburbs se cierra à la Sgt. Pepper's, retomando la canción con la que se abrió.

Pero Arcade Fire siempre muestran una personalidad propia. Como los realmente grandes, han creado un sonido único y reconocible que otros imitan. Como David Bowie, han tomado de aquí y de allá para parir algo nuevo y diferente que recuerda a todo y no se parece a nada. A pesar de la sofisticada producción de Markus Dravs y los arreglos orquestales de Owen Pallett, hay algo orgánico en el sonido de Arcade Fire que les hace parecer estar tocando en vivo en nuestro salón. Estos tipos con pinta de mormones escriben canciones con calidad de himnos que encierran en ellas la vida y la muerte, la gloria y la condena. El mayor problema al que se enfrentan Arcade Fire es la sorpresa mayúscula que supuso en su momento Funeral, un disco con el que cortaron la respiración a medio mundo. Cualquier cosa que vayan a hacer después, se va a ver a la sombra de esa obra monumental. The Suburbs sigue la línea de un trabajo honesto, una obra magnífica, completa y cerrada, en la que ninguna canción destaca por encima de otra. Agridulce y sin un gramo de grasa.

Calificación: 4

RICHARD ASHCROFT - United Nations of Sound

Hace ya tiempo que cualquiera que escuche las composiciones de Richard Ashcroft, alias El Intenso, se habrá dado cuenta de que el ex-líder de The Verve es un hombre que ha encontrado la espiritualidad. Sus discos en solitario han supuesto affaires cada vez más escurridizos, y la reunión de hace unos años con su anterior banda volvió a acabar yéndose por el fregadero sin pena ni gloria porque además debe de ser un tipo un puntín difícil de soportar. Ahora se saca de la manga The United Nations of Sound, un invento que no consigue ocultar el hecho de que este es, otra vez más, un proyecto suyo y sólo suyo. Pareciera que Ashcroft intentase desviar la atención sobre su persona y diluir así la responsabilidad de otro más que probable tropezón. Y es que su obra navega últimamente por un neogospel aferrado a la repetición machacona de la que tanto gusta desde los tiempos en que The Verve derivaban sus canciones hacia largas improvisaciones. Ashcroft edifica los doce temas que componen su último larga duración sobre su declamación de predicador mesiánico, tan afectado que podría ser tomado por el Neil Diamond de su generación, hasta que pronto se desliza con números como This Thing Called Life hacia el soul blandito que empañó Keys to the World. Las múltiples capas que engordan sus tonadillas y esa visión tan focalizada, esa determinación tan apasionada que exuda el cantante, casi consiguen contagiar su entusiasmo al oyente, pero no logran hacer olvidar la sensación de que si despojaramos estas canciones de tanto ropaje, debajo quedaría algo bien enclenque. Temas como America están, además, salpicados de pequeños detalles extemporáneos que recuerdan que el bueno de Richard se ha agenciado las labores como productor de No I.D. para que le cuelgue unos adornos que le sientan tan bien como si fuera un árbol de Navidad. Beatitudes parece un refrito de Suede cuando estaban en la cuerda floja, y da la impresión de que haga lo que haga, Ashcroft ha perdido el paso y nada le sale a derechas. Y no es que nuestro hombre lleve ya un tiempo reescribiendo su propio repertorio, es que esta vez se le ha ido un poco la mano con la intertextualidad. Are You Ready tiene un solo de guitarra que por momentos replica el de Sympathy for the Devil de The Rolling Stones, Born Again cita la letra de The Soft Parade de The Doors, y Royal Highness plagia (sí, plagia) algo tan reconocible como Sweet Jane (¿o lo llamamos sampleado, que para eso hemos acudido a un productor de hip-hop?). A partir de Good Lovin' todo se convierte en una papilla eficiente, pero poco nutritiva, en la que los sabores se confunden y se hacen inapreciables, sin una pizca de cayena que haga al oyente saltar del asiento. Un blues disfrazado, una balada del cancionero de Elton John, un pastiche de Curtis Mayfield, un sermón que proclama glory hallelujah... No me malinterpreten. No es que The United Nations of Sound sea un mal disco. Es que no es lo bastante bueno. Se escucha con agrado, se archiva y se deja olvidar. Eso es lo que le lleva pasando a Richad Ashcroft desde que grabó Urban Hymns. A pesar del tiempo que se toma entre un trabajo y otro, su despiste parece mayúsculo y no consigue recuperar la inspiración. O tal vez sea que a él ya no le llena retomar su guitarra acústica y empezar a escribir canciones como The Drugs Don't Work otra vez. En su lugar prefiere vocear mensajes tan grandilocuentes como el mareante Let My Soul Rest con el que cierra su último trabajo. Ya sabemos que tu alma está plena, pero no hace falta llenarse tanto la boca, Rich.

Calificación: 2

viernes 27 de agosto de 2010

La Saga de Conan, valoración final

Ahora que ha finalizado La Saga de Conan con la aparición del número 35 de la serie, ha llegado el momento de hacer balance de lo que ha supuesto una colección que ha marcado un hito en la historia editorial de los comics del bárbaro creado por Robert E. Howard. Nunca antes se había publicado de forma organizada y echando mano a todas las diferentes publicaciones editadas en su momento por Marvel Comics, una biografía cronológica y ordenada del cimmerio. Podemos estar orgullosos de que haya sido precisamente de nuestro país de donde haya partido una iniciativa semejante sin precedentes. En Estados Unidos ya se intentó una vez algo similar, pero ni se llevó a cabo tan bien, ni de forma tan completa. Un reconocimiento especial se merece Fran Calderón, el coordinador, traductor y recopilador de La Saga de Conan. Calderón es autor de varios libros de ensayo sobre Howard y sus personajes, y ha sido el principal artífice de que una colección así haya llegado al mercado. Una labor extraordinariamente complicada y laboriosa que Calderón ha concluido de forma exitosa y con nota. Con La Saga de Conan se ha hecho realidad lo que muchos aficionados de todo el mundo han soñado alguna vez y algunos han intentado realizar de forma infructuosa: organizar la vida de Conan y contarla de forma coherente recurriendo a todas las fuentes disponibles. Sin embargo, y aún siendo ampliamente satisfactoria, las leyes del mercado tampoco han permitido que esta fuese la biografía definitiva de Conan en comics.

La Saga de Conan presenta un buen puñado de tantos a su favor. Una selección casi impecable de relatos, una reproducción sensiblemente mejorada con respecto a las anteriores, una nueva y más exacta traducción, un papel excelente, y la necesaria tapa dura. El diseño general de cada tomo es elegante, aunque un poco recargado y con tendencia a hacer hincapie en la faceta más fantástica de los relatos, algo que disgustará a los lectores con preferencias más sobrias. Un problema ha sido la selección que se ha hecho de las portadas. En la medida de lo posible, y recurriendo a ilustraciones originalmente vistas en The Savage Sword of Conan, se ha pretendido que cada portada reflejase alguna de las aventuras contenidas en el interior, sin embargo no siempre han sido las más adecuadas. Han faltado algunas clásicas y se ha dado espacio a algunos portadistas mediocres, como es el caso de Ernie Chan, cuyo estilo apresurado no es especialmente adecuado para estas labores. Ha habido también elecciones desgraciadas cuando había posibilidad de escoger entre varias opciones. Paradigmático es el caso de la portada de El Pueblo del Círculo Negro, cuando hubiera sido más adecuado optar por Savage Sword 16. Especialmente sangrante es el caso, precisamente, de los números 1 y 35, el primero y el último de La Saga, para los cuales se podría haber recurrido a las portadas del número 39 de The Savage Sword y al número 2 de Marvel Super Special respectivamente. Esta última y espectacular portada está todavía inédita en España y es una de las mejores de toda la historia editorial de Conan.

Para mencionar unas cuantas, no se han visto las portadas de los números 7, 16, 20, 21, 23, 33, 38, 46, 55 de Savage Sword. Un número demasiado alto, mientras que las portadas de los números 1, 4, 5, 7, 17, 19, 33, 34, 35, entre otras, de La Saga de Conan dejan bastante que desear. También se ha pretendido que cada volumen tuviese un número aproximado de páginas. Lo triste es que esto ha obligado a que muchas aventuras se viesen separadas comenzando en un tomo y acabando en otro. Quizá hubiera sido más acertado un número variable de páginas en cada libro y conseguir así que grandes aventuras como Conan el Bucanero o La Hora del Dragón se pudieran leer en un sólo tomo de un tirón, haciendo así que la experiencia fuera mucho más satisfactoria. Cada número de La Saga de Conan debería haber abarcado todo un arco argumental independientemente del número de páginas (y del precio) que tuviera. Asímismo era el momento adecuado de recurrir a las versiones sin censurar de algunos comics, pero desgraciadamente se han vuelto a quedar en el limbo las viñetas más picantes dibujadas por Barry Windsor-Smith para La Canción de Red Sonja, y hemos tenido que apechugar también con el bikini redibujado a Isparana en Por el Trono de Zamboula. Hubiera sido necesario hacer un esfuerzo para encontrar las mejores versiones ya que esta estaba destinada a ser la edición definitiva de Conan.

Y si en los dos episodios mencionados se nos han ofrecido la versiones censuradas, hay otros dos cuya reproducción es bastante pobre. Es cierto que por norma general La Saga de Conan ha gozado de una reproducción mejorada respecto a cualquier edición vista anteriormente, aunque posiblemente un poco cargada en los negros, pero En la Montaña del Dios Luna parece un relato gafado. Nunca ha conseguido una impresión justa (véase su última página). Sin embargo eso no es lo peor. Clavos Rojos de Barry Windsor-Smith, probablemente la mejor aventura de toda la colección, recibe una reproducción penosa. Es la misma que obtuvo cuando fue publicada en los tomos blancos dedicados a la producción completa que el artista británico hizo de este personaje. Totalmente desprovista de matices y completamente emborronada, es una chapuza desastrosa que mancha una colección que está destinada a convertirse en un gran clásico. Lo extraño es que la versión vista en el número 8 de la revista La Espada Salvaje de Conan y la coloreada para el tomo Absolute, ambas también en Planeta De Agostini, sí que le hacen justicia al preciosista dibujo de Windsor-Smith. Habría que preguntarse qué ha pasado aquí. A esto hemos de añadir que aunque el nuevo rotulado de los bocadillos de texto es mucho más elegante, algunas de las rotulaciones de los títulos han significado un paso atrás, resultando peores que las que ya se conocían.

Es evidente que puesto que Planeta está publicando también Las Crónicas de Conan, no se iba a sabotear a sí misma ofreciendo muchos episodios de Conan el Bárbaro dentro de La Saga de Conan. Eso hubiera sido perjudicar las ventas de ambas colecciones. Pero sí que era necesario, ya que La Saga de Conan pretende contar la vida del bárbaro ofreciendo las mejores de sus aventuras, recurrir a algunos episodios de Conan the Barbarian. La elección ha sido bastante acertada, pero ¿por qué se ha omitido un momento fundamental como es El que Acecha en el Interior, que está basado, además, en un relato original de Robert E. Howard? El daño es menor ya que se puede localizar esta historia dentro de su orden en Las Crónicas de Conan, pero aún así es incomprensible al lado de la inclusión de otros episodios menores de esta misma serie que sí han tenido hueco en La Saga. Más inexplicable aún es la ausencia de La Ciudad de los Cráneos, proviniente de The Savage Sword of Conan y que debería haber estado ahí, máxime cuando vemos que sí se han seleccionado algunos episodios muy menores y prescindibles para empotrarlos en la colección por mor de la continuidad o el completismo. Incluso se han querido incluir todas las historias de la época de Conan como rey publicadas originalmente en The Savage Sword, lo que ha dado lugar a la aparición de relatos escasamente meritorios y que hacían echar a faltar con mayor fuerza aquellos que sí deberían haber resultado escogidos.

Es más, en vista de esa cierta manga ancha, si bien no faltan más aventuras que las ya mencionadas dentro de lo que podríamos llamar Conan Clásico (la primera época como escritor del personaje del guionista Roy Thomas, el mejor que tuvo la serie, y de donde salen casi todos los comics que componen esta colección) se podría nombrar alguna del regreso de Thomas en los años 90 que no hubiera estado de más añadir. Es el caso de Conan y el Dios Araña, y Espadas de Zhamakand, que no desmerecerían al lado de algunas de las vistas dentro de La Saga, por ejemplo de Conan y el Brujo, y que están mejor aún que, pongamos, El Regreso a Casa. Una colección con 40 números en lugar de 35 hubiera permitido incluir algunos de esos episodios considerados menores que hubieran ofrecido una panorámica más completa. Aunque en realidad una biografía de Conan con todas sus aventuras fundamentales hubiera tenido que acudir a gran parte de los 114 primeros números de Conan the Barbarian, cosa que ya hemos visto que es imposible.

Lo que nos lleva a otro problema al que se ha tenido que enfrentar La Saga de Conan: al haberse visto obligada a prescindir de casi todo lo que estaba siendo publicado en Las Crónicas de Conan, cuando se ha recurrido a alguna aventura de esta serie para La Saga, se ha utilizado la misma versión pero desprovista de color. Es decir, el comic presentaba una artificial escala de grises que delataba su origen. En lugar de acudir directamente a la versión en blanco y negro se ha presentado una con los colores degradados. Lo ideal hubiera sido que aquellos comics que eran originalmente en color, hubieran sido reproducidos aquí también en color. Y no estoy hablando sólo de Conan the Barbarian, sino también de los provinientes de Conan the Savage, King Conan, las novelas gráficas, y los anuales. De haberse hecho de esta manera, el lector español hubiera tenido la oportunidad de leer por primera vez la historia La Hora del Dragón completa y como fue originalmente publicada. Pero en esto, como en las otras pegas señaladas a la colección, los imperativos editoriales mandan. Imaginen una colección como La Saga de Conan a la que se le hubiera añadido la flor y nata de Las Crónicas de Conan, con las historias a color que fueron publicadas así originalmente (por ejemplo Llegan los Bárbaros, En Busca del Dios Manchado de Sangre, El Fénix en la Espada o El Anillo de Rakhamon), con las aventuras que faltan que se han señalado aquí, y las portadas que ilustran este artículo. ¿No hubiera sido lo ideal? Pero háganse otra pregunta. ¿Hubiera sido comercial?

Podemos ir algo más lejos. Muchos seguidores se han lamentado de que no apareciera un prólogo a La Saga de Conan que incluyera el ensayo La Edad Hyboria, magníficamente ilustrado por Walter Simonson; el poema Cimmeria, de Barry Windsor-Smith, y las primeras tiras de prensa de Conan, que son las únicas que muestran el nacimiento del personaje. Eso le hubiera dado un arranque a la colección con mucho más brillante que las patososas, pero necesarias, aventuras primerizas realizadas durante los años 90. Asímismo un epílogo con otro poema, La Canción de Muerte de Conan, dibujado por Jess Jodloman, hubiera supuesto un bonito punto y final a la colección. Colofón mucho más lucido que el que se ha visto definitivamente. Con todo, los defectos señalados suponen pecata minuta frente al reguero de obras maestras imprescindibles para cualquier aficionado, no sólo del personaje y su autor, sino del comic en general, que ofrece La Saga de Conan a lo largo de sus 35 números. Todos los episodios fundamentales están ahí, aunque seamos conscientes de que para tener de verdad lo mejor de Conan habrá que agenciarse también los 14 primeros números de Las Crónicas de Conan.

Siendo como es La Saga de Conan un esfuerzo titánico que supondrá en el futuro un referente editorial a nivel mundial, sigue sin ser la versión definitiva de la vida del bárbaro cimmerio en comics. Cabe ahora preguntarse qué futuro le aguarda al personaje en nuestro país. Mientras que en Estados Unidos la editorial Dark Horse está cada vez más lanzada reeditando comics y creando otros nuevos de Conan y otros personajes de Robert E. Howard, pareciera que aquí Conan ya no vende. Una impresión que algunos listados publicados últimamente se aproximan a desmentir. Entonces ¿cómo es que cada vez se anuncian con menos fuerza sus novedades? ¿Por qué una vez acabada La Saga de Conan da la impresión de que no haya nuevos proyectos? Planeta no muestra interés en los otros comics de Dark Horse, las versiones Absolute anunciadas se perdieron en el olvido, Las Crónicas de Conan renquean, y la editorial ha exhibido una palpable falta de respeto para con sus compradores perdiendose en incontables retrasos que incluso llegan a rozar la aperiodicidad. Para que Conan tenga un relanzamiento habrá que esperar a que la película que se está rodando ahora mismo llegue a nuestras pantallas. Y a que tenga éxito. Por lo pronto Planeta De Agostini amaga con reservarse algunos anuncios al respecto que parecen presagiar que la editorial también está esperando al estreno de la mencionada película. Crom nos coja confesados.

Calificación: 4