domingo 28 de febrero de 2010

Sherlock Holmes

Tengo que confesarles que no conozco nada del Sherlock Holmes literario y hace una eternidad que no repaso las películas clásicas de Basil Rathbone que llenaron tantas tardes de mi infancia. Algo que no tiene porqué ser forzosamente malo a la hora de juzgar esta película. En realidad ayuda a contemplarla como tal, como film que se sostiene por sí mismo sin obligación de estar mediatizado por cualquier tipo de prejuicio. También les diré que a mí Guy Ritchie me gusta un montón. Me gusta su estilo, me gusta su caradura, me gustan las historias que cuenta y me gustaron Snatch y Lock & Stock. Al ex de Madonna se le puede acusar de haberle salido una película con una estética demasiado moderna en la que abusa de las escenas de acción ralentizadas. Y es cierto que Ritchie tiene manierismos a veces muy cargantes, pero también lo es que sabe contar una historia de forma excitante y que suele tener acierto con los guiones. Su versión de Sherlock Holmes presenta una nueva visión del personaje para unos nuevos tiempos. Una historia que no se basa en ninguno de los relatos clásicos de Arthur Conan Doyle, pero que bebe de su esencia e introduce los puntales básicos que todos conocemos y queremos.

El director antes conocido como Mr. Ciccone es inglés y le encanta hacer profesión de ello. Está enamorado de su tierra y si en sus anteriores trabajos ha ejercido de cicerón enseñando sus rincones, sus personajes y su idiosincrasia, aquí se le nota que disfruta recreando un Londres con un pasado tan fascinante que uno llega a sospechar que no existió nunca. Como una Inglaterra Victoriana directamente extraída del From Hell de Alan Moore. Ritchie opta por un ejercicio visualmente deslumbrante y con atrevidos movimientos de cámara. Con escenas espectaculares sin necesidad de hacer grandes alardes, y con un script divertidísimo que no desdeña el humor del que tanto ha hecho gala y signo característico en otras películas suyas, sin olvidarse de mostrar de manera atractiva la parte analítica y cerebral del personaje.

Un elemento fundamental que lleva a buen puerto el largometraje es la química entre sus protagonistas, Robert Downey Jr. como Holmes, y Jude Law como el Doctor Watson. Ambos actores construyen personajes con encanto y carisma, con un especialmente brillante y amanerado Downey que recuerda su genial interpretación de Chaplin. Desde luego su Holmes no es el tipo flemático al que estamos acostumbrados, pero tiene otro tipo de aplomo británico, y su excentricidad roza lo estrafalario sin resultar chocante ni fuera de lugar. Curiosamente, este es un Sherlock Holmes más cercano al de El Secreto de la Pirámide, tanto que al final uno casi hasta olvida que está viendo una película del detective. Como suele suceder en estos casos, el final queda abierto a una secuela. Si es como esta, a mí no me importaría. En definitiva, El Sherlock Holmes de Guy Ritchie (y de Robert Downey Jr., no lo olviden) es un gran entretenimiento y un disfrute durante todo el minutaje. Una buena historia bien contada, con buenos personajes bien interpretados. Eso hace una buena película, ¿no?

sábado 27 de febrero de 2010

RINGO STARR - Y Not

Ringo Starr tiene claro su status de Has Been. Sabe que cada nuevo disco que saque tiene que apelar a la nostalgia, que tiene que recurrir a la base más fiel de los fans de The Beatles, y se lo toma con su típico humor y desparpajo. Y Not no es una excepción. El bueno de Ringo conoce el terreno que pisa y no duda en citar a Lennon aquí, en dejar caer un lick de guitarra a lo Harrison allá, en hablar de su Liverpool natal acullá... La tragedia de Y Not es que tras un comienzo trillado y tópico ya no consigue levantar el vuelo. Parece mentira que todo suene tan falto de personalidad, tan AOR. Sí, da tanta grima como si hubiera salido de lo último de Tina Turner. Y si se le borrase la pista de voz, sonaría exactamente a eso. Hasta el dueto, que dicen los modernos, con Paul McCartney, lo único en lo que uno se podría fijar mínimamente, tiene un estribillo tan insoportable que da dentera. Dicen que de los discos de Ringo ya no se puede esperar ninguna sorpresa. No es cierto. Este supone una de las grandes, y es que es tan estandarizado que, por primera vez, no se salva ni una canción. Y de verdad que me da mucha pena escribir esto.

EELS - End Times

Las rupturas sentimentales han dado lugar a grandes y no tan grandes discos dentro del mundo del rock. Bob Dylan escribió Blood on the Tracks, Beck hizo lo propio con Sea Change, Richard & Linda Thompson entregaron Shoot Out the Lights, y recientemente Bon Iver fue aclamado en por su For Emma Forever Ago. Dicen que este último disco de Eels es el mejor de su carrera. A mí me parece sólo otra grabación de Mark Everett con aires de autenticidad tan sobrevalorada como todos sus anteriores trabajos. Y no es que sea un mal disco, pero tampoco es para tirarse de los pelos. Cuando acierta, como en la frágil y desarbolada ternura de A Line in the Dirt, y en la furia de Paradise Blues, lo hace de lleno, pero no se puede sacudir de encima esa sensación de maqueta inacabada. Descarnado. A veces, tal vez, demasiado.

AARON THOMAS - Made of Wood

Aaron Thomas es otro constructor de finas melodías que recurre al inagotable catálogo Beatle, aunque en su caso entra en el terreno más profundo y reflexivo del cantautor. Thomas nació en Australia aunque reside en Madrid, y con músicos de la capital de España se ha marchado a Islandia a grabar este disco, un trabajo que a menudo entra en el terreno del folk exultante con arreglos y melodías inusitados. Sólo hacia el final hace una incursión en la melancolía cercana a Jeff Buckley. Made of Wood constituye una grabación delicada y bien construída. Un disco redondo en el que ni una sola nota está de más, ninguna canción baja la media. Exquisito y absolutamente recomendable.

LAWRENCE ARABIA - Chant Darling

No me cabe duda de que a ustedes, cuando lean esto, les vendrá a la cabeza aquella película épica protagonizada por un pletórico Peter O'Toole. A mí, sin embargo, cada vez que leo el nombre de este muchacho no puedo evitar ponerme a tararear una cancioncilla de Skip Spence, el ex-batería de Jefferson Airplane e integrante fundamental de los imprescindibles Moby Grape, que se quedó colgado en mitad de un viaje para nunca más regresar. ¿Cómo? ¿Que no lo conocen? Pues sepan que esa canción es de lo más salvable del, por otra parte, bastante inaudible único disco en solitario de Alexander Spence, el muy sobrevalorado Oar. Pero no estamos ahora hablando de este caballero. Lawrence Arabia es el alias de James Milne, músico neozelandés que con su segundo album entrega una obra de pop en el sentido clásico de la palabra. El que remite a The Beatles de Abbey Road y a los Badfinger de su primer LP. Un disco que tampoco se olvida de los orígenes, y que destila a lo largo de toda su duración un fino aroma 50's. Chant Darling es música optimista y para sentirse bien, con un gran juego de voces y guitarras puras y cristalinas. Lawrence Arabia está llamado a ser la nueva sensación del pop alternativo. Debe de ser un tipo encantador.

JIM O'ROURKE - The Visitor

Jim O'Rourke es un músico y productor que tiene un amplio curriculum a sus espaldas junto a personajes como Wilco, Sonic Youth, Joanna Newsom y Stereolab, para citar algunos. Una obra en la que se cimenta su caracter como artista temerario y experimental. Sus trabajos en solitario van desde el rock de guitarras ruidosas al jazz. Con The Visitor da un nuevo giro y presenta una suite de 38 minutos en la que cruza el sonido Americana con el prog-rock. Una extensa pieza progresiva fundamentada en la música de raíces como el folk, el blues y el country, tocada con instrumentos acústicos. Una minisinfonía con varios movimientos en la que el minimalismo clásico es llevado a la música popular despojado de los elementos tradicionales de la música culta. The Visitor podría ser la banda sonora imaginaria de una película inexistente. Una belleza delicada y acústica guiada por las guitarras de palo y el piano, en la que se escuchan las hojas que caen en otoño y riachuelos cantarines, con todo el aire de haber sido improvisada sobre la marcha.

La Saga de Conan 33

La Saga de Conan se sigue aproximando a su final. El volumen 33 entra de lleno en la colección de Conan Rey y presenta a un cimmerio a caballo entre los 69 y los 70 años al que John Buscema se empeña en seguir dibujando fastidiosamente con el mismo aspecto con que lo hacía cuando tenía 18, 30 ó 45. Afortunadamente el entintador de la segunda parte, Danny Bulanadi, se encarga de matizar el aspecto de nuestro bárbaro favorito. El guión del siempre solvente Roy Thomas está basado en un relato de L. Sprague de Camp, con todo lo que esto conlleva, para bien (a veces) y para mal (con mayor frecuencia). Una buena adición para los fans, y nada atractivo para quien desconozca al personaje. Arriba los corazones, que ya se acaba.

viernes 26 de febrero de 2010

A traición y por la espalda

Ustedes, como fieles seguidores que son de este blog, habrán reparado en que una de mis páginas favoritas de este medio es Safari Nocturno, un portal en el que sumergirse y con el que pasar horas de deslumbramiento y maravilla gracias a las buenas artes de David, su artífice, un magnífico escritor y agudo observador de su entorno. Este Blogger Extraordinaire ha tenido a bien cometer la tamaña insensatez de invitarme a su casa para que le emborrone una entrada con mis reflexiones (?). Sepan que lo he hecho con todo el cariño del que es capaz un misántropo y con la mejor de mis intenciones. Lamento muchísimo haber bajado tanto el listón de su espléndido blog, pero, hey, él se lo ha buscado. Por si se les ocurre leer mi aportación, o mejor aún, por si les apetece pasearse por los excelentes artículos que el mismo David firma, pásense por aquí: http://safarinocturno.blogspot.com/2010/02/el-basurero.html

jueves 25 de febrero de 2010

The Wolfman

El retorno de los montruos clásicos está de moda. Al aluvión de muertos vivientes y la fiebre por los vampiros se añade ahora una remozada versión del Hombre Lobo con un remake del clásico de 1941 protagonizado entonces por Lon Chaney Jr., y encabezado en esta ocasión por Benicio del Toro y Anthony Hopkins. El trabajo de ambos actores, normalmente una garantía de solidez, está entre lo más destacado del fim. Unas interpretaciones exageradas, casi desquiciadas, que abundan en el sombrío ambiente que se quiere lograr. Una estimable recreación de las películas de terror gótico de los años 20 con toques que recuerdan también al cine de la Hammer. El problema con The Wolfman es que todo es absolutamente predecible, posiblemente porque nos cuenta una historia ya archiconocida. La única manera que tiene de redimirse Joe Johnston, su director, es cómo contarla. Pero a pesar de la excelente fotografía y cuidada ambientación, tampoco consigue nada fuera de lo común, y uno no puede evitar el hacer comparaciones con las mucho más originales Un Hombre Lobo Americano en Londres, En Compañía de Lobos y el primer Aullidos. No entraré en el presupuesto de los efectos especiales ni en la calidad de las transformaciones, con un monstruo que intenta replicar a conciencia la apariencia del original de Chaney. El mayor defecto de esta película está en la sosa historia que cuenta y en la rutinaria forma en que está contada. No es, desde luego, esa superproducción definitiva que algunos esperábamos. The Wolfman no es más que una película entretenida, de las de sábado por la tarde, que casi acaba pareciendo una producción de Paul Naschy y poco más. Para los que les vayan la inquietud gótica y las interpretaciones afectadas, vale. Yo me voy pitando a ver una de Lon Chaney. Padre, claro.

miércoles 24 de febrero de 2010

Ghost World

La adolescencia es un momento de la vida en la que todo nos marca con huella imborrable para siempre. Justo cuando nuestra personalidad se define y nos convertimos en lo que seremos el resto de nuestros días. Para algunos, los mejores años de su vida; para otros, un infierno. Hay multitud de películas y libros que se centran en ese tiempo crucial. Es el caso de El Guardián entre el Centeno del que hablábamos no hace mucho. Y lo es también el de Ghost World, la novela gráfica de Daniel Clowes. Un retrato de la llamada Generación X, aquella que creció con las canciones de Nirvana y que no tenía nada claro lo que quería, pero que sí sabía muy bien lo que no quería. Una generación a la deriva, sin sentido y llena de angustia.

Ghost World fue serializada entre 1993 y 1997, y eso se refleja en su estructura fragmentaria, una lectura que avanza a saltos en el tiempo. Como El Guardián entre el Centeno, empieza de forma abrupta y tiene un final abierto. Sólo cuenta episodios en la vida de sus personajes, y es el lector el que tiene que ubicarlos en un marco más grande rellenando huecos y elipsis. Y también como la novela de Salinger, de la que adopta tono y estilo, tiene una protagonista que está contra el mundo, a la que asquean esas ansias de popularidad de las niñas pijas que juegan a hacerse adultas, y que ridiculiza esas ilusiones estúpidas de madurez. Pero es también una protagonista que, atrapada entre dos mundos, vive fuera de lugar, en eterno estado de confusión.

Enid Coleslaw es una cínica adolescente llena de inseguridades que tras acabar el instituto se siente absolutamente perdida y sin objetivo en la vida. Vive esa Vida Fantasmal del título, aislada de un mundo que ni le gusta ni comprende y en el que se siente rechazada y sin encaje. Una vida que se le asemeja irreal. Enid Coleslaw, anagrama de Daniel Clowes, es tal vez un reflejo de cómo se sentía en esa época, de cómo se ve aún. El propio Clowes aparece fugazmente en la historia, y mientras su protagonista lo imagina como a un personaje interesante, cuando llega a verlo piensa que es un viejo pervertido. Posiblemente la misma imagen que él tenía de los adultos, lo que piensa ahora de sí mismo, de la propia madurez, y como cree que lo pueden ver sus lectores adolescentes.

El dibujo de Clowes mezcla el realismo con la caricatura esperpéntica, y narra tanto con las imágenes como con el texto. Muchas viñetas son mudas, pero están cargadas de contenido. Tanto como la cara totalmente apática de la protagonista, quien según el relato progresa, va madurando. La historia trata sobre ese tránsito y todo lo que conlleva. De cómo al crecer, si cambiamos nos traicionamos a nosotros mismos, y si no lo hacemos nos separamos de aquellos que sentíamos tan cercanos. Enid se siente tan perdida en la edad adulta como en la adolescencia. Quizá tan perdido como se siente el propio Clowes. Quizá la diferencia entre cómo lo imagina Enid, su alter ego, y en lo que se ha convertido en realidad, es un reflejo de esa frustración y esa traición ante la que nos plegamos al madurar. El éxito de Ghost World dio pie a una adaptación cinematográfica que, aunque no estaba mal y la protagonizaban Thora Birch y (wow) Scarlett Johansson, no tuvo ningún éxito.

martes 23 de febrero de 2010

Colón llega a Nueva York

Polemicemos. Siempre se ha considerado como verdad revelada que la preponderancia de los Estados Unidos en el mundo actual se basa en su poderío económico. Es un lugar común el decir que Norteamérica es un país joven, sin historia y sin una verdadera cultura. Es posible. Pero no es menos cierto que han sabido hacer de sus contados acontecimientos históricos toda una industria y una manera de extender su forma de vida al resto del mundo. Permítanme ofrecerles otra perpectiva. Plantéense si no nos hemos perdido un aspecto que sería necesario que consideraramos. Porque Estados Unidos sí que es una potencia cultural, y gran parte de su economía se fundamenta en esa cultura. El cine y el rock and roll, si bien no son invenciones en puridad norteamericanas, sí que han sido desarrolladas y explotadas por miles de cerebros en ebullición que se han curtido en los Estados Unidos. Hasta la Primera Guerra Mundial, los ojos del mundo occidental estaban posados sobre la vieja Europa. Era su influencia la que dictaba los movimientos sociales y las tendencias de pensamiento. Es con la arribada de la cultura juvenil a mediados del Siglo XX cuando las nuevas generaciones en todo el mundo empiezan a querer imitar el American Way of Life. De repente todos queremos tener el tupé de Elvis Presley, el coche de James Dean, el escote de Marilyn Monroe. Pronto la gente siente el deseo comer pizza, hamburguesas y perritos calientes, se popularizan las palomitas en el cine, vestimos con pantalones vaqueros y comenzamos a utilizar nuevas expresiones en nuestro lenguaje. Chavales armados de guitarras eléctricas proliferan por todos los rincones del planeta planteando un nuevo modo de vivir la vida y de ver las cosas.

Me dirán que todo esto viene empujado por una podersosa campaña económica, y tal vez sea cierto, pero también lo es que hay algo irresistiblemente atractivo en la revolución del pensamiento que suponen las jóvenes formas que adopta la cultura proviniente desde los Estados Unidos. Estábamos ansiosos por dejarnos ocupar y por abrazar a los invasores. Incluso el Reino Unido, en franca decadencia desde la desintegración del Imperio Británico y la Segunda Guerra Mundial, es el nuevo lugar de moda con la llegada de The Beatles. Súbitamente es el país que hay que visitar, el espejo en el que todo el mundo quiere reflejarse reflejarse, la lingua franca en la que todo el mundo quiere hablar. Y cantar. No en vano se les reconoce el mérito con el que contribuyen al nuevo resurgir británico, y la inyección que aportan a las arcas del fisco, con la medalla de Miembros del Imperio Británico. Ya ven, unas cuantas películas bien hechas y todos acabamos olvidándonos de Don Juan Tenorio la Noche de Todos los Santos y celebrando el Halloween. Al pueblo se le atrapa por la forma en que se le entretiene. Han bastado unas décadas para que el mundo sienta otros deseos y otras necesidades, se mueva de otra forma, se exprese en otros términos. Para que nuestro aspecto y nuestra forma de pensar cambien radicalmente. Ha sido una colonización incruenta, sin ejércitos, sin inversiones millonarias. Nos hemos convertido en miembros del imperio global por la cultura. Por su cultura. La hemos asumido y nos ha absorbido. Hemos recorrido un camino sibilino y torcido que nos lleva a redescubrir las Américas ahora como súbditos. Hemos seguido, como dijo Lou Reed, el mapa defectuoso que llevó a Colón a Nueva York.

domingo 21 de febrero de 2010

DM STITH - Heavy Ghost

De la escuela de Sufjan Stevens nos llega DM Stith, otro de esos multinstrumentistas y arreglistas sensibles, creadores de ambientes etéreos y poseedores de un falsete conmovedor. Nieto de un profesor emérito de música, e hijo de un director de coro de iglesia y de una pianista, Stith debuta con una grabación suntuosamente producida en la que los arropamientos vocales masivos, los instrumentos acústicos y orquestales, y la amplia experimentación formal están a la orden del día, no en vano tiene presentes todos sus antecedentes familiares. Heavy Ghost es un disco orgánico, tremendamente humano y tocado de un misticismo que en muchas ocasiones roza la música sinfónica y progresiva. Nuestro hombre canta con tanta emoción y sensibilidad que parece que tenga un permanente nudo en la garganta, y es que, amigos, estamos hablando de un artista. Ahora, si consigue afinar la puntería, tendremos también algunas canciones. Mientras tanto, el trono del autor de Illinoise sigue vacante.

JEREMY JAY - Slow Dance

En su segundo larga duración Jeremy Jay se destapa con una simpática recreación del sonido ochentero. Una colección de canciones ingenuas en las que echa mano de sintetizadores de maquinillo y grandes dosis de desvergüenza. En Slow Dance encontrarán rastros de los primeros Depeche Mode, Ultravox y Devo, pero también de aquella hornada de grupos del indie inglés que grabaron la ya mítica recopilación C-86 como Felt y The Monochrome Set. En su (¿involuntaria?) asunción del lo-fi de la época hasta llega a aproximarse a los Suicide de Alan Vega con ocasionales guiños a la música de los 50's que bañó su album de debut. Si usted está nostálgico o es un jovenzuelo que acaba de formar su primera banda y empieza a trastear con sus instrumentos, es posible que le vea la gracia a este disco.

William Elliott Whitmore - Animals in the Dark

Muchos tenemos bien claro cual es el sonido de la América rural, el tipo de canciones que se escucha en lo más profundo del país. Una música anciana, cubierta de polvo y reseca bajo el sol, que no se separa un ápice de la tradición. Son Murder Ballads que tienen algo de peligroso, tanto como perderse en un condado redneck con pinta de turista de ciudad y sin que tener credenciales de WASP. William Elliott Whitmore cultiva ese tipo de folk-blues que podemos identificar con el témino de Americana auténtica, y canta con la voz bronca que implicaría la sabiduría de un octogenario a pesar de no tener más que 31 años. Su último trabajo hasta la fecha profundiza en esas raíces logrando hacer bien y con toda la solera correspondiente lo que intentó llevar a cabo Nick Cave en su día con The Firstborn Is Dead. Si usted está interesado en conocer la música que escucha la disfuncional familia de La Matanza de Texas, ahora tiene la oportunidad sin correr el riesgo de que le rebanen en rodajitas.

ANDREW BIRD - Noble Beast

Andrew Bird ofrece en su última entrega un trabajo asequible y bonito con su habitual oferta de pop tierno meticulosamente arreglado y orquestado. Un disco envuelto en una voz dulce y estribillos simpáticos. Noble Beast se deja oir, le relajará, incluso le pondrá de buen humor, puede que en algunos momentos hasta le sorprenda y le maraville la capacidad de Bird para confeccionar melodías y cocinarlas con los ingredientes adecuados. Pero no le arrebatará. Es sólo otro disco placentero cuyas canciones seguro que asomarán en alguna película independiente. La versión deluxe viene cargada con un CD extra repleto de innecesarios instrumentales soporíferos. En cualquier caso, la demostración de que hay otra América.

M. WARD - Hold Time

M. Ward lleva una década intentando dejar esa segunda fila en la que parece encasillado para siempre. La maldición del músico de culto sólo apreciado por oyentes inquietos. Tal vez sea el momento de plantearse si realmente no es ese tipo con tanto talento como predican los críticos con ínfulas de exquisitos. Y eso que este último album, Hold Time, es un catálogo de estilos del rock & roll y un trabajo ciertamente asequible. Parece una colección de singles que podría sacarle definitivamente de la oscuridad. Desde el folk de cantautor al rock cincuentero a lo Buddy Holly, desde las baladas suntuosamente orquestadas al pop de aires Beach Boys con los arreglos de Phil Spector, desde el blues rural al country de Johnny Cash. El hombre se ha trabajado los ganchos y los estribillos pegadizos, e intenta superar esa voz frágil y limitada que parece plagar a este tipo de artistas. Y sí, consigue perfilar una obra agradable, posiblemente la mejor de su carrera, y muy por encima de otros músicos de su generación encasillados dentro del mismo cajón, pero de ahí a marcar la vida de sus potenciales oyentes va un trecho muy largo que no consigue recorrer a no ser que esté usted comenzando su colección musical. Bonito y dulce como un azucarillo que se disuelve en el paladar y ahí perdura durante un rato hasta que desaparece para siempre. O hasta que volvamos a tomar otro. Será cuestión de insistir.

Dan Deacon: Bromst

Una ida de olla. Un experimento excesivo a base de apilar más y más capas de voces, instrumentos y sonidos computerizados repetitivos. El punk, la electrónica desbocada, las masas corales, el pop experimental, todo se da cita en esta obra disparatada y absurdamente proteica. La banda sonora para sus fiestas más locas. O para que le tiren a patadas de las fiestas de sus amigos. Una celebración de la vida y de la alegría de vivirla. No me extrañaría nada que sus partes más centradas apareciesen en la banda sonora de algún documental sobre ciencia o una peli futurista. Si usted es fan de todos esos grupos modernos tan en boga ahora (ya saben, Animal Collective, Grizzly Bear y aledaños) igual esto le gusta. Yo lo escucharé aún menos que Revolution 9. Un disco divertido mientras dura. Y nunca más.

Dirty Projectors: Bitte Orca

Yo ahora debería cantar las alabanzas del último disco de Dirty Projectors. Y no se puede negar que es un trabajo muy original bañado del sonido soleado californiano y la música de ensueño aliñada con excéntricos guitarrazos que recuerdan a los primeros Talking Heads, y con ocasionales ritmos exóticos que traen a la mente a los sobrevalorados Vampire Weekend. Se trata de una obra compleja, pero menos dispersa que las propuestas de, pongamos, Grizzly Bear, con quienes comparte la riqueza experimental y un ambiente que reúne a los Beach Boys con Crosby, Stills & Nash (con y sin Young). Pero no puedo celebralo como la obra maestra que ha copado las listas de las publicaciones musicales de medio mundo. Y tal vez el problema sea mio, porque todo parece ser perfecto y encajar en el sitio adecuado. En sus mejores momentos remiten a lo más barroco y paladeable de Simon & Garfunkel sin caer en la nostalgia ni en la fotocopia retro, con composiciones derrochan ideas y actualidad. Pero a todo le falta inmediatez, se disuelve en meandros y acaba costando centrar la atención. Una banda sonora para anuncios que promocionen las buenas sensaciones y series de televisión modernas. Mejor en pequeñas dosis.

sábado 20 de febrero de 2010

Bringing Up Father

Tras una primera gran obra, Nibsy the Newsboy in Funny Fairyland, directamente influida por Little Nemo in Slumberland de Winsor McCay, George McManus se adentra en el comic de temática familiar con obras como The Newlyweds y Rosie's Beau. En ellos, bajo un prisma humorístico, explora la eterna lucha de sexos. No será hasta Bringing up Father, su obra magna, cuando, sin olvidar su temática más querida, se introduzca también en el choque entre estratos sociales e incluso generacionales. Su protagonista, Jiggs, es un inmigrante irlandés que hace fortuna en Estados Unidos, pero que sigue aferrado a sus gustos y costumbres de hombre de la clase trabajadora. Su esposa, Maggie, es el estereotipo del nuevo rico, fatua y con ansias de ascenso en la escala social, cuya ostentación le hace quedar siempre en ridículo. Nora es la hija afectada y engreída que reniega de sus orígenes y siente que no tiene nada que ver con su padre. Tras la capa cómica McManus oculta una ácida crítica social y revela una lúcida mirada cargada de ironía sobre sus compatriotas.

Bringing Up Father apareció como tira diaria en 1913, aunque su reputación artística, que no popular, yace en sus espectaculares páginas dominicales publicadas cinco años después. El estilo de McManus mezcla la caricatura y el realismo con minuciosa atención a la arquitectura y el vestuario, siempre reflejando fielmente los estilismos de la época. Pero no se conforma con trazar solamente un retrato cómico y costumbrista de los nuevos ricos, también es una obra monumental que bebe de las vanguardias artísticas de su tiempo. En ella se pueden encontrar patentes rastros del Expresionismo y, sobre todo, del Modernismo y el Art Decó. Una delicia imprescindible que acabó dando lugar a toda una corriente, la llamada línea clara, y una influencia directa sobre Chic Young y los comics de temática matrimonial, Hergé, Joos Swarte y todos sus continuadores. IDW en su esencial colección The Library of American Comics está publicando una selección de las mejores páginas de Bringing Up Father y NBM ha publicado un tomo con las primeras tiras en blanco y negro de la serie. Una oportunidad que no deben perderse.

viernes 19 de febrero de 2010

Moon

Sí, Moon es una película de ciencia-ficción, con título intrigante y estética reminiscente de 2001: Odisea del Espacio, que llega acompañada de excelentes críticas y reputación de obra con ínfulas artísticas. Esto ya sería razón suficiente para que a uno se le despertase cierto interés por verla. Pero también, y esto le es inseparable, es obra de Duncan Jones, hijo de David Bowie. Y como con tantas obras de "hijos de" (Lennon, Dylan) mitómanos e iconoclastas acudimos de la mano a las salas de proyección con algo más que mera curiosidad. No creo que me guíen falsos prejuicios si digo que hay algo fastidioso en una película que desde su comienzo recuerda tanto a la obra de Kubrick como a Alien, el Octavo Pasajero. Y que también lo hay en su poco original comienzo en forma de falso documental que funciona como elipsis para colocar al espectador en antecedentes. Así como lo hay en sus títulos de crédito que pretenden ser espectaculares y son sólamente torpes. Sólo la bien escogida música (hey, al fin y al cabo estamos hablando de un Bowie - es broma, es broma) acierta a crear un clima subyugante, denso, intrigante.

La Luna se ha convertido en una inmensa mina, fuente de energía limpia para La Tierra. Y ahí tenemos a nuestro protagonista, Sam, un extraordinario y lleno de matices Sam Rockwell, completamente a solas durante tres años en una base lunar, excepto por la compañía de Gerty 3000, el ordenador de a bordo y su particular HAL 9000. Cuando Sam está a punto de volver a casa empiezan los problemas. Nuestro astronauta, empieza a no distinguir la fantasía de la realidad, a no saber si lo que ve le está sucediendo es de verdad o lo está imaginando. La máquina toma el mando y comienza la pugna con el hombre hasta que se descubre la verdad. A partir de ahí el director intenta crear un ambiente claustrofóbico y de pesadilla, pero uno no puede evitar tener la sensación de estar viendo un episodio de Espacio 1999 (¿la recuerdan?). Y no es que esté mal rodada, en absoluto, ni que los patentes homenajes a películas clásicas del género sean perturbadores, al contrario. Es que la historia no da de sí lo suficiente como para llenar hora y media. Duncan Jones antes de rodar esta película se ha dedicado a la publicidad, y ustedes podrían pensar que posiblemente debería haber tenido en cuenta hacer un telefilm antes de pasar a un largometraje.

Pero tal vez se equivoquen. Porque Moon también es una reflexión sobre la identidad y la existencia, y una ácida denuncia de la manipulación del trabajador por las grandes empresas. De cómo una persona malgasta su vida y su tiempo para generar una riqueza de la que apenas se le devuelve un escupitajo. De cómo un obrero no es más que una mercancía, ganado, un trozo de carne que se explota y se revienta. Que se utiliza hasta el extremo y cuando a consecuencia de ese trabajo ya no puede seguir adelante, se le pega un tiro como a una bestia de carga vieja. En un mundo en el que los grandes bancos y las multinacionales se desembarazan de miles de trabajadores como si fueran lastre, peso muerto, el mensaje de Duncan Jones es absolutamente válido, poderoso y actual. Y eso es lo que en el fondo, más que en la forma, le da validez a esta película. Aunque sí, Moon es una película de ciencia-ficción, con título intrigante y estética reminiscente de 2001: Odisea del Espacio, que llega acompañada de excelentes críticas y reputación de obra con ínfulas artísticas. Pero también es obra de Duncan Jones, hijo de David Bowie, y esta es la razón por la que a uno se le despierta, definitivamente, cierta curiosidad por verla.

miércoles 17 de febrero de 2010

El Guardián entre el Centeno

A raíz del reciente fallecimiento de J.D. Salinger han proliferado los obituarios por toda la blogsfera. Reseñas apresuradas, la mayoría centradas en su obra más popular, El Guardian entre el Centeno. Déjenme que intente explicarles el motivo. Holden Caulfield es un adolescente encantadoramente enfurruñado con el mundo, que es expulsado del enésimo colegio, y la novela nos relata su viaje de regreso a casa. Pero eso no es más que quedarse en la mera anécdota. Así dicho, El Guardián entre el Centeno no cuenta nada. No puede considerarse una road-novel, no narra tampoco un viaje iniciático. Durante sus páginas, el protagonista sólo se vuelve en todas direcciones y reflexiona en torno a lo que le rodea sin dejar títere con cabeza, desnudando su alma ante el lector en el mismo trayecto. Pero no se trata de otro Ignatius Reilly, el descacharrante protagonista de La Conjura de los Necios. El personaje de Holden Caulfield es un ser tierno, entrañable, que a pesar de su furia contra el mundo, se nos hace afectuosamente cercano. A pesar de su aparente misantropía, Salinger derrama una compasiva mirada llena de comprensión hacia el ser humano. Porque Holden Caulfield es parte de nosotros mismos. Todos fuimos alguna vez, tal vez aún lo seamos, Holden Caulfield.

Para el protagonista de El Guardián entre el Centeno, todos los adultos son un hatajo de falsarios. Todos sus compañeros, que replican las actitudes de los adultos, que están empezando a comportarse con los convencionalismos de la edad adulta son, el peor insulto que Holden puede dedicarles, unos falsos. Sólo hay un personaje ante el que muestre simpatía y ternura. Su hermana Phoebe. Su hermana pequeña. Para él todo bueno, todo lo auténtico, se ha quedado en la infancia. Por eso quiere ser El Guardián entre el Centeno, el vigilante que preserve la inocencia y la seguridad de los niños mientras estos juegan ausentes junto al precipicio que supone hacerse adulto. Y es que Holden Caulfield sabe que está creciendo, que indefectiblemente está dejando atrás la niñez, que se está convirtiendo en lo que más detesta. En realidad toda su furia está dirigida contra sí mismo. Y todo ello escrito con un lenguaje aparentemente simple, pero que revela un profundo y certero trabajo de observación. Un retrato perfecto de la adolescencia en un puñado de páginas que les emocionarán, les pondrán una sonrisa de reconocimiento en los labios, y les harán reir a carcajadas. Dicen que hay otros libros mejores de Salinger, pero este es el que ha quedado grabado a fuego para siempre en el imaginario popular. Léanlo y pregúntense porqué.

lunes 15 de febrero de 2010

Doug Fieger (1952 - 2010)

Ustedes seguramente no sabrán quién es Doug Fieger, pero seguro que sabrían tararear su mayor éxito, My Sharona. Fieger había compuesto esta ardorosa canción en honor a una jovencita tras la cual bebía los vientos, y el resultado le propulsó a él y a su banda, The Knack, al éxito mundial. Su tragedia fue que no supo escribir otro temazo a la altura, y toda su posterior y estimable carrera quedó oscurecida para siempre por esta tremendísima canción de riff excitante, estribillo eufórico y con uno de los mejores solos de guitarra de la historia. The Knack, a pesar de haberselo sudado en incontables directos, tuvieron que sufrir el estigma de ser considerados un hype por su rotundo éxito inmediato, por su imagen Beatle en plena New Wave y por su arrogancia. Fieger y los suyos siguieron en la brecha y sacando discos en una oscura segunda fila hasta el final. Hasta que este día de San Valentín, y tras haber superado dos tumores cerebrales, sucumbió al cáncer de pulmón. Escuchen hoy en su memoria la voz de Doug Fieger suplicando a Sharona una vez más, y asegurense de que no es la versión single, más corta y sin ese solo de guitarra del que les hablaba antes.

sábado 13 de febrero de 2010

Canciones de amor

El Pequeño Misántropo celebra su debut radiofónico ofreciendoles un pequeño relato guiado por una selección de sus diez canciones de amor favoritas. No sean desabridos y sigan esta bonita tradición de San Valentín. Que sí, que ya sabemos que es una de esas ocasiones en las que los comercios nos chantajean para que pasemos por caja, pero si tienen pareja y hoy no les hacen un regalo, sepan que l@s van a hacer sentir muuuuuuuuuuuuuuy decepcionad@s... Así que si no tienen nada para un día como hoy, cojan un CD, graben en él algunas canciones como estas y márquense un baile bien lento con la persona a la que aman.

NAT "KING" COLE: Orange Colored Sky. O de cómo el amor no es algo que se busque, sino algo que te pasa.
BETTY HUTTON: It's Oh So Quiet. Y cuando menos te lo esperas, la revolución llega a tu vida.
FRANK SINATRA: I've Got You Under My Skin. Usted no lo quiere reconocer, pero sabe que está enamorad@ hasta los huesos.
PEGGY LEE: Alright Okay You Win. No se puede decir con más chulería que te tienen en el bote.
FRED ASTAIRE: The Way You Look Tonight. La mirada bobalicona que se nos queda cuando miramos a la persona amada.
CHET BAKER: My Funny Valentine. La intensidad del amor y toda su fragilidad en la misma canción. El epítome del amor.
BILLIE HOLIDAY: These Foolish Things. ¿No es cierto que cuando uno está enamorado cualquier cosa le recuerda a esa persona?
NINA SIMONE: Wild Is the Wind. Escuchen cómo suena el desgarro del amor. Una canción tórrida.
THE PLATTERS: Smoke Gets In Your Eyes. De cómo reconocer el amor cuando te lo encuentras. Y cuando te deja.
ELLA FITZGERALD & LOUIS ARMSTRONG: They Can't Take That Away From Me. Y que me quiten lo bailao.

viernes 12 de febrero de 2010

La Estrella de la Radio

Les parecerá descabellado, pero la radio y la blogosfera son dos medios de comunicación con muchos puntos en común. El más evidente es que uno se sienta en su soledad a lanzar al aire trocitos de su intimidad con cierto aire onanista sin tener la más remota idea de si a alguien ahí fuera le interesa ni remotamente lo que está contando, ni siquiera si está escuchando. Hay algo de exhibición impúdica de nuestras entrañas en esto de contarle a la nada lo que nos corre por dentro, para recibir a cambio una mínima respuesta. Pero ¿saben? es que uno no lo hace por obtener retribución alguna. Lo hace porque le hace sentir bien, le llena por dentro, le permite sacar a pasear su vena creativa y, en definitiva, le satisface. ¿Les dije ya que esto tenía algo de onanista? Otra cosa que tienen en común la radio y la blogosfera es que ahora El Pequeño Misántropo estará en ambos medios. El próximo domingo 14 de febrero (sí, lo adivinaron, el Día de los Enamorados) su blog favorito debutará en Ràdio Nou, la emisora de radio de Canal 9, el ente público valenciano, a las 11 de la mañana para hablar de comics, de música y... oh, sí... de amor. Lo que faltaba. Como si supiera algo del tema. Pueden encontrar las frecuencias donde escucharlo en la web de la emisora. O si no, hagan honor a su marchamo de internautas y síganlo a través de internet.

Buck Rogers

Los orígenes del comic de ciencia-ficción están en Buck Rogers, un Rip Van Winkle moderno que se duerme en 1929 y se despierta 500 años más tarde en unos Estados Unidos dominados por los mongoles. Ya saben, el peligro amarillo que tanto obsesionaba en la época, los ladinos orientales ejemplificados en Fu Manchú. Rápidamente, Rogers se une a la resistencia acompañado de, cómo no, la bella Vilma Deering, y se convierte en un héroe que vivirá peripecias sin respiro. Comenzada a publicar como tira diaria en los periódicos norteamericanos en el mismo 1929, el guión corría a cargo de Phillip Nowlan. Unas historias pueriles para nuestros parámetros actuales, sí, en las que las explicaciones resultan rocambolescas, pilladas por los pelos, o directamente inexistentes. Pero todo encaja, y estas aventuras fueron fuente de emoción constante y acelerada para tantos lectores. Ni se les ocurra pensar por un momento en la narración descomprimida. El dibujo de Richard Calkins resulta primitivo, no evoluciona ni se preocupa por la experimentación, y aún así está lleno de encanto y capacidad narrativa. Una fantasía directamente inspirada en la literatura pulp y en sus maravillosas ilustraciones. Un comic que en su momento era rompedoramente futurista y ahora nos parece casi steam-punk, con sus cachivaches de latón llenos de tornillos y remaches, y sus astronautas con aspecto del Barón Rojo, el aviador de la Primera Guerra Mundial. Buck Rogers dio pie a multitud de imitaciones, la más inmediata sería Flash Gordon de Alex Raymond. Ahora mismo está siendo reeditado en lujosos tomos por la editorial Hermes Press y acaba de aparecer el tercer volumen con las tiras correspondientes a los años 1932 a 1934. No las lean con los ojos de hoy en día y se lo pasarán bomba.

Solomon Kane: Death's Black Riders 2

Dark Horse continúa la nueva miniserie de Solomon Kane, personaje cuyas aventuras han sido recientemente llevadas a la pantalla grande. En este segundo episodio, de un total de cuatro, se adapta Rattle of Bones, relato original de Robert E. Howard, el creador de Solomon Kane y más conocido por haber sido el autor del célebre Conan. El guionista, Scott Allie, ha encastrado el relato en un marco principal que adapta también un fragmento de Howard. Death's Black Riders se ha desarrollado para formar una historia más extensa que pretende englobar toda la peripecia vital de puritano. Mario Guevara sigue con su buen hacer habitual al dibujo y con su peculiar ambientación inquietante. En este número 2, Kane se aloja en una lúgubre posada sobre la que pesan una oscura maldición y los crímenes de un asesino en serie. Un comic bien ejecutado para los seguidores de la fantasía, que contentará a los habituales. Otra cosa es que llegue a un público más amplio.

miércoles 10 de febrero de 2010

The Road

Bienvenidos al día del Apocalipsis en El Pequeño Misántropo. Si un poco más abajo hablábamos de The Walking Dead, un comic en el que un padre y un hijo luchan por sobrevivir y mantener la cordura en un mundo que se ha ido al garete, ahora repetimos con The Road, película de John Hillcoat protagonizada por Viggo Mortensen y basada en la novela homónima de Cormac McCarthy. Otra historia de padre con hijo en un mundo en el abismo, esta vez en condiciones aún más extremas. No sólo hay que luchar por la propia vida, es que ya no queda nada de lo que vivir, y los pocos supervivientes se encuentran envilecidos y reducidos al canibalismo. No esperen otro Mad Max. Si usted tiene hijos lo va a pasar fatal viendo esta película, porque ¿hay algo que quiera más? ¿Hay algo por lo que pase más miedo?

El planeta ha sufrido algún tipo de cataclismo y todo vestigio de vegetación y de vida animal han desaparecido. Grupos aislados de humanos supervivientes en un mundo hostil se están matando los unos a los otros por hambre, por miedo o por ignorancia. El cielo está perpetuamente gris, el sol ha desaparecido, reinan el frío, la lluvia, el hielo y las cenizas. La superficie terrestre parece emponzoñada, eternamente cubierta de cenizas, barro y veneno. Todo es ruina, destrucción y parajes desolados. La humanidad está destinada a desaparecer y las personas son tratadas como ganado. En este ambiente, un hombre cuyo único miedo es lo que le pueda pasar a su hijo, intenta sobrevivir y mantener cierta humanidad, aunque cada vez se vaya degradando más. La vida es sucia, es dura y es frágil. Y la soledad es constante porque vale más eludir el peligro que suponen otros supervivientes.

El niño no conoce la vida anterior, para él ese mundo es como debe ser y mantiene su inocencia siempre aferrado a su osito de peluche. Para su padre, un inmenso Viggo Mortensen que con su sola presencia, con su impresionante gesto, llena la pantalla, el único objetivo es aguantar durante el mayor tiempo posible en un mundo muerto. Pero como le dice su mujer en un flashback: "Yo no quiero sólo sobrevivir". ¿Qué propósito tiene seguir adelante en un mundo condenado a muerte? The Road pone de manifiesto lo dañino que es el ser humano y la alimaña que habita dentro de cada uno de nosotros. Cuando no queda suficiente para todos, la única solución es el aislamiento y el egoismo. Por otra parte ¿qué opción queda? Marcharse cuanto antes con mayor o menor dignidad. La pregunta que queda es si merece la pena, si a eso se le puede llamar vida. Y la respuesta se da al final de la película.

Porque The Road, además de ser una llamada de atención sobre la fragilidad de la vida humana y de su dependencia del medio ambiente, a pesar de ser durísima, es una película fundamentada en la fuerza del amor. El padre sabe que el final es inevitable, pero intenta preparar al niño para que continúe sin él. No le queda esperanza para sí mismo, pero la tiene para su hijo. Y aunque se ha embrutecido por el miedo a lo que le pueda pasar al niño, es ese amor el que le hace seguir adelante. A pesar de su forzosa brutalidad, sí que ha sabido transmitir buenos valores. El niño quiere mantener dentro de sí la bondad, la confianza. Como si en definitiva, todavía hubiera fe en el ser humano. Y es ese amor que transmite a ese niño que no entiende nada de lo que está pasando, el que hace que una película que se ve todo el rato con terrible impotencia y angustioso mal sabor de boca, sea tan conmovedora.

Los Muertos Vivientes 9

Por fin se ha publicado el esperado tomo 9 de Los Muertos Vivientes, la imprescindible serie de Robert Kirkman y Charlie Adlard. La editorial que la publica en España, Planeta DeAgostini, promete ahora una periodicidad trimestral, con lo que mayo verá la edición del número 10 y el 11 estará en las tiendas en agosto. Eso nos llevará a ponernos al día con los USA, donde se acaba de publicar el número 69. Recordamos que cada recopilatorio contiene 6 grapas de la edición que publica Image en Estados Unidos.

Tras el caos desencadenado en el número anterior, el tomo 9 de The Walking Dead, titulado Aquí Permanecemos, supone una pequeña pausa para reorganizarse. Un episodio más relajado y reflexivo en el que se ahonda en la psique de los personajes y en su degradación. El pequeño Carl tomará el protagonismo mientras Rick, su padre, se hunde cada vez más física y moralmente. Nos aguardan sorprendentes revelaciones y reencuentros con viejos conocidos.

Por otra parte, los últimos números de la serie regular norteamericana siguen impregnados de la acción que envolvió al anterior arco argumental y se añaden nuevos elementos de tensión. Carl va afianzando cada vez más su personalidad y desvelándose como un personaje fundamental. El capítulo 69 nos deja a Rick y a sus acompañantes a las puertas de unirse a un grupo de supervivientes que intentan reestablecer una comunidad organizada y civilizada tal y como eran las cosas antes del que todo se fuera al garete. Pero ¿podrá ser real?

martes 9 de febrero de 2010

Delta 99

Y Carlos Giménez hizo Pop! Antes de que decidiera contarnos su biografía, la historia de nuestro país, y nuestra propia vida en comics, de poder permitírselo siquiera, se encargó de este divertido comic, mezcla de ciencia-ficción y de novela de espías, guionizado competentemente por Jesús Flores Thies, quien fue ayudado en su arranque por Josep Toutain, un maestro en eso de poner el ojo en el aspecto comercial sin perder la pasión por la narración gráfica. Si Silver Surfer es la cruz de la moneda, Delta 99 es la cara. Un personaje enviado por una civilización extraterrestre superior para que vele por la raza humana, como un nuevo profeta enviado por los dioses estelares. Una excusa para mostrar una deslumbrante sucesión de aventuras en estado puro y sin conceder respiro, en un ambiente sofisticado y totalmente dinámico, y con un héroe que a cruza a James Bond con Michael Clarke, el batería de The Byrds.

No es este artista todavía el Carlos Giménez que hoy día conocemos, pero aún así su dibujo es embriagador aunque lastrado por algunas carencias narrativas y, seguramente, por cierta premura con los plazos de entrega. Delta 99 comenzó su andadura en 1969 y Giménez se encuentra inmerso en pleno período formativo, donde va ya encontrando su estilo y alejándose de trabajos más impersonales como Gringo. Su trazo elegante, de línea depurada, domina el contraste entre la mancha en negro y el blanco absoluto, y denota la influencia de la estética hippy y la ilustración publicitaria. Desde las primeras páginas se hace evidente para el lector que a estas alturas se halla ante un maestro de la narración gráfica que ha bebido de lo mejor del comic de prensa norteamericano y la bande dessinée franco-belga, encotrándose con sombras de gigantes del noveno arte como Alex Raymond y Hermann Huppen.

El guión, a pesar de pecar de cierta bisoñez y de una amabilidad muy de la época, no rehuye los momentos agrios y crueles, y centellea con chispa en los diálogos. Todo el comic goza de una estética terriblemente moderna para su tiempo. Hay sexo, hay violencia, hay peligros ciertos y hay sangre. Giménez da algunas muestras de ese tremendismo realista que más tarde explotaría, jugando con el grafismo y eludiendo la censura con un erotismo constantemente insinuado. Uno está esperando ver aparecer a Ursula Andress a la vuelta de página, y Carlos Giménez demuestra que sabe perfectamente cómo dibujar mujeres sexys, de esas que sólo vemos en las revistas, es sólo que en su evolución actual ya no le interesa enzarzarse en un tipo de obra tan ligera.

Delta 99 es un comic muy próximo a películas de Sean Connery como Doctor No, y con una estética cercana a los anuncios de fragancias masculinas de las revistas de los años 70. Con fondos trabajados, dibujo bien documentado, estudiada puesta en escena, incluso sorprendente experimentación gráfica, y dominio de la figura humana y la expresión. Formó una pareja perfecta con la inquietante 5 x Infinito de Esteban Maroto, y si para un niño de entonces fue una historieta que le llenaba los ojos de estrellas, para un adulto de hoy resulta un pequeño placer fascinante. Más serio, más negro, más adulto y más perdurable que Dani Futuro, sorprendentemente Delta 99 ha envejecido muy bien y queda como una pieza de un tiempo que vale tanto para ser exhibida en una vitrina como para zambullirse en ella y dejarse rejuvenecer. Yo esta noche me acuesto con Delta 99.

Johnny Cash no ha muerto

Johnny Cash trabajó febrilmente junto al productor Rick Rubin en los meses anteriores a su fallecimiento para dejar grabadas docenas, si no cientos, de canciones. Decía que era lo único que le hacía sentirse vivo. Y así es, efectivamente. El Hombre de Negro sigue publicando discos con nuevas grabaciones y rugiendo cada vez mejor que nunca. Lo que se conoce hasta ahora de su nuevo album, American VI: Ain't No Grave, profundiza en esos últimos años gloriosos de Cash y en su personalidad íntimamente ligada a su obra. Una obra-río que resulta aún más impresionante si cabe con la composición que da título a este album póstumo que será publicado el próximo 23 de febrero. Si ustedes pensaron que el intérprete de Folsom Prison Blues había entregado con Hurt su testamento definitivo, esta última composición les volverá a emocionar del mismo modo con su estremecedora sencillez. La voz de Cash, castigada por la enfermedad, que sigue dando zarpazos demoledores, y la letra de Ain't No Grave, alumbrada por los acontecimientos que estaban a punto de sucederse, tiene una lectura que les pondrá la piel de gallina si no tienen la sangre de horchata. Prepárense para un nuevo sermón bíblico desde la montaña, vuelve la voz del profeta.

lunes 8 de febrero de 2010

Los Crímenes de Oxford

Los Crímenes de Oxford es una película estrenada en 2008, dirigida por Álex de la Iglesia, y protagonizada por Elijah Wood, John Hurt y Leonor Watling. Con todas estas premisas como punto de partida, se podría esperar un trabajo como mínimo interesante. La pena es que ni siquiera llega a eso. Se trata del ensayo por parte de De la Iglesia de desencasillarse de su habitual comedia negra apuntando hacia el mercado internacional con un ejercicio de estilo bien filmado, pero definitivamente mal resuelto. El guión ni engancha ni hay por donde cogerlo, y ni uno solo de sus intérpretes está mínimamente creíble, ni siquiera el habitualmente sólido Hurt, quien se limita a hacer una sobreactuada faena de aliño. El buen oficio del director se deja notar a la hora de rodar una ficción que mezcla las piruetas deductivas de Sherlock Holmes con las películas de misterio españolas de los 70's realizadas por Narciso Ibáñez Serrador como La Residencia, pero todo acaba resultando inintencionadamente esperpéntico y excesivo, falso y aburrido.

Elijah Wood (ya saben, Frodo, pero también Olvídate de Mí) es un estudiante norteamericano que se traslada a Oxford para doctorarse bajo la tutela de un prestigioso profesor a quien admira profundamente, y que no es otro que John Hurt (inolvidable en Alien y, sobretodo, protagonista de El Hombre Elefante y 1984). Los desencuentros iniciales darán paso a la colaboración entre ambos personajes, quienes unen fuerzas para resolver una serie de misteriosos asesinatos que tienen lugar en la famosa universidad utilizando exclusivamente la lógica como procedimiento de investigación. El guión pretende reflejar todo el proceso de razonamiento como un juego entre un gato y un ratón, y da mil giros argumentales sumiendo al espectador en discusiones matemáticas salpimentadas con las oportunas dosis de acción. Pero la nueva perspectiva que el director de El Día de la Bestia intenta introducir en su filmografía se revela torpe e infructuosa. El único aliciente de la película acaba siendo poder contemplar una vez más a Leonor Watling, una mujer de belleza rotundamente espectacular. Aún así, escaso consuelo.

Conan the Cimmerian 18

Timothy Truman y Tomás Giorello terminan con esta tercera parte del arco argumental Free Companions, su secuela de Black Colossus. En los próximos tres números presentarán Kozaki, la precuela a Iron Shadows in the Moon. Las buenas noticias: en esta ocasión, aparte de construir un guión bastante digno, Truman dibuja mejor que nunca; Giorello cada vez está mejor en su labor de ilustrador; Joseph Michael Linsner dejará de ser el portadista en el número 19, y en el número 20 veremos la vuelta de Cary Nord, aunque sólo sea para encargarse de las portadas. Las malas noticias: Planeta DeAgostini anuncia ahora que el primer número de Conan el Cimmerio no estará en la calle hasta marzo. Para entonces, Dark Horse ya habrá publicado en Estados Unidos 20 números de la colección.

jueves 4 de febrero de 2010

Okupa de mi corazón

Corren tiempos extraños, no sé si se habrán dado cuenta. Tiempos en los que retorcer el lenguaje parece darle lustre a las cosas. Tiempos en los que un Empleado Municipal de Recogida de Residuos Urbanos parece ser más digno que un basurero. Y oigan, háganme caso, no hay empleos dignos. Todos somos prostitut@s. Todos hacemos cosas que no queremos hacer por dinero. Por poco dinero. De nada sirve maquillarse con eufemismos. Pero, ya ven, parece que si a las palabras les vamos añadiendo sílabas les damos además prestancia a los conceptos. Se diría que si un director de cine está influenciado por el Expresionismo Alemán ha redondeado una obra más artística que si meramente estuviese influido. Y sin embargo, un ligue sigue siendo un ligue. Un amigo con derecho a roce. Un rollito. Una definición que mete directamente los deditos en el tarro. Es lo que es y no hay vuelta de hoja. Sin anestesia ¿Les parece ofensivo? ¿Denigrante? ¿Ajustado? ¿Descriptivo? Desengáñense, es el signo de los tiempos. A todos nos gusta ir besando ranas mientras buscamos nuestra princesa. O nuestro príncipe. Lo más probable es que no lo encontremos nunca, pero no me negarán que no nos divertimos mientras buscamos.

Es incluso más excitante cuando te sucede a partir de los cuarenta años. Sí, eso de enrollarse parece sólo cosa de adolescentes, pero lo de echar una cana al aire se nos queda un poco rancio. Fíjense en la cantidad de gente a su alrededor que parece estar viviendo una segunda adolescencia. Personas que se han dedicado toda su vida a sus estudios y su carrera, y ahora se encuentran en la madurez sin tener una pareja. No, no es que la necesiten. Y a ver quién aguanta ahora sus manías cimentadas durante tanto tiempo. O las manías que estamos dispuestos a aguantarles a los demás, si a eso vamos. Pero ahí están, en el mercado. Sintiendo que aún son jóvenes, atractivos, invencibles, inmortales. Y también están los que conocieron a su pareja en el instituto y ya llevan un cuarto de siglo juntos. Dicen que ahora no es que cada día se quieran más, sino que se quieren mejor. Ya. O sea, que no es lo mismo. Que lo que une son dos niños de ocho y doce años, y una hipoteca hasta después de la jubilación. No es amor, es costumbre. Ya no queda fuego ni pasión. Qué no darían por volver a sentir esos primeros momentos del enamoramiento, cuando toda tu vida se convierte en un carrusel y sientes una lavadora centrifugándote el estómago. Ay, me ha mirado. Ay, me ha dicho.

Y sí, vuelven a ese momento de su vida. Ahora ya no es el chico de la clase de al lado. Ahora es el compañero de trabajo, el vecino con quien se cruzan todos los días al llevar a los niños al colegio, el viejo conocido que reaparece (y, oh, cómo reaparece) de entre la bruma del pasado. Qué sensación tener una nueva pareja de baile. Tienes todo lo bueno y nada de lo malo. No viene cansado del trabajo, no se estresa, no tiene defectos, sino deliciosas excentricidades. Siempre está de buen humor, siempre tiene ganas de verte, siempre se pone guapo para ti. Te da cariño, te da buen sexo, te da emoción y te hace reir. Pero no se confundan. Ya no somos niños. Es evidente que no quieres a tu compañero de bombeo para conversar sobre física cuántica, pero tampoco es ya suficiente con dos trozos de carne que se frotan durante un cuarto de hora. Necesitas tener algo en común, algo de qué charlar, una pequeña intimidad, un aprecio, un cariño... oh-oh. No me llamen mojigato, no piensen que estoy en contra de la vieja y buena costumbre, honrada por el tiempo, del adulterio. Pero sepan que es inevitable que se involucren sentimientos. Que poco a poco esa persona se les vaya metiendo bajo la piel, o que entre en tromba arrasando en su vida. Que con sus ojos brillantes y su desarmante sonrisa se convierta en el okupa de su corazón.

martes 2 de febrero de 2010

El Vecino

¿Quién es El Vecino? José Ramón es vecino de Javier, y Javier es vecino de José Ramón. José Ramón se ha trasladado desde su pueblo a la ciudad para preparar oposiciones. Javier es periodista y es Titán, un superhéroe. Javier fue rescatado por el anterior Titán, quien le entregó una vasija llena de píldoras que le confieren cuatro superpoderes, de los cuales sólo conoce tres. Javier es un superhéroe que no sabe lo que es capaz de hacer. Y El Vecino es un comic que supura amor al medio en cada página. Pepo Pérez, dibujante, y Santiago García, guionista, han estudiado el lenguaje del comic y saben referirse en su obra tanto a Marvel como a Bruguera. En El Vecino encontramos la ambientación de los comics superheroicos, pero también las situaciones disparatadas y los batacazos de las historietas de Superlópez.

Lo primero que viene a la mente al invocar la palabra "vecino" es la famosa frasecilla del héroe arácnido: "Su amistoso vecino, Spiderman". Y en El Vecino la referencia al personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko es constante. El aspecto del protagonista recuerda al de Spiderman, y si Peter Parker es un adolescente considerado un bicho raro por sus compañeros, significativamente Javier es un treintañero desorientado y con complejo de Peter Pan. El personaje de Titán entronca directamente en el viejo adagio que perseguía la Marvel: "Superhéroes con superproblemas". El villano de la serie es el Doctor Tentáculos, que evidentemente remite al Doctor Octopus, archienemigo de Spiderman, y su nombre real, Victorr Von Massakre, apunta a Victor Von Doom, el Doctor Muerte. Hasta el uniforme de Titán recuerda al primer diseño que hizo Jack Kirby para el personaje antes de ser rechazado en favor de Ditko.

Pero los paralelismos con Superman son también claros. Javier es un Clark Kent periodista que tiene en Lola su Lois Lane particular, con la que sigue el mismo enrevesado juego de aparientar ser débil, de desapariciones misteriosas y de constantes sospechas. El periódico donde trabaja es El Cosmos, reflejo del Daily Planet, y durante una temprana aparición de Titán se puede leer a un coro anunciar: "¿Es un atentado?" "¿Es una broma?" "¡Es un tío!". El chiste no sólo parodia al superhéroe de Metrópolis, también rompe con la tradición del protagonista glamouroso. Y es que Javier es un tipo desaliñado, siempre con barba de tres días, y cuando se calza la máscara más bien se asemeja a Rorschach cuando se la alza la suya.

La vida de Javier parece excitante y mágica. Es periodista, superhéroe, atractivo, se rodea de chicas guapas. A su lado, José Ramón no es más que un anodino chico de pueblo que recibe paquetes de su madre y persigue una oscura vida de funcionario. José Ramón se presenta así como el sidekick de Javier, su Jimmy Olsen, pero en realidad el protagonismo es compartido, y por eso no sabemos muy bien a qué vecino de los dos hace referencia el título. O si a ambos. José Ramón, como Titán, es un segundo alter ego de Javier. Su lado sensato, su Sancho Panza, su otro yo con los pies en la tierra. El que hace las reflexiones en voz alta que Javier no sabe que están dentro de sí. Por un lado Javier es el clásico sinvergüenza simpático, con una vertiente canalla y arrastrada que le confiere encanto, pero se comporta como un adolescente, siempre buscando en su actividad superheroica excusas para no escribir. Una inmadurez que se refleja en la misma novela que está escribiendo. Por otro lado, José Ramón se refugia en su responsabilidad como opositor para no enfrentarse a la vida.

Una parte importante del éxito de El Vecino como historieta reside en la fusión de varios elementos. Primero, el costumbrismo en el que se basan los autores. Es tremendamente divertido ver situaciones típicas de los comics de superhéroes localizadas en ambientes propios, nuestros. Segundo, unos diálogos cargados de ironía desmitificadora. Tercero, unos personajes perfectamente definidos y palpables. Cuarto una diversificación inclasificable de estilos que recuerda a The Spirit de Will Eisner. Y quinto, la bien digerida influencia de sit-coms americanas como Friends. El primer volumen incide en el humor, llevando al localismo y al extremo las contradicciones de los superhéroes clásicos. Pepo Pérez juega eficazmente con la narración y los flashbacks, y con una composición de página dinámica. En el segundo capítulo cambia el tono totalmente al drama, con una ambientación mucho más dura y oscura. Al empalmar las dos partes en un solo libro, la experiencia lectora se complementa a la perfección mostrando una película perfectamente ensamblada.

El Vecino 1 y 2 se acaban de reeditar en un tomo al mismo tamaño que El Vecino 3, pero las características del dibujo de Pepo Pérez logran que la lectura no sufra con esta reducción. El final del primer episodio es abrupto, pero al ser continuado por el segundo, enlaza perfectamente. Este segundo episodio sí que concluye con una viñeta panorámica que indica el final. Al poder ser leído ahora seguido por el tercero, vemos que se continúa de la misma manera que lo hicieron las partes primera y segunda. Santiago García utiliza en su guión el lenguaje narrativo con destreza y sabe sorprender al lector de manera inteligente. Esta tercera parte está a medio camino entre las dos anteriores. Mezcla la comedia y el drama, la sit-com y el slice of life. En el tomo tres los autores prescinden del color, despojan los fondos, se centran en la historia que quieren contar, en los personajes, en la expresividad. Utilizan la rejilla de viñetas clásica de Prince Valiant que luego adoptaría Watchmen, y que nos hace ser espectadores ante los que Pepo mueve la cámara con destreza y Santiago juega con las acciones paralelas para crear un clímax.

Pero en realidad El Vecino no es una historia de superhéroes. No hay en el comic escenas de combates, a los autores lo que les interesa es la trastienda, la vida de sus personajes y cómo les afecta ser lo que son. Porque la explicación del origen de Titán es muy vaga e imprecisa, casi como inventada, como si sólo existiera dentro de la cabeza de Javier y como si la condición de superhéroe fuera una psicopatía. Nunca vemos a Titán enfrentarse realmente a ningún supervillano, no se muestra ningún superpoder. Lo que conocemos es a través de la narración del propio Javier de sus aventuras. ¿Tiene verdaderos poderes? ¿Está todo en su imaginación? ¿Es una excusa con la que se engaña a sí mismo para no completar nunca esa novela que siempre promete? ¿Es su forma de seguir siendo para siempre Peter Pan? ¿Tal vez no tiene poderes reales y tomar esas pildoras le hace sentirse una persona especial?

Toda la historia está puntuada de situaciones y frases enigmáticas. Javier sobre las píldoras: "Sólo yo puedo tomarlas, yo soy el único Titán, además, sólo a mí me hacen efecto". Y es cierto, sólo a él parecen hacerle efecto, si es que hacen efecto alguno. Titán hablando con el empresario que lleva las licencias del superhéroe: "Cuenta la verdad o algo bonito". Tal vez el mismo maquillaje de la realidad que emplea Javier. Y, finalmente, el parlamento del psiquiatra en el hospital: "A veces cuando se nos rompe el cuerpo, es porque antes se nos ha roto la mente (...) A veces el mundo nos pesa mucho. Creemos que no podemos soportarlo. Sentimos que tenemos mil enemigos invisibles que nos acosan, que nos atacan". ¿Nos están dando pistas los autores de la verdadera historia que subyace bajo El Vecino? ¿Está poniendo Santiago García en boca del psiquiatra sus pensamientos sobre la esencia de los comics de superhéroes y sus lectores?

Al fin y al cabo, lo que importa es que El Vecino presenta un elenco de personajes vivos, reales. Todos ellos con sus defectos y sus pequeñas mezquindades, que se mienten y se ocultan cosas, que se aman y que se preocupan por los demás. Pepo Pérez y Santiago García han sabido crear un plantel protagonista coral que parece vivo en un mundo tan difícil de creer como es el de los superhéroes de papel. Hacen que parezca posible y real aún cuando entran en el terreno de la comedia de situación más absurda. Y aún más allá de toda reflexión, ofrecen horas de entretenimiento y una historia en la que perderse y con la que sentirse identificado. Ahora, ¿para cuándo un tomito con los finales alternativos y las historietas sueltas publicadas en El Manglar?