Wes Craven llevaba desde 1994 sin firmar una película como autor completo. En My Soul to Take una vez más se encarga del guión y la dirección de un thriller con psicópata asesino. El realizador de obras tan celebradas como La Última Casa a la Izquierda, Las Colinas Tienen Ojos, la Saga Scream y, por supuesto, Pesadilla en Elm Street, vuelve así a su género favorito, el terror para adolescentes en el que un tipo misterioso disfrazado va liquidando a un grupo de amigos uno a uno al más puro estilo Diez Negritos. El caótico inicio de My Soul to Take augura una película idiosincrática, pero absorbente. Error. Todo en este film es tópico, incoherente y está lleno de lugares comunes. Desde el malo con máscara y doble personalidad que no muere ni frito a tiros, y que regresa al cabo del tiempo entre leyendas urbanas para cobrar su venganza, hasta un protagonista ridículo con reacciones incomprensibles y visiones que nunca quedan explicadas.
Craven ha querido dar vida a otro otro Freddy Krueger, aunque este asesino se parezca más al fulano de Scream, y le ha salido un producto totalmente carente de lógica, con un discurso plagado de inconsistencias y tan absurdo que en muchos momentos no se entienden las motivaciones de ninguno de los personajes. Todos ellos actúan de una manera tan disparatada que no se comprende por qué hacen lo que hacen, y sus diálogos son tan pasados de vueltas que resultan casi risibles. Las penosas interpretaciones tampoco ayudan gran cosa a darle sustancia a un guión tan endeble, y My Soul to Take ni siquiera se redime como espectáculo, pues aparte del frenético comienzo, no hay más momentos de suspense que sorprendan al espectador. Es más, todo lo que se supone que tiene que ser misterioso es fácilmente previsible. Aunque ya apuntara maneras, cómo ha podido hacer Craven algo tan vacío e insípido que ni siquiera funciona como mal telefilm es difícil de comprender. Estúpido como un disco de los Ramones, pero ni por asomo tan divertido.Calificación: 1
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