¿Quién es El Vecino? José Ramón es vecino de Javier, y Javier es vecino de José Ramón. José Ramón se ha trasladado desde su pueblo a la ciudad para preparar oposiciones. Javier es periodista y es Titán, un superhéroe. Javier fue rescatado por el anterior Titán, quien le entregó una vasija llena de píldoras que le confieren cuatro superpoderes, de los cuales sólo conoce tres. Javier es un superhéroe que no sabe lo que es capaz de hacer. Y El Vecino es un comic que supura amor al medio en cada página. Pepo Pérez, dibujante, y Santiago García, guionista, han estudiado el lenguaje del comic y saben referirse en su obra tanto a Marvel como a Bruguera. En El Vecino encontramos la ambientación de los comics superheroicos, pero también las situaciones disparatadas y los batacazos de las historietas de Superlópez.
Lo primero que viene a la mente al invocar la palabra "vecino" es la famosa frasecilla del héroe arácnido: "Su amistoso vecino,
Spiderman". Y en
El Vecino la referencia al personaje creado por
Stan Lee y
Steve Ditko es constante. El aspecto del protagonista recuerda al de
Spiderman, y si
Peter Parker es un adolescente considerado un bicho raro por sus compañeros, significativamente
Javier es un treintañero desorientado y con complejo de
Peter Pan. El personaje de
Titán entronca directamente en el viejo adagio que perseguía la
Marvel: "Superhéroes con superproblemas". El villano de la serie es el
Doctor Tentáculos, que evidentemente remite al
Doctor Octopus, archienemigo de
Spiderman, y su nombre real,
Victorr Von Massakre, apunta a
Victor Von Doom, el
Doctor Muerte. Hasta el uniforme de
Titán recuerda al primer diseño que hizo
Jack Kirby para el personaje antes de ser rechazado en favor de
Ditko.
Pero los paralelismos con
Superman son también claros.
Javier es un
Clark Kent periodista que tiene en
Lola su
Lois Lane particular, con la que sigue el mismo enrevesado juego de aparientar ser débil, de desapariciones misteriosas y de constantes sospechas. El periódico donde trabaja es
El Cosmos, reflejo del
Daily Planet, y durante una temprana aparición de
Titán se puede leer a un coro anunciar: "¿Es un atentado?" "¿Es una broma?" "¡Es un tío!". El chiste no sólo parodia al superhéroe de
Metrópolis, también rompe con la tradición del protagonista glamouroso. Y es que
Javier es un tipo desaliñado, siempre con barba de tres días, y cuando se calza la máscara más bien se asemeja a
Rorschach cuando se la alza la suya.
La vida de
Javier parece excitante y mágica. Es periodista, superhéroe, atractivo, se rodea de chicas guapas. A su lado,
José Ramón no es más que un anodino chico de pueblo que recibe paquetes de su madre y persigue una oscura vida de funcionario.
José Ramón se presenta así como el
sidekick de
Javier, su
Jimmy Olsen, pero en realidad el protagonismo es compartido, y por eso no sabemos muy bien a qué vecino de los dos hace referencia el título. O si a ambos.
José Ramón, como
Titán, es un segundo alter ego de
Javier. Su lado sensato, su
Sancho Panza, su otro yo con los pies en la tierra. El que hace las reflexiones en voz alta que
Javier no sabe que están dentro de sí. Por un lado
Javier es el clásico sinvergüenza simpático, con una vertiente canalla y arrastrada que le confiere encanto, pero se comporta como un adolescente, siempre buscando en su actividad superheroica excusas para no escribir. Una inmadurez que se refleja en la misma novela que está escribiendo. Por otro lado,
José Ramón se refugia en su responsabilidad como opositor para no enfrentarse a la vida.
Una parte importante del éxito de
El Vecino como historieta reside en la fusión de varios elementos. Primero, el costumbrismo en el que se basan los autores. Es tremendamente divertido ver situaciones típicas de los comics de superhéroes localizadas en ambientes propios, nuestros. Segundo, unos diálogos cargados de ironía desmitificadora. Tercero, unos personajes perfectamente definidos y palpables. Cuarto una diversificación inclasificable de estilos que recuerda a
The Spirit de
Will Eisner. Y quinto, la bien digerida influencia de
sit-coms americanas como
Friends. El primer volumen incide en el humor, llevando al localismo y al extremo las contradicciones de los superhéroes clásicos.
Pepo Pérez juega eficazmente con la narración y los
flashbacks, y con una composición de página dinámica. En el segundo capítulo cambia el tono totalmente al drama, con una ambientación mucho más dura y oscura. Al empalmar las dos partes en un solo libro, la experiencia lectora se complementa a la perfección mostrando una película perfectamente ensamblada.
El Vecino 1 y 2 se acaban de reeditar en un tomo al mismo tamaño que
El Vecino 3, pero las características del dibujo de
Pepo Pérez logran que la lectura no sufra con esta reducción. El final del primer episodio es abrupto, pero al ser continuado por el segundo, enlaza perfectamente. Este segundo episodio sí que concluye con una viñeta panorámica que indica el final. Al poder ser leído ahora seguido por el tercero, vemos que se continúa de la misma manera que lo hicieron las partes primera y segunda.
Santiago García utiliza en su guión el lenguaje narrativo con destreza y sabe sorprender al lector de manera inteligente. Esta tercera parte está a medio camino entre las dos anteriores. Mezcla la comedia y el drama, la
sit-com y el
slice of life. En el tomo tres los autores prescinden del color, despojan los fondos, se centran en la historia que quieren contar, en los personajes, en la expresividad. Utilizan la rejilla de viñetas clásica de
Prince Valiant que luego adoptaría
Watchmen, y que nos hace ser espectadores ante los que
Pepo mueve la cámara con destreza y
Santiago juega con las acciones paralelas para crear un clímax.
Pero en realidad
El Vecino no es una historia de superhéroes. No hay en el comic escenas de combates, a los autores lo que les interesa es la trastienda, la vida de sus personajes y cómo les afecta ser lo que son. Porque la explicación del origen de
Titán es muy vaga e imprecisa, casi como inventada, como si sólo existiera dentro de la cabeza de
Javier y como si la condición de superhéroe fuera una psicopatía. Nunca vemos a
Titán enfrentarse realmente a ningún supervillano, no se muestra ningún superpoder. Lo que conocemos es a través de la narración del propio
Javier de sus aventuras. ¿Tiene verdaderos poderes? ¿Está todo en su imaginación? ¿Es una excusa con la que se engaña a sí mismo para no completar nunca esa novela que siempre promete? ¿Es su forma de seguir siendo para siempre
Peter Pan? ¿Tal vez no tiene poderes reales y tomar esas pildoras le hace sentirse una persona especial?
Toda la historia está puntuada de situaciones y frases enigmáticas.
Javier sobre las píldoras: "Sólo yo puedo tomarlas, yo soy el único
Titán, además, sólo a mí me hacen efecto". Y es cierto, sólo a él parecen hacerle efecto, si es que hacen efecto alguno.
Titán hablando con el empresario que lleva las licencias del superhéroe: "Cuenta la verdad o algo bonito". Tal vez el mismo maquillaje de la realidad que emplea
Javier. Y, finalmente, el parlamento del psiquiatra en el hospital: "A veces cuando se nos rompe el cuerpo, es porque antes se nos ha roto la mente (...) A veces el mundo nos pesa mucho. Creemos que no podemos soportarlo. Sentimos que tenemos mil enemigos invisibles que nos acosan, que nos atacan". ¿Nos están dando pistas los autores de la verdadera historia que subyace bajo
El Vecino? ¿Está poniendo
Santiago García en boca del psiquiatra sus pensamientos sobre la esencia de los comics de superhéroes y sus lectores?
Al fin y al cabo, lo que importa es que
El Vecino presenta un elenco de personajes vivos, reales. Todos ellos con sus defectos y sus pequeñas mezquindades, que se mienten y se ocultan cosas, que se aman y que se preocupan por los demás.
Pepo Pérez y
Santiago García han sabido crear un plantel protagonista coral que parece vivo en un mundo tan difícil de creer como es el de los superhéroes de papel. Hacen que parezca posible y real aún cuando entran en el terreno de la comedia de situación más absurda. Y aún más allá de toda reflexión, ofrecen horas de entretenimiento y una historia en la que perderse y con la que sentirse identificado. Ahora, ¿para cuándo un tomito con los finales alternativos y las historietas sueltas publicadas en
El Manglar?