Como bien sabe Bruce Springsteen no hay nada peor que una promesa rota. A veces un sueño que no se convierte en realidad acaba siendo una mentira. El Velo es una novela gráfica en la que el guionista El Torres plantea una historia con un inicio fascinante y una resolución fallida. Torres sabe escribir y lo demuestra con el monólogo interior de su protagonista, que guia toda la narración, pero pierde pie cuando quiere abarcar un relato de proporciones místicas. Chris Luna es una detective con una peculiaridad: puede hablar con los muertos. Si están pensando en Entre Fantasmas, la serie televisiva protagonizada por Jennifer Love Hewitt, están en lo cierto. En el mismo comic se hace una referencia a ella. Pero como la propia Luna reconoce, aquí no es todo tan bonito ni tan limpio. Lastrada por un trauma de la infancia, la detective se encuentra sin blanca y tiene que volver a su pueblo para vender la casa familiar. Allí se encontrará con un amargo secreto y una situación aparentemente idílica que oculta una realidad mucho más dura.
Me gusta el foie, pero no me interesa conocer a la oca
jueves 29 de abril de 2010
El Velo
miércoles 28 de abril de 2010
El Planeta de los Simios (otra vez)
En un día como hoy, permítanme que les recuerde un pequeño juego:
A ver si encuentran las 7 pequeñas diferencias esta vez.
martes 27 de abril de 2010
7 Nuevos Discos 7
JOHN GRANT - Queen of DenmarkJohn Grant ha salido reforzado de la disolución de The Czars. Su primer disco en solitario es una obra cuidada que se acerca al soft-rock de mediados de los 70's llegando en algunos momentos a recordar a la música de David Gates al frente de Bread, sin caer en ningún momento en la ñoñería, pero atreviéndose a rozarla peligrosamente. Queen of Denmark es un disco empapado de amor, dolorosamente hermoso, de belleza desgarradora y a la vez confortable como un jersey viejo y una taza de colacao en una tarde lluviosa. Afortunadamente Grant ha sabido rodearse de la instrumentación adecuada y ha contado con un presupuesto cómodo para producir estas canciones del modo que necesitan y merecen. Cuanto más lo escucho, más me gusta. No descubre nada, pero lo hace la mar de bien.
MGMT - CongratulationsLa crítica ha saludado el segundo trabajo de MGMT, abreviatura de Management, como la nueva gran obra psicodélica. Congratulations es un album más coherente y menos disperso que su anterior disco de debut, pero no es Sgt. Pepper's. Ni siquiera es Magical Mystery Tour. Dejémoslo en un cruce entre Nirvana (los de los 60's, no los de Kurt Cobain) y The Lemon Pipers, con algunos aliños psych (esos ecos y ese organillo) y con ligeros toques orientalistas. Divertido como pastiche, y mejor que muchas de las pequeñas y oscuras bandas originales de la época, Congratulations es de escucha agradable, tiene canciones estimables, e incluye un gracioso homenaje dedicado a Brian Eno, pero veremos cuánto dura el chiste. The Dukes of the Stratosphere lo hicieron antes, lo hicieron mejor y no se lo tomaron tan en serio.
AVI BUFFALO - Avi BuffaloLos jovenzuelos Avi Buffalo se pasan por el forro todo lo escrito y acometen sus canciones con ética do it yourself y total desparpajo. Lo suyo son bonitas canciones sabiamente arregladas que apuntan hacia la independencia y la tradición Beatle suavemente psicodélica. Con guitarras que remiten a los primeros Felt y melodías atinadas, a poco que se pongan, y si no se estancan, pueden hacer grandes cosas y ser pasto de festivales de verano. Pero no confíen en ello, tienen todo el aspecto de ser ese tipo de grupos que sacan un album y algunos singles, y en cuanto el éxito comercial no aparece (que no aparecerá) se disuelven en la nada como un azucarillo. Avi Buffalo, como The XX sacan partido a sus limitaciones como instrumentistas y saben componer canciones muy interesantes, pero su lo-fi necesita un productor que les haga desprenderse de ese aire inacabado que en conjunto desprende su debut homónimo.
ERLAND & THE CARNIVAL - Erland & the CarnivalSimon Tong ha sido guitarrista en The Verve. Después de acabar de nuevo como el rosario de la aurora con Richard Ashcroft, ha unido fuerzas con Gawain Erland Cooper en el proyecto Erland & the Carnival, una interesante propuesta que recupera el folk eléctrico de finales de los 60's y principios de los 70's. Su intención es retomar canciones tradicionales y reinterpretarlas como melodías hormigueantes que se te pegan a la piel y te reptan por todo el cuerpo. Tonadas retorcidas de sonoridad antigua y psicodélica, con un toque siniestro. Erland & the Carnival es un turbulento disco de debut bautizado como el propio grupo, que se sitúa entre el sonido anciano y el giro pop que indica que esto podría haber sido grabado en 1972.
KURT VILE - Childish ProdigyComo contagiados por el título del último disco de Kurt Vile, Childish Prodigy, demasiados epítetos se han desperdiciado para criticar su reciente trabajo, otra de esas obras que parecen grabadas en la habitación de su casa. Vile tiene una idea en principio buena y la exprime hasta la saciedad, dando vueltas al mismo concepto una y otra vez, a menudo acompañado de un solo instrumento. Conceptos sorprendentes que con un poco más de trabajo podrían dar lugar a grandes canciones, se quedan sin mayores arreglos en un resultado curioso y poco más que no aporta nada nuevo. Dicen que eso se llama genio, a mí me parece pereza. Más childish y menos prodigy.
WILD HONEY - Epic Handshakes and a Bear HugCuando una banda se presenta con un nombre como el de Wild Honey, es inevitable que la mente viaje a uno de los discos más sencillos y bonitos de The Beach Boys. Su album más funky, aunque pareciese grabado dentro de una caja de zapatos. Pero no, Wild Honey es una banda madrileña que recuerda más al sunshine pop de los primeros grupos de Curt Boettcher como Summer's Children y The Ballroom, y a Simon & Garfunkel. Bajo el exagerado y cuasi-paródico nombre de Epic Handshakes and a Bear Hug, presentan un trabajo sencillo, casi naif, repleto de cancioncillas infantiles armonizadas cumpliendo estrictamente la cuota de igualdad entre una voz masculina y su partenaire femenina. Instrumentación delicada, pero desnuda, con la inevitable incursión en la bossa nova. Al final tanta simpleza resulta cargante y un poco tontorrona.
XIU XIU - Dear God I Hate MyselfSéptimo disco de los californianos Xiu Xiu, y siguen siendo una banda totalmente original y en ocasiones desconcertante. Modernos sin llegar a ser cargantes, Xiu Xiu llegan cargados de canciones conducidas por la voz expresiva, profunda y temblorosa de Jamie Stewart, que presenta a partes iguales temas acústicos cuasi folk, distorsión guitarrística que recuerda a los Pixies, y correosas melodías repletas de sorprendentes ganchos. Todo ello salpimentado con generosos toques de electrónica generalmente acertados, aunque a veces en su ánimo experimental se les vaya un poco la mano. El mayor problema de Dear God I Hate Myself es que sus canciones tomadas de forma independiente no tienen ningún sentido, pero como obra en conjunto resulta demasiado densa, poco masticable y definitivamente dura de tragar.
lunes 26 de abril de 2010
El Barón de Ballantrae
domingo 25 de abril de 2010
Hijos de los Hombres
El director mexicano Alfonso Cuarón se puso al frente de un reparto internacional en 2006 para filmar su versión de la novela de P.D. James Hijos de los Hombres. Protagonizada por un extraordinario Clive Owen y con pequeños papeles de Julianne Moore y Michael Caine en una aparición inusitada y encantadora, Hijos de los Hombres es una película apocalíptica con ligeros toques futuristas y un giro que la hace diferente al resto de las de su género. En el año 2027 el mundo se ha convertido en un lugar inhóspito, gris y en ruinas, convulsionado por el terrorismo. Gran Bretaña se ha tornado en un estado totalitario reminiscente del Gran Hermano, que intenta preservarse de la inmigración ilegal inundando las calles de cámaras, pantallas y jaulas. Los policías, acompañados de amenazadores perros hacen contínuas identificaciones en masa, el gobierno reparte pastillas para el suicidio, y los llamados refugiados son concentrados en ghettos y campos de concentración como los judíos en la Alemania nazi. Porque la mayor tragedia de este mundo es que tras una epidemia de infertilidad, hace 18 años que no nace ningún ser humano. La gente llora por la muerte del muchacho más joven del mundo, pero son insensibles ante el drama humano de los inmigrantes enjaulados y perseguidos. Todo está impregnado de un aire de fatalismo, de desesperación, de abandono. Ya nada importa, todo se acaba.
Sin embargo, una inmigrante ilegal está embarazada. Es el primer bebé que va a nacer en 18 años. Una joven que significativamente es negra, casi analfabeta y sexualmente promiscua. Julianne Moore es una lider de la resistencia que ayuda a los refugiados y protege a la chica del gobierno. Recaba la ayuda de Owen, con quien tuvo una relación en el pasado fruto de la cual nació un niño que murió de una plaga mundial. Cuando son acusados de terrorismo y Moore es asesinada por sus propios compañeros que la traicionan para usar al bebé como arma política, Owen y la joven embarazada se embarcan en una contínua huida buscando a una organización que se dedica a proteger ilegales y buscar algún tipo de futuro y de esperanza. Un viaje que les llevará a conocer todo tipo de personajes, miserias, ambientes y luchas. A pesar de contener algunos desconcertantes toques de humor, Hijos de los Hombres también alberga excelentes secuencias rodadas cámara en mano, como la del enfrentamiento en el ghetto de refugiados, y momentos sobrecogedores como cuando en mitad del enfrentamiento, ilegales de todos los orígenes y soldados descubren al bebé, que es adorado como un nuevo mesías. Acompaña una imbatible y poética banda sonora que impregna el film de la atmósfera necesaria hasta la simbólica escena final, cuando el futuro de la humanidad va a la deriva perdida en mitad del mar, y aparece un barco llamado Mañana que indica que todavía hay esperanza. Si se fijan en la hippiosa música que finaliza los títulos de crédito verán que esta película es todo lo contrario del punk. Sí hay futuro.
jueves 22 de abril de 2010
El Coleccionista de Queen
Hace mucho mucho tiempo, en un país muy muy lejano, los niños no escuchaban a Queen. Ni siquiera sabían qué era eso. En ese país entonces los niños escuchaban a Pink Floyd, Alan Parsons y Mike Oldfield. Y si tenían hermanos mayores escuchaban a Serrat, Aute y Víctor Manuel. Pero había un niño pequeño que heroicamente resistía los embates y guardaba un cassette que acababa de salir, que tenía una portada minúscula y preciosa, y que se llamaba A Night at the Opera. O, como le gustaba decir a aquel niño entonces, Una Noche en la Ópera. En aquella cajita de música encontraba canciones excitantes, sobrecargadas, marcianas. Miniaturas que le recordaban a las tonadillas con las que se ambientaban las películas del cine cómico, titánicos tours de force guitarrísticos con una instrumentación que parecía sacada de una orquesta sinfónica, y monumentales ejercicios inclasificables que derrochaban inventiva e imaginación, que le dejaban sin aliento.
Y el niño, con ansias de conocimiento, se puso a escarbar para saber qué más obras podrían tener aquellos cuatro tipos de aspecto tan estrafalario, mientras intenaba asociar aquellos nombres a aquellas caras. Descubrió que el guitarrista, Brian May, y el batería, Roger Taylor, habían estado antes en varios grupos juntos hasta que un extravagante amigo suyo, Freddie Mercury, se puso tan pesado que en 1970 decidieron formar una nueva banda con él junto al bajista John Deacon. Tres años de rodaje trasnscurrieron hasta que se publicó su primer album evidentemente deudor de Led Zeppelin, con su misma imaginería lírica y su despatarrante despliegue compositivo e instrumental. Sería ya con su obra siguiente, Queen II, donde se destaparía una banda con personalidad propia, barroca, inusitada, frenética y poética. Por eso cuando salió A Night at the Opera y todo el mundo lo saludó como la obra desbordante que era, el niño sólo pudo preguntarse a qué venía tanta alharaca si todos los ingredientes estaban ya presentes en Queen II. En medio, Queen habían publicado un trabajo puente, Sheer Heart Attack, en el que pulían su estilo y lo ceñían al formato más conciso de la canción pop vista a través de sus sesgados planteamientos.
Al contrario de la creencia popular, Mercury no es el cantante de Queen. Es uno de los cantantes. Es sus discos todos componían, y casi todos, excepto Deacon, cantaban. Al estilo de The Beatles, cada uno aportaba su propio vocabulario que enriquecía la mezcla. Encontrar la dulce voz de May, o la rasposa de Taylor, entre los surcos, era una alegría, una divertida variación, casi un respiro. Y en el caso de Queen, el juego vocal marcaba la diferencia respecto a otras bandas. Del mismo modo, las tendencias más poperas de Deacon se compensaban con la pulsión rockera de Taylor, y mientras May exploraba entre los sonidos acústicos y el rock más duro, Mercury se expandía en mil direcciones cada cual más inesperada. Cada uno tiraba hacia un lado dando un sabor inigualable al guiso. Qué pocas formaciones sonaban como ellos entonces, qué rápidamente se levanta la bandera de Queen cuando Muse o My Chemical Romance intentan acercarse ahora a ese sonido. En las notas de cada album hacían gala, casi como un chiste, de no emplear sintetizadores. Pero es que esas orquestaciones guitarrísticas conducidas por la elegancia interpretativa de Brian May parecían casi imposibles. Y aún así los niños seguían sin escuchar a Queen. Supertramp eran mucho más populares.
Pero nuestro héroe sentía mayor cariño por el siguiente album de Queen, tal vez llevado por la simpatía que despierta el caballo perdedor. A Day at the Races tenía que competir con la sombra gigantesca de su antecesor. Era ya desde su portada una copia en negativo y una réplica milimétrica de A Night at the Opera: un romántico despliegue de baladas que funden el corazón, monumentos grandiosos que desbordan al oyente, puro pop almibarado y vacilón, mazazos hard que aplastan bajo el peso de los riffs, y solos de guitarra densos como plomo fundido. Pero Queen seguían sin ser populares y el niño, que empezaba a escuchar otras cosas, se dió cuenta de que en 1977 la banda acusó el impacto del punk. Mercury se cruzó una vez con Sid Vicious en unos estudios de grabación y cuando el jovenzuelo lleno de granos de espetó: "Oi! Tú debes de ser ese que ha llevado la ópera a las clases populares", lengua-de-rayo contestó: "Y tú tienes que ser Mr. Ferocious, ¿no?". La respuesta de Queen ese año fue News of the World, un trabajo actual y variado, con canciones concisas que desbordaban pasión, furia y clase, demostrando que podían ser más punks que los punks, y más sensibles que cualquiera de sus contemporáneos.
En 1978 Queen estaban perdidos, no habían alcanzado la cumbre y ya se les consideraba unos dinosaurios. Su album Jazz, era el primer paso atrás. Una continuación lógica de su anterior trabajo, pero más deslavazado. Para resarcirse publican el consabido disco en directo, que es una de las mejores grabaciones en vivo de la historia del rock. Live Killers se convirtió en la banda sonora de aquel niño que poco a poco iba creciendo junto a sus músicos favoritos. Sofisticados y a la vez potentes, Queen en concierto iban más allá de la mera reproducción de sus trabajos de estudio, convirtiendose en una verdadera máquina de matar. No hacían prisioneros. En el tránsito entre el final de los 70's y principios de los 80's la banda saborea sus mayores logros comerciales y de popularidad. Bandas sonoras, recopilaciones de éxitos, excursiones en el rockabilly y el funk. Todo vale y todo es pasado por su particular tamiz, ya se han convertido en una fábrica de hacer buenas canciones concisas, y algún que otro relleno. Han perdido parte de su sorprendente despliegue de imaginación en aras de una camaleónica adaptación a los tiempos, como si tuvieran pánico a quedarse estancados o quisieran meter el dedito en todos los tarros.
Tras años de mirar embobado las fotos de Freddie Mercury tratando de imaginar sus evoluciones en el escenario, la nueva imagen con pelo corto, bigote y envuelto en cuero es la que quedará en el imaginario popular, pero está muy lejos del icónico bailarín enfundado en mallas de Pierrot. The Works caerá como un mazazo en 1984, y será la consagración pública constatada por su arrasadora intervención en Live Aid, pero su música ha perdido su carácter distintivo. Se autoplagian, se repiten. Sus canciones suenan a cosas que ya han dicho antes, y el disco será como un trabajo de patchwork, compuesto de retales de aquí y de allá. Hasta la guitarra de May suena echada a perder arropada por los antes denostados sintetizadores. Sus singles son por primera vez anodinos. Pero los niños ya escuchan a Queen, y nuestro niño, que ya ha dejado de serlo, los escucha cada vez menos. Freddie Mercury rematará la faena publicando un disco en solitario que es un verdadero fiasco. En la época de la autenticidad, da vergüenza reconocer que te gusta Queen.
Los años siguientes serán aún más faltos de personalidad, y entre ventas millonarias y conciertos multitudinarios Queen se convierten en una parodia de sí mismos con canciones formulaicas desprovistas de aquel derroche de imaginación, inventiva e inverosímiles cambios que desplegaban en sus comienzos. Mercury comienza a tener un aspecto raro. En los vídeos disimulan su aspecto con dibujos, dobles, maquillajes extraños. Cuando en 1991 fallece víctima de una enfermedad grande con un nombre pequeñito, todo el mundo es ya fan de Queen de toda la vida, todos los niños parecen haber seguido su carrera, todos recuerdan el vídeo de la minifalda y el bigote pasando la aspiradora. Queen tienen una legión de seguidores muuuuy fieles que los encumbran como una de las bandas más grandes de la historia... diez años tarde. Para el niño que ya es hombre, Innuendo, su último disco en vida, es recuperable como una última dentellada a la existencia, una obra emocionante, pero menor, que cobra relevancia escuchada a la luz de las circunstancias en que fue grabada. Algo después, Made in Heaven sería el disco póstumo que Mercury dejaría en un sprint por intentar pelear y sentirse inmortal hasta el último momento, pero de alguna manera se les ha ido la mano cargando las tintas en sentimentalismo. No importa, recuerda a lo mejor de la banda. Queen siempre fueron excesivos. Y el hombre vuelve a ser niño, vuelve a pinchar Queen II, y se reconcilia con héroes.
miércoles 21 de abril de 2010
Daybreakers
Esto de las modas es así. A la gente nos da por los vampiros, y la industria se pone las botas dale que te pego hasta aburrir. Y eso que Daybreakers es una película de temática vampírica con otro ángulo y que cuenta con actores solventes como Ethan Hawke, Willem Dafoe y Sam Neill. Pero eso de ver una humanidad futura en la que casi todo el mundo es vampiro, y cuyas actitudes y costumbres se modelan de acuerdo a esa condición, es demasiado para mí. Me da la risa floja y no puedo entrar en tanto desparrame. Y no es que esté mal hecha. Es que el punto de partida y las respectivas situaciones son descalabrantes. Una sucesión de chorrada tras chorrada.
Los vampiros tienen sus trabajos, sus relaciones, viajan en metro... y son inmortales. Todo es igual que en nuestra sociedad, sólo que los humanos sobrevivientes han quedado reducidos a ser un mero alimento y son cazados por el ejército para convertirse en ganado cultivado en granjas en donde son ordeñados como vacas. La situación ha llegado a tal extremo que no hay ya sangre suficiente para todos y los científicos vampiros se afanan para buscar una sangre sintética sustitutiva. Al frente de tal despropósito está el bello Hawke encarnando a un hematólogo que se compadece de los humanos, lo que todos los vampiros han sido antes de su transformación. ¿A que suena excitante?
Pues eso, los vampiros con apariencia humana se están convirtiendo en monstruos con aspecto de murciélago y empiezan a devorarse unos a otros. El mismo protagonista está empezando a tener síntomas de la transformación hasta que encuentran una cura al vampirismo bastante tontorrona entre carreras y peleas plagadas de las clásicas inconsistencias: humanos que confían sin tener porqué en el vampirito bueno, un coche inoportuno que desaparece, tiros a granel que nunca aciertan... Y ni un solo vampiro negro en toda la película excepto el senador que defiende los derechos humanos. Todos parecen bien alimentados, acomodados, posicionados. Como si los que se hubieran convertido fuesen los pertenecientes a las clases altas, como si las sociedades avanzadas hubieran devorado al resto de la humanidad.
Porque esta película puede verse si se quiere como una alegoría de la adicción a las drogas, una denuncia de la esclavitud, de los regímenes totalitarios, o de los tejemanejes de la industria farmacéutica (¿recuerdan la Gripe A?). Pero no es más que una peliculita espectacular que combina el cyberpunk con la estética de Gattaca, para niños góticos y demás fauna que va a los cines a rumiar palomitas y berrear. Ambiente futurista y caracterización retro estilo años 30 en una serie Z con presupuesto y más clichés que en el laboratorio de un fotógrafo. Si quieren ver chorritones de sangre a litros y una historia totalmente alejada de la crisis y el paro, adelante. Yo me aburrí más que Bon Scott en un concierto de la Penguin Café Orchestra.
martes 20 de abril de 2010
El Coleccionista de Comics
El Coleccionista de Comics lleva unos días que se siente incómodo, inquieto. Casi cada tarde se deja caer por su librería favorita para repasar una vez más las estanterías, y todas las veces ha salido sin nada que llevarse a la boca. Sobre su mesa aguardan Alicia en Sunderland de Bryan Talbot y El Barón de Ballantrae de Hippolyte, pero en su compulsión coleccionista, y a la vista de la avalancha de novedades editadas para el próximo Salón del Comic en las que aún no ha podido husmear, esto no es suficiente. Quiere más. Y sin embargo no consigue decidirse por nada. Le molesta esta sensación, pero le molesta más aún la impresión de que sus últimas compras han sido una tomadura de pelo por la que no está dispuesto a pasar una vez más. Entra en la tienda con su lista cuidadosamente anotada. Con cada título que espera publicación, resaltado. Con aquellos que ya han visto la luz, marcados. Con los que ya se ha llevado o los que tras varios vistazos no le han convencido, tachados con precisión. Una ojeada a la lista, una ojeada a los estantes. El cacareado tomazo de Los Perdedores sobresale en los estantes, pero está envuelto en ese fastidioso preservativo que no permite hojearlo. Y ¿quién se va a llevar semejante tocho sin poder echarle siquiera un vistazo? Kick-Ass es otra novedad en la misma línea, promocionada por una potente adaptación cinematográfica. Pero ¿de veras quiere volver a leer una historia de pseudosuperhéroes ultraviolentos y con un guionista que se esfuerza en escandalizar al lector? Algo de Watchmen, algo de The Boys... Le suena manoseado y el dibujo tampoco está tan bien. El que sí tiene un dibujante llamativo es Mitos. Pero, oh, ¿quién necesita que le vuelvan a contar el origen de unos personajes archiconocidos? ¿Llegaría a acabar de leerlo siquiera? Y el volumen que recupera los primeros números de Ultimate Fantastic Four está en un cajón estilístico similar. The Ultimates tuvo su gracia en su momento, pero ¿cuánto se puede alargar un chiste sin agotarse? Y si a eso vamos, los contrastes de luz y sombra Silhouette de Jesús Alonso Iglesias tienen un aspecto tremendamente atractivo. Pero, un momento, ¿no es este el dibujante que hizo una chorradita sobre zombies y samurais? Huh, en efecto, esta vez los zombies son nazis. Demasiado zombie y demasiada gansada para El Coleccionista ¿Y Animalz, lo nuevo de Bilal? Estereotipado. Parece que el autor vaya para atrás en lugar de para adelante. Desde la trilogía Nikopol sus guiones dejan cada vez más que desear. Tampoco se puede fiar de Eco Warriors. Tiene pinta de bobada típica de la BD, con un dibujante eficaz y una nimiedad detrás demasiado ligera. Rebetiko, sin embargo, podría ser a priori mucho más apetecible. El dibujo parece magnífico, pero ¿de verdad cree que le va a interesar lo que le cuenta? No tiene el cuerpo para ese tipo de densas historias sociales. Y menos aún para Miguel, 15 Años en la Calle, con un dibujo tan poco atrayente. Demasiado liviano. Demasiado profundo. El Coleccionista suspira ante sus prejuicios. Los mismos que le hacen desechar el tercer número de House of Mystery después de los dos decepcionantes anteriores. Se gira hacia su librero, que le señala el integral de Gustavo de Max. Qué bonita edición. Qué adecuada si se tratara un Peter Pank integral, pero este Max tentativo buscando su estilo, anclado en el "Nuclear no, gracias", no es para él. El Retorno a Novorogord. Vaya, no vio en su momento la primera parte de este comic. Parece interesante. Émulo de Tardi, Guerra Civil Española otra vez, algunas carencias narrativas. Uf. Pasa la vista sobre la enésima edición de otro Corto Maltés, lo sufiente como para que El Coleccionista sepa que está saturado y que sería otro tomo que almacenaría en sus estantes sin leer. Lulú, Mujer Desnuda se le asemeja otra historia humana e intimista, de esas de las que ya ha tenido bastante últimamente. Un momento. Encima es el tomo 1. Se supone que habrá más. Puede esperar. Ni siquiera el volumen que recopila al viejo Ibáñez, el de cuando Mortadelo y Filemón todavía se subtitulaban Agencia de Información, parece suficiente. Incluso puede que sólo se trate de una operación nostálgica que apele más al recuerdo de lo bueno, que le pareció cuando era niño, que a lo que realmente es. El Coleccionista empieza a pensar que no está contento con nada, que ni siquiera sabe lo que quiere. Se fija en otra obra de Bastien Vivès en las estanterías, Por el Imperio. Aunque Vivès es un artista del que desconfía, sabe que este es otro material. Sí, un peplum de romanos tan querido a la BD francesa. El dibujo es espectacular, en gran medida gracias al impactante colorido. Pero en vista de que es la primera parte de una trilogía, el Coleccionista prefiere esperar a que la edición avance un poco más. Sólo le queda la apetecible reedición del clásico Estela Plateada de John Buscema. Pero, demonios, la tirada ha salido defectuosa y tienen que retirararlo. El Coleccionista vuelve a salir de la librería con las manos vacías, los pies fríos y la cabeza caliente.
lunes 19 de abril de 2010
Mi chica 2 (NSFW)
Aquí nos tienen de nuevo a mi churri y a mí haciendo el recorrido ese que tanto le gusta a ella todos los sábados. Zara-Mango-El Corte Inglés. A veces consigo escaquearme para meter la nariz en la FNAC, que no me queda lejos, pero por lo normal no me separo de sus botines. Como la calle es de lo más comercial y se ve que todas las parejas que lo son tienen las mismas costumbres que nosotros, porque esto de ir de compras también es un acto gregario, en nuestro recorrido nos vamos cruzando con todo tipo de fauna. Ellas, de la choni de polígono a la pijita que vive encima de la boutique, siempre impecablemente arregladas, con sus tacones ideales de la muerte para ir de compras al Carrefour y salir corriendo cargadas de paquetes a coger el autobús. Ellos varían desde el metrosexual con las cejas más depiladas que su novia, bronceado de rayos uva, sin un pelo que se salga de su sitio y la piel brillante por el cuerpo hinchado de esteroides, hasta el que se basta con ponerse el chándal de los domingos, el que no tiene lamparones, con la barriguilla colgando por encima de la goma del pantalón Adidas y necesitando urgentemente un lavado de pelo. Y mientras caminamos con la mente en blanco yo me voy preguntando qué demonios habrán visto esas tías en ellos. Que seguro que son maravillosas personas, no lo dudo, pero hay algo que no me cuadra. Eso, o definitivamente las mujeres tienen una tara genética que les hace venir con mal gusto de serie, cosa que me planteo seriamente. Claro que seguro que eso mismo se lo preguntan ellos al vernos a mi chati y a mí. No sé si recordarán que ya les he hablado de ella, pero por si acaso déjenme ponerles en antecedentes que la verdad es que me gusta. Periodista de televisión, rubia, neumática. Lo que no les he dicho es que es alta. Muy alta. Más que yo. Bastante más. Cuando nos ponemos juntitos y apretados como una pareja amorosa, parecemos Tom Cruise y Nicole Kidman. Sólo que ella tiende más a Uma Thurman y yo a Torrebruno. Entonces es cuando a ella le sale la vena de periodista metomentodo y me va improvisando sobre la marcha la vida de cada uno con que se cruza. "Mira, esos dos se conocieron en la Facultad de Derecho. Él tiene toda la pinta de trabajar en el bufete de papá. Ella llegaba todas las mañanas a las siete para coger sitio arreglada como para ir a una fiesta. Lo dejó en segundo porque ¿para qué? ya había pegado un braguetazo con el que tenía la vida resuelta. Va tres días a la semana al gimnasio a hacer spinning y a él le gusta dárselas de entendido en vinos. Cada año van a esquiar y dentro de tres le pondrá unos cuernos como para no caber por la puerta. Si no los tiene ya. Seguramente con el monitor de esquí". Cosas así. Se lo inventa en los diez segundos que tardan en pasar por nuestro lado y desaparecer de la vista. A veces basta con que me apriete la mano y yo siga su mirada para saber qué es lo que me quiere decir. Y de quién. Así de bonito es estar tan sincronizados. Si ella también siguiera mi mirada no necesitaría preguntarme mientras escarba en un montón de camisetas revueltas "¿Has visto algo que te guste, cari?". Podría adivinar fácilmente que la respuesta es "La dependienta del probador". Afortunadamente es todavía una de esas mujeres que necesita preguntar "¿En qué piensas?" Aún no se ha dado cuenta de que los hombres no pensamos. Dicen que pensamos con la entrepierna. Falso. Nuestra genitalia no es más que un detector, como la varita que usaban los zahoríes para buscar agua. Pero pensar, lo que se dice pensar, no pienso en nada. Bueno, excepto tal vez cuando le digo "Pruébate una talla más pequeña, mira a ver si tienen la XS". Ahí puede que sí que esté pensando en algo, pero tampoco se lo podría asegurar. Y ustedes se estarán diciendo "Vaya un tío chungo". Para chungo de verdad, cuando alguien la reconoce por la calle. Y es lo que ella me dice: "Yo no soy famosa, soy reconocida". Siempre hay alguien que la saluda. "Ay, qué ilusión, te veo todos los días, te sigo desde que estabas en la radio. Tú eres... esta... sí, hombre, ¿cómo te llamas?". Y ella, que para eso tiene la mar de tablas y se debe a su público, se queda ahí un rato con la mejor de sus sonrisas, hablando con la interfecta mientras yo, totalmente invisible, me quedo mirando al techo hasta que al final me largo. Y no es que lleve mal que ella sea popular, al contrario. Ya saben que ustedes miran y yo toco, que es lo que mola de esto. Bueno, yo toco, pero no siempre. Verán, no sé si les habré dicho ya antes que nadie está contento con lo que tiene. Así que yo voy y en las escaleras mecánicas le hago una de esas palpaditas de trasero que sirven para marcar el territorio, seguro que las conocen, uno de esos momentos en los que uno descuidadamente desliza la manita más abajo de la espalda, totalmente inconsciente, sin lujuria alguna. Sólo plas-plas y meadita para indicar que eso es mio y que sólo lo puedo hacer yo donde quiera y cuando quiera. Todos lo hemos hecho, ¿no? Meeeec. Se equivocan. Ahora mi churri es conocida. Perdón, reconocida. Desde que sale en pantalla ya no puede permitirse que alguien vea cómo le tocan el culo en público, ni que la oigan soltar esos grititos falsamente ofendidos que a mí tanto me ponen. Ahora tiene una imagen que mantener. Entonces yo le digo: "Tenemos que comprar algo para cenar, vamos a meter el coche en el parking del Corte Inglés, que allí por lo menos te puedo sobar un rato." "Sí, hombre, en pleno centro", me espeta ella. Y allí me ven, esperando que volvamos al aparcamiento para poder meterle mano en el coche como si fuera un crío. Y no les diré que la cosa no tiene su puntito, porque recordar algunos furores adolescentes también tiene su morbo, pero yo llevo muy mal eso de las imposiciones. Y encima, cuando se lo digo, mi chica se hace la ofendida y se pone a hacerme pucheritos pensando que así me voy a ablandar. Y lo que consigue es todo lo contrario. Con eso lo único que logra es que me ponga duro. Muy duro.
sábado 17 de abril de 2010
Up
Disney, a través de Pixar, hace ya mucho tiempo que sabe muy bien cómo cuidar de su público hoy en día. Tiene meridianamente claro que los niños que van a los cines a ver películas de dibujos animados, van acompañados de sus padres. Unos padres que necesitan ser enganchados también a este tipo de largometrajes. Antes las películas de animación eran productos que vadeaban entre lo empalagoso y lo infantil. Hoy son historias amables aptas para menores de edad, pero que también incluyen los suficientes giros, guiños y chistes sutiles que evitan toda sal gorda, pero también toda sensiblería, como para enganchar a un potencial mercado adulto. Un público que ya no se ve obligado a acompañar a la chiquillería al cine, sino que acude a las salas de buena gana. La industria española ha sabido captar también el mensaje, y el doblaje se adecúa, a imagen del original, a ese gesto cómplice para con el espectador utilizando los cameos apropiados de voces célebres.
Up es una producción modélica en este aspecto. Desde su inicio rememorando los antiguos documentales que recuerdan a nuestro NODO y que apelan a la nostalgia de los espectadores más maduros, hasta el mismo protagonista de la historia: un anciano gruñón clavadito al último Spencer Tracy, al que vemos crecer desde su infancia para que el niño espectador se identifique con él cuando se alíe con otro niño en sus aventuras. Pero también para que sepamos que ese niño sigue dentro de cada uno de nosotros, no importa cuál sea nuestra edad. Técnicamente deslumbrante, esta es una gran historia con un guión sensacional arropado por la maravilla visual. Ríanse ustedes de los pitufos de Avatar. Qué capacidad para caracterizar a los personajes, qué destreza para conseguir cada textura, qué vertiginosos movimientos de cámara, qué inteligentes elipsis, qué banda sonora más emocionante. Tiene hasta esos pequeños detalles dulces y románticos que arañan el alma (aprende, Bastien Vivès) y nos toca con el dedo del drama humano existencial. Si a los diez minutos no tienen un nudo en la garganta y en el corazón, ustedes tienen horchata en las venas. Up es una aventura llena de poesía. Una película, en los tiempos que corren, con un anciano por protagonista. Aunque sea virtual. Y sí, es una historia de dibujos, un cuento para niños, pero también es un magnífico relato adulto. La vida y los sueños de cada uno de ustedes, maldita sea. ¿Qué demonios esperan para verla?
viernes 16 de abril de 2010
En mis ojos, de Bastien Vivès
Dans Mes Yeux. En Mis Ojos. ¿En los del personaje? ¿Los del lector? ¿Los del propio autor? Probablemente en todos. Con Bastien Vivès me asaltan sentimietos contradictorios. Me embriaga la belleza de su trazo, su facilidad para contar y transmitir sensaciones palpables, casi reales. Pero cuando acabo de leer sus obras siempre me queda una sensación de frío por dentro. No sé si es porque me abstraigo pensando en la historia que he leído y me embarga con el mismo sentimiento de desconcierto que a sus personajes, o si es porque esa turbación proviene de la cara de bobo que se me queda tras sumergirme en 130 páginas y salir de ellas con las sensación de que en realidad me importa una higa lo que acabo de leer. En Mis Ojos es otra historia de amor para la que hay que tener el cuerpo predispuesto. La nada novedosa relación de chico conoce a chica, chico y chica se enamoran y al final... Bueno, ¿qué esperan? Bastien Vivès es buen sabedor de en qué consiste eso del enamoramiento. Tiene toda la pinta de escribir sobre sí mismo y sobre su ambiente. De ser un tipo sensible y enamoradizo (y francamente, tan fastidiosamente pijo como sus personajes, con las preocupaciones propias de quien tiene el estómago lleno y tiempo de sobra para calentarse la cabeza) que pretende transmitir su fascinación por una chica al lector. Pero en mi caso no lo consigue. No cabe duda de que sabe narrar, de que domina la expresividad del cuerpo. Pero el experimento formal de situar al lector en la misma posición que a un protagonista al que nunca vemos ni oímos (¿o es la chica la verdadera protagonista?) utilizando el recurso de la cámara subjetiva, ya fue empleado por Will Eisner 60 años antes. El chico es un girasol, y ella es el astro que lo alimenta. No aparta ni un momento la mirada de ella. Vivès es un dibujante tan sutil, tan magistral, que sabe resaltar el elemento en que quiere que fijemos nuestra atención con imperceptibles toques. Nos muestra los estados de ánimo de su personaje a través de cambios en el colorido, en la intensidad, incluso propiciando la desaparición del propio dibujo para convertirlo todo en una amalgama borrosa de colores. Pero los diálogos tienen que recurrir a los convencionalismos de una conversación telefónica de película en la que un interlocutor repite lo que dice el otro para que el espectador comprenda la acción. Y así se pierden los visos de naturalismo que el autor pretende introducir y la chispa de magia que pretende encender, se extingue. En Mis Ojos resulta un experimento fallido por su falta de sorpresa, por anticuado, por mal resuelto, por fatigoso y por artificioso. A pesar de su belleza. Una vez más cierro el libro agotado y furioso preguntándome "¿Y qué?" Sí, como el mismo personaje. Tal vez sea eso precisamente lo que Vivès pretenda, pero a mí a estas alturas ya me importa un bledo. Por mucho sirope que le ponga, este helado es de serrín.
jueves 15 de abril de 2010
Nadie, de Jeff Lemire
Hoy en día todo es Novela Gráfica. Da igual que sea una recopilación de grapas de los chicos del pijama, un relato intimista que cuenta más con miradas y gestos que con palabras, o una verbosa intriga de escala internacional. Basta con que la historia de fondo sea mínimamente adulta, esté cubierta con una tapa dura, tenga un formato de libro, ay, cada vez más reducido, y haya visos de que pueda ser adaptada al cine. Y no es que me moleste esta popularización del comic. Pero últimamente tengo la desagradable sensación de que bajo este formato se agrupan demasiadas obsesiones y exhibiciones de sus autores. Demasiado relato autoindulgente en el que el artista en cuestión se ha olvidado de que un comic es un qué y un cómo, un guión y un dibujo. Y hay demasiadas Novelas Gráficas que están más interesadas en lo que cuentan que en cómo contarlo. O viceversa, en la forma en que cuentan la historia, que en el relato que de verdad hay debajo. Descuidan el dibujo llevados por la pasión de contar la historia que quieren contar, o construyen una obra visualmente impactante que en realidad enmascara una anécdota nimia que a uno, como lector, le trae al pairo. Santiago García tendría mucho más que decir sobre esto que yo, pero debo confesarles que he llegado a un momento en que me importan infinitamente menos las cuestiones terminológicas, la parte teórica del noveno arte, que el goce en sí que proporciona leer un buen comic, una buena historia, en definitiva. Porque el comic no es más que otra manera de contar una historia. Comprendo que estos estudios son necesarios para dar un poso intelectual y dotar de un fondo de respetabilidad a un medio menospreciado y vilipendiado. Pero en muchos casos me recuerdan a mis clases en la Universidad, cuando los profesores pasaban más tiempo adornando su disciplina con una excusa científica que justificase su importancia, que de entrar en la materia en sí. Me parece que engordar esta bola disfraza más un cierto complejo de inferioridad o sentimiento de culpa por dedicarse a algo que por sí ya debería ser relevante.
Nadie, de Jeff Lemire es un ejemplo, permítanme la aliteración, que ya saben que me gusta, palmario de esto. Lemire cobró cierta notoriedad a raíz de Essex County, una trilogía ambientada en su pueblo natal que fue nominada a sendos premios Harvey y Eisner. En su último trabajo, el artista canadiense retoma un viejo clásico de H.G. Wells para contarnos su particular visión de El Hombre Invisible. No le voy a negar a Lemire la capacidad narrativa, ni el que sea poseedor de un estilo característico y expresionista. Pero todo en este comic sabe a poco. Poco interesante, poco atractivo, poco llamativo. Hay cierta caracterización psicológica al principio de la historia, a través de un monólogo interior, que entra bien, pero a la larga se malogra. Por un momento el relato remonta el vuelo cuando retrata cómo el ser humano es un animal que vehicula sus odios a partir del desconocimiento. Pero da la impresión, una vez más, de que esta es otra obra en la que se han vuelto a olvidar de aquello del qué y el cómo. Que se queda al final en un comic soso y deslavazado que apenas entretiene mientras se lee, y que una vez acabado resbala en nuestra mente sin dejar ni rastro. Estoy seguro de que Lemire está muy interesado, me atrevería a decir que hasta fascinado, por la historia que cuenta, pero no consigue transmitirme ese interés. Su trabajo me parece liviano, sin profundidad. Y no puedo evitar escuchar la voz de Homer Simpson dicendo: "Doh, con esto ya vale". También es posible que haya demasiada gente contando historias que tal vez no merezcan ser contadas, pásense por los estantes de su librería favorita y juzguen. Y puede que Nadie sea la gota que colma el vaso, y el pobre Lemire sólo esté pagando los platos rotos por otros. Pero a mi muy cuestionable entender, sólo las splash pages que homenajean a los viejos magazines pulp en directa referencia a la novela de Wells hacen enarcar una ceja. Aparte de eso, Nadie, como McCartney II, es otro experimento que satisface más al autor que a su público. Y con este ya van demasiados.
miércoles 14 de abril de 2010
El Planeta de los Monos, comic de Vértice
Ya alguna vez les he hablado aquí de mi fascinación por los quioscos. Aunque ya no son lo que eran, no puedo pasar por delante de uno sin pararme a inspeccionar todas y cada una de las publicaciones que cuelgan de sus paredes. Una obsesión que me viene desde que era un chiquillo y todavía me acompaña. El tránsito de mi infancia a mi adolescencia tuvo como decorado aquellos quioscos inundados de las portadas de la legendaria editorial Vértice. Entre aquellas espectaculares ilustraciones y la página final del inefable Tumbita de Tunet Vila descubrí mis primeros comics de Jack Kirby y Steve Ditko, el inicio de Conan en nuestro país, magazines como el cajón de sastre Relatos Salvajes y revistas de monstruos vistos bajo el prisma marveliano. Deambular por las calles mirando aquellos quioscos era una fuente de contínua sorpresa para mis ojos de niño, y me ha convertido en el penoso personaje que soy.
A estas alturas quien más quien menos sabe que El Planeta de los Simios es una película mítica de 1968 basada en la novela homónima de Pierre Boulle. Seguro que también saben de la nueva y fallida versión que no hace tanto corrió a cargo de Tim Burton. Y los más interesados en el tema se acordarán de la serie de comics que a finales de los 70's también publicó (cómo no) Vértice bajo el apelativo, con una de aquellas creativas traducciones que acostumbraba la editorial, de El Planeta de los Monos. Una colección de sólo 29 números que replicaba casi simultáneamente la edición del magazine en blanco y negro de Marvel entre 1974 y 1977. En ella se adaptaban las cinco películas de la serie más algunas historias de creación propia ambientadas en el mismo universo y que complementaban la línea cronológica original rellenando lagunas argumentales.
Las portadas, al estilo de The Savage Sword of Conan, eran de lo mejor visto entonces en comic. Con un estilo totalmente pictórico, suponían verdaderos anuncios luminosos que te impelían a mirarlas. Los eficaces Doug Moench y Gerry Conway, quienes ya habían escrito episodios de todos los grandes personajes de Marvel, así como de Doc Savage y Shang-Chi, corrían con la parte del león de los guiones. Desde luego, la parte principal del magazine se destinaba a la adaptación de las cinco películas, serializadas en capítulos y por orden cronológico. La primera de ellas, precisamente la mejor de la serie, es la que está llevada al comic de forma más tentativa guiada por un dibujo bastante impersonal y anodino para el tema tratado, pergeñado por un excesivamente superheróico George Tuska.
Sería con la adaptación de su secuela y la llegada de un pletórico Alfredo Alcalá que da lo mejor de sí mismo, cuando la revista coge fuelle. Alcalá desarrolla un estilo siniestro y espectacular, con sangre pegajosa chorreando en cada viñeta y unos simios espeluznantes. Se ocuparía también de adaptar la cuarta película, La Conquista del Planeta de los Monos (Simios), donde vuelve una vez más a librarse de clichés con un trabajo notabilísimo que supera a la película. Estaría por decir que es en estos comics en donde alcanza la plenitud, más aún si cabe que en sus colaboraciones con John Buscema para The Savage Sword of Conan. Su puesta en escena, su caracterización desbocada de personajes, su capacidad narrativa, todo es deslumbrante y desasosegador al mismo tiempo en estas páginas.
Tras Alcalá llegan otros rápidos, baratos y brillantísimos dibujantes filipinos que usaría Marvel en la época, para ilustrar versiones extendidas de las películas. Con escenas que no salían originalmente en pantalla, aunque sí en el guión, superan así los problemas de presupuesto que lastraron las secuelas fílmicas y plasman un Nueva York realmente devastado tras la guerra nuclear y unos mutantes que literalmente se derriten. El grafismo sucio de Rico Rival consigue hacer de la adaptación de Huida del Planeta de los Simios un comic vibrante y lleno de tensión que mejora su versión cinematográfica de nuevo. Pero parece que las estrecheces económicas acaban afectando también al comic, arrastrado por su falta de éxito comercial. La última película, la peor de la serie, es también la que peores dibujantes tiene y menos espectacular resulta, con un baile de artistas que no la favorece en absoluto, y en el que la labor del español Vicente Alcázar, y los filipinos Sonny Trinidad, Dino Castrillo y Virgil Redondo resulta deslucida y fuera de sitio.
La revista incluía también interesantes artículos sobre las películas, el maquillaje, la serie de televisión y otras curiosidades que a los lectores de la época nos parecían tan atractivos como salidos de otro mundo. Ensayos totalmente serios que a uno le hacían entrar hasta las cachas en ese mundo de fantasía y disparársele la imaginación. Pero el plato fuerte eran las vertiginosas historias originales escritas exclusivamente para el comic. Seriales como Terror en El Planeta de los Monos, magistralmente dibujada por un increíble Mike Ploog, que se luce con los lápices y su empleo del tenebrismo, aunque en los estertores de la colección sería reemplazado por un menos lucido Herb Trimpe. La serie de Ploog se ambientaba en una época similar a la serie de televisión, con profusión de extraños mutantes, comunidades enfrentadas, un Ku Klux Klan simio y, finalmente, monos vikingos.
Un par de curiosos relatos autoconclusivos llevaban el mundo de El Planeta de los Simios a la Edad Media. En la primera historia veíamos una oscura aventura de odios y luchas entre ejércitos simio y humano armados con cotas de malla y espadas, que si bien no encaja en el universo de las películas, sí que presenta una vuelta de tuerca atractiva y llena de imaginación, cercana a la fantasía heróica con mensaje pesimista. La otra historia, casi surrealista, se centraba en la ficción artúrica, con Camelot en El Planeta de los Simios. Un desbarajuste encantador que partía de la novela de Mark Twain Un Yanki en la Corte del Rey Arturo, y conseguía un resultado entre fascinante y descacharrante que ampliaba el espectro del mundo creado en los largometrajes, y profundizaba en los misterios de la llamada Zona Prohibida.
Pero lo mejor de todo, junto a la fantástica aportación de Ploog, sería Crónicas de Historia Futura, un serial de piratas ilustrado por un insuperable Tom Sutton en estado de gracia. Un relato onírico, recargado, barroco y sucio hasta decir basta. Con unos simios siniestros, humanos animalescos, mutantes repugnantes y situaciones de un malsano sentido del humor, entre lo surrealista y lo poético. Todo un trip psicodélico llevado por el peculiar estilo de Sutton, totalmente diferente a lo que se podía ver en el comic comercial. Tristemente este hilo argumental quedaría inconcluso cuando una vez acabada la adaptación de las películas, se cierra la colección y las series en marcha quedan colgadas. Dudo mucho que alguna editorial actual, pongamos Dark Horse, recupere algún día Planet of the Apes en un par de esos tomos tipo guía telefónica, pero si así fuera, yo estaría el primero en la cola. Aunque no tuviese que recorrer quioscos. Sería bestial.
Más Allá del Tiempo, de estreno
El próximo 24 de abril se estrena en los cines españoles, con un año de retraso, Más Allá del Tiempo, largometraje que adapta la novela de Audrey Niffenegger La Mujer del Viajero en el Tiempo. Recuerden que en El Pequeño Misántropo en el País de los Sueños ya la vimos antes. Recuerden también que ya en su momento se reseñó laudatoriamente el libro. Asímismo recuerden que no hace tanto pudieron leer aquí la crítica del film protagonizado por Eric Bana. Y por último recuerden la recomendación: no se pierdan la novela y luego, si les apetece, vean la película. Pero si el libro de Niffenegger era extraordinario, no esperen que la adaptación fílmica esté a la altura. Cuántas veces habremos de decir eso, ¿eh?martes 13 de abril de 2010
Supergrass se separan
Tras 17 años juntos, los chicos que arrasaron en 1995 con Alright han anunciado con un comunicado que se separan. La escueta nota incide en los tópicos al uso en estos casos. Gracias a los fans, y que aunque se quieren y se desean lo mejor los unos a los otros, por diferencias musicales han decidido seguir cada uno por su camino. Lo que no oculta que entre el batería Danny Goffey y el bajista Mickey Quinn ha habido más que palabras. El humor de que han hecho gala durante toda su carrera acaba con visos de charlotada. Todo ha ido de mal en peor desde que Quinn se cayese sonámbulo por una ventana (!!!) y se rompiese dos vértebras y un tobillo. Gaz Combes, el cantante, guitarrista y compositor de todos los temas de la banda, siguió de gira con Goffey, y a principios de este año publicaron un disco de versiones bajo el apelativo de The Hotrats. De los pocos supervivientes de la primera hornada del britpop, Supergrass supusieron una de las propuestas más inteligentes y proteicas, que dirá adiós este junio en París tras cuatro conciertos de despedida. Queda un séptimo album ya grabado, Release the Drones, que esperamos que vea la luz a no mucho tardar. Mientras tanto, recuérdenlos por discos como I Should Coco y el genial In It for the Money.
domingo 11 de abril de 2010
FIONN REGAN - The Shadow of an Empire
A poco que recuerden, y si no para eso está, entre otras cosas, la barra de la derecha, para refrescarles la memoria con lo que más gustó por este blog el año pasado, el disco favorito de 2009 para El Pequeño Misántropo fue Love Will Find You de Findlay Brown. Pues bien, Fionn Regan lleva camino de convertirse en el Findlay Brown de este año. Ambos artistas tienen mucho en común. Los dos son británicos y publicaron hace unos años sus respectivos discos de debut. Affaires completamente acústicos y cercanos al folk de Nick Drake, Jackson C. Frank, Paul Simon y David Crosby. Casi nada. Dichos trabajos supusieron una revelación y una sorpresa en su momento. Brown se envolvió para su segunda obra en arreglos orquestales à la Spector. Mientras, Regan acaba de publicar su segunda entrega, The Shadow of an Empire, en la que también se ha arropado de nueva instrumentación, especialmente guitarra eléctrica, que da una nueva dimensión a sus canciones. Pero mientras las composiciones del primero eran de un romanticismo melancólico, las del segundo son de juguetonas y alborozadas. Un regocijo a caballo entre los 50's y los 60's que impregna todo el album, como la reconversión de Bobby Zimmerman en Bringing It all Back Home. De todos modos, los rastros comedidos de Dylan y Leonard Cohen siguen presentes e inconfundibles. Así pues, ¿será lo nuevo de Fionn Regan también el disco favorito del año en este blog como sucedió con el de Findlay Brown? No. SPOON - Transference
Qué bueno fue en 2007 Ga Ga Ga Ga Ga, el sexto disco de Spoon, y la culminación de una extensa carrera que venían desarrollando silenciosamente desde 1994. Qué diferente es este Transference. Con un sonido mucho más seco y conciso, Spoon han desnudado sus composiciones demostrando el valor de no querer repetir la misma fórmula otra vez. Y no seré yo quien les reproche correr riesgos, pero me parece que la jugada no les ha salido bien. Spoon llevan un tiempo metiendo canciones en las bandas sonoras de series de éxito como Bones, Los Simpsons, Numb3rs, Cómo Conocí a Vuestra Madre y The O.C. Con eso creo yo que pueden ustedes hacerse una idea de qué tipo de música tocan. Indie rock americano atractivo, un pelín misterioso y no muy difícil. En algunos sitios ponen muy bien a este su último album, pero yo no le acabo de coger el puntito a estas canciones graníticas y quebradas. Estoy seguro de que Spoon no persiguen el éxito comercial, que a bien seguro les caerá del cielo a poco que coloquen otra tonada de las suyas en alguna serie para adolescentes que rompa con todo, y que su deseo es hacer el tipo de música que quieran en todo momento. Pero a mí, esta vez, el resultado me parece poco atractivo, y con más hallazgos puntuales que canciones concretas. Y es que lo peor que le puede pasar a un disco es que mires cuánto falta para que acabe. THE MAGNETIC FIELDS - Realism
Stephin Merritt se pone al frente de sus Magnetic Fields para rematar la trilogía de discos sin asomo de elementos synthpop que se propuso componer. Si en su anterior trabajo el autor de 69 Songs conjuraba el espíritu de The Jesus & Mary Chain, ahora ha rematado la faena con un disco acústico, ingénuo y fallido que busca a Sufjan Stevens y no lo encuentra. Merritt lo describe como su album folk y es cierto que a quien más recuerda es a Donovan en aquella miniatura barroca que compuso para niños. Pero casi pareciera que este Realism es el boceto de algo que pretendía hacer y no supo rematar. Tal vez haya buenas canciones ahí, pero hacía falta seguir cincelando el mármol para conseguir algo recordable. Si Don Stephin perseguía hacer algo bonito, se ha quedado en lo meramente mono. Después de la desintoxicación de sintetizadores, promete que la próxima entrega girará exclusivamente en torno a este instrumento. Miedito.THE BESNARD LAKES - Are the Roaring Night
The Besnard Lakes son un matrimonio de Canadá que, como nuestros anteriores invitados, también investiga en la historia de la música rock. Su propuesta es la de un sonido atmosférico y cuidado, el nuevo rock progresivo, esta vez más centrada en las bandas de los años 70's. Sus canciones recuerdan a la parte más sinfónica de Led Zeppelin o al prog-rock de Camel y Gentle Giant con guitarrazos hardrockeros. Lo que los diferencia es, tal vez, unas delicadas armonías vocales y que no se olvidan de hacer guiños a clásicos modernos como My Bloody Valentine, con la suave entonación de Olga Goreas y las mareas sónicas de la guitarra de Jace Lasek. Un disco que no cae en la autocomplacencia, sino que regala hooks aquí y allá. Música con músculo, The Besnard Lakes Are the Roaring Night es rock clásico que no pierde la perspectiva actual.FIELD MUSIC - Measure
Field Music han regresado con un ambicioso disco doble después de las aventuras por separado de sus componentes. La banda de los hermanos Brewis mezcla a partes iguales clasicismo y modernidad, guitarras angulosas y acústicas soleadas, Arcade Fire y los primeros Talking Heads, la tradición del pop con los hallazgos de vanguardia. Escuchándolos uno tiene la sensación de estar asistiendo a un tratado de la historia del rock de los 70's y los 80's, a veces dentro de la misma canción. Mil referencias conocidas, unos coros aquí, unos arreglos allá, que harían de esta reseña un contínuo señalar con el dedo a una interminable lista de nombres. El soft-rock californiano, apuntes de power pop, gotitas de prog-rock via Pink Floyd, tentativos toques de electropop primitivo, todo cabe en su inclasificable batidora. Al final, y después de darle muchas vueltas uno se da cuenta de que ya sabe porqué le suena todo tan conocido. Field Music se asemejan a una recopilación de lo mejor de XTC, los perfectos alquimistas. Música inteligente y sofisticada, y un disco tremendamente divertido que requiere toda la atención del oyente. Un doble album que en absoluto es aburrido, lleno de canciones breves y zigzageantes, que traen a la mente Tusk de Fleetwood Mac o A Wizzar A True Star de Todd Rundgren. Ahora sólo les falta ese tema que les haga pasar de la mera escucha sorprendente a la verdaderamente apasionante.viernes 9 de abril de 2010
Tú me has matado
Ahora que se cumplen justo 20 años del estreno de Twin Peaks en la televisión estadounidense, el espíritu del cine y el comic independientes norteamericanos se hacen presentes en Tú Me Has Matado, una novela gráfica de David Sánchez que recopila los episodios previamente publicados en la revista El Manglar. Y qué bien dibuja Sánchez. Qué bien narra. Qué bien sabe contarnos esta cinematográfica historia que apunta al tipo de ambiente surrealista que crearía David Lynch, con unos personajes y diálogos dignos del primer Quentin Tarantino, y un desternillante recurso narrativo que recuerda a Un Hombre Lobo Americano en Londres. La sombra de Tarantino se deja notar también en los diálogos y la estructura de este laberíntico comic. Un rompecabezas circular ambientado en la América provinciana obsesionada con la religión, el sexo, las drogas y el racismo, con una subyugante puesta en escena perfectamente conseguida que te agarra por las solapas y te mete de cabeza en ese mundo de moteles de carretera y sheriffs corruptos. Un relato cuajado de referencias a la cultura popular que mezcla en su coctelera la influencia de artistas independientes norteamericanos como Charles Burns y Daniel Clowes, y consigue un resultado a la altura de lo mejor de sus obras. Una especie de road-movie inquietante que casi mejor ni les cuento de qué va, es preferible que lo descubran por ustedes mismos. Al final, cuando se cierra sobre sí misma, uno no sabe si reir o estremecerse.La Saga de Conan 34
Tras una portada fea con ganas aguarda el penúltimo episodio de la colección La Saga de Conan. La adaptación de una novela de L. Sprague de Camp, que se agenció con singular rostro de granito al personaje creado por Robert E. Howard, lastrada con sus habituales inconsistencias. Recopila cuatro números de la serie King Conan y es la típica historia de secuestro y rescate. Un Conan recién casado parte en la búsqueda de su esposa, raptada por el brujo de turno, y oh casualidad, llega justo a tiempo de parar el cuchillo en el momento en que la moza va a ser sacrificada. Por el camino tiene tiempo de cepillarse a una princesa (y eso que el bárbaro siempre ha mostrado una singular ética en eso de respetar a la mujer con la que está en ese momento) aunque luego le entren los remordimientos. Una vez que le coge el gustillo, aprovecha para pasarse por la piedra pocas páginas después a una campesina, ahora ya sin sentimiento de culpa. Debe de ser cosa de los diferentes estratos sociales. Esta aventura no está a la altura de los mejores momentos del personaje. El relato no es original de su creador y el dibujo hace ya tiempo que ha abandonado las cotas cegadoras que alcanzó durante la mejor etapa de The Savage Sword of Conan. Pero bueno, es una historia clásica con guión de Roy Thomas e ilustrada por el tandem John Buscema / Ernie Chan, que aunque a estas alturas ya empiecen a dar muestras de agotamiento, todavía no dibujan con el piloto automático puesto.jueves 8 de abril de 2010
The Lovely Bones
Seamos francos. Está muy feo y da muy poco prestigio, pero todos lo hemos hecho alguna vez. Cuando vi en los anaqueles de mi librería favorita la novela Desde mi Cielo, de Alice Sebold, el título me llamó la atención, y el resumen de la contraportada me pareció lo suficientemente atractivo como para que me motivase a leerla. Pero tiene uno tantas cosas pendientes que lo dejé pasar. Y cuando me enteré de que Peter Jackson se iba a encargar de hacer la adaptación cinematográfica, no me lo pensé dos veces y decidí que con la peli me valía. Ya, ya, no me echen la bronca, pero así son las cosas. Servidor tiene los mismos defectos que cualquiera de ustedes, qué quieren que les diga.
Soy consciente de que Peter Jackson es el director de la trilogía de El Señor de los Anillos, pero, oh sacrilegio, no he visto ninguna de esas películas. Jamás me atrajo el mundo de Tolkien con sus elfos y sus duendes. Mi distanciamiento cínico no me deja entrar en ese tipo de fantasía. El Peter Jackson que yo conozco es el de Bad Taste y Braindead. Hasta el de Criaturas Celestiales, incluso. Después de eso se metió en blockbusters como King Kong y cosas así, y yo le perdí la pista. Este es su siguiente trabajo tras acabar de contar las aventuras de esos seres con nombre de analgésico (¿no había uno que se llamaba Eferalgán?). Un regreso ejecutado mano a mano con DreamWorks, la productora del pesado de Steven Spielberg. Y la influencia del artífice de E.T. se nota de lo lindo en este film.
The Lovely Bones empieza muy bien. Narrada en primera persona en tono intimista, nos cuenta la historia de Susie Salmon, una niña de 14 años que nos dice desde un principio que ha muerto asesinada por un vecino que resulta ser un criminal en serie. Nos presenta su vida, su familia, su muerte y su introducción a una vida posterior. A partir de ahí la cosa se tuerce y se convierte en un trip de buen rollito excesivo y agotador con demasiados momentos mal resueltos. Todo en esta película está pasado de rosca, todo parece impostado y falso. Hay demasiado metraje superfluo, demasiados fotogramas recargados de CGI barato y cantarín, aunque haya costado una pasta. Y es que el despiporre visual no le sienta nada bien. Como tampoco le cuadran los forzados toques de humor. Una puesta en escena fluorescente que funciona en Promethea de Alan Moore y J.H. Williams III, pero que aquí parece un anuncio de champú eterno, exagerado, chirriante y definitivamente indigesto.
No es ya que Mark Wahlberg, que no sé si es peor como actor o como músico, y que debería haber seguido anunciando calzoncillos, que eso sí que se le daba bien, esté como es habitual en él, pésimo en su papel de sufrido padre. Es que hasta la sólida Susan Sarandon está poco acertada. Y Stanley Tucci haciendo de malo malísimo también queda algo histriónico, aunque, bueno, eso lo es siempre. Pero hay demasiados postizos, demasiadas pelucas, demasiados bigotes falsos, demasiados pelos teñidos que lo cubren todo de una pátina de plástico, de hule, de formica y de mediocridad, que diría Antonio Gala. Sólo la actuación de niña protagonista, Saoirse Ronan, casi salva la película. Casi. Probablemente esta historia sea más coherente en su original versión novelística. Y es que hay libros que es preferible no llevar al cine. Malas noticias: habrá que seguir leyendo, amigos.
The Lovely Bones es dos películas en una. La primera, que no está mal, es el relato de un crimen y el descubrimiento del asesino. La otra, desaforada pero nada proselitista, la que nos cuenta que las personas queridas que ya no están con nosotros siguen aquí, orientándonos de alguna manera para conducirnos en esta vida. Sin mensajes religiosos ni intervenciones divinas. Una sensación que muchas veces he sentido muy próxima. De alguna manera me quedo con esta lectura y con la banda sonora de Brian Eno, espléndida como siempre. ¿Ingenuo? Moi? Sí, ¿Y? Lo malo es que para decirnos eso no hacía falta tanta pirotecnia.
miércoles 7 de abril de 2010
Paul Weller 2: The Style Council
Habíamos dejado la semana pasada a Paul Weller a las puertas de 1983 compuesto y sin banda. Ya habíamos señalado también cómo hacia los últimos estertores de The Jam, Weller había trasladado el énfasis de la guitarra hacia los teclados, y del pop de The Who y The Kinks hacia las formas jazzísticas y el soul de nuevo cuño. Ya no es tanto que The Jam no pudiesen alcanzar mayores cotas, como que se le quedasen pequeños y constriñeran sus ambiciones de explorar nuevos vocabularios musicales. No tardaría mucho unir fuerzas con el teclista Mick Talbot para dar forma a un nuevo proyecto, The Style Council, en la vanguardia de numerosos combos que a mediados de los 80's explorarán caminos paralelos dentro del jazz y la música de baile.
Su primer single, Speak Like a Child, en 1983 es una progresión lógica de los últimos éxitos de The Jam. Con los dos siguientes y sus respectivas caras B sería recopilado en lo que se puede considerar su primer album, Introducing the Style Council, que sienta la tónica de lo que sería el estilo de la nueva formación. Baladas de soul sedoso, funk, el principio de cierto interés por el folk de Nick Drake y Tim Hardin, y montones de colaboradores. Un sonido europeizante con tintes de lounge y bossa nova, y con la vista puesta en Michael Jackson y las satinadas producciones de Philadelphia. Weller ya no canta con furia, sino con suavidad. Todo se empapa de elegancia.
Comienza también a reciclar su obra. Retoma un single inédito de The Jam, A Solid Bond in your Heart para su siguiente éxito, reutiliza caras B para regrabarlas con arreglos radicalmente diferentes y publicarlas como cortes de sus álbumes, y viceversa. Se vuelve indulgente y airea sus experimentos sonoros dando cancha a otros cantantes y compositores en sus álbumes, lo que dará lugar a obras muy irregulares. Y, como tantas veces sucede en otros campos, se lía con alguien del trabajo emparejándose con Dee C. Lee, la chica que será la segunda voz en The Style Council. Los sencillos siguen siendo solventes, pero en los discos de larga duración, como en Café Bleu de 1984, la fórmula da señales de comenzar a patinar. Un batiburrillo en el que hay demasiado relleno al lado de temas enormes.
Su actividad política se radicaliza. Graba Soul Deep para apoyar a los mineros en huelga y participa activamente en el movimiento Red Wedge, una campaña anti Margaret Thatcher. Esta politización y sus devaneos musicales le hacen perder popularidad. No ayudan tampoco una serie de vídeos humorísticos y canciones decididamente camp que presentan una imagen ridícula del otrora portavoz de su generación. Sin embargo tendrá un hueco en Live Aid, el macroconcierto benéfico montado por Bob Geldof, y participará en el single navideño al uso Do The Know It's Christmas, repuesta a We Are the World. También contribuirá a la banda sonora de Absolute Beginners, una película que en su momento reunió a estrellones diversos como David Bowie, Ray Davies y Patsy Kensit.
Discos como Our Favourite Shop, de 1985, y The Cost of Loving, de 1987, son brillantes ejercicios con buenas canciones, pero desprovistos de genio. Paul Weller ha dejado de ser un personaje de primera fila y en ocasiones resulta antipático al público. Sin embargo, entre tanta sobreproducción y sonidos excesivamente depurados, hay momentos que apuntan a ser futuros clásicos, no en vano Weller sigue revisitando algunos de estos temas en directo hoy en día. Pero Confessions of a Pop Group, su entrega de 1988 recibirá todo tipo de críticas. Tachado de excesivamente ambicioso, resulta pretencioso y definitivamente pedante. En él, Weller se destapa como crooner y compositor de extensas piezas que entran directamente en el sinfonismo más clásico. A su audiencia se le atraganta.
Con el final de la década llegará la humillación final. Paul Weller descubre una nueva obsesión. Se convierte en un Party-Animal, y cae fascinado por la cultura de los clubs, el Acid House y la música bailada a ritmo de éxtasis. En 1989 presenta a su discográfica un disco totalmente imbuído del sonido la música house y los ritmos de las pistas de baile. Se lo rechazan, y con razón. No será publicado y Weller tira la toalla. Disuelve The Style Council, y típico en él, rompe con todo. Se divorcia de Dee C. Lee y Mick Talbot se hunde en la oscuridad, a pesar de colaborar con diferentes personajes. The Style Council dejan un legado, sin embargo, que separado el grano de la paja resulta fascinante con la perspectiva que da el tiempo. Pero nuestro héroe no tardaría en volver.
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