sábado, 25 de diciembre de 2010

Love Affair (x 3)

A poco que ustedes se hayan dado una vuelta por este barrio habrán caido en la cuenta de que el que esto suscribe se derrite por una buena comedia romántica, ese género en el que, durante un tiempo, Meg Ryan y Tom Hanks fueron los reyes. Seguramente conocerán Sleepless in Seattle, un largometraje que por estos pagos se llamó Algo para Recordar. En ella se homenajea a una película por la que los protagonistas sienten verdadera pasión. Varias secuencias de ella son utilizadas con gran efecto a lo largo de la trama e incluso Hanks y Ryan tienen una cita en el último piso del famoso Empire State Building replicando uno de los momentos más memorables de ese film. Estoy hablando, ustedes que son gente instruída ya lo tendrán claro, de A Love Affair, titulada en España en un alarde de originalidad, Tú y Yo.

Se trata de uno de esos cuentos de hadas con inevitable final feliz en el que los protagonistas se quedan perpetuados para siempre en el éxtasis del The End. Una bonita e irreal historia de amor igual a la que a todos nos gustaría vivir, pero que sabemos perfectamente que no existe. Qué demonios, hoy es Navidad y se nos permite soñar aunque sólo sea por un día. En enero ya vendrá la subida de la luz y la reforma laboral. En este día podemos creer que un ocioso playboy que jamás ha dado un palo al agua, un vividor con una dudosa reputación que está a punto de casarse con la hija de un magnate de la construcción, conozca en un crucero de lujo a una seductora ex-cantante de night-club a su vez comprometida con un importante hombre de negocios. Podemos fantasear con que el irrefrenable romance surja y que a partir de ahí haya una divertidísima comedia plagada de ingenioso sentido del humor, inteligente ironía y elegancia hasta para discutir y romperse el corazón.

Ambos protagonistas pasan el crucero siendo la comidilla de todo el barco, conscientes de que cada uno tiene a alguien que le espera a su vuelta. Acostumbrados a una vida de lujos, romper con todo e irse juntos supondría empezar una vida humilde y abandonar todo a lo que están acostumbrados. Incapaces de confiar en sí mismos, hacen el pacto de verse al cabo de medio año en la cima del Empire State Building, entonces el edificio más alto del mundo, lo más cercano al cielo, para ver si siguen sintiendo lo mismo. Si ella podría renunciar a las comodidades y si él podría encontrar un trabajo y llevar una vida sencilla. Ambos rompen sus compromisos. Ella vuelve a cantar y da clases de música en un colegio infantil. Él intenta vender sus cuadros mientras se gana la vida como pintor de brocha gorda. En la segunda mitad de la película la comedia cede paso ante el drama sentimental terriblemente romántico.

El día de la cita ella, ciega de felicidad, es atropellada cuando corría mirando hacia donde él la espera. Él, sin saber lo que ha pasado, aguarda hasta la medianoche bajo la lluvia. Cuando se da cuenta de que no va a acudir, se marcha despechado. Tiempo después se reencuentran en un teatro, pero él no se da cuenta de que ella está en una silla de ruedas. En Nochebuena él averigua su dirección y va a verla a su apartamento dispuesto a hacerle todo tipo de reproches. Es una conversación final brillantísima en la que se intercambian los papeles. Él le cuenta sutilmente cómo la esperó y ella se da cuenta de su desesperación. Afloran las emociones y le suplica que no le haga preguntas. Él ya está en la puerta, dispuesto a marcharse. Entonces se vuelve y comienza a parlotear abriendo puertas. Todo lo que dice es un pretexto para seguir investigando. Había pintado un cuadro de ella, pero su marchante se lo regaló a una mujer que pareció muy interesada en él. Una mujer que estaba... Y entonces abre la puerta final y ve la silla de ruedas.

Llámenme nenaza. Esa última secuencia siempre consigue hacerme llorar. Al final, lo más desarbolante es que vuelven a estar juntos y eso es la felicidad. Tan irreal que es hermoso. O tan hermoso que es irreal. Tú y Yo se convierte en esos diez minutos en un clásico del cine navideño con exceso de villancicos y abuso de coro de niños cantores. Love Affair se estrenó en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne en los papeles protagonistas. Dos intérpretes que consiguen hacer de ella una comedia elegante de diálogos maravillosos con la constante cháchara del recién estrenado cine sonoro. En ella, Boyer aparece distante y excesivamente pagado de sí mismo. Está penoso con su mono y su gorrita de pintor, y como conquistador no hay quien se lo crea.

Irene Dunne, sin embargo, se come la película. Es una delicia todo hoyuelos y naricilla respingona. Cada gesto suyo, cada mirada, es un encanto de seducción. Llegamos a creer que hasta la últma frase que dice es realmente suya, que ese ingenio y ese descaro le pertenecen de verdad. Parece la reina Ginebra dibujada por Harold Foster. Basa su actuación en su mirada, en su sonrisa, en pequeños gestos con los que transmite todo un rango de emociones. Es imposible no enamorarse de cómo le toma el pelo a Boyer, de cómo se ríe de él. Mientras que Charles Boyer es patoso, Irene Dunne es pura magia. Sabe hacer de cada secuencia crucial momentos álgidos del cine con su interpretación. La separación al atracar el barco en el puerto, el reencuentro en el teatro y el desenlace en Nochebuena son absolutamente deliciosos en su contención expresiva y a la vez cargada de emotividad.

En 1957 se realizó un remake titulado An Affair to Remember con Cary Grant y Deborah Kerr esta vez en los papeles principales. Esta es considerada la versión clásica. Refleja fotograma por fotograma la versión de 1939, y los diálogos son prácticamente iguales. Aquí es Grant el que está encantador, perfecto en su papel de caradura entre la timidez y la desvergüenza, como un niño pillado en una travesura, que sabe hacer inocua su absoluta falta de moralidad. Deborah Kerr, sin embargo, resulta demasiado fría, le falta chispa, picardía y atractivo. Sería un papel notable si no fuera porque ante la elegancia de Irene Dunne se la ve lejos de alcanzar la perfección. El tono de comedia está suavizado y reposa sobre la vis cómica de Cary Grant, que sabe interpretar con un sólo movimiento de manos. Con ellas expresa desesperación, duda, impotencia... Aunque también esté ridículo vestido de pintor y vuelva a haber exceso de canturreo.

No se vayan todavía, que aún hay más. Warren Beatty y Annette Bening recrearon la historia en 1994 llamándola esta vez Love Affair. En ella mi idolatrada en todos los sentidos Katherine Hepburn interpretaría su último papel. Desgraciadamente, a la historia clásica el barniz de la modernización le sienta fatal. La nueva situación y los nuevos diálogos hacen que pierda todo el humor. Ya no es una comedia ni es romántica. La primera parte es lenta, aburrida y pierde todo su encanto. Beatty está pésimo y su cara acartonada por la cirugía no le ayuda lo más mínimo. Pasados sus años de esplendor, es un personaje casi ridículo. Pero, ah, Annette Bening está elegantísima en una interpretación distanciada, ingenua y un tanto desconcertada. A pesar de su estética de telefilm, la película sigue teniendo momentos demoledores porque una historia así es capaz de poner la piel de gallina hasta al gallo Claudio. Y en la secuencia final, aunque la interprete Warren Beatty, es en cierto modo la pareja en la que mejor funciona la química. Si alguna vez tropiezan con una de estas versiones, compren una caja de kleenex y no se la pierdan, que estamos en las fechas adecuadas.

Calificación: 1939: 5, 1957: 4, 1994: 1

2 Comentarios:

Cinemagnific dijo...

No las vi ninguna. Completa reseña.

PD: Felices fiestas :)

David dijo...

No sé, no sé.
Yo a la vieja no le daría un 5. Ni tampoco un 4 a la clásica. Para mí son pelis majas con un final (porque es la misma peli, vamos) más que excelente (lo que creo que te hace tirar la puntuación hacia arriba).
Es cierto que Irenne Dunne brilla más que Charles Boyer (vamos, recuerdo mucho más su papel). Cary no brilla más que Deborah (que Deborah es mucha Deborah)...pero igual tienes razón en lo de que ella sale "perdiendo" si la comparamos con la vieja versión.
La tercera, como ya sabes, no la he visto.
La que tengo ganas de ver de McCarey es la de "Dejad paso al mañana" (esa sí que debe ser de mucho llorar (más que estas...pero reconozco que con el final de la segunda lloré...ahora que no como con la de ayer (anteayer, ya)...)
Buenas noches.