Para gran parte de la generación que nació a raíz del baby boom de los años 60's, la música ochentera es la mejor de la historia. Una afirmación difícilmente sostenible a la luz de las grandiosas obras que se parieron en las dos décadas precedentes, pero en esto de los gustos musicales la nostalgia juega un papel harto decisivo. Si bien es indiscutible que en aquellos años de cardados y hombreras se crearon grandes canciones de pop, está más abierto a debate el considerar que un sonido tan anclado en una época determinada, y que ha envejecido tan mal, fuera capaz de originar verdaderas, incuestionables y definitivas obras maestras. Sin embargo cualquiera con un par de orejas a pleno rendimiento y un mínimo de curiosidad será capaz de encontrar un buen puñado de discos absolutamente estimables publicados entre 1980 y 1989, aunque posiblemente no en la misma proporción numérica que en los 20 años previos.
De memoria y a vuelapluma, si hablamos de álbumes como obras completas, se me ocurren, sin ánimo de ser completista ni excluyente, Scary Monsters de David Bowie, This Is the Sea de The Waterboys, Soul Minning de The The, Green de REM, Pacific Street de The Pale Fountains, The Correct Use of Soap de Magazine, Talk Talk Talk de The Psychedelic Furs, Raindogs de Tom Waits, The Joshua Tree de U2, Sign of the Times de Prince, The Queen Is Dead de The Smiths, Closer de Joy Division, Tin Drum de Japan, Saint Julian de Julian Cope, King of America de Elvis Costello, The Head on the Door de The Cure, Rattlesnakes de Lloyd Cole & the Commotions, Remain in Light de Talking Heads, Ju Ju de Siouxie & the Banshees, Hand of Kindness de Richard Thompson, Tender Prey de Nick Cave... Para abrir boca no es una mala cosecha.
Grabado a finales de 1983 en París y publicado al año siguiente, Ocean Rain es el cuarto disco de Echo & the Bunnymen y una de las joyas de la corona de aquella década, uno de esos CD's que siempre llevo en el coche. Echo & the Bunnymen surgen de la misma hornada que dio lugar a bandas como The Chameleons y los U2 pre-Eno, con un sonido que es pura fricción heredado de Television. Con Ocean Rain abandonan el post-punk para crear una obra con la grandiosidad arquitectónica de las grandes catedrales, de sonoridad clásica y despojada de todo el artificio típico de su época. Una majestuosa rodaja tan llena de eco que parece grabada dentro de la gruta submarina que exhibe en su portada. La dramática voz de Ian McCulloch, con poderosas resonancias de Jim Morrison, preside el disco en primer plano, más clara que nunca, respaldada por una orquesta de 53 músicos y elementos inusitados en su repertorio como mandolinas, flautas y masas corales grandiosas, que no grandilocuentes.
Ocean Rain es un disco cuajado de melodías sublimes con arreglos emocionantes. Lamentos que celebran la naturaleza y la vida. Canciones entre la turbulencia y la ternura impregnadas de un romanticismo arrebatador que no abandona los tonos épicos de sus anteriores trabajos, sino que los depura y canaliza con una sabiduría que alcanza su máxima expresión en números como My Kingdom y en el clímax que finaliza el larga duración con un escalofrío en la bella y espaciosa balada que le da título. Tonadas lujosas, casi lujuriosas, como Silver, Crystal Days y The Killing Moon, que con orquestaciones exuberantes y guitarras cristalinas envueltas en arreglos llenos de sentido del drama, reclaman el ambiente de suspense del cine negro clásico y el neorrealismo europeo, y que fueron usadas para gran efecto en la banda sonora de Donnie Darko. En Ocean Rain se dan cita la vuelta a las resonancias más ásperas de antaño con Thorn of Crowns, el ambiente misterioso, envuelto en bruma de Nocturnal Me, y el casi subacuático de The Yo-Yo Man, que parecen una puesta al día de las tonalidades acústicas de Forever Changes, la obra maestra de Love publicada en 1968 y cuyo reflejo en los 80's es este Ocean Rain.
Un disco que despliega su hechizo a través de barridos orquestales y canciones que parecen salmos, y que se inspiran en las lecturas que de Jacques Brel hizo Scott Walker en sus primeros discos. Propio de su bocaza, McCulloch se atrevió a proclamar que Ocean Rain era "the greatest album ever made". La verdad... no. Pero sí que se trata de una incontestable obra maestra depurada y plena de belleza. Uno de los mejores LP's de la historia. Yo estoy convencido de que antes de grabar Neon Bible, Arcade Fire escucharon Ocean Rain tomando notas. Echo & the Bunnymen pensaban que este sería el punto de partida sobre el que edificarían una nueva carrera, sin embargo significó el principio del fin. Jamás volverían a alcanzar tamañas cotas. Ocean Rain es un disco místico, apabullante, con canciones que arañan la piel. Con él Echo & the Bunnymen por primera vez en su carrera se atrevieron a mirar fijamente hacia el fondo del abismo, y por última vez durante su carrera el abismo les devolvió la mirada.


















