Paul Weller es un héroe de la clase trabajadora. Un chaval que monta su primer grupo con sus amigos del colegio y empieza hacer los bolos que le consigue su padre en los pubs locales. Es el hijo de una limpiadora y de un taxista que luego se convertiría en su manager durante el resto de su vida. Un crío que se alza de la nada para gracias a su esfuerzo, a su personalidad y a su genio, conseguir el éxito artístico y comercial, llegar a ser considerado el portavoz de una generación, y ser visto como el epítome de lo que significa ser inglés, siguiendo una tradición que arranca con
Ray Davies y
Pete Townshend. Tras más de 30 años de carrera sigue ofreciendo trabajos válidos y es una figura muy respetada entre el público y los propios músicos, no en vano hoy en día se le llama
Modfather. De un joven airado que surge con el
punk y que entra directamente en la
new wave dando lugar al revival
mod, impulsado por un estilo enérgico y una voz rabiosa de chico de clase trabajadora, pasa a convertirse en un comentarista social de su tiempo y de su gente.

Nacido en 1958 forma
The Jam en 1972 junto al bajista
Bruce Foxton y el baterista
Rick Buckler. Desde el principio resalta su marcada influencia de las bandas de los 60's, como los primeros
Kinks y los
Who de
My Generation, y el
soul de la
Motown y la
Stax, que choca con la ética de los combos más
punk. El primer disco de
The Jam llega en 1977 y combina el ruido y la furia del
punk con la sensibilidad del
pop y el
soul sesenteros que tanto gustan a
Weller. Rasgos tan acentuados que a veces les hacen rozar el plagio asumido con total desparpajo. Al contrario que los grupos de la época, como
The Sex Pistols y
The Clash, ellos se distinguen por el énfasis en las melodías y una imagen marcada por los cuidados trajes a juego y los cortes de pelo
mod a lo
Steve Marriott de
Small Faces. Por ello se ganan el apelativo de revivalistas entre la crítica. Su incidencia en los temas británicos y el hecho de exhibir la
Union Jack a imagen de sus adorados
Who les granjean también algunas críticas de conservadurismo. Aún así el público les sonríe y los
Clash les muestran su apoyo al llevárselos como teloneros en su gira de ese año.

Se precipitan para sacar un segundo album el mismo año y
Weller permite a
Foxton que intervenga más de la cuenta. El resultado es un disco apresurado y vulgar en el que destacan más detalles, destellos de un talento original, que canciones concretas. Temas con aceleración
punk tocados en una guitarra
Rickenbacker sesentera al estilo de sus ídolos.
The Jam son casi un
power-trio propulsados por la poderosa sección rítmica y el bajo de
Foxton que muchas veces protagoniza las líneas melódicas, pero
Weller parece haber perdido la inspiración tras el fogonazo inicial y hasta en los singles cede el paso al bajista. El tercer disco que presentan a su discográfica es rechazado y
Weller hace una pausa para volver a coger carrerilla. Tras el fracaso de
This Is the Modern World y el fiasco que supone la grabación del tercero, vuelven a la carga con ganas y a lo bestia. De la patente herencia de los
Who,
Weller pasa a buscar la inspiración en los
Kinks y los retratos de personajes que hacía
Ray Davies.
All Mod Cons, de 1978, será citado por muchos como su obra maestra, y sí es cierto que se trata de lo más cerca que estuvieron nunca de confeccionar una obra redonda.

Pero es en sus singles donde
The Jam son imbatibles. Canciones tremendas llenas de ganchos y agudeza que escalan cada vez más arriba las listas de éxitos y que muchas veces no están incluidas en sus
LP's.
Weller se siente confiado y en 1979 escribe
Setting Sons, algo parecido a un disco conceptual.
Foxton también está en esa época más brillante que de costumbre y sus aportaciones son excepcionales. La furia va remitiendo ante la ácida observación de la sociedad, una mirada nostálgica sobre sus conciudadanos que se puede confundir con cierto conservadurismo, pero que en realidad carga contra el corazón inamovible de Gran Bretaña.
Weller madura hacia la crónica de su época, sus letras se van politizando y sus críticas reflejarán posturas cada vez más abiertamente izquierdistas. Su sonido va también evolucionando siempre dentro de los parámetros de los clásicos de los 60's, haciendo incursiones en la
psicodelia.
Sound Affects, de 1980, acusará la influencia del
post-punk del momento aunque
Weller insiste en que sus máximos referentes son el
Revolver de
The Beatles y el
Off the Wall de
Michael Jackson.

Esa será la dirección en la que se dirigirá en 1982
The Gift, su último largo duración como
The Jam. Por el camino han quedado temas inolvidables como el airado
The Eton Rifles, el apasionado
Going Underground ("y el público obtiene lo que el público quiere, pero yo no quiero nada de lo que tiene esta sociedad"),
Start con su estructura calcada de
Taxman de
The Beatles, la acústica
That's Entertainment, el pulso
Stax en
Absolute Beginners, y la fantástica
Town Called Malice, que podría estar dentro del repertorio de
The Supremes. A
Paul Weller los
Jam se le quedan pequeños, son poco versátiles, hay muchas cosas que quiere probar y que no encajan en el esquema. Ha madurado y hay caminos que quiere explorar. En las actuaciones se le ve incómodo con el formato, suelta la guitarra, se suaviza, incluye más músicos, tiene la mirada puesta mucho más allá, y anuncia que a finales de año, tras una gira de despedida, la banda se separará.

En su momento ese anuncio se vió como una postura honrada por parte de
Weller, el no querer repetir la fórmula hasta la saciedad y hastiar a los fans y a sí mismos. Pero las otras dos terceras partes de la banda no se lo toma tan bien, no se lo esperaban y creen tener voz y voto cuando en realidad sin el
alma mater del grupo no son nada. Tras dos últimos singles insuperables, la balada de
soul orquestal
The Bitterest Pill y el terremoto que es
Beat Surrender,
The Jam dicen adiós entre amargas declaraciones.
Bruce Foxton intenta seguir en solitario, pero es inútil. Últimamente ha estado girando con un recuperado
Rick Buckler bajo el apelativo de
From the Jam para tocar viejos éxitos en directo. A
Weller le ha costado mucho reconciliarse con su pasado. Tras décadas sin tocar sus canciones de
The Jam en vivo, ahora vuelve a interpretar favoritas de su primera banda, y en su último disco colabora
Foxton.
Paul Weller es un destacado miembro de esa gloriosa estirpe de artistas que parte de
Pete Townshend y
Ray Davies y concluye con
Elvis Costello y
Joe Strummer. Si quieren acercarse a la obra de este tesoro nacional británico,
Snap! es un recopilatorio inmaculado.
